Rescátame por Navidad 18
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Después de aquella pequeña batalla, decidieron que lo mejor sería aprovechar las horas que aún quedaban antes de dormir para preparar la cena.

—¿Qué hacemos? —preguntó Olivia.

—Algo caliente.

Marcos sacó algunos ingredientes y los colocó sobre la pequeña superficie de trabajo.

—¿Puedes ayudarme con esto?

Olivia se acercó.

—¿Qué tengo que hacer?

—Cortar.

Ella le lanzó una mirada.

—Muy gracioso —bromeó.

—Gracias.

Olivia cogió el cuchillo y comenzó a cortar mientras Marcos se encargaba del resto.

Durante unos minutos, trabajaron juntos en silencio.

—¿Siempre cocinas así? —preguntó ella.

—Cuando estoy fuera, sí —confirmó él.

—No está mal.

—Todavía no has probado nada. —La miró de reojo—. Puedes acabar decepcionada.

—Después de haber comido comida de emergencia durante dos días, creo que cualquier cosa me va a parecer estupenda.

Marcos se rio.

Olivia terminó de cortar y dejó el cuchillo a un lado.

—¿Así?

—Perfecto.

Ella se acercó un poco más para dejar los ingredientes donde él le había indicado.

Marcos estaba intentando alcanzar una pequeña olla situada detrás de ella.

—¿Me dejas pasar?

Olivia se apartó ligeramente.

—Claro.

Pero en el mismo instante en que ella se movió hacia un lado, Marcos hizo lo mismo. Los dos quedaron prácticamente frente a frente, muy cerca. Olivia levantó la mirada y Marcos hizo lo mismo. Durante un instante, ninguno de los dos se movió.

Ella pudo sentir el calor de su cuerpo a pesar de que, lejos del fuego, el refugio estaba bastante fresco.

Marcos bajó ligeramente la mirada hacia ella.

—Perdona —reaccionó rápidamente.

—No pasa nada —respondió ella.

Pero ninguno de los dos se apartó de inmediato.

Olivia sonrió nerviosa y Marcos fue el primero en retroceder.

—Voy a pasar por aquí —dijo, señalando a la derecha.

—Y yo por aquí —indicó ella hacia el otro lado.

Ella se apartó y él alcanzó finalmente la olla.

Olivia volvió a concentrarse en la comida, aunque durante unos segundos tuvo la sensación de que el corazón le latía bastante más deprisa de lo necesario.

“Perfecto” .

Miró de reojo a Marcos.

“Ahora resulta que hasta cocinar es peligroso” .

Él la observó de reojo, pero no dijo nada.

Finalmente, después de unos minutos más, la cena estuvo preparada.

Marcos sirvió los platos y ambos se sentaron frente al fuego.

Olivia cogió el suyo y sopló ligeramente antes de probarlo.

—Está bueno —dijo, sorprendida.

—¿De verdad?

—Sí —respondió con una sonrisa.

Durante unos minutos, comieron en silencio, disfrutando del calor de la cena y del fuego.

Fuera, la tormenta seguía golpeando el refugio, pero desde allí su sonido parecía mucho más lejano.

—¿Sabes qué es lo primero que voy a hacer cuando salgamos? —preguntó Olivia.

—¿Comer pizza?

Ella sonrió.

—Aparte de eso… —Él esperó—. Darme una ducha. Una ducha de verdad —añadió—. Una ducha larga, con agua caliente y sin tener que calentarla en una olla.

—Suena bien.

—Y después me pondré ropa limpia.

Marcos la miró.

—Ya llevas ropa limpia.

—Pero quiero ropa limpia que no haya estado dentro de una mochila. —Olivia sonrió—. ¿Y tú?

Marcos pensó unos segundos.

—Dormir.

Ella lo miró, sorprendida.

—¿Solo dormir?

—Probablemente —asintió.

—Qué aburrido.

—Después de dos días en una montaña, dormir no me parece aburrido.

Ella se quedó unos segundos en silencio.

—Yo quiero comer, primero…

—Eso ya lo sabía —la interrumpió.

