Rescátame por Navidad 14
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Después del desayuno, Olivia recogió las tazas y las dejó sobre la mesa mientras Marcos se acercaba a la radio de emergencia.

Ella aprovechó para sacar la cámara de la mochila.

—Vamos a ver qué tenemos aquí.

Encendió la pantalla y comenzó a revisar el material grabado el día anterior. Había imágenes de la salida de la base, del ascenso, de los rescatistas buscando las huellas, de Laura y Javier cuando los encontraron y, después, de la tormenta durante el regreso.

Se detuvo en una grabación en la que Marcos aparecía dando instrucciones al equipo.

La observó unos segundos.

—Esta ha quedado bastante bien.

Avanzó y apareció otra imagen: Marcos hablando con Laura. Después, otra de él caminando entre la nieve…

Olivia frunció ligeramente el ceño.

—Sales demasiado.

Marcos, que estaba manipulando la radio, levantó la cabeza.

—¿Quién?

—Tú.

—Eso es que lo hago bien —pronunció con una sonrisa.

La pantalla mostró un aviso: batería baja.

Olivia hizo una mueca.

—Nooo —sollozó.

Marcos continuó intentando establecer comunicación.

—Base, aquí Marcos. ¿Me recibís?

Solo respondió una interferencia.

Olivia siguió mirando la cámara, aunque ahora con bastante menos entusiasmo.

—Esto no puede estar pasando… —seguía sollozando.

—¿Qué ocurre?

—La batería.

—¿Cuánto tienes?

—Veinte por ciento.

Marcos la miró.

—Todavía tienes bastante.

—Para una persona normal, no para una documentalista —acabó bromeando.

Él sonrió y volvió a concentrarse en la radio.

—Base, aquí Marcos. ¿Me recibís?

Otra vez, estática.

Olivia apagó la cámara y comenzó a guardar las baterías de repuesto.

—Marcos, te recibimos.

Él se acercó inmediatamente al aparato.

—Aquí Marcos. Estamos en el refugio. Olivia está conmigo y estamos bien.

Olivia dejó lo que estaba haciendo y se volvió hacia él.

—Recibido.

Marcos continuó.

—¿Cuáles son las condiciones de la tormenta?

La respuesta llegó entre algunas interferencias.

—Siguen siendo complicadas. El… temporal… mantiene… y… visibilidad continúa siendo muy baja. No intentéis salir todavía.

—Entendido.

—Os mantendremos informados.

—Recibido.

Marcos bajó el volumen ligeramente y dejó la radio sobre la mesa.

Olivia se acercó.

—¿Van a intentar venir a buscarnos?

Marcos negó con la cabeza.

—No mientras siga así.

—¿Sería muy peligroso?

—Sí, mucho. El refugio es la opción más segura para nosotros ahora mismo.

Olivia asintió.

—¿Y cuánto puede durar?

—Es difícil saberlo con exactitud.

—¿Crees que tendremos que pasar otra noche aquí?

Marcos la miró.

—Es muy posible.

Olivia hizo una pequeña mueca.

—Bueno. —Se quedó pensando unos segundos—. Podría ser peor. Podríamos estar fuera.

Marcos sonrió.

—Eso es cierto.

Olivia volvió a mirar la radio.

—¿Siempre tenéis que estar comunicados durante un rescate?

—Siempre que las condiciones lo permiten. Necesitamos saber dónde está cada equipo, qué está ocurriendo y si alguien necesita apoyo.

—¿Y si no hay señal?

—Entonces utilizamos otros sistemas, dependiendo de la zona y de la situación.

Olivia asintió.

—Es bastante más complejo de lo que parece.

—Casi todo lo relacionado con un rescate lo es.

Ella lo observó durante un instante.

Marcos hablaba con absoluta naturalidad, como si estar aislado en mitad de una tormenta fuera simplemente otro día de trabajo.

Olivia sonrió para sí misma.

“Claro. Él está aquí tranquilamente, comprobando radios, meteorología, GPS y equipos como si estuviera en su salón, y yo estoy intentando no entrar en pánico porque mi cámara tiene un veinte por ciento de batería” .

