Restos perfectos (Luc Callanach 1) Capítulo 19 #2
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Capítulo 19 #2

Al día siguiente llegó un mensaje a las siete de la mañana; el forense estaba dispuesto a recibirlo a las nueve y media.

Callanach estaba impresionado. El equipo forense había trabajado toda la noche, aunque al comisario no le harían ninguna gracia todas esas horas extraordinarias.

Un segundo mensaje le llegó mientras estaba haciendo unos huevos revueltos para prepararse para un largo día en el que probablemente se saltaría la comida.

Ignoró el sonido de la notificación y untó su tostada con mantequilla.

Si era urgente, esperaba una llamada en lugar de un mensaje.

Antes de las ocho contaba con poder desayunar tranquilamente en casa.

Comió, mirando intermitentemente el teléfono, y luego leyó el mensaje.

El remitente era el sargento Lively. A pesar de que estuvo tentado a borrarlo antes de abrirlo, prevaleció la necesidad de descubrir qué había sucedido.

Tocó el icono del texto. Lively le había escrito para informarlo de una reunión entre el comisario Begbie y más gente a la que misteriosamente había llamado: «Las otras personas implicadas en el asesinato de Jayne Magee».

A Callanach le molestó que hubiera dado un nombre a la víctima antes de que fuera oficial, pero luego se esforzó por considerar el punto de vista del sargento.

No era tan descabellado pensar que los restos de la reverenda estuvieran en el bidón.

—¡Maldita sea! —gritó al café que se enfriaba delante de él—.

No necesito esta mierda. —Callanach se dio cuenta de que había empezado a pensar y hablar en inglés mucho antes de lo que había imaginado.

Después de la muerte de su padre, su madre había insistido en que hablaran ambos idiomas durante la infancia, pero aun así, al principio, le pareció una enorme dificultad trasladarse a un país no francófono.

Para su inconsciente había sido más fácil hacer esa transición que para su estómago.

Luego hizo una pausa para reflexionar sobre el hecho de que, cuando hablaban en voz alta sin darse cuenta, la gente rara vez decía mentiras.

Recordó que al secuestrador de Jayne Magee, y probablemente su asesino, lo había oído en la calle un ciclista.

Hizo una nota mental para releer la declaración del ciclista en cuanto llegara al trabajo.

Una hora después, encontró a Salter esperando en el pasillo para acompañarlo al despacho del comisario. Ava ya estaba allí con una mujer que nunca había visto antes.

—Inspector Luc Callanach, le presento a la doctora Ailsa Lambert, directora del Instituto de Medicina Legal de la ciudad de Edimburgo. No se conocen, ¿verdad? —El comisario Begbie hizo las presentaciones formales.

Cuando Ailsa Lambert se levantó, Callanach se dio cuenta de lo menuda que era. Medía poco más de metro y medio y era delgadísima. Levantó la cabeza para mirarlo mejor a la cara y le ofreció la mano.

—Me temo que llegué al almacén cuando usted ya se había ido. Estaba haciendo una autopsia, por eso me retrasé. Pero Jonty Spurr me ha hablado de usted.

Begbie tosió cortésmente e indicó a Callanach que se sentara.

—Bueno, Ailsa, creo que será mejor examinar los dos casos juntos. Sé que estás muy ocupada, pero prefiero que mis equipos estén informados sobre lo que sucede en sus respectivos campos, en caso de que sea necesario transferir agentes de un caso a otro. ¿Por dónde quieres empezar?

—Gracias, George. —Sonrió amablemente y abrió una carpeta en la tableta que tenía en la mano—.

Por el caso de los bebés, creo. Una tragedia terrible.

Dos niños sanos murieron de hipotermia. He hablado con el pediatra y me ha confirmado que el niño superviviente no ha sufrido daños.

Parece que se está recuperando. Ava, sé que piensas que en el laboratorio se confundieron con el ADN, así que pedí a los técnicos que volvieran a comprobar los resultados.

Los resultados fueron los mismos, así que le pedí a un profesor que los revisara.

Tenías razón y a la vez estabas equivocada.

—No lo entiendo —dijo Ava—. ¿La sangre era compatible con el ADN de Lucy Costello o no?

—Sí, siempre que el laboratorio haya hecho la búsqueda de marcadores cruzados reglamentarios.

Suelen comprobar entre quince y veinte puntos del ADN de un individuo, lo que ofrece un nivel muy alto de garantía de coincidencia positiva.

Tras un examen más detallado de los datos, descubrieron cuatro mutaciones denominadas «polimorfismo de nucleótido único».

En pocas palabras, había cuatro diferencias casi imperceptibles entre el ADN de Lucy Costello y la sangre encontrada en la piel del bebé.

Esto significa que, aunque la sangre no pertenezca a Lucy Costello, solo puede pertenecer a otra persona: a una gemela monocigótica.

Debe de ser idéntica, o el ADN sería diferente en la primera serie de pruebas.

