22
El fuego volvía a arder con fuerza y, poco a poco, el ambiente había recuperado algo de calma. Fuera, el viento seguía soplando y, de vez en cuando, se escuchaba algún retumbo lejano, pero nada comparable al estruendo que habían vivido hacía tan solo unas horas.
Olivia permanecía sentada junto a Marcos, todavía envuelta en la manta.
Ninguno parecía tener demasiada prisa por separarse.
—¿Estás bien? —preguntó él.
—Sí.
—¿De verdad?
Olivia asintió.
—Sí, creo que sí —le sonrió.
Marcos la observó durante unos segundos.
—Bien.
Ella bajó la mirada y sonrió ligeramente.
Durante unos segundos, un silencio cómodo se instaló entre ellos.
Olivia apoyó de nuevo la cabeza sobre su hombro.
—Ha sido un día bastante intenso.
—Un poco, sí —rio él.
—Tormenta, avalancha…
—Y una cita pendiente —acabó diciendo mientras la abrazaba—. Menuda Navidad.
Ella levantó la cabeza.
—Ah, sí… la cita navideña que nos espera —dijo ella—. No te has olvidado.
—Imposible olvidarme.
—Me alegro —sonrió Olivia, incorporándose—. Después de todo esto, más te vale llevarme a esa pizzería.
—Lo haré —dijo.
—Y espero que sea realmente buena —acabó ella.
—Lo es, ya verás.
El silencio volvió a reinar en el refugio, apenas interrumpido por el crepitar del fuego, mientras ella volvía a acomodarse sobre su pecho y dejaba la mirada perdida en las llamas.
—¿Crees que podremos salir mañana?
—Si las condiciones siguen mejorando, probablemente.
—¿Tenemos que empezar a prepararnos?
—Mañana.
Ella asintió.
—De acuerdo, mañana.
Sin embargo, ninguno de los dos hizo ademán de levantarse. Pasados unos minutos, Marcos dirigió la mirada hacia las literas.
—Deberíamos intentar dormir.
Olivia asintió.
—Sí.
Se levantaron despacio y cada uno empezó a prepararse para la noche. Se pusieron la ropa que habían dejado esparcida por todo el refugio y se dirigieron a las literas.
Pero cuando Olivia se metió en la suya, descubrió que el frío era mucho más intenso que la noche anterior.
Se arropó hasta la barbilla.
—Hace frío.
Marcos asintió mientras se acercaba a la litera.
—Sí, las ventanas están bastante cubiertas de nieve y entra menos luz, por lo que estamos perdiendo calor.
Olivia se hizo un ovillo bajo la manta mientras él se acercaba a la chimenea y añadía otro tronco al fuego.
Las llamas crecieron, pero el frío seguía presente en el refugio.
—Intenta dormir —le dijo.
—Lo intentaré.
Marcos apagó la luz principal y el refugio quedó iluminado únicamente por el resplandor de la chimenea.
Fuera, el viento volvió a golpear las paredes y Olivia cerró los ojos. Esta vez, sin embargo, ya no tenía tanto miedo. Sabía que Marcos estaba allí y aquella certeza era suficiente para que pudiera intentar descansar.
Intentó cerrar los ojos, pero después de unos minutos volvió a moverse bajo la manta.
El frío se había instalado de nuevo en el refugio y, aunque el fuego seguía encendido, parecía no ser suficiente para calentar todo el espacio.
Marcos la escuchó moverse desde la litera superior.
—¿Sigues despierta?
—Sí.
—¿Tienes frío?
Olivia dudó.
—Un poco —admitió.
Marcos se incorporó y miró hacia abajo. Sí, Olivia estaba hecha un ovillo en el lateral de la cama, totalmente encogida. Los grados habían bajado bastante en el interior del refugio.
Marcos bajó de la litera y se acercó.
Olivia lo miró.
—¿Qué haces?
Marcos señaló la litera inferior.
—Déjame un sitio —dijo, indicándole con un gesto que se echara más hacia la pared.
Ella abrió ligeramente los ojos.
—¿Aquí?
—Si quieres, sí.
