Rescatando Corazones (Sanando Corazones 1) Capítulo 37KRISTI #2
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Capítulo 37KRISTI #2

—Sí, tonta. No puedo creer que pensaras que íbamos a romper. —Fenna se arrodilla delante de mí, me atrae contra su cuerpo y me aprieta con fuerza—. No voy a dejar que te escapes. Ni hablar. Eres lo mejor que me ha pasado en la vida.

Aunque hubiera querido, no habría podido contener las lágrimas, porque no sabe lo agradecida que estoy de que haya entrado en mi vida.

Sus labios depositan un beso suave sobre mi frente.

—¿Has comido hoy?

Tengo que detenerme a pensar en la respuesta. Niego con la cabeza. He estado tan ocupada ensayando lo que iba a decir, cocinando e intentando que todo saliera perfecto que, irónicamente, me había olvidado por completo de comer.

—No me extraña que todo te haya resultado un poco abrumador. Dime qué tengo que hacer y serviré la comida. Estoy muerta de hambre.

Mientras estamos sentadas en el sofá, con las extremidades entrelazadas, los estómagos llenos y los corazones eufóricos, todavía no consigo creer que todo haya salido tan bien.

Resulta que sé preparar pan de coco tan bien como Yaya, aunque Fenna me hizo jurar que nunca le contaría a nadie que había dicho eso.

Le hablé de Ali, de las puertas que podría abrirme y también de que había coqueteado conmigo, aunque le resté un poco de importancia.

Nunca había imaginado que Fenna fuera celosa, pero apareció en sus ojos un destello que daba un poco de miedo.

Pagaría los gastos de la universidad, si tenía la suerte de que me aceptaran, y los costes de manutención con el dinero de la venta de mi casa y la respetable cantidad de ahorros que había acumulado a lo largo de los años.

Eso me proporcionaría más fondos de los necesarios, pero al menos no tendría el estrés de endeudarme además de todo lo demás.

Fenna tenía razón cuando me pidió que pensara en lo que mi madre y mi abuela habrían querido para mí, y habría sido que viviera una vida plena y feliz.

Utilizar el dinero que heredé para financiar mis estudios me parece lo correcto .

—Háblame de esa casa de Erie —digo mientras alargo una mano para recoger la información de la mesa de centro.

—Es la antigua casa de la tía de Mike. Acaba de salir al mercado.

Ella se ha mudado a Ecuador y ha comprado un apartamento en Cuenca.

Necesita reformas, pero incluye acre y medio de terreno.

Varias promotoras han estado rondando, pero ella se niega siquiera a escucharlas.

Quiere que se conserve como una finca familiar.

Mike se burla de ella porque no está en Oregón y tampoco es La casa de la pradera, sea lo que sea eso.

Sus dedos trazan círculos suaves sobre la cara interna de mi antebrazo y ascienden de forma provocadora desde la muñeca. Noto una punzada de deseo que hace que me retuerza, pero ese movimiento consigue que la costura de los vaqueros se tense todavía más y aumente mi necesidad.

—Está en una zona bastante buena y lo bastante cerca de la I-25 para que puedas llegar al trabajo. Y, si acabo estudiando en Fort Collins y trabajando entre Denver y Broomfield, a mí también me viene bastante bien —digo, intentando mantener la mente en la conversación.

—Mmm —murmura mientras permite que los dedos sigan ascendiendo por mi brazo hasta rozar el costado de uno de mis pechos. Vuelvo a retorcerme, consciente de que mi respiración se vuelve un poco más superficial.

—Aunque está bastante lejos de Yaya. Quizá podría venir a pasar algunos fines de semana. —Trago con dificultad mientras el pulgar de Fenna dibuja círculos alrededor de mi pezón y presiona el encaje del sujetador contra la piel, que se endurece rápidamente.

—Quizá. —Su mano desciende por mi estómago hasta alcanzar el botón de los vaqueros y, con un movimiento rápido y un tirón, los abre—.

Podemos seguir hablando después de que mi futura esposa veterinaria me folle hasta dejarme sin sentido.

—Su mano se desliza bajo el algodón de mis bragas y me pellizca el clítoris, pero, por muy excitada que esté, y sé que lo estoy porque arquea las cejas al notar lo mojada que estoy, tengo que preguntar...

—¿Tu futura esposa veterinaria?

