24
Una vez que las primeras emociones del reencuentro pasaron, Olivia entró en la base acompañada por Sergio y Paula.
—Siéntate un momento —le indicó Paula—. Quiero verte bien.
—Estoy bien, de verdad.
—Eso lo decidiré yo.
Olivia sonrió y se dejó caer en una de las sillas.
Sergio apareció con una taza humeante.
—Toma. Chocolate.
Olivia la recibió encantada.
—Te quiero.
Paula se sentó frente a ella y arrastró su silla un poco más cerca.
—Ahora cuéntanos qué demonios ha pasado.
Olivia dio un sorbo.
—¿Todo?
—Todo —sentenció Sergio.
—Pues… nos sorprendió la tormenta y no pudimos continuar.
—Eso ya lo sabemos.
—Tuvimos que refugiarnos en una pequeña construcción de montaña.
—¿Y Marcos?
Olivia levantó la mirada.
—Conmigo —se encogió de hombros.
Paula intercambió una mirada rápida con Sergio.
—Menuda experiencia —dijo Sergio.
—Sí, ni te lo imaginas.
Olivia bajó la mirada hacia su taza y dio otro sorbo.
—Qué rico está —les sonrió—. Marcos estuvo pendiente de mí todo el tiempo. Se aseguró de que comiera, de que no pasara frío, de que no me ocurriera nada…
Paula sonrió ligeramente.
—Ah, qué atento —comentó, mirando de reojo a Sergio. Olivia levantó la cabeza por el tono de voz de su amiga—. Parece que te ha cuidado muy bien.
A Olivia no le quedó más remedio que sonreír.
—Sí.
Sergio se apoyó contra la mesa.
—¿Y la avalancha?
La sonrisa de Olivia se esfumó ante aquel recuerdo.
—Eso fue lo peor.
—¿Te asustaste mucho? —preguntó Paula.
—Muchísimo.
—Normal.
Olivia asintió.
—Pero Marcos estuvo conmigo todo el tiempo. —Se quedó callada un instante—. Y consiguió tranquilizarme.
Paula volvió a sonreír.
—Ya veo.
—¿Qué ves?
—Nada —dijo rápidamente.
Olivia enarcó una ceja hacia los dos.
—Dejad de poner esa cara.
—No estamos poniendo ninguna cara —se defendió Sergio.
—Sí la estáis poniendo. —Paula le dio un golpecito en el brazo a Sergio y Olivia los miró a ambos—. ¿Qué estáis insinuando?
—Nada —respondieron ambos al mismo tiempo.
Olivia negó con la cabeza, divertida, y la sonrisa la delató. Cada vez que hablaba de Marcos, algo se encendía en su interior, y empezaba a resultarle cada vez más difícil ocultarlo.
Poco después, empezó a sacar las cosas de la mochila, revisándolas para asegurarse de que no se habían estropeado durante la caminata.
A continuación, encendió el móvil y comprobó que había recuperado la cobertura.
Apenas unos segundos después, la pantalla se iluminó una y otra vez con la llegada de mensajes y notificaciones.
—Madre mía.
—¿Qué pasa? —preguntó Paula.
—Tengo más de cincuenta mensajes.
Sergio se asomó.
—Eso te pasa por desaparecer varios días.
—No desaparecí. Estaba en una montaña —recordó.
—Para el resto del mundo viene a ser lo mismo.
Olivia comenzó a revisar las notificaciones.
Pero, entre todos aquellos mensajes, hubo uno que captó su atención y la hizo detenerse a leer.
Marcos: ¿Has sobrevivido a tus primeros diez minutos sin mí?
Olivia sonrió al momento y Paula lo vio.
—¿Quién es?
Olivia bloqueó la pantalla demasiado rápido.
—Nadie.
Paula arqueó una ceja.
—Claro.
Olivia la miró.
—¿Quieres dejar de decir “claro” de esa manera?
—No.
Olivia negó con la cabeza, pero volvió a mirar el mensaje.
Olivia: De momento, pero empiezo a echar de menos mi radiador.
La respuesta no se hizo esperar.
Marcos: Sabía que acabarías reconociendo mi utilidad.