Olivia tardó apenas un segundo en responder.
—Sí, ¡por favor! ¡Estoy helada!
Marcos sonrió y se acomodó en la litera junto a ella, cubriendo a ambos con la manta.
Al principio, los dos permanecieron un poco rígidos, sin saber muy bien cómo colocarse en aquel espacio tan reducido.
—Esto es un poco incómodo —rio ella.
—Mucho —admitió él.
—No cabemos.
—Podemos intentarlo. —Ella se hizo un poco hacia un lado y él pasó el brazo por debajo de su cabeza, permitiendo que apoyara la mejilla sobre su pecho.—. Así. —Marcos pasó el otro brazo alrededor de ella y la acercó con suavidad—. ¿Mejor?
—Mucho mejor —admitió ella con un suspiro y cerró los ojos. Podía escuchar su respiración tranquila y sentir el calor de su cuerpo—. Esto sí que es un buen sistema de calefacción —murmuró.
Marcos soltó una risa.
—¿Me estás utilizando como radiador?
—Un poco —bromeó ella.
—Perfecto.
—Además eres un radiador bastante atractivo —rio ella.
Marcos bajó la mirada hacia ella.
—Bien… este servicio de calefacción incluye también mantenimiento y atención personalizada.
Olivia soltó una carcajada.
—¿Atención personalizada?
—Por supuesto, pero te advierto que mis tarifas son bastante altas.
Ella elevó su cabeza hacia él y enarcó una ceja con expresión divertida.
—¿Y cómo se pagan?
Él la miró con una sonrisa pícara.
—Eso tendríamos que negociarlo —dijo, acariciando su hombro.
Lo cierto era que ahora sí se estaba bien. Marcos era como una estufa.
—¿Sabes qué?
—¿Qué?
—Creo que esta ha sido la situación más extraña de mi vida.
—La mía también —admitió Marcos—. Aunque no todo ha sido malo.
Ella negó.
—No. —Olivia volvió a acomodarse sobre su pecho—. ¿Sabes qué es lo más raro? Que mañana probablemente salgamos de aquí y todo volverá a ser normal.
Marcos permaneció callado unos segundos.
—No creo que vuelva a ser exactamente normal. —Marcos inspiró hondo—. Ahora estás tú.
Ella sonrió y apretó los labios.
—Eso ha sido muy bonito.
—Era la intención.
Marcos le acarició suavemente el brazo y besó su cabeza.
—Intenta dormir un poco.
—Vale —susurró ella.
Esta vez sí consiguió relajarse acurrucada contra él y escuchando el latido tranquilo de su corazón. Se quedó dormida mucho antes de lo que esperaba.
Marcos permaneció despierto unos minutos más, observándola. Después, apoyó suavemente la mejilla sobre su cabello y cerró los ojos.
Fuera, el viento seguía soplando, pero dentro del pequeño refugio, por primera vez desde que había comenzado la tormenta, ambos durmieron en completa calma.
La noche transcurrió mucho más tranquila de lo que Olivia habría imaginado.
El calor de Marcos a su lado y el sonido de su respiración habían conseguido que se olvidara casi por completo de la tormenta. Cuando finalmente amaneció, la luz que entraba por las pocas zonas de las ventanas que seguían despejadas era tenue y grisácea.
Olivia continuaba acurrucada contra él cuando un sonido de interferencias la despertó.
—Marcos… aquí base. ¿Me recibes?
Él abrió los ojos al instante.
Olivia también se despertó y levantó ligeramente la cabeza de su pecho.
—¿Qué pasa? —murmuró, todavía adormilada.
Marcos alargó el brazo hacia la radio.
—Base, aquí Marcos. Te recibo.
La respuesta llegó con bastante más claridad que el día anterior.
—Las condiciones han mejorado considerablemente durante las últimas horas. Continúa nevando y todavía tenemos viento, pero su intensidad ha disminuido bastante.
Marcos se incorporó ligeramente, con cuidado de no dañar a Olivia.
—¿Podemos salir?
—Todavía no. El terreno continúa complicado después de las avalanchas. Vamos a enviar un equipo para evaluar el acceso al refugio y comprobar el estado de la ruta.
