Rescátame por Navidad 15
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Olivia apretó los labios, completamente concentrada en la cuerda que tenía entre las manos. Llevaban más de una hora practicando.

Marcos trabajaba con una facilidad desesperante. Sus dedos se movían con rapidez, sin necesidad de mirar apenas lo que hacía.

Olivia, en cambio, tuvo que pensar en cada movimiento.

—Espera —murmuró.

Marcos continuó.

—No corras —le dijo—. Lo importante es hacerlo bien.

—Es que tus dedos parecen tener memoria propia.

Él sonrió.

—Llevo muchos años haciéndolos. Tú concéntrate.

—Estoy concentradísima —dijo, abriendo los ojos al máximo.

Marcos volvió a pasar la cuerda por el lugar correcto, tiró de uno de los extremos y, esta vez, el nudo empezó a tomar forma.

—Creo que… —Marcos terminó el suyo—, ya está.

Olivia lo miró.

—¿Ya?

—Sí.

—Vale.

Bajó la mirada hacia su propia cuerda, a la que todavía le faltaba un paso.

—No te preocupes —dijo él—. Tómate tu tiempo.

—No necesito que seas amable conmigo.

—No estoy siendo amable, estoy esperando.

Olivia volvió a concentrarse. Pasó la cuerda por el último punto, tiró de ella y comprobó el resultado.

Levantó la cabeza.

—Ya.

Marcos se inclinó ligeramente para mirar.

—Está bien.

Olivia sonrió.

—¿Cuánto he tardado?

Marcos miró su reloj.

—Unos treinta segundos.

—¿Y tú?

—Diez.

Olivia puso cara de fastidio.

—Qué humillante.

—No, es tu primer día, está muy bien.

Olivia dejó la cuerda sobre la mesa.

—Vale. Segunda ronda —propuso.

Marcos arqueó una ceja.

—¿Otra?

—Sí.

—Pensaba que el concurso era una sola ronda.

—He decidido ampliar el reglamento —le sonrió.

—¿Y quién ha escrito ese reglamento?

—La organización. —Olivia señaló su propio pecho—. Yo.

Marcos soltó una carcajada.

—Qué democrático.

—Exacto.

Volvieron a colocarse.

Olivia ya sabía exactamente qué tenía que hacer.

—Preparado —dijo él—. A la de tres. Una… —Marcos sonrió—. Dos… Tres.

Comenzaron y, esta vez, Olivia fue mucho más rápida.

Marcos terminó primero, pero apenas unos segundos después ella levantó su cuerda.

—¡Ya!

Marcos miró el reloj.

—Catorce segundos.

—¿Solo?

—Sí.

—¡He mejorado muchísimo! —dijo alzando sus brazos.

—Bastante.

Ella sonrió, orgullosa.

—¿Ves?

—Estás aprendiendo rápido —la felicitó.

—Gracias, gracias.

Marcos dejó la cuerda sobre la mesa.

—¿Tercera ronda?

Olivia lo miró, sorprendida.

—¿Tú también quieres revancha? —preguntó ella.

—¡Ja! No necesito revancha… No puedes ganarme, pequeña Padawan.

Aquello la hizo sonreír.

—Vale, venga… preparada —dijo situando las manos sobre las cuerdas.

Repitieron el ejercicio una tercera vez, una cuarta… y para cuando llevaban varios intentos, Olivia ya había conseguido memorizar los movimientos y apenas necesitaba pensar.

En uno de ellos, consiguió terminar el nudo casi al mismo tiempo que Marcos.

—¿Cuánto?

Marcos comprobó el reloj.

—Once segundos —dijo, pensativo.

Olivia levantó los brazos.

—¡Once! Eso es prácticamente un tiempo profesional.

—No exageremos —dijo mientras la miraba de reojo.

—Déjame disfrutarlo.

Marcos se rio.

—Disfrútalo.

Olivia miró el nudo que tenía entre las manos.

—Creo que ya podría rescatar a alguien —susurró.

