Rescatando Corazones (Sanando Corazones 1) Capítulo 18FENNA
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Capítulo 18FENNA

FENNA

—¡Joder, sí, Fenna! No pares. Dios, no pares.

Hay algo en conseguir que una mujer grite tu nombre con solo mover y deslizar la lengua por el lugar preciso y de la forma adecuada que te hace sentir todopoderosa.

Es como si fuera Ruby Rose, concentrando toda la fuerza de la flexibilidad y las habilidades gimnásticas de Batwoman en la punta de la lengua.

Kristi tiene algo que hace que nunca quiera parar.

Mis dedos siguen moviéndose, curvados en su interior, dando golpecitos en ese pequeño punto rugoso como si estuviera transmitiendo un mensaje secreto que solo su cuerpo sabe descifrar, y ella lo recibe alto y claro.

Sus caderas se sacuden sin control y está jodidamente cerca de estallar, a juzgar por la forma en que se frota contra mi rostro.

Quiero que vuelva a correrse en mi boca, como hizo antes cuando regresamos al hotel, tan desesperadas la una por la otra que ni siquiera esperamos a desnudarnos.

De rodillas, con una de sus piernas apoyada sobre mi hombro y las uñas cortas arañando la pared a su espalda, se corrió con tanta fuerza y tan deprisa que sentí como si estuviera bebiéndome su deseo.

Su vergüenza por correrse o, para ser más exacta, por eyacular, fue adorable.

Se disculpó una y otra vez, asegurándome que nunca le había ocurrido, con nadie, y eso me llenó de orgullo.

Como si yo fuera la única, yo, de entre todas las mujeres con las que se ha acostado, que la hubiera tocado con tanta profundidad como para liberar aquel talento nuevo y, hasta ese momento, oculto.

Y quiero que vuelva a suceder. Y, sin duda, otra vez más.

Su mano se aferra a mi pelo corto, su respiración se convierte en jadeos y muevo la lengua y los dedos más deprisa, con más fuerza, justo como a ella le gusta.

Entonces, con un grito y un espasmo descomunal que estoy segura de que me ha arrancado pelo de la cabeza, vuelve a correrse con fuerza, deprisa y empapada.

Me río mientras intento atraparlo con la lengua.

Kristi es gloriosa. Kristi y yo somos gloriosas juntas.

Asciendo por su cuerpo hasta tumbarme a su lado y la atraigo hacia mí.

Esto es lo maravilloso de conocer a alguien, aprender cómo es su cuerpo, cómo responde a tus caricias y a tu boca.

Aprender a variar la presión y el ritmo para ayudarla a alcanzar la liberación perfecta.

Pequeñas oleadas de estremecimientos continúan recorriéndole el cuerpo y la mantengo apretada contra mí hasta que su respiración recupera poco a poco la normalidad.

—¿Estás bien? —Mi pregunta suena absurda en cuanto rompe el silencio de la habitación, pero necesito saber que siente esta conexión entre nosotras tanto como yo, y preguntarle directamente si cree que hemos encontrado algo especial sería de...

bueno... de necesitada. Joder, ¿a quién pretendo engañar?

Con Kristi soy una necesitada. Siempre necesito más de ella, pero dejó muy claro que eso no formaba parte de lo que estaba dispuesta a ofrecer.

O, al menos, no antes... ¿Podrían haber cambiado algo estos últimos días?

Quiero preguntarle si podemos volver a vernos, pero no estoy segura de querer oír la respuesta, así que, en lugar de ser atrevida, apoyo la cabeza sobre su pecho, moviéndome con cada ascenso y descenso mientras escucho los latidos de su corazón. Por ahora, me basta con estar aquí con ella, así.

Estoy a punto de quedarme dormida cuando pregunta:

—¿De verdad se me ilumina la cara cuando hablo del refugio?

Necesito unos instantes para asimilar lo que me pregunta y después lo relaciono con aquella primera conversación que mantuvimos en el bar, la conversación que pareció asustarla.

—Mmm —murmuro—. No es solo la cara. Es como si alguien te hubiera enchufado a una toma de corriente.

Se te enciende todo el cuerpo. Es adorable.

—Me incorporo un poco y le doy un beso en la frente.

Solo entonces noto que tiene el ceño fruncido, como si estuviera pensando profundamente.

Me apoyo en el codo para intentar verle la cara, pero la habitación está a oscuras y mis ojos todavía no se han acostumbrado, así que le paso un dedo por la frente—. ¿Qué ocurre ahí dentro?

—¿Eh? —Hace una breve pausa y después dice—: Últimamente he estado pensando en lo que me dijiste. Estoy a punto de cumplir cuarenta y cuatro años, que es ser muy mayor para una tripulante de cabina.

Me río y, aunque ahora que mis ojos empiezan a acostumbrarse solo distingo el contorno tenue de sus facciones, sé que me está mirando con una expresión que parece muy seria.

—Cuarenta y cuatro años no son nada —digo, completamente en serio.

—Sí, si eres cirujana, pero la mayoría de las tripulantes de cabina, cuando llegan a mi edad, o han tenido hijos o lo han dejado y se han buscado un trabajo de verdad.

—No estaba insinuando que no tuvieras un trabajo de verdad.

Lo tienes. Solo no estaba segura de cuánto te gustaba.

—Me invade una intensa sensación de culpa.

Nunca pretendí menospreciar su trabajo. Jamás haría algo así, no solo porque sería horrible, sino porque es una buena profesión y una forma fantástica de conocer el mundo, aunque solo sea durante unos pocos días robados aquí y allá.

Yo nunca he estado en Australia ni en Hawái.

—No me gusta. En realidad, no. Últimamente no. Nunca me había planteado hacer otra cosa y no sé... —Arruga la nariz—. Me hiciste pensar en qué más podría hacer y qué me gustaría. Pero estoy a punto de cumplir cuarenta y cuatro años, Fenna. Es mucha edad para empezar algo desde cero.

Me incorporo, recojo las piernas debajo del cuerpo y le sujeto la muñeca con suavidad. Quiero estar despierta y completamente presente durante esta conversación, porque es importante.

—Tienes toda una vida por delante, Kristi, y puedes hacer o ser cualquier cosa que quieras.

La edad no influye en la decisión. Lo que importa es desear con suficiente fuerza aquello que elijas hacer.

—Le acaricio con el pulgar la piel suave de la cara interna del antebrazo, esperando que de verdad me escuche.

—Pero ¿y si no sé lo que quiero? O, peor aún, ¿qué pasa si tomo la decisión equivocada y termino sin nada?

—Pero ¿y si haces algo que te encanta, algo que te hace despertar con una sonrisa y con ganas de saltar de la cama? ¿No merece la pena intentarlo?

—Quizá.

—Además, nunca te quedarás sin nada. Yo seguiré ahí para molestarte. —Me río por lo bajo, le llevo la mano hasta los labios y deposito un beso suave sobre sus nudillos.

Si me dejas , estoy a punto de susurrar para mis adentros.