Capítulo 30FENNA
FENNA
El canto de los pájaros me despierta y necesito un minuto para comprender por qué no oigo motores ni bocinas.
Levanto la cabeza de la almohada con la mirada empañada por el sueño.
Kristi ya debe de haberse marchado porque a mi lado solo queda espacio.
Enfoco la vista en la almohada desocupada.
Alargo una mano y encuentro un alegre papel amarillo con algo escrito.
Bostezo, me froto los ojos para quitarme el sueño y leo.
Buenos días, preciosa:
Hay café junto a la cafetera, leche en la nevera y cereales en el armario (el único que sigue sujeto a la pared).
Sírvete todo lo que quieras. Perdona por el desorden.
Estoy reformando la cocina. Te he dejado unas llaves de la puerta principal junto al café.
Son para ti, si quieres quedártelas, ¿vale?
Me gustaría que las tuvieras. Volveré esta noche.
Te llamaré si no estás aquí. Espero que estés, pero sé que estás ocupada. Estaré pensando en ti.
Con cariño, K x
Una llave. Me ha dejado una llave... para que me la quede.
La mano que sostiene la nota vuelve a caer sobre el edredón.
¿Estamos avanzando demasiado deprisa? Mi mente se desvía y, aunque intento evitarlo, acabo haciendo comparaciones.
No puedo evitar recordar cuando Kelly y yo empezamos a salir.
Todo fue un torbellino y mis amigas se burlaron de mí sin piedad por caer en semejante estereotipo.
Pensé que aquello era definitivo para mí.
Había encontrado a mi único amor verdadero, a mi alma gemela.
Ese amor tan profundo que se apodera de ti y te consume de una manera que nada más ha conseguido jamás.
Yaya, mis amigas e incluso algunos compañeros me sugirieron que me tomara un poco de tiempo para pensarlo, pero no escuché.
No quería oír lo que tenían que decir. No podían comprenderlo.
Era imposible que supieran lo que sentíamos, así que nos mudamos juntas tres meses después de conocernos.
No lo comprendí hasta conocer a dos, o quizá fueron tres, de las exnovias de Kelly.
Ella no estaba enamorada de mí, sino del acto de enamorarse.
Yo solo era una más de una serie de conquistas a las que había declarado amor eterno, otro de sus amores verdaderos e irrepetibles.
Y, como la ingenua que soy, me creí cada palabra.
Quizá esté siendo un poco dura con las dos porque creo que ella también se lo creía de verdad, porque quería creerlo.
Era como si estuviera buscando a alguien capaz de mantener vivo aquel subidón inicial, pero la vida no funciona así.
Cuando desaparece la euforia, cuando la descarga de adrenalina de la lujuria deja paso a la monotonía cotidiana, cuando pagar facturas y actuar con responsabilidad reclaman una parte de tu tiempo porque no queda otra, entonces, y solo entonces, puedes ver qué queda.
Si existen raíces lo bastante fuertes para que algo crezca.
Kelly y yo no las teníamos. Lo nuestro apenas estaba sujeto a una arena que no paraba de moverse.
Ahora puedo verlo, pero entonces no podía, o quizá no quería .
¿Es eso lo que está ocurriendo con Kristi? ¿Estoy tan desesperada por encontrar a alguien que me quiera? Alguien con quien pueda formar una familia... ¿Me estoy aferrando a ella con esa esperanza?
Me prometí que iría más despacio si algún día encontraba a otra persona y dudo que nadie pudiera llamar lento a esto.
Pero el dolor tiene una forma de intensificar las emociones.
La última semana ha sido muy intensa y pasamos de cero a cien, permaneciendo juntas cada segundo de cada día.
Entre las dos hemos creado esta pequeña burbuja segura, pero no es real.
Suspiro y paso las piernas por el borde de la cama mientras observo la habitación.
Es pequeña y la cama doble ocupa la mayor parte del suelo, pero tiene algo casi acogedor.
Las paredes están pintadas en el tono más claro de lavanda.
Nunca habría imaginado que a Kristi le fuera el lavanda, pero ahora que lo veo, le pega.
En un rincón hay un viejo tocador blanco con lo que parecen ser fotografías enmarcadas en plata, aunque desde aquí no distingo qué o, mejor dicho, quién aparece en ellas.
