Capítulo 6
CAPÍTULO SEIS
Chrissie estaba mirando fijamente el móvil cuando Sam se subió a la cabina a su lado. Era la misma página de noticias locales la que le llenaba ahora la pantalla que cuando la había tocado por primera vez hacía más de quince minutos, y seguía sin haber leído una sola palabra.
—Buenas, Chrissie —dijo Sam en voz baja, cerrando la puerta tras de sí mientras se acomodaba en el asiento.
Chrissie soltó un gruñido. Hoy no estaba de humor para la actitud de superioridad de la más joven. Por suerte, quizá porque intuyó el mal genio de Chrissie, Sam se mantuvo callada.
Los primeros casos no estuvieron tan mal.
El primer aviso resultó no ser más que un idiota con una quemadura leve en la mano.
Chrissie consiguió sacarse un poco de la frustración del cuerpo diciéndole que una quemadura pequeña que se las había apañado para hacerse sacando la pizza congelada del horno no era una situación de vida o muerte.
El siguiente caso fue una embarazada que se ponía de parto, y tuvieron que trabajar tan deprisa que apenas hubo tiempo para pararse a hablar.
El tercer caso fue el que provocó la pelea.
Era una sospecha de sobredosis, un paciente que apenas estaba coherente cuando llegaron a su apartamento minúsculo, abriéndose paso a patadas entre cajas de comida para llevar y latas de cerveza para llegar hasta él.
Había jeringuillas cerca, y era evidente que estaba sufriendo una reacción adversa.
A Chrissie ya casi no la inmutaban las escenas así.
El cerebro parecía ponérsele a un ritmo más alto cuando se ponía el uniforme y, aunque ver a un adicto inconsciente por las drogas era triste, no la afectaba necesariamente como antes.
Lo gestionó igual que gestionaba cada caso: tranquila, serena, profesional como siempre.
¿Pero Sam? Era como un cachorro de labrador al que todavía no habían terminado de adiestrar.
Se lanzaba de cabeza al trabajo, igual que abordaba casi todo.
Era como si tuviera visión de túnel, y lo único que veía era lo que tenía justo delante.
Vale, quizá eso era estupendo para una tanda de penaltis en el campo, pero cuando había que hacer malabares para tratar una sobredosis, hacía falta un poco más de cuidado.
Fue esa visión de túnel de Sam la que inició la discusión.
Se metió de lleno, lista para tratar al paciente de inmediato, sin molestarse siquiera en echar un vistazo rápido al botiquín como hizo Chrissie.
Ahí fue donde encontró la medicación para el problema de corazón que tenía el paciente, el problema de corazón que probablemente habría degenerado en un infarto en toda regla si Sam hubiera logrado administrar con éxito el tratamiento que quería.
Lo que pasó después de que Chrissie le ladrara a Sam que parara quedó un poco borroso.
Puede que le soltara un corte a la novata.
Quizá fue un poco demasiado dura. Sinceramente, no lo recordaba en un sentido ni en otro, pero sí sabía que el trayecto hasta el hospital para dejarlo en urgencias fue en silencio.
Tuvieron unos minutos de tranquilidad después de dejar a aquel paciente en el City General, así que pasaron por el autoservicio y cogieron café, sentándose en el aparcamiento de un McDonald's cercano para un pequeño descanso.
Fue entonces cuando Chrissie cometió el error de sacar el tema de la atención al detalle de Sam (o su falta de ella).
No pretendía ser excesivamente crítica al mencionarlo.
Solo quería ofrecerle unas palabras de sabiduría, de una sanitaria a otra.
Pero quizá aquella frustración persistente de la conversación con Charlotte todavía le rondaba.
Puede que por eso saliera más como si estuviera regañando a Sam que dándole un consejo.
—Tienes que tener más cuidado cuando te metes en casos así. Tienes que pararte y tomarte un segundo para mirar a tu alrededor y ver el panorama completo en lugar de lanzarte de cabeza.
Chrissie observó a Sam pellizcar el borde de su vaso de café para llevar, doblando un poco el plástico con la uña. Había algo en la forma en que la joven se removía inquieta que delataba la frustración que parecía estar reprimiendo.
—Lo tendré en cuenta, gracias.
—No digo que el tratamiento estuviera mal. Con cualquier otro paciente, habría sido la decisión correcta, pero se te pasó algo vital. Si yo no me hubiera dado cuenta…
—Ya lo pillo, gracias, Chrissie —dijo con frialdad—. Esta noche casi mato a alguien. Gracias.
Y así, sin más, con esas pocas palabras, toda la tensión que habían conseguido mantener a raya durante los últimos días volvió a inundar la cabina de la ambulancia.
Por un momento, el único sonido que impregnó el aire fue el del tráfico de la carretera cercana, y entonces Chrissie rompió el silencio.
—Esto es serio, O'Shea. Tienes que prestar atención a detalles como este, porque si no, podría haber problemas graves.
—Has dejado clarísimo que crees que soy una inútil en este trabajo —replicó Sam de golpe—. Ya lo pillo. Sin santa Chrissie interviniendo, habría muerto. Pues gracias por cubrirme el culo.
—Joder, Sam —exclamó—. ¿Crees que esto es que intento quedar por encima de ti?
—No, creo que a lo mejor te gusta encontrarle algún fallo a cada cosita que hago. No sé, a lo mejor es lo que te pone. A lo mejor te gusta hacerme sentir como una mierda por el trabajo que hago. ¿Es eso?
—¿Se te ha ocurrido pensar que a lo mejor le encuentro un fallo a todo lo que haces porque no paras de cagarla delante de mí?
Cualquier respuesta que Sam estuviera a punto de dar quedó interrumpida cuando la radio cobró vida con un chisporroteo. Tenían otro aviso, a poca distancia en coche, pero por lo que se oía, era grave.
La discusión pasó a un segundo plano mientras tiraban los vasos de café vacíos a la basura y se dirigían al siguiente aviso. Chrissie notaba la mirada fulminante de Sam mientras sacaba el vehículo a la carretera, con las sirenas atronando.