Lo miró de nuevo.

“Y encima tiene esa voz cuando habla por la radio. Qué problema de hombre” .

Marcos se volvió hacia ella.

—¿Qué haces?

Olivia parpadeó.

—¿Yo?

—Sí. Llevas un rato mirando la cámara.

Ella levantó el aparato.

—Estoy revisando el material —disimuló.

—¿Y?

—Tengo bastante.

—Eso es bueno.

—Sí, pero la batería se está acabando.

Marcos señaló la cámara.

—Siempre puedes hacer el documental sobre lo que nos está ocurriendo aquí.

Olivia abrió mucho los ojos.

—¿Sobre nosotros?

—Sí.

Ella levantó la cámara.

—Dos personas atrapadas en un refugio de montaña durante una tormenta.

—Podría funcionar —reconoció Marcos y se encogió de hombros.

—Una documentalista y un rescatista sobreviven con sopa de sobre y chocolate —pronunció ella con solemnidad.

—Ese título me gusta.

—Él asegura que ella está perdida. Ella asegura que fue una pequeña desviación profesional.

Marcos sonrió.

—Ese capítulo tendría bastante audiencia.

Olivia se rio.

—Y el público podría votar quién roncó.

—Los dos sabemos quién fue. Tú.

Olivia abrió la boca, indignada.

—¡Eso no está demostrado! —Marcos volvió a reír y Olivia levantó la cámara—. Perfecto. Tenemos documental.

—¿Y qué vas a grabar ahora?

Ella lo miró de arriba abajo.

—Todavía no lo he decidido —dijo, mirando de un lado a otro.

Olivia dejó la cámara sobre la mesa y se levantó de la silla.

Se acercó a una de las pequeñas ventanas del refugio y abrió ligeramente la contraventana.

Una ráfaga de viento hizo que la nieve se estrellara contra el cristal.

Olivia volvió a cerrarla enseguida.

—Bueno…

Marcos la miró desde la mesa.

—¿Ha mejorado?

Ella se giró.

—No exactamente.

—Qué sorpresa.

Dio un paseo aburrida por el comedor y volvió a asomarse a la ventana ante la mirada curiosa de él.

—No va a desaparecer porque la mires.

Olivia se volvió hacia él.

—Eso no puedes saberlo… estoy intentando intimidarla —bromeó.

—Pfff… ya veremos quién gana.

Marcos la observó unos segundos. Después, su mirada cayó sobre la mochila que ella había dejado junto al banco y la señaló.

—¿Eso cuánto pesa?

Olivia miró su mochila.

—¿Mi mochila?

—Sí.

—No mucho.

Marcos arqueó una ceja.

—¿Cuánto es “no mucho”? —preguntó, poniéndose de pie.

—No sé. —Se encogió de hombros.

—¿Nunca la has pesado?

—No.

Marcos se situó al lado de la mochila.

—Cuando podamos salir tendremos que caminar. Es mejor no cargar mucho peso, al menos no más del imprescindible… ¿Puedo? —la señaló.

Olivia hizo un gesto con la mano.

—Claro.

Marcos agarró la mochila por una de las asas y tiró de ella hacia arriba. Su expresión cambió ligeramente.

—¿Esto es lo que llevabas ayer?

—Sí.

—¿Todo?

—Todo.

Silbó.

—Pesa bastante.

Olivia sonrió.

—No tanto.

Marcos la miró.

—¿Has estado caminando por la montaña con esto? —preguntó de nuevo, sorprendido.

—Sí.

—Han sido bastantes kilómetros.

—Sí, lo sé.

—En medio de una tormenta. —Suspiró—. ¿Y luego te preguntas por qué estabas tan cansada?

Olivia cruzó los brazos.

—Soy resistente.

—Eso no lo discuto. —Marcos dejó la mochila sobre la mesa—. ¿Qué llevas aquí dentro?

Olivia se acercó inmediatamente.

—Mi equipo.

—Eso ya lo sé.

—Entonces, ¿qué quieres saber?

—Qué cantidad de cosas necesitas para grabar un documental.