—¿Eh? —La atención de Fenna está centrada en mi clítoris, cada vez más hinchado, y me provoca hasta arrancarme un jadeo.

—Has dicho «mi futura esposa veterinaria». —Apenas consigo pronunciar las palabras mientras ella desciende más.

—¿Lo he dicho? —Sonríe y retira la mano para empezar a bajarme los vaqueros por las caderas—. Supongo que tendré que esperar hasta que me lo pidas como es debido antes de hacer suposiciones. Pero eso no cambia lo que quiero ahora mismo.

El corazón me golpea dentro del pecho. ¡Fenna me está diciendo que, si se lo pido, dirá que sí!

Me pongo en pie de un salto, me quito el resto de la ropa y sonrío.

¡Si se lo pido, dirá que sí! También consigo desnudarla rápidamente y le arranco un gemido al atraer uno de sus pezones hacia mi boca.

Estoy arrodillada frente a ella mientras desliza las manos entre mi pelo y lo enrolla alrededor de esos dedos mágicos.

—Kristi, te quiero dentro de mí. —Me agarra y me inclina la cabeza hacia atrás para besarme. Su lengua penetra profundamente en mi boca y después vuelve a salir, dejándome completamente abierta y desesperada por recibir más—. Fóllame fuerte, por favor.

No tiene que pedírmelo dos veces. Le agarro la mano y tiro de ella para que se levante.

—Inclínate sobre el extremo del sofá. —Me sorprende lo autoritaria y absolutamente sexy que suena mi voz.

Fenna no vacila. Se inclina tal como le he ordenado, con los pies separados y el culo levantado.

Está tan mojada que la luz casi centellea sobre su sexo.

Nota mental: utilizar más a menudo esta voz autoritaria.

—¿Quieres que sea brusca? —Deslizo los dedos por su centro y ella tiembla—.

¿Quieres que te llene? —No tengo ni idea de dónde sale todo esto, pero Fenna prácticamente ronronea de placer, así que me dejo llevar.

Es jodidamente excitante, tengo que reconocerlo, y no sé si se debe a que ahora mismo me desea con tanta desesperación o simplemente al hecho de que me desea, sin más, pero no creo haber estado nunca tan excitada.

Me deslizo profundamente en su interior y dejo escapar un gemido cuando se contrae alrededor de mis dedos.

Mantengo un ritmo lento y constante, profundizando cada embestida y añadiendo un poco más de mí a medida que está preparada para aceptarlo.

Sus gemidos bajos me animan a continuar hasta que introduzco los dedos por completo y el pulgar le roza el ano.

Me pregunto si me dejará, pienso mientras ella empuja hacia atrás.

Cuando veo la punta del pulgar introducirse en su nuevo territorio de juegos, obtengo la respuesta.

Cubro el pulgar con su humedad y continúo, llenándola mientras dejo que se deslice con movimientos provocadores.

—¿Vas a obligarme a pedírtelo? —jadea.

—¿Pedirme qué? —Sé que estoy siendo un poco malandrina, pero resulta embriagador observar cómo responde su cuerpo a mis caricias, ansioso por recibir todo lo que estoy dispuesta a darle.

Hemos sido lentas y deliberadas, hemos echado polvos rápidos cuando teníamos poco tiempo e incluso hemos jugado con un poco de brusquedad cuando nos dejábamos llevar, pero esto es nuevo.

—Que me folles por todas partes.

Me inclino a su alrededor y le estimulo el clítoris mientras continúo penetrándola y jugando con el pulgar.

—Kristi, por favor. —La desesperación de su voz es demasiado intensa y le doy lo que quiere, llenándola por completo.

Sus caderas empujan hacia atrás para encontrarse con mis movimientos y me quedo hipnotizada mientras se folla sin control contra mi mano.

Está cerca, lo noto por la forma en que se contrae a mi alrededor, así que vuelvo a separar las piernas, alargo una mano por delante y juego con brusquedad con su clítoris.

En cuestión de segundos empieza a gritar, con el cuerpo atrapado en un fuerte espasmo mientras el orgasmo estalla y me deja sonriendo con suficiencia al sentir la humedad que resbala sobre mi piel. Fenna es increíble, y es mía.

Cuando su cuerpo se queda flácido, me libero, tiro de ella para tumbarla en el sofá y la envuelvo con el mío. Quiero mantenerla a salvo, protegerla y amarla durante todo el tiempo que me lo permita.