Rescatando Corazones (Sanando Corazones 1) Capítulo 28FENNA
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Capítulo 28FENNA

FENNA

Rara vez vengo a esta ala del hospital, pero este es el segundo día consecutivo que estoy aquí y, si soy sincera, nunca creí que conseguiría que Kristi viniera, así que me siento agradecida.

Cuando llamé al doctor Bernstein, no esperaba que se mostrara tan dispuesto, pero ya hemos colaborado en varios casos neonatales y él, al igual que muchos de mis otros compañeros, se había enterado de la muerte de Flora.

—¿Puede verte mañana para explicarte las opciones, si quieres?

—le dije a Kristi, y al principio pensé que iba a perder los nervios.

Se limitó a mirarme sin hablar y yo, como una idiota, empecé a parlotear y a retractarme.

Quiero decir, no me correspondía hablar con nadie sobre algo tan personal y que ella ya se había negado rotundamente siquiera a considerar—.

Lo siento. Ha sido una estupidez por mi parte sugerirlo siquiera.

Sé que no quieres hacerlo. No le he dado tus datos ni ninguna información personal.

Nunca haría algo así. Fue más bien una conversación del tipo «pregunto por una amiga». Pero puedo llamarlo y.. .

—Vale —dijo, y dejé de hablar de golpe, preguntándome si la había oído bien, pero supe que sí cuando preguntó—: ¿Vendrás conmigo? —Parpadeé varias veces seguidas, atónita, pero así de sencillo fue. Nada iba a impedir que ella estuviera a mi lado y yo quería hacer lo mismo por ella.

Me senté con ella durante aquella primera cita y le apreté la mano mientras él explicaba el proceso y los posibles resultados.

El hecho de que tanto su abuela como su madre ya se hubieran sometido a la prueba hacía que todo fuera mucho más fácil, le explicó.

Aceleraba el proceso. Miré a Kristi cuando lo oí utilizar aquella palabra tan poco acertada, fácil , pero ella permaneció sentada, impasible, escuchando lo que decía.

No podía imaginar lo difícil que debía de estar resultándole.

Sin embargo, al final de la consulta, cuando él terminó de repasar todos los puntos que debía cubrir, Kristi se limitó a mirarlo, asentir y preguntar cuándo podía hacerse la prueba.

Apenas veinticuatro horas después, aquí estamos otra vez, sentadas en las mismas incómodas sillas de vinilo.

La sala de espera está casi completamente vacía, aparte de una madre y su hijo pequeño, que juega con varios bloques de colores mientras tararea alegremente.

Por lo que he oído en los cotilleos del hospital, después de las tres de la tarde el único lugar donde normalmente se puede encontrar a Bernstein es el campo de golf, así que el hecho de que siga aquí para atender a Kristi es un milagro.

Estiro las piernas frente a mí y después, intentando parecer un poco más tranquila de lo que me siento, las cruzo por los tobillos.

Kristi tiene los brazos apretados con fuerza sobre el estómago y aferra las mangas de la chaqueta con tanta intensidad que la tela se arruga dentro de sus puños.

Odio verla así. Ojalá pudiera decir algo que facilitara las cosas, pero, siendo realista, sé que no hay nada que pueda decir ni hacer aparte de lo que ya estoy haciendo.

Limitarme a permanecer aquí sentada en silencio, a su lado, preparada para ayudarla de cualquier forma que necesite.

—Veterinaria —suelta de repente.

No me mira mientras habla. Tiene la vista fija en el expositor de folletos perfectamente ordenados sobre la pequeña mesa que hay enfrente.

Me vuelvo hacia ella, sorprendida.

—¿Perdona?

—Cuando nos conocimos, me preguntaste qué haría si pudiera dedicarme a cualquier cosa del mundo.

¿Te acuerdas? —Sonríe con dulzura—. Bueno, cuando era más joven quería ser veterinaria.

Era lo que empecé a estudiar en la universidad.

Incluso conseguí el título de técnica veterinaria, pero eso fue antes de...

—Aprieta los labios y asiente ligeramente.

Todo en su vida se divide en tres etapas claramente diferenciadas: la vida con su madre y su abuela, la vida con su abuela y la vida sola.

Esta última ha sido la más larga. No puedo imaginar cómo sería mi vida sin mi familia.