Olivia abrió los ojos de par en par.
—¿Van a venir?
Marcos la miró y asintió mientras escuchaba.
—¿Cuánto tardarán?
—Calculamos que unas horas. El equipo tendrá que avanzar con material de montaña y revisar el terreno antes de acercarse. Cuando lleguen, os indicaremos cómo proceder.
—Entendido.
—No intentéis salir por vuestra cuenta. Permaneced en el refugio hasta que el equipo confirme que la ruta es segura.
—De acuerdo.
Marcos soltó el botón y, durante unos segundos, ambos permanecieron en silencio.
Olivia lo miró.
—Entonces… vienen a buscarnos.
—Sí.
Una sonrisa apareció lentamente en su rostro.
—¿De verdad? —preguntó, emocionada.
—De verdad —asintió él con una sonrisa.
Olivia se incorporó un poco más y miró hacia una de las ventanas.
Seguía nevando, el viento todavía movía la nieve alrededor del refugio, pero ya no golpeaba las paredes con la violencia de los días anteriores.
—Parece que ha mejorado bastante.
Marcos asintió.
—Mucho, aunque todavía tardarán unas horas en llegar.
Olivia volvió a mirarlo.
—Bueno… supongo que tenemos tiempo para desayunar.
Marcos sonrió.
—Eso siempre es una prioridad para ti —ironizó él.
—Después de todo lo que hemos pasado, creo que me lo he ganado —dijo mientras se incorporaba en la cama y se abrazaba a sí misma—. Por Dios, ¡qué frío hace!
Ambos comenzaron a levantarse y Olivia se quedó un instante sentada en la litera, mirando alrededor.
El refugio parecía diferente aquella mañana, quizá porque sabía que, por primera vez desde que habían llegado, el final de aquella aventura estaba realmente cerca.
Aunque debería haber sentido únicamente alivio, una pequeña parte de ella no pudo evitar pensar que también iba a echar de menos aquel lugar.
Y, sobre todo, a la persona con la que había compartido cada uno de aquellos días.
Marcos puso agua a calentar mientras Olivia se sentaba junto a la mesa.
—¿Quieres un café?
—Por favor —suplicó ella.
Él se giró y la miró.
—¿Has dormido bien?
Olivia levantó la mirada hacia él.
—Sí, mucho. —Marcos le tendió el café y ella le dio un sorbo—. Aunque creo que mi radiador particular ha tenido algo que ver.
Marcos soltó una risa.
—No te va a salir gratis —comentó, mostrándole los dientes con una sonrisa pícara.
Ella estuvo a punto de atragantarse.
—¿Y cuánto cuesta?
Marcos fingió pensarlo.
—Todavía estoy calculándolo.
—Espero que no sea demasiado caro.
—Quizá decida cobrártelo de otra forma… —Ella enarcó una ceja, intrigada—, que no sea con dinero —matizó él. él. Acto seguido, dio un sorbo a su café con total parsimonia, como si no acabara de lanzar una provocación.
Olivia soltó una carcajada y lo observó unos segundos antes de bajar la mirada hacia el café.
Todavía le resultaba un poco extraño pensar que la noche anterior se había quedado dormida entre sus brazos, y más sorprendente aún que ahora aquello le pareciera completamente natural.
Desayunaron tranquilamente y, cuando terminaron, Marcos miró alrededor.
—Será mejor que empecemos a recoger.
—Sí.
Olivia se levantó y fue hasta su mochila.
—Esta vez voy a intentar hacerlo bien.
Marcos arqueó una ceja.
—¿Quieres que me dé la vuelta? —bromeó.
—No.
—¿Estás segura? —insistió.
—Sí.
—Entonces adelante —dijo, señalando su mochila.
Olivia empezó a guardar sus cosas.
Metió la cámara, las baterías, las tarjetas de memoria y el resto del equipo. Después, cerró uno de los compartimentos y miró a Marcos.
—Ya está.
Él se acercó.
—¿Eso es todo?
—Sí.
Marcos levantó la mochila.