Marcos la miró.

—No te emociones —rio.

—¿Por qué?

—Porque todavía tendríamos que hablar de orientación, seguridad, material, técnicas de progresión…

Olivia dejó caer los hombros.

—Ah.

—Y muchas otras cosas.

—Bueno, podría hacer los nudos…

—El nudo… —enfatizó—, hay muchos más.

—Bueno, pues el nudo —dijo con una gran sonrisa—. Reconozco que me gusta que me enseñes cosas.

Marcos sostuvo su mirada un instante.

—Venga, te enseñaré algún nudo más.

Olivia bajó los ojos hacia la cuerda.

—Perfecto.

Por unos segundos, se hizo un silencio cómodo. El fuego crepitaba detrás de ellos y la tormenta seguía implacable al otro lado de las paredes, pero ninguno parecía tener demasiada prisa por volver a hablar. Hasta que Olivia levantó la cabeza.

—Aunque aviso una cosa.

—¿Qué? —preguntó, mirándola.

—En el próximo concurso, pienso ganar.

Marcos sonrió.

—Lo tendré en cuenta, aunque también te aviso de que no podrás conmigo.

—Bien —dijo ella, como si aceptara el reto.

—Tendrás que practicar.

—Practicaré.

—Mucho —insistió él.

—No me asusta —respondió ella, alzando el mentón.

Marcos soltó una risa.

—Eso ya lo veremos —añadió con una sonrisa mientras volvía a coger las cuerdas.

Olivia dejó la cuerda sobre la mesa y se apoyó ligeramente en el respaldo de la silla.

Durante unos segundos, ninguno dijo nada.

La tormenta seguía azotando el exterior, pero el fuego hacía que todo pareciera mucho más tranquilo dentro del refugio.

—¿Siempre has querido hacer esto? —preguntó ella finalmente.

Marcos levantó la mirada mientras guardaba la cuerda en la mochila.

—¿Ser rescatista?

—Sí.

Él se quedó pensando un instante.

—No siempre, pero sí desde hace bastante tiempo.

—¿Y cómo terminaste aquí?

—Empecé en montaña, después fui entrando en equipos de rescate y, con el tiempo, acabé dedicándome a esto.

—¿Y qué es lo que más te gusta?

Marcos miró hacia la chimenea.

—¿Aparte de ayudar a la gente? Que cada rescate es diferente. Puedes prepararte todo lo que quieras, pero nunca sabes exactamente qué vas a encontrarte.

Olivia asintió.

—Qué complicado.

—No te lo voy a negar —respondió él, sentándose en la silla.

Marcos sonrió ligeramente.

—Pero cuando encuentras a alguien y sabes que va a volver a casa, merece la pena.

Olivia lo observó unos segundos.

—Eso es bonito.

Marcos se encogió de hombros.

—¿Y tú? ¿Por qué te hiciste documentalista?

Olivia sonrió.

—Me interesa enseñar cosas que normalmente la gente no ve.

Marcos la miró con atención.

—¿Como el rescate?

—Como todo lo que hay detrás. La gente ve una noticia y escucha que alguien ha sido rescatado de una montaña, pero no ve las horas de preparación, los informes meteorológicos, cómo decidís qué llevar, cómo buscáis las huellas, cómo os coordináis…

—Señaló la radio—. Ni siquiera piensa en algo tan básico como eso.

—Marcos asintió—. La mayoría solo ve el momento final, y ese es precisamente el motivo por el que quería hacer este documental.

—¿Porque te gusta la montaña?

—También.

—¿Y qué más?

Ella sonrió.

—Me gusta entender cómo funcionan las cosas.

—Eso explica la cantidad de cosas que llevas en la mochila y las veces que has intentado hacer el nudo.

Olivia soltó una carcajada.

—No vuelvas a empezar.

—Solo era una observación.

—Ya.

Se quedaron unos segundos en silencio.

Marcos sonrió.

—Te hablé de mi familia. ¿Y la tuya?