Olivia ahogó una carcajada y dirigió la mirada hacia el fondo de la base. Allí, Marcos acababa de guardar el móvil y volvía a explicar a sus compañeros lo ocurrido.
—¿Qué? —preguntó Sergio.
—Nada.
—Estás sonriendo.
—Estoy cansada.
Paula la miró con expresión divertida.
—Claro.
—¡Paula!
Poco después llegó el momento de abandonar la base para dirigirse al hotel y descansar. Necesitaba desesperadamente una ducha y dormir durante varias horas.
Olivia salió de la base junto a sus compañeros, pero la voz de Marcos los detuvo. Él se dirigía hacia allí caminando bastante deprisa.
—Dame tu mochila —dijo Sergio, abriendo el maletero para guardarla.
Paula, al ver que Marcos se acercaba, decidió acompañar a Sergio al maletero para darles algo de intimidad.
Marcos les sonrió y fue directo hacia Olivia.
—¿Te vas? —preguntó llegando hasta ellos.
—Sí —respondió ella—, ya sabes, necesito una buena ducha —bromeó.
Él asintió.
—Sí, ya lo sé —le sonrió.
Durante unos segundos, permanecieron en silencio.
Resultaba extraño pensar que habían pasado varios días sin separarse, compartiendo un pequeño refugio, comidas, conversaciones, momentos de miedo y también risas.
Y ahora, de repente, tenían que regresar a sus respectivas vidas, como si nada de aquello hubiera ocurrido.
—Supongo que ahora todo volverá a ser como antes —dijo Olivia.
Marcos la miró y, entonces, se acercó un poco más.
—Tenemos una pizza pendiente.
—No me he olvidado —rio ella.
—Yo tampoco.
Olivia soltó una pequeña risa y Marcos levantó una mano y acarició suavemente su mejilla.
Después, se inclinó y la besó. Fue un beso breve, pero suficiente para que Olivia sintiera que el refugio no había quedado tan lejos como parecía.
Cuando se separaron, Marcos sonrió.
—Te escribo cuando acabe de rellenar todo el papeleo —dijo Marcos, retrocediendo unos pasos.
—Vale —respondió ella con una sonrisa en sus labios.
Él comenzó a alejarse hasta que entró en la base.
¿Se podía ser más feliz en ese momento?
Sí, había sido una experiencia que alguien calificaría como traumática, pero no lo había sido para ella.
Olivia se giró para subir al vehículo, pero se detuvo al descubrir a Paula y Sergio mirándola con la boca abierta.
—¿Qué pasa? —preguntó Olivia, que no comprendía las miradas de asombro de sus amigos.
—Bueno… mmm… —empezó Paula—, Tú y… él… os…
Olivia los miró y se encogió de hombros.
—Sí.
Sergio asintió y la miró con una expresión cada vez más divertida.
—Yo tengo una pregunta… ¿cuándo es la cita?
Olivia volvió a mirar hacia el camino por el que Marcos se había marchado y sonrió.
—Todavía no lo sé. —Hizo una pequeña pausa—. Pero espero que sea muy pronto.
Habían pasado varios días desde el rescate y, poco a poco, la vida de Olivia había vuelto a recuperar su ritmo habitual o, al menos, lo intentaba.
Aquella mañana estaba sentada frente al ordenador, con los auriculares puestos y varias ventanas abiertas en la pantalla. Sergio trabajaba a su lado revisando el sonido, mientras Paula iba pasando de una grabación a otra para comprobar qué material podían utilizar.
—Esta toma está bastante bien —comentó Paula.
Olivia acercó la silla.
En la pantalla apareció una de las imágenes que había grabado durante la tormenta.
La nieve golpeaba con fuerza el paisaje y, unos segundos después, Marcos aparecía en plano.
Olivia se quedó mirándolo y Sergio la observó de reojo.
—¿Quieres que la quite?
Olivia apartó la mirada.
—¿Qué? ¡No!
—Llevas cinco minutos mirando la misma imagen, pasando para adelante y para atrás.
—Estoy revisando el encuadre.
Paula soltó una pequeña risa.
—Sí, sí… el encuadre —le dio la razón.
Olivia la miró.
—¿Qué?
—Nada, nada.
Olivia resopló.