A menudo pueden resultar demasiado intensos, y mi ex, Kelly, reconoció que para ella eran muchísimo más de lo que podía soportar, pero ¿no tenerlos? No sé cómo lo afrontaría.

—Todavía podrías volver a estudiar —sugiero.

—No lo sé. Quizá no merezca la pena —dice con una risa carente de humor.

—No sé si yo podría hacerlo. Es raro, nunca he tenido ningún problema para operar a personas, pero pensar en operar a un gatito o un perro pequeño me pone triste.

—Mmm... —Kristi emite un murmullo vago de asentimiento, pero no dice nada. Centra la atención en el niño y, cuando lo hace, percibo en sus ojos una mirada distante, la misma que vi el día que ayudó en el centro de vacunación. Parece un poco triste, pero al mismo tiempo pensativa.

—¿Alguna vez has pensado en tener uno propio? — pregunto, inclinándome hacia delante y apoyando la barbilla sobre la palma de la mano.

—¿Qué?

—Un hijo. —Señalo hacia ellos—. ¿Alguna vez has pensado en tener uno?

—No. —Se ríe—. Hay toda una parte de ese proceso que... no me interesa en absoluto.

—Podrías recurrir a la fecundación in vitro y utilizar un donante de esperma.

Ahora es algo habitual. Un par de amigas de la universidad lo han hecho con donantes anónimos.

Una pareja utilizó el esperma de un hombre al que todas conocíamos de una de nuestras clases, lo que resultaba un poco más extraño porque en realidad no le caía bien a nadie.

Vuelve a murmurar y mira al niño una vez más.

—Yo... no.

—¿No?

—Los niños nunca han formado parte del plan —dice despacio—. Me quedaré con los animales.

—¿Por tu trabajo?

Kristi se humedece el labio inferior con la lengua, casi con nerviosismo. Traga con dificultad, como si no supiera muy bien qué responderme, y después asiente.

—Mi trabajo lo complicaría, sí.

Vacilo antes de seguir preguntando, pero quiero saberlo de verdad y comprendo que probablemente este no sea el momento ni el lugar, pero...

—Tengo que preguntártelo —murmuro, inclinándome más hacia ella para que podamos hablar sin que nos oiga la madre, que ahora está limpiándole al niño los mocos que le gotean de la nariz.

—¿Preguntarme qué?

—¿Recuerdas el día que viniste como voluntaria a la clínica ?

—Lo recuerdo vagamente —responde con un matiz sarcástico—. Sí. ¿Por qué?

—Entonces te pregunté si alguna vez habías pensado en tener hijos.

Pareciste muy... —Hago una pausa y reflexiono durante un instante.

No sé muy bien cómo describir la expresión que apareció en su rostro—.

Desconcertada por la pregunta. Sé que dijiste que los niños no formaban parte de tus planes, pero, por la forma en que los mirabas, parecía que quizá... quizá sí.

—Todavía no me has preguntado nada —señala.

Suspiro.

—¿Quieres tener hijos?

Le aparece una línea entre las cejas y vuelve a adoptar la misma expresión que vi en el campamento . Frunce el ceño y niega con brusquedad.

—Ya te lo dije. No forman...

—Parte del plan. Pero planear y querer pueden ser dos cosas distintas. ¿Te gustaría que formaran parte de él?

—¿Qué quieres decir?

—¿Te preocupa transmitirles el gen? ¿Por eso nunca los has incluido en el plan?

—Lo digo como si de verdad hubiera trazado algún plan para su vida.

Parece que el único plan que ha tenido siempre ha sido escapar, con la esperanza de dejar atrás aquello que pudiera llevar dentro, pero ese no es realmente el tema.

O quizá sea exactamente el tema. La verdad es que no lo sé.

Los ojos de Kristi se abren de par en par, sorprendida probablemente por lo directa que he sido, pero, antes de que pueda responder, la enfermera pronuncia su nombre.

—¿Quieres que entre contigo? —pregunto, apoyando una mano sobre su rodilla—. No me importa.

Veo cómo traga saliva con nerviosismo antes de asentir.

—Por favor .

Nunca querría dejar que hiciera esto sola y no tiene por qué hacerlo, porque quiero asegurarme de estar a su lado para que nunca tenga que hacerlo.