Ella abrió la mochila.

—Todo esto. —Sacó la cámara—. Esta es la cámara principal. —Después sacó un segundo objeto—. Una cámara pequeña, por si necesito grabar algo rápido.

Marcos asintió.

—Bien.

—Estas son las baterías. —Sacó más objetos y los colocó sobre la mesa—. Más baterías.

Marcos levantó una ceja.

—¿Cuántas necesitas?

—Las que hagan falta. —Olivia continuó—. Micrófonos.

—¿Cuántos llevas? —preguntó, sorprendido.

—Dos, por si uno falla. —Sacó un pequeño estuche—.

Cables, adaptadores, tarjetas de memoria…

—Marcos empezó a mirarla con creciente incredulidad mientras Olivia seguía sacando cosas—.

Una grabadora, un pequeño trípode, un cuaderno, dos bolígrafos, una batería externa, un par de auriculares, un paquete de pañuelos, una barrita energética…

Marcos enarcó una ceja mientras Olivia rebuscaba un poco más.

—Ah, y…

Sacó un pequeño neceser.

Marcos la miró.

—¿Qué es eso?

—Cosas mías. Toallitas, un poco de maquillaje, cremas, pintalabios…

—¿Necesitas eso para el documental?

—Es posible que tenga que salir en el plano —le recordó.

Marcos negó con la cabeza y suspiró.

—¿Cuánto pesa todo?

—No lo sé.

—Pesa demasiado —sentenció.

Olivia volvió a guardar las cosas.

—¿Por qué criticas mi equipo?

—No critico tu equipo.

—Lo estás mirando como si fuera una amenaza.

—Estoy pensando en que ayer llevabas todo esto y además estabas caminando por la montaña.

Olivia se encogió de hombros.

—No me fue tan mal.

Marcos sonrió.

—¡Pero si te perdiste!

—Eso fue culpa de la cámara y la correa. —Olivia cerró la mochila—. Bueno, ya que estamos hablando de peso, ¿cuánto pesa la tuya? —Marcos señaló la mochila de rescate que había dejado junto a la pared. Olivia se acercó—. ¿Puedo?

—Inténtalo. —Se encogió de hombros.

Ella agarró el asa y tiró, pero la mochila apenas se movió. Olivia volvió a intentarlo con las dos manos. Nada.

Marcos se echó a reír.

—¿Qué?

—Debilucha —dijo cruzándose de brazos.

Marcos se acercó, la levantó con facilidad y la colocó sobre la mesa.

Olivia se sorprendió.

—¿Qué llevas ahí dentro?

—Lo necesario. Material médico, equipo de seguridad, cuerda, agua, comida, material de emergencia…

—¿Cuerda?

—Sí.

—¿Cuánta?

Marcos la miró.

—La suficiente.

Olivia señaló la mochila.

—Esa respuesta es parecida a la que te he dado yo antes.

—Puede ser —bromeó él.

Ella sonrió.

—Entre los dos podríamos abrir una tienda de montaña —bromeó.

Marcos miró las dos mochilas.

—Con tu equipo, lo dudo. Podríamos montar un plató de televisión y poco más.

Olivia sonrió.

—Si vuelvo a perderme…

Marcos negó con la cabeza.

—No pienso permitir que vuelvas a perderte.

—La frase salió con tanta naturalidad que Olivia se quedó callada durante un instante—.

Al menos mientras estés conmigo. Eres bastante peligrosa por lo que estoy viendo.

—Olivia enarcó una ceja—. Y cuando salgamos de aquí, no vuelvas a cargar tú sola con todo esto.

—Puedo llevarla.

—No he dicho que no puedas. He dicho que no tienes por qué hacerlo.

Olivia lo miró unos segundos.

—Vale.

Marcos asintió.

—Bien.

Olivia miró todo el material que él llevaba.

—¿Y todo eso lo sabes utilizar? —preguntó, señalando las cuerdas.

—Sí, claro.

Marcos cogió una de las cuerdas y comenzó a recogerla con movimientos rápidos y precisos, haciendo que la cuerda quedara perfectamente enrollada.

