Capítulo 16 #2
—Por favor, venga a mi despacho. Tengo que entregarle una biografía y una foto para el folleto de la conferencia.
—Un clic marcó el final de la conversación.
King volvió a mirarse el hematoma de la cara y preparó una explicación.
Entró en el despacho sin llamar—. Le he pedido varias veces que antes de entrar llame a la puerta y diga su nombre.
Todo el mundo lo hace. ¿Podría intentar recordarlo?
—Estaba sentada ante su escritorio corrigiendo unos trabajos y había hablado sin levantar la vista.
Cuando lo hizo, vio que se había dado cuenta del hematoma y que estaba disfrutando del momento más de lo que él había esperado.
Quizás no estaba tan mal cambiar la opinión que ella se había formado sobre él.
Esperó a que le hiciera la pregunta inevitable—.
Aquí están los datos de los ponentes de la conferencia de la semana que viene.
—Natasha desvió la mirada a su escritorio y le entregó una carpeta.
—En cuanto al ojo… —comenzó a decir él.
—No tiene que darme explicaciones —lo interrumpió y empujó la carpeta en su dirección.
—En realidad es una historia bastante divertida.
—Eso son asuntos suyos y considero que debemos mantener nuestra conversación a un nivel estrictamente profesional.
Asegúrese de que la foto está impresa en blanco y negro en lugar de en color y de que se incluya su título.
La conferencia empezará a las siete y media.
Después habrá un refrigerio. Yo seré la presentadora y los alumnos dispondrán de diez minutos para hacer preguntas al final.
King cogió la carpeta.
—Conozco el protocolo —dijo. Natasha no quería saber qué le había pasado en el ojo. ¿Cómo de grave debía de ser un suceso para que ella se dignara a expresar algo de preocupación?
—Perfecto —fue su respuesta. También era una despedida. King se dirigió a la puerta—. La ponente es una gran amiga mía; por favor, asegúrese de que todo salga bien. Tiene una agenda muy apretada. No admito retrasos ni problemas. ¿Está todo claro?
King no consideró su mala educación digna de una respuesta, cerró la puerta de golpe y se mordió la lengua.
Natasha Forge estaba hecha de hielo. Cuando la oyó hablar por primera vez sobre la cuestión de si la Filosofía debía enseñarse como disciplina independiente o como parte integrante de todas las demás, pensó que nunca volvería a oír un discurso tan interesante.
Era una mujer totalmente diferente a su madre, que rara vez salía de casa y siempre estaba cocinando, haciendo encurtidos, limpiando, escribiendo listas y preocupándose por la más mínima trivialidad; Natasha Forge no tenía pelos en la lengua y destilaba profesionalidad por los cuatro costados, desde su aguda inteligencia hasta sus penetrantes ojos.
No estaba hecha para la vida doméstica, para criar niños ni para las tareas del hogar.
King dudaba que alguna vez hubiera comido en algún lugar que no fuera un restaurante, que hubiera limpiado la casa o que hubiera hecho la colada.
Su vida estaba dedicada al estudio, a la búsqueda de la iluminación de la mente.
Esa había sido la razón por la que había presentado su candidatura para trabajar en ese departamento.
Al principio era cálida y amable, pero después de pasar algún tiempo juntos, se había vuelto más fría.
Había oído que algunas mujeres eran como ella.
Su interés disminuía en relación con el entusiasmo que se mostraba por ellas.
Sin embargo, el talento intelectual de Natasha era innegable.
Después de que rechazaran su candidatura a un puesto de docente, King recopiló todos los artículos de Filosofía que había escrito y los había publicado en un libro.
La autopublicación era aceptable en esos tiempos y se había convertido casi en la norma.
Cada vez más escritores respetados seguían ese camino.
Así pudo enviar el libro a una universidad estadounidense que le concedió el doctorado.
Solo lo había hecho para impresionar a Natasha, pero el resto del personal no se molestó en ocultar su diversión cuando llevó el certificado y exigió que lo llamaran «doctor» para reflejar su nuevo estatus.
Había escuchado sus susurros. ¿Y qué si se trataba de una universidad online ?
El importe que había pagado solo era con fines administrativos.
Había trabajado duro para obtener su título, se lo había ganado tras muchas horas de lectura, escritura y edición.
El nombre de la universidad que había formalizado su logro era tan irrelevante como el grosor del papel en el que habían impreso su certificado. Era real y era suyo.
Con un suspiro de impaciencia, abrió la carpeta que Natasha le había entregado.
Si no se daba prisa, no daría tiempo a que le imprimieran los folletos en la imprenta.
Se quedó mirando la fotografía de la querida amiga de Natasha.
El pelo rizado daba a su rostro un aire infantil.
Por eso le había pedido que la imprimiera en blanco y negro, para añadir algo de madurez a ese retrato.
La inspectora Ava Turner iba a hablar sobre La ética social y el derecho legal a castigar a los delincuentes .
* Las traducciones de los versos de la canción citada son, por orden: «Sí, cuando la carne y el corazón desfallezcan... / ...y cuando la vida mortal termine, conquistaré, más allá del velo.../ / … ... una vida de alegría y paz». (N. del T.) )