Rescatando Corazones (Sanando Corazones 1) Capítulo 41FENNA
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Capítulo 41FENNA

FENNA

—Vamos a bautizar todas las habitaciones de esta casa, empezando por aquí. —Kristi me agarra, desliza los dedos bajo el suave algodón de mi camiseta y me hace cosquillas hasta que me retuerzo, chillo y le suplico que pare—. ¿Te rindes?

Vuelvo a chillar, riéndome tanto que apenas puedo respirar.

—Me rindo. Puedes hacer lo que quieras. Pero para.

Aunque estoy casi hiperventilando, con los ojos entrecerrados por la tortura a la que me está sometiendo, todavía veo cómo se le ilumina la cara.

—¿Lo que quiera, eh? —Una sonrisa maliciosa aparece en su rostro y no puedo dejar de mirarle los labios. Carnosos, suaves y tan rosados.

—Ajá. —Dios, quiero sentir esos labios sobre mí, esa boca succionándome. La mano que me hacía cosquillas se detiene y, con un hábil movimiento del pulgar, desabrocha el botón de mis pantalones cortos cargo, dejándole acceso libre a todas partes.

—¿Te has puesto un tanga de encaje para el día de la mudanza? Me gusta tu estilo, doctora Vargas.

Kristi tira del encaje y lo frota contra mi clítoris, ya hinchado, arrancándome un jadeo.

A veces me gusta despacio, otras veces con fuerza y, en ocasiones, lo que me gusta es la sorpresa de no saber qué va a hacerme.

Hoy es uno de esos días. Llevo provocándola con miradas tímidas y dejándole entrever mi culo cada vez que me agachaba para recoger una caja, sabiendo que eso la volvería un poco loca.

Pero la casa ha estado llena de trabajadores de la mudanza, familiares y amigos durante todo el día, hasta hace media hora, cuando metimos a Yaya en el asiento trasero del coche de mis padres para que regresara a Denver.

Ahora que estamos solas, estoy descubriendo lo mucho que han dado sus frutos todas mis provocaciones.

Dos dedos se deslizan a ambos lados de mi clítoris, moviéndose hacia delante y hacia atrás con brusquedad, apretándolo entre ellos antes de separarse apenas un poco.

Incapaz de contenerme, gimo. No recuerdo haber sido nunca tan ruidosa con Kelly, pero Kristi me excita de una forma que Kelly jamás consiguió.

Muerdo la piel expuesta de la parte superior de su pecho, sin la fuerza suficiente para dejarle marca, pero sí para ahogar mi necesidad.

Kristi me toca, provocando mi orgasmo con un conocimiento íntimo de todo lo que me gusta.

Me hace estallar de maneras cuya existencia ni siquiera conocía y que, desde luego, no enseñan en las clases de anatomía.

Justo cuando empiezo a perderme en el ritmo, Kristi se detiene y saca la mano de mis pantalones cortos. Como una niña, saco el labio inferior y frunzo el ceño.

—Estaba a punto de...

—Necesito saborearte. Ahora .

Mi enfurruñamiento desaparece de inmediato y me retuerzo para ayudarla a quitarme los pantalones cortos y el tanga.

El frío del granito contra las nalgas cuando me levanta sin ningún miramiento y me deja caer sobre la isla de la cocina resulta sorprendentemente erótico.

Ansiosa por sentir esos labios y esa lengua, me abro de par en par para recibirla.

Me recuesto sobre los codos y observo cómo se lanza entre mis piernas.

Echo la cabeza hacia atrás, embargada por el placer, cuando su lengua recorre mi sexo de un extremo al otro.

Dios, qué bien. Arriba, abajo y alrededor, su lengua traza un camino lento y lánguido hasta que vuelvo a perder el control.

Los rápidos y firmes latigazos sobre mi clítoris me vuelven loca, pero, justo cuando mi cuerpo tiembla de expectación, se aparta y vuelve a dejarme desamparada, aunque no por mucho tiempo.

Kristi se endereza y hunde los dedos en mí con profundas embestidas.

Gimo. Su pulgar golpea mi clítoris con fuerza y, al cabo de varias pasadas, vuelvo a estar al borde del orgasmo.

—Por favor, no pares —le suplico, porque, si lo hace, no respondo de mis actos.

—No pienso parar. Incluso después de que te corras, voy a hacer que te corras otra vez.

—Hay una autoridad en su tono que me encanta y oírla es todo lo que necesito para que el orgasmo me atraviese, sacudiendo y haciendo temblar mi cuerpo con tanta fuerza que pierdo toda noción no solo de dónde estoy, sino también de quién soy.

—Estás tan sexy cuando te corres... —Kristi hunde el rostro contra mi vientre desnudo y después retira los dedos lentamente. La inmediata sensación de pérdida provoca un escalofrío en todo mi cuerpo y ella se inclina para estrecharme entre sus brazos.

Siento sus labios sobre mi vientre, besándolo con ternura, y un cálido resplandor me invade. Bueno, más cálido todavía que el que ya ha conseguido arrancarle a mi cuerpo, aunque tampoco hace falta insistir demasiado cuando me toca.

—Fenna, ¿y si tenemos un bebé?

La fría humedad de una única lágrima desciende hacia mi oreja mientras permanezco tumbada, satisfecha y feliz, con mi futura esposa abrazada a mi vientre.

Hay momentos cruciales en la vida en los que las esperanzas y los sueños convergen con la realidad y hacen que el simple hecho de respirar resulte tan maravilloso que casi da miedo confiar en que sean verdad.

Pero sé que esto es real, porque esto es lo que ocurre cuando eres atrevida y apasionada y abres el corazón a las oportunidades.