Restos perfectos (Luc Callanach 1) Capítulo 7 #2
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Capítulo 7 #2

La cita con el comisario fue agotadora, como era de esperar.

Begbie se acercaba a la edad de jubilación y era un detective a la antigua usanza.

El trato con los superiores nunca le había supuesto un problema en la Interpol.

Confiaban en su criterio y lo habían visto ascender en su carrera.

Allí, como le acababan de recordar, aún tenía que demostrar su valía.

No le importaba tanto que el jefe lo tratara como a un niño rebelde; lo que de verdad lo avergonzaba era tener que defender su postura cuando se basaba principalmente en el instinto de que Elaine Buxton había sido asesinada en Edimburgo.

Parecía una excusa bastante pobre, pero al final el comisario cedió, aunque de forma limitada.

Le permitió registrar el piso de la víctima, hablar con los testigos y dibujar un panorama lo bastante bueno como para demostrar que merecía llevar la voz cantante en la investigación.

«No es mucho, pero es un comienzo», pensó Callanach.

El apartamento de Elaine Buxton estaba impecablemente limpio y se encontraba en un barrio muy codiciado, detrás de Albyn Place, con vistas a Queen Street Gardens.

Estaba decorado con muy buen gusto y solo una ligera capa de polvo delataba la desaparición de la propietaria.

Era la casa de una persona que vivía en otra parte, la encarnación perfecta de la profesional que nunca cometía un error.

La única habitación que mostraba signos de vida era su despacho, en el que había dos libros fuera de lugar, apoyados sobre el escritorio, tan grandes como enciclopedias y ambos relacionados con el Derecho Contractual.

Probablemente la noche de la desaparición estaba revisando el caso en el que estaba trabajando, pero no parecía plausible que un ámbito tan aséptico del Derecho pudiera desencadenar un crimen tan violento.

Callanach se sentó en la enorme silla de piel y se apoyó en el respaldo.

No estaba nada cómodo. El reposacabezas era demasiado rígido y parecía poco usado.

Elaine Buxton no era una mujer que utilizara su despacho para relajarse.

Cuando se echó hacia delante para abrir los cajones, el cojín sobre el que estaba sentado se movió ligeramente.

Ahí estaba; su postura solía ser con la cabeza inclinada sobre los libros o los informes.

Siempre trabajando, concentrada. El interior de los cajones estaba tan ordenado como todo lo demás.

Había una pluma estilográfica Montblanc en su estuche, subrayadores guardados en su contenedor de plástico y una caja a medio usar de analgésicos, también cerrada.

Bajo un pisapapeles de cristal negro, suave y agradable al tacto, descansaba un ordenado montón de cartas y facturas.

Callanach alargó una mano para tocarlo, imaginándose a Elaine haciendo lo mismo mientras leía o llamaba por teléfono, sintiendo la fría quietud bajo su palma.

Era sencillo y elegante, y hacía su trabajo a la perfección.

Como su dueña. Elaine Buxton amaba el orden y la rutina.

Lo que faltaba era una vida personal. No había fotos a la vista ni tampoco plantas; ningún ser vivo que pudiera requerir cuidados y atención.

En el frigorífico se apilaban prácticas raciones individuales de comida casera sana, cada una con su etiqueta.

Toda la casa parecía desprovista de un toque humano.

Callanach volvió sobre sus pasos y entró en el dormitorio.

La cama estaba desnuda, ya que los forenses habían retirado las sábanas y las mantas en busca de rastros de actividad sexual y ADN.

Solo habían encontrado rastros de ella. En los cajones había algo de maquillaje y en el armario del baño solo tenía dos frascos de perfume.

Abrió el armario y encontró dos filas de zapatos, divididos entre los de deporte y los de trabajo.

Resultaba irónico que la existencia de alguien tan dedicado al orden y la limpieza hubiera terminado de una forma tan caótica y traumática.

¿Cuándo se había dado cuenta de que algo iba mal?

Quizá en cuanto había salido del gimnasio.

¿El asesino la había seguido o la estaba esperando en casa?

Buxton era una mujer sana y atlética. Seguro que se había defendido si no la había pillado desprevenida. Sin embargo, no había signos de lucha.