Restos perfectos (Luc Callanach 1) Capítulo 19 #3
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Capítulo 19 #3

—Y yo le he contestado que en las circunstancias actuales a usted no le importaría —lo interrumpió el sargento Lively.

Los ojos rojos y el pelo revuelto hablaban de escasas horas de sueño y poca higiene personal.

Su voz estaba alterada, pero mantenía el volumen y el lenguaje a un nivel más aceptable que en su último encuentro.

«Las circunstancias actuales no te benefician en nada», pensó Callanach.

Los hombres que había llevado con él merecían más respeto que él.

—No se preocupe, Tripp —dijo Callanach—. Puede marcharse. —Tripp se marchó, más aliviado que molesto—. Soy el inspector Luc Callanach, pero estoy seguro de que ya lo saben. —Les tendió la mano a los dos desconocidos.

—Le presento al reverendo canónigo Paul Churchill, que trabajaba con Jayne, y al profesor Edwin Harris —presentó Lively—. Estamos aquí para discutir los siguientes pasos de la investigación.

Callanach respiró hondo. Era normal que las partes interesadas quisieran una explicación. Lo que lo enfurecía era que Lively hubiera reunido a las tropas sin avisar.

—Gracias, sargento, pero la familia de la víctima aún no ha sido informada de los sucesos de ayer, por lo que esta conversación es prematura.

—Permítame que lo interrumpa —dijo el profesor Harris—. Conozco los procedimientos. Llevo muchos años trabajando con las fuerzas del orden. El reverendo Paul habló con la familia de Jayne anoche, así que eso no es ningún problema.

—¿Ha hablado con la familia? ¿Sin que hubiera presentes agentes especializados en la gestión del duelo?

—preguntó Callanach mirando a Lively a la cara—.

¿Cuando lo único que había eran conjeturas?

Es una violación del protocolo flagrante.

¿Sabe que se va a tener que enfrentarse a un proceso disciplinario, sargento?

Harris interpuso una mano entre ambos para calmar las aguas. Lively desvió la vista hacia el profesor, pero Callanach siguió mirándolo fijamente.

—Inspector, no nos quedemos en quién dijo qué y cuándo.

Somos profesionales y había una alta probabilidad estadística de que los restos pertenecieran a la reverenda Magee.

Dadas las circunstancias, preferiría que adoptara un enfoque más pragmático.

El tiempo es esencial, esa debe ser nuestra principal preocupación. Y yo estoy aquí para echar una mano.

Callanach reconocía un ataque sorpresa cuando era víctima de uno.

—¿Y qué ayuda pretende ofrecer exactamente?

El reverendo Paul se adelantó y la conversación tomó la forma de un discurso cuidadosamente orquestado, con el profesor agachando la cabeza para simular vergüenza.

—El profesor Harris es un perfilador de renombre mundial, inspector Callanach.

Ya está jubilado, pero sigue dando conferencias a nivel internacional y ha escrito varios libros sobre el tema.

Además, es miembro de nuestra congregación desde hace muchos años y conocía bien a Jayne.

El profesor ha ofrecido su ayuda, y la Iglesia estará encantada de financiarla para avanzar en la investigación que, según el sargento Lively, se encuentra actualmente en un punto muerto.

—Me temo que eso no es posible —reiteró Callanach—. Deberíamos darle acceso a información confidencial. Además, crear un perfil después de solo dos asesinatos no es en nada habitual.

—El comisario Begbie ha garantizado que dará los permisos necesarios, ya que el profesor Harris ha trabajado antes con el Departamento.

—Mientras St. Mary pague, tenemos luz verde —dijo Lively.

—Hoy estaba prevista una reunión sobre este asunto —dijo Callanach.

—El jefe me ha dicho que le pusiera a usted al tanto de todo para agilizar las cosas. Ya tenemos el consentimiento de la madre de Elaine Buxton para enseñar su expediente al profesor Harris —dijo Lively; al parecer, ya estaba todo bien atado.

—Me gustaría acceder a toda la información inmediatamente —intervino el profesor Harris, tomando las riendas, ya que sus credenciales ya estaban sobre la mesa—.

Y también necesitaría un despacho. Ahorraría mucho tiempo si no tuviera que estar yendo y viniendo.

—Se rascó un lado de la nariz mientras hablaba en un tono de voz tan bajo que parecía un susurro, y esbozó una sonrisa extremadamente confiada. No estaba pidiendo permiso.

—Preferiría tener esa reunión con el comisario antes de autorizar la divulgación de la información —recalcó Callanach—. Y hay otros asuntos que requieren una atención urgente por mi parte. Gracias por venir. —Se levantó, pasó entre ellos para dirigirse a la puerta de su despacho y la abrió.

—Inspector, cuanto antes pueda evaluar las pruebas, antes podré indicarle a quién debe buscar —dijo Harris, sin dejar de sonreír, pero en un tono más duro.

—Lo tendré en cuenta —respondió Callanach.

Lively estaba lívido de ira, pero el reverendo le puso una mano en el hombro para calmarlo y le habló en un tono lo bastante alto como para que Callanach lo oyera.

—No te preocupes, Matthew. Hablaré personalmente con el comisario.

Recorrieron el pasillo con Harris proclamando en voz alta los peligros del perder tiempo. Callanach cogió el teléfono y marcó el número del móvil de Ava. Necesitaba información y consejo antes de la reunión con el comisario.

—Ava, ¿podemos hablar?

—Salgo para coger el coche en tres minutos. Si me acompañas, dispondrás de toda mi atención en el camino a St. Gabrielle. No puedo ofrecerte nada mejor. —Él cogió su cazadora y echó a correr.