Olivia lo observó con atención.

Él siguió hasta que, con un par de movimientos de las manos, hizo un nudo que dejó la cuerda perfectamente recogida y lista para volver a ser guardada.

Olivia frunció el ceño.

—Ehhh… ¿cómo has hecho eso?

Marcos levantó la mirada.

—¿El qué?

—Eso. —Señaló la cuerda—. El nudo.

—Es un nudo bastante sencillo. —Marcos sonrió—. Mira.

Deshizo el nudo y volvió a hacerlo despacio, dejando esta vez que Olivia pudiera seguir cada movimiento.

Ella se inclinó un poco para verlo mejor.

—Primero pasas por aquí. —Marcos volvió a repetir el movimiento—. Luego haces esto… —Olivia siguió sus manos con los ojos—. Y después… el nudo queda formado otra vez.

Ella lo miró con sorpresa.

—¡Guau! Parece magia.

Marcos soltó una pequeña risa y se quedó mirándola.

—Va, ya puestos, no tenemos nada más que hacer. ¿Quieres aprender? —sugirió.

Olivia levantó inmediatamente la cabeza.

—Sí, sí, sí —dijo, emocionada.

Marcos la miró divertido.

—Vale.

Cogió otra cuerda y se la tendió.

—Primero tienes que sujetarla así.

Olivia la agarró.

—¿Así?

—Un poco más arriba.

Ella movió las manos y Marcos se colocó frente a ella.

—Ahora haz el primer paso.

Olivia intentó imitarlo, aunque iba bastante más lenta.

—Creo que ya lo he estropeado.

—Todavía no, poco a poco al principio. —Marcos sonrió al ver que estaba formando un lio—. Dame.

Le mostró de nuevo el movimiento.

—Mira.

Le volvió a tender la cuerda.

Olivia lo imitó.

Esta vez consiguió hacer una parte correctamente.

—¡Lo tengo!

Ella volvió a intentarlo, pero se equivocó.

—No.

Marcos deshizo la cuerda y ella lo intentó de nuevo.

—¿Así?

—No.

—¿Así?

—Tampoco —respondió, un poco desquiciado.

Olivia lo miró.

—No puedes decirme simplemente que no.

—¿Qué quieres que te diga? —preguntó, extendiendo los brazos hacia los lados.

—Algo que me motive más —dijo, observando la cuerda.

Marcos fingió pensárselo.

—Vaaas muuuy bieeen —dijo lentamente.

Olivia enarcó una ceja y sonrió.

—Eso está mejor.

—Aunque no tienes ni idea de lo que estás hacieeendo —acabó diciendo.

—¡Marcos!

Él se rio.

—Lo siento —se encogió de hombros—. Venga, va… no es tan difícil.

Olivia volvió a intentarlo.

Esta vez consiguió pasar la cuerda por donde él le había indicado, pero se quedó bloqueada en el siguiente movimiento.

—¿Y ahora?

Marcos se acercó.

—Espera.

Se colocó a su lado y señaló la cuerda.

—Tienes que pasarla por aquí.

—¿Así?

—Exacto.

—¿Y ahora?

—Ahora tiras de aquí.

Ella obedeció y el nudo quedó formado.

Olivia abrió mucho los ojos.

—¡Lo he hecho!

Marcos sonrió.

—Sí.

—¡Lo he hecho de verdad!

—Te dije que podías —dijo con orgullo.

Olivia levantó la cuerda, orgullosa.

—Esto debería estar en el documental —comentó.

Marcos se rio.

—¿El gran momento en el que aprendes a hacer un nudo?

—Exacto.

Marcos negó con la cabeza.

—Muy bien, documentalista.

Olivia sonrió.

—Ahora quiero aprender otro —dijo rápidamente.

—¿Otro?

—Sí.

—¿No te cansas?

—No, ¿tienes otra cosa que hacer?

Él apretó los labios y ladeó su cabeza.

—Bien. —Marcos volvió a coger otra cuerda—. Entonces empezamos por uno un poco más complicado.

Olivia lo miró con determinación.

—Adelante, puedo con todo —dijo, concentrándose.