—Vaya. —Olivia sonrió, orgullosa—. Pesa menos, estoy impresionado.
—¿Ves? He aprendido.
Marcos volvió a dejar la mochila en el suelo.
—Aunque todavía podríamos quitar un par de cosas.
—¡No!
—Solo lo proponía —dijo, alzando las manos—, pero mejor no he dicho nada. —La miró, divertido—. Al menos no necesitamos otro rescate solo para sacar tus cosas de aquí.
Olivia le dio un pequeño empujón en el brazo.
—Qué gracioso.
Marcos hizo lo mismo con su mochila.
Durante unos minutos, ambos se dedicaron en silencio a recoger las mantas, guardar sus cosas y dejar el refugio lo más ordenado posible.
Después de terminar de recoger, ambos se quedaron un rato sin saber muy bien qué hacer.
El equipo todavía tardaría unas horas en llegar y, por primera vez desde que habían despertado, no tenían ninguna tarea pendiente.
Marcos miró hacia la chimenea.
—¿Nos sentamos un rato?
Olivia asintió y ambos se acomodaron frente al fuego, esta vez mucho más cerca que durante los primeros días.
Durante unos instantes, ninguno dijo nada.
El refugio estaba en calma. Fuera seguía nevando, pero el viento había perdido gran parte de su fuerza y el silencio entre ellos resultaba extrañamente agradable.
Olivia observó las llamas.
—¿Sabes qué es lo más raro?
—¿Qué? —preguntó él.
—Que hace unos días ni siquiera te conocía.
Él sonrió y ladeó su cabeza.
—Y ahora sabes demasiadas cosas sobre mí.
—Sí, como que eres bastante mandón —rio ella.
—Eso no es cierto.
Olivia le sacó la lengua en un gesto divertido.
—Pues… tú roncas —contraatacó él.
Olivia abrió la boca, indignada.
—Eso es mentira.
—Ejem, ejem…
—Tú eres terriblemente competitivo —continuó ella.
—Eso tampoco, sé perder —comentó, pensativo.
—Bueno… mmm… y que haces unos nudos increíbles.
Marcos sonrió.
—Eso sí —asintió con una sonrisa, mirando el fuego—. Mis nudos son los mejores —bromeó.
Olivia lo miró durante unos segundos.
—Y eres bueno cuidando de alguien.
La sonrisa de Marcos se suavizó.
—Tú tampoco lo has puesto difícil. —Ella bajó la mirada. El fuego crepitó frente a ellos y Olivia jugueteó con el borde de la manta—. Y ahora tenemos una cita pendiente.
—Una cita con pizza —aclaró rápidamente.
—Exacto.
—No pienso olvidarla —lo advirtió con el dedo.
—Espero que no. —Marcos ladeó ligeramente la cabeza—. ¿Cuándo quieres ir?
Olivia se encogió de hombros.
—Cuando salgamos de aquí.
—Eso no es una fecha.
—Bueno… cuando estemos de vuelta y tengamos tiempo.
Él asintió.
—Buscaré un hueco.
Olivia sonrió.
—Guauuu… un hueco para mí.
Olivia pestañeó varias veces, bromeando.
—Sí, quiero ir con la documentalista a comerme una pizza. Sí señor.
Se inclinó sobre ella y la besó de improviso, pillando a Olivia completamente desprevenida.
Fue un beso tranquilo, sin la urgencia de los anteriores. No había miedo, ni una avalancha, ni una tormenta golpeando las paredes. Solo estaban ellos dos, sentados frente al fuego, sabiendo perfectamente lo que sentían.
Olivia apoyó una mano en su pecho y sonrió contra sus labios.
Cuando se separaron, permanecieron unos instantes mirándose.
—Eso ha sido una buena forma de confirmar la reserva —murmuró él.
Olivia soltó una risa.
—Todavía no hemos llegado al restaurante.
—Pero ya tenemos la cita programada.
—Eso sí —le dio la razón ella.
Se quedaron unos segundos más mirándose hasta que Olivia apoyó la cabeza en su hombro.
Fuera seguía nevando, pero ahora la espera del rescate ya no parecía tan larga.