Capítulo 5FENNA #3
El corazón me late con fuerza. Es guapa, interesante y quizá esté interesada en mí.
Estas cosas no me pasan. Pero espera, ¿por qué quiere saber si estoy sola?
Vaya, sería irónico. Por fin tengo suerte...
con la única asesina en serie de Costa Rica.
Pero, antes de sacar las cosas completamente de quicio, respiro hondo y me recuerdo que solo está intentando conversar.
¿O no? Es difícil saberlo. La música oculta su voz y las luces están tan tenues que no consigo distinguir si está sonriendo o esbozando una sonrisa burlona.
—Sí, estoy sola —respondo, intentando parecer despreocupada mientras la pajita de mi copa no acierta a entrar en mi boca y se me mete por el orificio nasal derecho.
Todavía intento controlar el guiño convulsivo que me provocan las burbujas subiéndome por la nariz cuando me acuerdo de Evie, Eric y Martin. Aunque no he visto a Martin, así que ¿cuenta? Pero Evie sabe que estoy aquí. Bueno, si es que se acuerda.
—Tengo un par de amigos aquí, pero...
¿Pero qué? No se darían cuenta si me fuera con ella. Nunca he salido de un local a solas con nadie. Jamás. Pero ¿es eso lo que me está preguntando o estoy volviendo a sacar conclusiones precipitadas?
Vuelve a asentir y da otro trago a su bebida antes de girarse para mirarme directamente. Se inclina hacia mí y su aliento me acaricia la mejilla cuando habla.
—¿Quieres que salgamos de aquí y vayamos a un lugar más tranquilo? Apenas puedo oír mis propios pensamientos con la música tan... —Levanta una mano, señala el altavoz y después se señala la oreja .
—Claro. —La respuesta sale de mi boca antes de que sea consciente de haber tomado una decisión—. ¿Tienes algún sitio en mente?
—Sí, conozco un lugar. —Gira la cabeza y sus labios rozan los míos.
Juro que el corazón está a punto de salírseme del pecho.
Dejo escapar un pequeño jadeo y Kristi interpreta esa leve separación de mis labios como una invitación.
Nuestras bocas se unen y noto el tenue roce de su lengua contra mi labio inferior.
Sabe dulce y picante a la vez y, cuanto más explora su lengua, más la saboreo.
Entonces se aparta bruscamente y me deja flotando, con los ojos cerrados, mientras ella se ríe.
—Vamos, Fenna. Vamos a pasárnoslo bien.
Se levanta, me agarra de la mano y tira de mí hasta ponerme en pie.
Nunca nadie me había arrastrado consigo de esta manera. Es como si me hubiera hechizado, pero entonces me acuerdo de Evie y de todos los buenos consejos que mi madre y Yaya me han inculcado.
—Espera, debería avisar a Evie, mi amiga. Ella está...
Miro hacia la pista de baile, pero la multitud de cuerpos se funde en uno solo.
—¿Puedes darme un minuto para encontrarla? Solo tardaré un minuto, te lo prometo.
Hay un matiz de desesperación en mi voz, pero no me importa. No quiero que se marche sin mí.
—Entonces, vamos a buscarla —responde Kristi con una risita, como si percibiera mi necesidad.
Sorprendentemente, encontrar a Evie resulta más fácil de lo que imaginaba, aunque tampoco es difícil verla desplomada sobre el borde de un asiento junto a la pista de baile, con un hilo de vómito deslizándose por la barbilla.
Ahora mismo, si le dijera a alguien que es una de las estrellas emergentes de la cirugía plástica de Los Ángeles, nadie me creería y mucho menos se apuntaría a hacerse una abdominoplastia.
Pero eso es exactamente lo que es: una estrella emergente con unos dedos mágicos... cubiertos de vómito.
—Evie, ¿estás bien?
Me inclino sobre ella, le coloco una mano bajo la barbilla y levanto su rostro hacia mí. Una oleada de alivio me recorre cuando su aliento caliente y pegajoso me cubre la muñeca. Al menos respira.
—Evie, mírame.
Unos ojos grises y aturdidos me devuelven una mirada vacía desde su rostro pálido. Tiene las pupilas enormes, completamente dilatadas, pero espero que solo sea por el alcohol. Por favor, que no haya tomado nada más o, peor todavía, que alguien le haya echado algo en la bebida.
—Suéltame —gime Evie, apartándome la mano de la cara—. ¿Dónde está Eric? Le toca pagar la ronda.
—Dios, Evie, ¿qué demonios has tomado? Estás hecha un desastre.
—¡Uy, pero si es la señorita Estirada!
El tono agudo de su quejido resulta irritante, pero no puedo permitir que me distraiga. Tengo que asegurarme de que de verdad está bien.
—¿Qué has tomado, Evie?
—¿Qué? Nada... —farfulla—. ¡Vamos a pedir más chupitos!
Evie intenta levantarse del asiento, se lanza hacia delante y después pierde el equilibrio antes de llevarse la mano a la boca.
—Me siento mal, Fenna. Creo que necesito irme a casa.
—Al menos estamos de acuerdo en eso, pero...
He estado tan absorta en Evie que me he olvidado de Kristi. Mierda. El peso del cuerpo de Evie cae contra mí y me vuelvo para encontrarme con unos ojos de un azul intenso que contemplan con una sonrisa burlona el problema evidente en el que me encuentro.
—Lo siento. Tengo que asegurarme de que está bien —murmuro, incapaz de ocultar mi decepción, pero ¿qué otra opción tengo? No puedo dejarla aquí—. Quizá...
—¿Quizá debería ayudarte a llevarla adonde se aloje? —propone Kristi con una sonrisa resignada.
Al menos no soy la única profundamente decepcionada.