—Ya empezamos con las caritas… —Olivia volvió a concentrarse en la pantalla—. ¿Podemos trabajar, por favor?
—Por supuesto —respondió Paula, intentando contener la risa.
Continuaron revisando el material.
Había imágenes de la llegada a la montaña, del trabajo del equipo, de la tormenta, del refugio y del rescate. También habían conseguido algunas tomas después de que la tormenta empezara a remitir.
Olivia fue anotando qué escenas necesitaban completar.
—Creo que con esto tenemos prácticamente toda la historia.
—¿Prácticamente? —preguntó Sergio.
—Nos falta una entrevista final y quizá algunas imágenes de recurso.
Paula asintió.
—Podemos grabarlas mañana.
Olivia miró la pantalla.
—Sí.
Volvió a reproducir una secuencia donde Marcos aparecía hablando con otro miembro del equipo.
Olivia sonrió sin darse cuenta y Paula la miró.
—Te gusta mucho ese hombre, ¿eh?
Olivia levantó la cabeza.
—Sí —susurró, casi sin darse cuenta.
Sergio soltó una carcajada.
—Lleva días intentando no decirlo.
Olivia negó con la cabeza.
—No sé de qué estáis hablando —dijo Olivia, adoptando su mejor expresión de inocencia.
Paula señaló la pantalla del portátil y la miró como si acabara de pillarla con las manos en la masa.
—Cada vez que aparece él, sonríes.
Olivia volvió a mirar la grabación.
—Es porque me recuerda a todo lo que pasó. —Olivia suspiró y los miró de reojo—. Está bien… sí, me gusta, pesados.
Paula se apoyó en el respaldo de su silla.
—¿Y habéis vuelto a hablar?
Antes de que Olivia pudiera responder, su teléfono vibró sobre la mesa.
Ella lo miró al principio sin interés, aunque en la pantalla apareció un nombre que hizo que su sonrisa apareciera inmediatamente: Marcos.
—Hablando del rey de Roma… —murmuró Sergio.
Olivia cogió el teléfono.
—No empecéis —los amenazó con el dedo.
Se levantó y se alejó unos pasos para poder leer el mensaje tranquilamente. Marcos: ¿Cómo va la vuelta a la civilización?
Olivia sonrió y tecleó rápidamente.
Olivia: De momento bien. Aunque echo de menos algunas cosas de la montaña. Marcos: ¿El refugio?
Olivia se mordió ligeramente el labio antes de responder.
Olivia: No precisamente…
La respuesta tardó apenas unos segundos en aparecer.
Marcos: Ilústrame, documentalista.
Olivia soltó una carcajada que atrajo las miradas de Sergio y Paula. En cuanto se dio cuenta, carraspeó y se volvió de espaldas, fingiendo estar ocupada.
Olivia: El radiador. Era un radiador bastante bueno.
Marcos: Entonces habrá que comprobar si funciona igual de bien fuera de la montaña.
Olivia se quedó mirando la pantalla y su corazón dio un pequeño vuelco.
Marcos: ¿Te parece bien que pase a buscarte esta tarde por el hotel?
Ella leyó el mensaje dos veces.
Esta vez no había refugio, no había tormenta, no había ninguna excusa. Era una cita. Una cita de verdad.
Olivia respiró hondo antes de responder.
Olivia: Sí. Me parece bien.
La respuesta de Marcos apareció unos segundos después.
Marcos: Entonces tenemos una cita.
Olivia se quedó mirando aquellas palabras y sonrió.
—¿Todo bien? —preguntó Paula desde la mesa.
Olivia levantó la mirada.
—Sí.
—¿Qué te ha dicho?
Olivia intentó mantener la expresión seria, aunque no lo consiguió.
—Que esta tarde viene a buscarme.
Paula sonrió.
—¿A dónde te lleva?
—A una cita.
Sergio levantó las manos.
—¡Por fin!
Olivia volvió a sentarse.
—No exageréis.
—No estamos exagerando —dijo Paula—. Llevamos días esperando este momento.
Olivia volvió a mirar el móvil y sonrió. Después de todo lo que habían vivido juntos, aquella sería la primera vez que se encontraría con Marcos sin una tormenta de por medio y, curiosamente, eso la ponía mucho más nerviosa.