Olivia se relajó un poco.

—Están bien. Mis padres viven en Barcelona y tengo un hermano.

—¿Mayor o menor?

—Mayor.

—¿Y os lleváis bien?

—Mucho, aunque seguramente ahora mismo estará convencido de que estoy haciendo algo peligroso.

—No va desencaminado.

Ella lo miró durante unos segundos.

—¿Y nunca te has planteado hacer otra cosa?

Marcos negó con la cabeza.

—No.

—¿Ni siquiera después de un rescate complicado?

—Después de algunos, precisamente, tienes más claro por qué haces esto.

Olivia sonrió.

—Creo que empiezo a entenderlo.

Marcos la miró.

—¿Tú nunca has pensado en dejar los documentales?

—Alguna vez.

Aquella respuesta lo cogió de improviso.

—¿Por qué?

—Porque hay momentos en los que todo lo que implica este trabajo resulta agotador. Viajar, preparar equipos, convencer a gente, grabar durante horas, editar después…

—¿Y por qué sigues?

Olivia lo miró.

—Por lo mismo que tú. Porque cuando consigues contar una historia que merece la pena, todo lo demás parece compensar.

Marcos sonrió.

—Entonces tenemos algo en común.

—Parece que sí —le sonrió ella.

Olivia cogió su taza y dio un sorbo.

—Aunque tú tienes una ventaja —dijo él, señalándola.

—¿Cuál?

—Tu mochila pesa menos que la mía.

Ella le sonrió.

—Sí, en eso te voy a dar toda la razón.

Olivia jugueteó unos segundos con la taza entre las manos, mirando el fuego mientras se preguntaba si debía hacer aquella pregunta que llevaba mucho tiempo rondándole la cabeza. Finalmente, levantó la vista hacia Marcos.

—¿Tienes pareja? —preguntó con cierta timidez. Marcos la miró—. Supongo que debe de ser difícil compaginar este trabajo con…

—No, no tengo.

Olivia asintió despacio.

—Ya…

—Sí —la interrumpió él con una pequeña sonrisa—, sería complicado compaginarlo. —Se encogió de hombros.

Olivia bajó la mirada hacia su taza.

—Pasas mucho tiempo fuera, tienes horarios complicados, te pueden llamar en cualquier momento…

—Exacto.

—Y, además, tienes que convivir con la posibilidad de que algún día te toque un rescate especialmente complicado.

Marcos asintió.

—No es precisamente el trabajo más cómodo para llevar una vida normal.

—Entonces, ¿nunca has tenido una relación?

—Sí. —Esta vez él sonrió más.

Olivia levantó la mirada.

—¿Y qué pasó?

Marcos se encogió ligeramente de hombros.

—Lo de siempre. Al principio parece que puedes compaginarlo todo. Después te das cuenta de que no es tan sencillo.

—¿Por tu trabajo?

—En parte. Aunque ahora estoy bien así.

Olivia lo observó durante unos segundos.

—¿No echas de menos tener a alguien?

Marcos sonrió ligeramente.

—A veces —confesó. Aquella respuesta la sorprendió—. Todos queremos tener a alguien con quien volver a casa. —Olivia bajó la mirada otra vez y asintió—. ¿Y tú?

Olivia levantó la cabeza.

—¿Yo qué?

—¿Tienes pareja?

—No —rio ella.

—¿Nunca? —preguntó directamente.

—He tenido alguna relación, pero ahora no.

—¿Y estás bien así?

Olivia pensó un instante.

—Sí, también es complicado encontrar a alguien cuando pasas media vida persiguiendo historias.

—Y la otra media cargando con una mochila imposible —bromeó él, señalando su mochila.

Olivia sonrió y volvió a mirar el fuego.

Durante unos segundos, ninguno dijo nada. Aunque la conversación había empezado como una pregunta inocente, ambos eran perfectamente conscientes de que ahora sabían algo que, unas horas antes, ninguno necesitaba saber.