—Y probablemente dormir después también —añadió, levantando otro dedo.

Olivia tomó otra cucharada antes de continuar.

—¿Y si pudieras estar ahora mismo en cualquier lugar?

Marcos levantó la mirada.

—¿En cualquier lugar?

—Sí.

—En casa.

Ella sonrió.

—¿En Santander?

Marcos asintió.

—Sí, en Santander.

—¿Aunque esté nevando?

—Especialmente si está nevando —explicó—. Allí hay sitios donde puedo ver nevar sin preocuparme de que una tormenta intente arrancar el techo.

Olivia se rio.

—Es un buen argumento.

—¿Y tú?

Ella pensó unos segundos.

—Ahora mismo… en algún sitio donde pudiera pedir una pizza, darme una ducha y tomar un café sin tener que caminar cuatro kilómetros por la nieve.

—Vaya, parece que tienes las prioridades claras —rio él.

—¿Yo? Siempre.

Marcos sonrió.

—¿Y si no fuera ahora mismo?

Olivia se quedó pensativa.

—Entonces viajaría.

—¿Dónde? —preguntó Marcos, ladeando la cabeza.

—A algún sitio donde no haya estado nunca.

—¿No te gustaría volver a algún lugar?

—Sí, pero me gusta demasiado descubrir sitios nuevos.

—Eso explica tu trabajo.

—Supongo.

Olivia dejó el tenedor sobre el plato.

—¿Y tú? Si tuvieras una semana libre y pudieras ir a cualquier sitio, ¿dónde irías?

Marcos la miró.

—No lo sé.

—Vengaaa —lo animó.

—Probablemente buscaría algún lugar tranquilo.

—¿Tranquilo?

—Sí.

—Después de pasar la vida en la montaña, ¿quieres tranquilidad?

—Precisamente por eso.

Olivia sonrió.

—No te pega —dijo, negando con la cabeza.

Él enarcó una ceja.

—Y, según tú, ¿qué me pega?

—No sé. —Se encogió de hombros—. Te imaginaba haciendo algo más aventurero.

—A veces uno también quiere sentarse y no hacer nada.

—Vayaaa —dijo, asintiendo con la cabeza—. Eso sí que no me lo esperaba —lo señaló con la cuchara.

Marcos levantó su taza.

—Todavía te quedan muchas cosas por descubrir de mí —dijo sonriente, alzando las dos cejas.

Olivia lo miró durante un segundo.

—Sí, ya veo.

Habían terminado de cenar y, después de recoger los platos, el refugio había quedado sumido en una tranquilidad extraña.

La tormenta seguía azotando al otro lado de las paredes, aunque durante unos minutos pareció alejarse ligeramente.

Marcos miró la hora.

—Voy a intentar contactar con la base antes de que nos vayamos a dormir.

Olivia asintió y se sentó cerca de la mesa mientras él se acercaba a la radio.

Ella aprovechó para abrir su mochila.

—A ver…

Rebuscó entre sus cosas, buscando algo que pudiera ponerse para dormir, pero no le quedaba nada. La camiseta que llevaba puesta era la que había traído de repuesto.

—Perfecto…

La otra camiseta era la que había llevado durante la tormenta y, aunque estaba seca, la que llevaba puesta estaba más limpia.

Miró su mochila como si la hubiera traicionado personalmente.

—Dos camisetas, dos días… excelente planificación.

Marcos tomó la radio del refugio y estableció contacto con la base. Unos segundos después, su voz llenó el pequeño espacio.

—Base, aquí Marcos. ¿Me recibís?

Olivia levantó ligeramente la cabeza mientras seguía revisando la mochila.

La respuesta llegó entre interferencias.

—Te… recibimos, Marcos.

—Quería información actualizada sobre la tormenta. ¿Cómo está evolucionando el frente?

Hubo unos segundos de estática.

—El frente continúa estacionario sobre la zona. Se mantienen las rachas fuertes y la visibilidad… sigue siendo muy reducida… por la nieve. No esperamos… una mejoría clara durante las… próximas horas.

