Rescátame por Navidad 10
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Llevaban ya unos veinte minutos descendiendo por la montaña.

El ritmo era bastante más lento que durante la subida, no porque el terreno hubiera cambiado demasiado, sino porque ahora tenían que adaptarse al paso de Laura y Javier.

Aunque ambos podían caminar y no presentaban lesiones importantes, llevaban muchas horas expuestos al frío y estaban agotados, por lo que los rescatistas no tenían ninguna intención de forzar el ritmo.

Laura avanzaba en el centro del grupo, acompañada de uno de los rescatistas, mientras Javier caminaba unos metros por delante con otro. Marcos iba pendiente del recorrido y del resto del equipo, comprobando de vez en cuando que todos mantuvieran la formación.

Olivia caminaba detrás con Sergio y Paula, con la cámara encendida.

Después de haber pasado buena parte de la búsqueda grabando el trabajo de los rescatistas, ahora quería registrar también el regreso de Laura y Javier, aunque procurando no convertir su cansancio en un espectáculo.

Grabó unos segundos de las botas avanzando sobre la nieve, después enfocó a los rescatistas caminando alrededor de la pareja y finalmente abrió el plano para mostrar la montaña.

La diferencia respecto a la subida era evidente. Ahora sabían que las dos personas que buscaban estaban allí, pero el camino de vuelta seguía siendo largo y el tiempo estaba empeorando.

—¿Cuánto nos queda hasta el coche? —preguntó Sergio.

Uno de los rescatistas consultó el GPS.

—Unos cuatro kilómetros.

Sergio miró la montaña.

Olivia volvió a levantar la cámara.

Delante de ellos, Laura caminaba despacio, ayudada por uno de los rescatistas cuando el terreno se hacía más irregular.

Javier avanzaba algo mejor, aunque mantenía los hombros encogidos por el frío y de vez en cuando se frotaba las manos.

Olivia se acercó unos pasos, manteniendo siempre la distancia que le habían indicado.

—¿Cómo vais?

Laura giró la cabeza.

—Mejor. Ahora que sabemos que vamos hacia abajo, parece más fácil.

Olivia sonrió.

—Eso ayuda. —Los miró a ambos—. Estamos haciendo un documental sobre el equipo de rescate.

Laura miró la cámara que llevaba en las manos.

—¿Sobre ellos?

—Sí, llevamos unos días acompañándolos para mostrar cómo trabajan, cómo se preparan y todo lo que hay detrás de un rescate de montaña. Hoy hemos tenido la oportunidad de poder acompañarlos en una intervención real, la vuestra.

Javier miró a Marcos y después a Olivia.

—Vaya manera de estrenarse.

Olivia soltó una pequeña risa.

—Sí, desde luego no era exactamente lo que esperábamos cuando vinimos.

Laura sonrió débilmente.

—¿Y nosotros vamos a salir? —preguntó con curiosidad.

—Solo si os parece bien —aclaró Olivia inmediatamente—. No queremos grabaros si no estáis cómodos. Podemos tomar algunas imágenes ahora, durante el rescate, pero sin haceros preguntas ni molestaros. Queremos que se vea también cómo trabajan ellos cuando encuentran a las personas que están buscando.

Laura miró a Javier y él se encogió de hombros con una sonrisa cansada.

—Por mí no hay problema —reconoció Javier.

—Por mí tampoco —añadió Laura—. Si puede servir para enseñar el trabajo que hacen, encantados.

—Muchas gracias.

Olivia levantó ligeramente la cámara.

—Entonces solo unas tomas. Seguid haciendo lo que ellos os indiquen y nosotros nos mantenemos al margen.

—Perfecto.

Marcos, que había estado escuchando mientras terminaba de revisar el estado de Javier, se giró.

—Preocuparos por caminar. Las cámaras pueden esperar —dijo mientras miraba al cielo—. Esto tiene pinta de que se va a complicar.

Olivia asintió.

—Prometido.

Laura sonrió.

—Creo que después de esto nos hemos ganado salir en televisión.

Olivia le sonrió.

Incluso Marcos sonrió ligeramente antes de volver a concentrarse y consultar de vez en cuando el GPS.

Laura volvió a mirar a Olivia. Ella se alejó unos pasos para conseguir un plano mejor y continuar grabando.

La cámara captó al grupo avanzando lentamente entre los árboles, mientras la nieve seguía cayendo alrededor de ellos.

Unos minutos después, la nevada comenzó a intensificarse.

Al principio fueron simplemente algunos copos más grandes que golpeaban las capuchas y se acumulaban sobre los hombros. Después llegó el viento. Una corriente fría atravesó el bosque y obligó a todos a agachar ligeramente la cabeza.

Marcos se detuvo y miró hacia las copas de los árboles, después consultó el dispositivo que llevaba sujeto al pecho.

Uno de sus compañeros se acercó.

—La tormenta está entrando más rápido de lo previsto.

—Sí, eso estoy viendo. —Marcos miró hacia atrás—. ¿Cómo están ellos?

—Bien. Cansados, pero bien —respondió el rescatista que acompañaba a Laura.

Marcos asintió y después dirigió la mirada hacia Olivia, Sergio y Paula.

—¿Vosotros cómo vais?

Sergio levantó el pulgar.

—Bien.

Paula hizo lo mismo y Olivia asintió.

Marcos volvió a mirar hacia delante.

—Seguimos.

El grupo reanudó la marcha, pero ahora el paisaje comenzaba a cambiar.

Las huellas que habían dejado durante la subida desaparecían rápidamente bajo la nueva nieve y el camino que antes parecía relativamente sencillo empezaba a ser más difícil de distinguir.