—¿Lucy tiene una hermana gemela? —preguntó Ava mientras escribía un mensaje en el móvil. Callanach sabía que él habría hecho lo mismo: pedirle a uno de los agentes que buscara un nombre y documentación oficial—. Pero los padres no mencionaron…

—¿No había nada en la casa? —preguntó Begbie—. ¿Una foto familiar o…?

—No tuvimos la oportunidad de entrar —respondió Ava—. Nuestra sospechosa, Lucy, estaba en el colegio, así que fuimos directamente a verla. Cuando el médico confirmó que no había dado a luz y el colegio nos ofreció una coartada, ya no teníamos motivos para registrar la casa.

—Los padres no mencionaron a la hermana gemela. Seguro que sospechaban que estábamos hablando de la hija equivocada —dijo Callanach.

—Señor, ¿ha presentado ya John Costello una reclamación? —preguntó Ava al comisario.

—No —confirmó Begbie.

—¡Vaya con el padre de Lucy! —exclamó Ava, poniéndose roja—. Sabía perfectamente lo que había pasado, por eso se daba esos aires. Averiguaré a qué colegio asiste antes de volver a hablar con sus padres. Gracias, Ailsa. ¿Te importa si me voy? Tengo que reunirme con mi equipo.

—Puedes irte, cariño —dijo la doctora Lambert—.

Y dale recuerdos a tu madre. —La forense la besó en las mejillas antes de que Ava se fuera corriendo hacia la puerta.

Callanach se preguntó cómo de pequeña era la comunidad de gente importante de Edimburgo, teniendo en cuenta que la directora del Instituto de Medicina Legal era amiga de la madre de la inspectora.

«No me extraña que Ava pensara que el equipo despreciaba sus orígenes privilegiados».

—Ahora te toca a ti, Luc —empezó a decir Ailsa, adoptando la expresión de una tía seria y distinguida, y cambió de expediente dándole un toque a la pantalla—.

Los restos del bidón. Definitivamente humanos.

Los fragmentos pélvicos confirman que el cadáver pertenece a una mujer adulta.

Los huesos, o más bien los fragmentos restantes, se encontraban en un estado de descomposición demasiado avanzado y estaban demasiado contaminados por productos químicos para que fuera posible realizar pruebas de ADN, pero el pelo atrapado en el borde del bidón pertenecía a nuestra desaparecida, Jayne Magee.

Y a juzgar por la expresión de tu cara, no es una sorpresa.

—Desgraciadamente —respondió Callanach—. ¿Cuánto tiempo tardó el cuerpo en descomponerse?

—Nuestros resultados son menos fiables de lo habitual, ya que la mayor parte del líquido se esparció por el suelo, pero yo diría que dos días.

El compuesto se preparó para maximizar la velocidad de disolución.

Si el asesino no hubiera añadido la cantidad adecuada de agua, aún podríamos tener algunos trozos de tejido blando.

—Bueno —dijo él—, tendré que avisar a la familia y preparar una rueda de prensa. Doctora Lambert, le agradezco mucho la rapidez con la que se han examinado las pruebas.

—Había un detalle interesante —añadió ella.

Callanach estaba a punto de guardar la libreta, pero se detuvo—.

Los dientes. No estaban todos, o al menos no los encontramos.

Los que estaban en el bidón estaban dañados, pero lo bastante intactos como para permitir que el odontólogo forense los comparara con las radiografías de Jayne Magee.

Es cierto que coinciden, pero solo tenemos los dientes inferiores.

Los superiores han desaparecido o se han disuelto por completo.

Callanach tomó notas mientras reflexionaba sobre lo que podría significar eso.

—¿Cómo es posible que los dientes de la arcada superior se disolvieran mientras que los de la inferior solo sufrieran daños leves?

—Buena pregunta —dijo ella—. Y yo también me preguntaría por qué los dientes encontrados no se disolvieron en la misma medida que los huesos, que fue casi absoluta.

—¿Los huesos y los dientes se disuelven normalmente en la misma medida? —preguntó.

—Al cien por cien no, pero teniendo en cuenta la meticulosidad con la que el asesino dosificó el compuesto químico, el daño debería haber sido mucho mayor.

Es un rompecabezas. Estamos haciendo algunas pruebas para evaluar el ritmo de degradación, pero tardaremos unos días. Cuando sepamos algo te lo haré saber.

Callanach dejó a la forense y al comisario discutiendo sobre la tasa de criminalidad y la política.

Debía hablar con el sargento Lively y la idea no le entusiasmaba en absoluto.

No tuvo que ir muy lejos para encontrarlo.

El sargento estaba sentado en su despacho con un caballero de barba blanca y chaqueta de tweed que Callanach no conocía y otro hombre con alzacuellos.

Tripp estaba esperando con aire nervioso junto a la puerta.

—Les he dicho que debíamos esperar en la sala de conferencias. Lo siento —dijo el agente.