Marcos miró hacia la ventana.

—¿Hay posibilidad de una ventana segura mañana por la mañana?

—No podemos asegurarlo todavía. La previsión… mantiene condiciones adversas y habrá que volver a valorar la situación… a primera hora. De momento, no recomendamos ningún desplazamiento.

—Entendido.

—Además, las acumulaciones de nieve están aumentando en las laderas. El riesgo de aludes… sigue siendo elevado.

Marcos permaneció unos segundos en silencio.

—De acuerdo. Recibido.

—Manteneos en el refugio y mantened la radio operativa.

—Lo haremos.

Marcos soltó el botón.

Olivia había dejado de rebuscar en la mochila y lo miraba intrigada.

—¿Qué han dicho? ¿Podremos salir mañana?

Marcos se volvió hacia ella y, durante un instante, se quedó mirándola.

Estaba sentada junto a la mesa, con las piernas recogidas ligeramente, el pelo algo desordenado después del baño y aquella expresión de concentración cuando hablaban de algo importante.

La luz cálida del fuego le iluminaba el rostro.

Marcos sonrió casi sin darse cuenta. Había algo en ella que le resultaba difícil ignorar.

Era bonita, sí, mucho, pero no era solo eso.

Le gustaba estar con ella, escucharla hablar, verla reírse por cualquier tontería y hasta aquella costumbre suya de hacer preguntas constantemente.

Y lo más extraño era que, después de pasar dos días encerrados juntos, la idea de tener que separarse cuando todo aquello terminara no le resultaba tan agradable como debería.

Olivia levantó una ceja y Marcos despertó de sus pensamientos.

—Mañana tendremos que volver a valorar la situación. —Olivia lo observó durante un segundo, aunque sospechaba que no era exactamente eso en lo que estaba pensando—. No es seguro que mañana podamos salir.

Ella bajó ligeramente la mirada.

—Es decir…

Marcos asintió.

—Que no —sentenció.

Olivia suspiró.

Otro día, otro día entero encerrada en aquel pequeño refugio.

Miró alrededor. La chimenea, la mesa, las literas… y después a Marcos.

“Otro día aquí con él” .

La idea debería haberle resultado frustrante. Sin embargo, para su propia sorpresa, no le parecía precisamente desagradable. De hecho, una pequeña parte de ella estaba bastante contenta con la noticia.

Olivia sonrió ligeramente.

—Bueno, supongo que tendremos que quedarnos.

—Supongo que sí.

Ninguno de los dos parecía especialmente disgustado por la idea.

Marcos miró el reloj y después la radio.

—Deberíamos irnos a dormir.

Olivia asintió.

Recogieron las últimas cosas de la mesa y dejaron todo preparado para la noche. Marcos comprobó que la radio quedara a mano y después se acercó a las literas.

Olivia se metió primero en la suya.

—Buenas noches —dijo mientras se acomodaba bajo la manta.

—Buenas noches.

Marcos apagó parte de las luces y se disponía a subir a la litera superior cuando una ráfaga golpeó con fuerza el refugio.

Las contraventanas vibraron con violencia y Olivia se incorporó de golpe.

—¡Madre mía!

Marcos se giró hacia ella.

—Tranquila.

Otro golpe hizo crujir la estructura.

Olivia miró hacia arriba.

—Parece que vaya a salir volando el techo.

Marcos señaló la litera superior.

—Tranquila. Yo duermo arriba. Si el techo sale volando, me entero primero.

Olivia lo miró fijamente.

—Eso no me tranquiliza precisamente.

Marcos soltó una pequeña risa.

—Era una broma.

—Pues no ha sido una buena broma —se quejó ella.

—Lo tendré en cuenta —dijo Marcos mirando el techo.

Una nueva ráfaga golpeó el refugio. Esta vez fue tan fuerte que Olivia se levantó casi sin darse cuenta. Marcos se acercó inmediatamente.

—Eh, tranquila.

Ella se quedó junto a él.

—Es que parece que…

Otro estruendo interrumpió sus palabras.

