Capítulo 24 #3
—Sarah le dijo a la hermana Ernestine que ella no había hecho nada malo, que un hombre la había violado.
Se trataba del sacerdote de su parroquia.
Cuando Sarah les contó a sus padres lo ocurrido, estos se negaron a llevarla al médico para que le recetara la píldora del día después.
La hermana Ernestine la acusó de ser una mentirosa, pero estaba claro que decía la verdad.
Todo el mundo lo sabía. Las monjas la golpeaban, a pesar de que su barriga era tan grande que apenas podía andar.
Siempre nos pegaban donde no podían hacerle daño al niño: en las manos, los brazos o las piernas.
La hermana Ernestine siguió pegándole hasta que empezaron las contracciones y ni siquiera paró entonces.
Felicity se echó a llorar. No eran los sollozos lastimeros de una adolescente, sino el llanto inconsciente y continuo de una niña obligada a convertirse en adulta a través de la angustia, el dolor y el miedo.
—¿Y Rebecca? —preguntó Callanach antes de que Felicity se sintiera demasiado mal para continuar.
—Becca Finlan. No soportaba estar embarazada, me lo dijo el día en que la conocí.
Solo tenía trece años. Se arañaba la barriga y le daba puñetazos.
Pensaba que su cuerpo estaba poseído. Por la noche la ataban a la cama para evitar que se hiciera daño.
Era repugnante. Las monjas le decían que Dios la estaba castigando por su depravación.
Estaba convencida de que moriría en el parto.
Nunca nos dijo quién era el padre, pero a veces, cuando hablaba de su tío… Ya me entiende.
Callanach lo entendía.
—¿No había forma de pedir ayuda, ni siquiera a través de las enfermeras o por teléfono?
—El personal obedecía a la hermana Ernestine.
Todos pensaban lo mismo que ella. Nos quitaron los móviles al llegar.
No había teléfonos fijos ni Internet. Nuestros padres podían ir a vernos, pero nunca nos dejaban salir.
Estábamos aisladas de todo y de todos. Hace meses que no veo a mi hermana. La he echado mucho de menos.
—¿Y a tu padre? —le preguntó Callanach—.
¿Lo has echado de menos? —Felicity hizo una mueca.
Apretó los puños con fuerza sobre el regazo y encorvó los hombros.
No contestó—. Felicity, sé que a menudo es difícil hablar de lo que ocurre en el seno de una familia, pero si necesitas ayuda, si hay algo que debería saber sobre…
—Me considera escoria, ¿vale? Así me llamó cuando admití que estaba embarazada.
Me envió a esa… cárcel porque no soportaba ni mirarme.
Le dije que era mi vida y mi cuerpo, y que era mi decisión.
Él se rio. Me dijo que era perversa y que ardería en el infierno si no me arrepentía —respondió Felicity, enfadada.
—¿Y tu madre? ¿Cómo reaccionó? —preguntó Callanach.
—¿Mi madre? —Felicity se rio, aunque tenía lágrimas en los ojos y estaba cruzada de brazos—.
Se comportó como de costumbre. Permaneció en un rincón asintiendo mientras mi padre hablaba y no dijo ni una sola palabra en su contra.
Antes pensaba que le tenía miedo, pero ahora creo que es patética.
Iba a verme todos los sábados por la tarde.
¿Sabe que no me miró a los ojos ni una sola vez?
Les enseñé las marcas de los golpes de la vara y mi padre dijo que deberían haberme pegado más fuerte.
Dijo que había que sacarme la lujuria del cuerpo a golpes.
Así que no, no quiero verlos, a ninguno de los dos.
No me importa dónde acabe viviendo. No tengo intención de volver a casa.
Callanach sabía lo que se sentía al ser juzgado por un padre.
El amor incondicional era un espejismo. Desaparecía cuando te acercabas demasiado a él.
Se preguntó brevemente qué estaría haciendo su madre y si se arrepentía de haber cortado los lazos con él.
Felicity tenía todo el derecho del mundo a esperar más de ellos.
—Siento mucho por lo que has pasado. Te prometo que haré todo lo posible para ayudarte y sé que la inspectora Turner hará lo mismo.
—Cuando Callanach se levantó para marcharse Felicity se arrojó a sus brazos; se aferró a él como una niña pequeña y hundió su rostro manchado de lágrimas en su camisa.
Si él la hubiera apartado, ella habría creído que su compasión no era más que una táctica para recabar información, así que, reprimiendo todos sus instintos, se obligó a dejarla llorar entre sus brazos hasta que se calmó y encontró el consuelo que necesitaba.
Vio a la trabajadora social en la puerta y le hizo señas para que entrara.
—Tiene que pedirle al juez una orden de protección de menores —le dijo mientras se soltaba con suavidad de su abrazo—.
Felicity, no permitiremos que nadie más te haga daño.
Vas a tener que responder a las acusaciones que hay en tu contra y los servicios sociales te proporcionarán un representante legal, pero no tendrás que volver a casa.
¿De acuerdo? —Le entregó a la trabajadora social un papel con las notas que había tomado durante su conversación, salió de la habitación y marcó el número de Ava—.
Las chicas que buscas son Rebecca Finlan y Sarah Butler.
Felicity dice que Sarah se quedó embarazada después de que un cura la violara.
Los padres y las monjas lo sabían, pero no hicieron nada.
Parece que Rebecca tuvo una crisis durante el embarazo y sospecho que corre el riesgo de autolesionarse o de suicidarse.
Hay un interrogante sobre la implicación de su tío. Tienes que encontrarlas rápido.