Marcos y sus compañeros tenían que consultar el GPS con mayor frecuencia para asegurarse de que seguían la dirección correcta.

Olivia grabó unos segundos más.

La imagen de la nieve cayendo sobre el grupo era espectacular, pero la cámara comenzó a acumular pequeñas gotas de humedad en el protector.

Paula se acercó a ella.

—Creo que deberías guardarla un rato.

Olivia miró la pantalla.

—Sí.

La apagó y la protegió dentro de la funda impermeable. Después, se ajustó mejor los guantes.

Esta vez, el viento volvió a soplar con más fuerza.

Laura se inclinó ligeramente hacia delante.

—¿Queda mucho?

—Todavía unos cuatro kilómetros —respondió el rescatista que iba con ella.

Ella suspiró.

—Vale.

Javier la miró.

—Podemos hacerlo.

Marcos escuchó el comentario y se volvió un instante.

—Sin prisa, lo importante es llegar.

Javier asintió.

—De acuerdo.

Marcos volvió a ponerse en marcha y Olivia observó cómo avanzaba delante de ellos.

Ya no había rastro del cielo que habían visto aquella mañana desde el pueblo. Solo quedaban árboles, nieve y una montaña que empezaba a desaparecer detrás de una cortina blanca.

El descenso continuó durante varios minutos, pero cada vez resultaba más difícil mantener el ritmo.

La nieve había aumentado considerablemente y el viento comenzaba a atravesar el bosque con más fuerza, levantando pequeñas nubes de nieve del suelo que se arremolinaban alrededor del grupo.

Marcos consultó el dispositivo que llevaba sujeto al pecho y después miró hacia uno de sus compañeros.

—Queda un poco más de tres kilómetros y medio. Tenemos que mantener el ritmo, pero sin forzar a nadie.

Miró hacia Laura y Javier. Los dos seguían caminando, Laura tenía los hombros encogidos y mantenía las manos cerca del cuerpo para protegerlas del frío. Javier avanzaba algo mejor, aunque también comenzaba a mostrar signos de cansancio.

—¿Cómo vais? —preguntó Marcos.

—Bien —respondió Javier.

Laura asintió.

—Yo también.

—Si necesitáis parar, avisad.

—De acuerdo.

Marcos volvió a ponerse en marcha.

Olivia caminaba detrás, con la cámara guardada y la mochila bien ajustada y, de vez en cuando, levantaba la mirada hacia el grupo.

El viento volvió a intensificarse. Una ráfaga atravesó los árboles y la nieve golpeó sus caras.

Olivia agachó la cabeza para protegerse.

—Ya no siento las piernas —murmuró Paula a su lado.

—Yo tampoco—admitió Olivia.

—Yo he decidido abandonarlas en la montaña —ironizó Sergio.

Paula soltó una carcajada y Olivia sonrió.

El comentario consiguió aliviar un poco la tensión, pero el ambiente volvió a cambiar cuando una ráfaga especialmente fuerte hizo que los árboles crujieran sobre sus cabezas.

Marcos se detuvo.

—¡Alto!

Todos pararon y Marcos se giró para comprobar rápidamente que el grupo estuviera completo.

Uno de los rescatistas se acercó a Laura.

—¿Todo bien?

—Sí.

—¿Javier?

—Bien.

Marcos miró a Olivia, Sergio y Paula.

—¿Vosotros qué tal?

—Bien —respondieron los tres.

Marcos observó la montaña.

—Esperamos unos segundos.

La visibilidad había disminuido.

La nieve se desplazaba horizontalmente entre los árboles y, durante unos instantes, apenas podían ver unos metros por delante.

Olivia sintió que el frío empezaba a atravesarle la ropa.

Se llevó una mano al cuello y comprobó que la protección seguía bien colocada.

Marcos permaneció atento al grupo, sin hablar. Solo observaba.

Esperó hasta que el viento perdió intensidad y alzó la mano de nuevo.

—Seguimos.

Volvieron a caminar y, a medida que descendían, Marcos iba alternando su atención entre el terreno y las personas que caminaban detrás de él.

Cada pocos minutos miraba hacia atrás. No era una mirada prolongada, simplemente comprobaba.

—Por aquí —señaló Marcos una zona ligeramente más despejada.

Los demás siguieron sus indicaciones.

Olivia avanzó detrás de Sergio y una ráfaga levantó nieve a su alrededor.

Ella tuvo que entornar los ojos y cuando volvió a mirar hacia delante, Marcos estaba observándolos.

No dijo nada, simplemente esperó hasta comprobar que habían pasado todos. Después, continuó.

Habían avanzado unos cientos de metros más cuando Laura comenzó a reducir el paso.

El rescatista que caminaba a su lado lo notó inmediatamente.

—¿Necesitas parar?

Laura negó con la cabeza.

—No… solo estoy cansada.

Marcos, que iba unos metros por delante, se giró al escucharlos.

—Paramos un momento.

—Estoy bien —insistió Laura.

—Sí, ya lo sé, pero llevas toda la noche ahí arriba y no tenemos ninguna prisa por hacerte llegar al coche cinco minutos antes.

Laura esbozó una sonrisa.

—De acuerdo.

El grupo buscó una zona algo más protegida entre varios árboles y se detuvo.

Javier apoyó una mano en el tronco de uno de ellos y respiró profundamente.

—Esto parece más duro de lo que pensaba.

Uno de los rescatistas sonrió.

—La montaña suele tener esa costumbre.

Sergio aprovechó la parada para sacar una batería de repuesto.

—La cámara está empezando a acusar el frío.

Paula comprobó el equipo de sonido.

—La mía también.