Olivia dio un respingo y se acercó todavía más.

Marcos no hizo ningún comentario, simplemente permaneció a su lado y comprobó con la mirada la puerta y las ventanas. Después, apoyó una mano en su hombro.

—Tranquila. Son rachas de aire. Nada más.

Olivia lo miró.

—Se va a ir volando el refugio.

—No se va a ir volando —sonrió de forma tranquilizadora.

—¿Seguro?

—Seguro.

—¿Cómo puedes estar tan tranquilo?

—Porque sé cómo está construido.

Ella respiró profundamente y tragó saliva.

—Vale —logró decir.

Marcos retiró despacio la mano de su hombro.

—Vamos. Intenta dormir.

Olivia se volvió hacia la litera.

—¿Necesitas otra manta? —preguntó él.

—No.

—¿Seguro?

—Sí, estoy bien.

Marcos subió a la litera superior y Olivia se acomodó bajo la manta.

Durante unos segundos, solo se escuchó el crepitar del fuego, hasta que una ráfaga mucho más fuerte golpeó el refugio.

Olivia abrió los ojos de golpe y desde arriba llegó inmediatamente la voz de Marcos.

—Tranquila —pronunció con paciencia.

No necesitaba que ella dijera nada para saber que estaba asustada. Aquellas ráfagas de viento impresionaban bastante.

Ella cerró los ojos.

—Estoy muerta de miedo —susurró.

Marcos se quedó en silencio un instante.

Había algo diferente en su voz. Le temblaba ligeramente.

Bajó de la litera sin pensárselo dos veces.

—Olivia —dijo, situándose frente a la litera.

Ella estaba hecha un ovillo bajo la manta. Marcos rodeó la litera y se agachó ligeramente para mirarla.

—Tranquila.

—Lo intento.

Él miró alrededor y volvió a incorporarse.

Fue hacia la puerta y la comprobó. Después revisó las ventanas y los cierres y empujó una de las contraventanas para asegurarse de que seguía perfectamente encajada.

Todo estaba en su sitio.

Después se acercó a la chimenea y removió los troncos para avivar el fuego. Las llamas crecieron y el interior recuperó algo de calor.

Marcos volvió junto a ella.

—Está todo correcto.

Olivia asomó ligeramente la cabeza por encima de la manta.

—¿Seguro?

—Seguro. —Él se quedó mirándola—. ¿Estás bien?

Olivia suspiró.

—Estaría mejor en un hotel.

Marcos sonrió.

—Yo también.

Ella sonrió débilmente y Marcos hizo un gesto hacia el refugio.

—Al menos estamos juntos. Y vivos.

Ella lo miró y después sonrió.

—Sí.

Durante unos segundos se quedaron mirándose.

El fuego crepitaba detrás de ellos y, al otro lado de las paredes, el viento silbaba con fuerza.

Marcos finalmente rompió el silencio.

—Si necesitas cualquier cosa, avísame.

—Vale.

Él se incorporó y volvió a subir a la litera.

Olivia lo siguió con la mirada hasta que desapareció de su campo de visión.

Se acomodó otra vez bajo la manta y, entonces, una nueva embestida del viento hizo vibrar el refugio entero.

Olivia abrió los ojos y miró hacia arriba.

“Podría subir” .

La idea apareció de repente.

“Solo para dormir más tranquila” .

Frunció los labios.

“Y, ya que estoy allí, podría comprobar si esos brazos tan fuertes sirven realmente para abrazar” .

Cerró los ojos inmediatamente.

“No”.

Se tapó hasta la barbilla.

“Definitivamente no” .

Hubo otro estruendo y Olivia suspiró.

“Aunque dormir entre esos brazos probablemente sería bastante agradable” .

Se mordió el labio para contener una sonrisa.

“Muy agradable” .

—Olivia, duérmete —murmuró para sí misma.

Se obligó a cerrar los ojos, intentando ignorar tanto la tormenta como aquellas ideas poco inocentes que empezaban a ocupar demasiado espacio en su cabeza.