La curiosidad puede conmigo, así que me acerco y me siento en el taburete de color ciruela que hay delante.
El marco pesa más de lo que esperaba y enseguida lo sujeto con las dos manos en lugar de una para no dejarlo caer.
Parece antiguo, pero eso no es lo que me fascina.
Es la fotografía. Estoy mirando a Kristi, aunque tiene el pelo un poco más oscuro y largo.
Estrecha a una niña de unos seis o siete años que ha echado la cabeza hacia atrás en lo que imagino que es un ataque de risa.
Kristi también se ríe y le brillan los ojos.
Quien hizo la fotografía las captó en un momento completamente natural.
Pero entonces me fijo mejor. La imagen tiene grano y los colores están apagados.
Es antigua. Demasiado antigua para ser una fotografía de Kristi.
Entonces lo comprendo. Kristi es la niña y esa debe de ser su madre.
Permanezco sentada aferrando el marco y contemplándolas, perdida en la intimidad de aquel momento, deseando estar allí y compartirlo con ellas.
Pero no puedo y Kristi tampoco podrá volver a vivirlo.
Me invade la tristeza. No puedo imaginar lo que supone perder a las personas más cercanas.
Estar sola en el mundo, sin nadie a quien pertenecer.
Tanto si amas como si odias a tu familia, te proporciona un sentido de pertenencia.
Un lugar seguro donde quedarte o un sitio del que huir.
Son tuyos, tanto si los quieres como si no, y sé que muchas personas quizá no los quieran.
Yo he sido bendecida con una familia enorme, una multitud de parientes entrometidos, cariñosos, atentos y exasperantes que me ofrecen mi lugar y me ayudan a trazar quién soy.
Nunca estoy verdaderamente sola en nada de lo que hago... Pero ¿Kristi?
Dos pensamientos se desploman sobre mí. Primero, siento el privilegio de que me haya permitido entrar.
De que se haya abierto y haya compartido todo esto conmigo.
No puedo imaginar que haya concedido esta clase de acceso a muchas mujeres.
Por lo que me ha contado, desde luego no ha habido nadie serio durante años, al menos desde la universidad.
Entonces me asalta una comprensión más aleccionadora.
Este acceso conlleva una responsabilidad.
De repente, todo parece muy pesado. ¿Estaba preparada para ser la única persona del mundo en la que confiaba?
Es algo enorme para cualquiera. Después, con la mente funcionando a toda velocidad, otro pensamiento me golpea en el estómago y me deja sin aliento.
Convencí a Kristi para que se hiciera la prueba del gen brCA.
¿Y si da positivo? ¿Y si estoy corriendo antes de aprender a andar?
¿Y si esto vuelve a ser lo mismo que ocurrió con Kelly ?
Nos haré daño a las dos.
Mis ojos recorren rápidamente la habitación hasta localizar la ropa.
La cojo y me visto deprisa. Me ducharé cuando llegue a casa.
No quiero café. Quiero espacio para pensar, espacio para respirar, y aquí no puedo tener ninguna de las dos cosas.
Esto es demasiado. Encuentro las llaves junto a la cafetera, al lado de otra nota...
Perdona por el desorden. Es un proyecto en marcha. Un poco como yo. Tenerte aquí hará que me esfuerce más para terminarlo todo.
Con cariño, K x
Había dibujado debajo una enorme cara sonriente con corazones en los ojos.
Es tan dulce que se me saltan las lágrimas, aunque ahora mismo todo consigue que se me salten las lágrimas.
Engancho un dedo en la anilla de las llaves y cojo su nota.
Quiero llevármela conmigo. No es hasta que estoy cerrando la puerta principal con llave cuando comprendo que tengo que decidir qué hacer con ellas.
¿Me las llevo?
Eso es lo que quiere que haga. ¿O las echo en el buzón y me marcho? Permanezco inmóvil durante un momento, haciendo girar las llaves alrededor de un dedo como si esperara que una especie de inspiración divina me inundara con la sabiduría necesaria para tomar la decisión correcta.
Cuando eso no sucede, me las guardo en el bolsillo. Como mínimo, así conseguiré un poco más de tiempo para aclararme las ideas.
Va a ser un día muy largo.