Rescátame por Navidad 9
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El todoterreno había quedado atrás hacía ya un buen rato.

Habían llegado hasta el último punto al que podían acceder con seguridad y, desde allí, no había más remedio que continuar a pie. El camino que habían seguido al principio todavía se distinguía bajo la nieve, aunque en algunos tramos apenas quedaba visible una franja más compacta entre los árboles.

Por delante avanzaban cinco rescatistas del GREIM.

Marcos iba entre los primeros, junto a otro de los miembros del equipo que llevaba el GPS y se encargaba de ir comprobando constantemente la posición.

Los demás se distribuían a lo largo del grupo, manteniendo una distancia suficiente para poder avanzar sin perder el contacto visual entre ellos. Detrás iban Olivia, Sergio y Paula.

Los rescatistas llevaban el equipo preparado para las condiciones que podían encontrar en la montaña: ropa térmica, pantalones técnicos impermeables, chaquetas resistentes al viento y al agua, botas de montaña adecuadas para nieve, guantes, gorros y protección para el cuello y parte del rostro.

Las mochilas eran voluminosas y estaban perfectamente ajustadas al cuerpo para que no entorpecieran sus movimientos.

Olivia había seguido las instrucciones de Marcos al pie de la letra.

Llevaba ropa térmica debajo del pantalón de montaña, una chaqueta impermeable, botas adecuadas para nieve, guantes y un gorro que le cubría las orejas.

Sergio y Paula iban igualmente preparados, además de cargar con el material de grabación protegido dentro de mochilas impermeables.

A esas alturas, llevaban aproximadamente tres kilómetros recorridos desde que habían dejado el vehículo.

Olivia levantó la cámara.

—Grabando.

Sergio, unos metros más atrás, le hizo una señal para indicar que él también estaba preparado.

Olivia comenzó a registrar el recorrido.

Primero, enfocó las botas de los rescatistas hundiéndose en la nieve. Después, elevó lentamente la cámara para mostrar las mochilas, las figuras avanzando entre los árboles y, finalmente, el paisaje que se extendía ante ellos.

La montaña estaba completamente cubierta de blanco y los árboles cargados de nieve parecían inclinarse bajo el peso y, entre las ramas, apenas se distinguían las cumbres.

La nevada era constante, pero todavía permitía avanzar con relativa facilidad.

Olivia bajó la cámara.

—Esto va a quedar espectacular.

Sergio se acercó unos pasos.

—Si conseguimos que las baterías sobrevivan.

—Las hemos protegido —le recordó ella.

Olivia volvió a levantar la cámara y Marcos se detuvo. No era una pausa para descansar. Había levantado una mano y los demás se habían detenido de inmediato.

Olivia dejó de grabar mientras Marcos y otro de los rescatistas consultaban el GPS y después el mapa.

—La última posición conocida está por aquí —dijo uno de ellos.

Marcos señaló una zona del terreno.

—La ruta prevista pasaba por esta pista, pero si se desviaron…

El otro rescatista miró hacia el bosque.

—Podrían haber seguido por aquella ladera.

Marcos observó el terreno durante unos segundos y después continuó caminando.

Olivia siguió al grupo.

La búsqueda había comenzado de verdad. Ya no caminaban simplemente hacia un punto. Cada pocos metros, los rescatistas observaban el suelo, los árboles y las zonas laterales del camino, buscando cualquier indicio que pudiera señalar que alguien había pasado por allí.

Una huella, una rama rota o una marca en la nieve, cualquier detalle podía ser importante.

Uno de los rescatistas se agachó junto a unas pisadas parcialmente cubiertas y Marcos se acercó.

—¿Qué tenemos?

—Podrían ser recientes.

Marcos se agachó también y observó las marcas durante unos segundos.

—¿Qué dirección crees que han tomado?

El hombre señaló hacia el bosque.

—Hacia allí.

Marcos levantó la cabeza y miró el GPS, después volvió a mirar las huellas.

—Coincide aproximadamente con la zona en la que deberían haber estado.

Olivia observaba desde unos metros atrás. No quería acercarse demasiado ni interferir.

Volvió a levantar la cámara y esta vez grabó a los rescatistas estudiando las huellas.

No necesitaba que nadie explicara lo que estaban haciendo. La imagen hablaba por sí sola.

Marcos se incorporó.

—Seguimos por aquí.

El grupo volvió a ponerse en marcha.

Las huellas, cada vez más difíciles de distinguir bajo la nieve, parecían conducirlos lentamente fuera de la ruta que la pareja había previsto seguir.

La búsqueda acababa de tomar una nueva dirección.

El grupo continuó avanzando entre los árboles, siguiendo las huellas que aparecían y desaparecían bajo la nieve.

La pendiente comenzaba a ser algo más pronunciada y los rescatistas avanzaban con cuidado, comprobando el terreno antes de dar cada paso. La nieve les llegaba en algunos puntos casi hasta media pantorrilla y, aunque todavía podían caminar con relativa facilidad, el esfuerzo empezaba a notarse.

Uno de los rescatistas se detuvo.

—Voy a intentar contactar con ellos otra vez.

Sacó el teléfono y marcó.

Los demás esperaron en silencio.

Olivia apagó la cámara y, durante unos segundos, solo se escuchó el viento entre los árboles.

—¿Hola? ¿Me escucháis? —El hombre esperó, pero nada—. ¿Me escucháis? —La llamada terminó y miró a Marcos—. Nada.

Marcos miró el GPS.

—Prueba con el otro número.

El rescatista marcó de nuevo y esta vez esperaron más.

Uno, dos, tres tonos… entonces alguien levantó la cabeza.

—Está entrando.

Olivia contuvo la respiración.

El hombre acercó el teléfono al oído.

—¿Hola? —Hubo silencio—. ¿Me escucháis? —Se oyó algo muy débil, una especie de ruido entrecortado—. ¿Hola? Somos el equipo de rescate. ¿Podéis oírme?

En ese momento, la señal volvió a desaparecer.

El hombre miró la pantalla.

—Se ha cortado.

—¿Has conseguido localizarlos? —preguntó Marcos.

—No, la llamada ha entrado unos segundos, pero no hay posición precisa.

Marcos asintió.

—¿Seguro que era su teléfono? —insistió Marcos.

—El número coincide.

—Entonces sabemos que sigue encendido.

—Sí.

Marcos miró alrededor.

—Volvemos a intentarlo desde aquí —insistió.

El rescatista asintió y Olivia levantó la cámara otra vez. No quería perder la oportunidad de filmar aquella parte del operativo.

Grabó al rescatista intentando realizar una nueva llamada mientras Marcos consultaba el mapa y el resto del equipo observaba el terreno.

Aquello era exactamente lo que habían venido a mostrar. No solo el momento en que encontraban a alguien, sino todo lo que ocurría antes. La incertidumbre, las decisiones, la espera, la búsqueda de cualquier indicio.

—¡Laura! ¡Javier! —gritó uno de los rescatistas hacia el bosque.

Esperó y nada.

Volvió a llamar.

—¡Laura! ¡Javier! —vociferó de nuevo.

El sonido de su voz se perdió entre los árboles y todos permanecieron en silencio unos segundos. Nada.

Marcos hizo una señal para continuar.

—Seguimos.

Olivia bajó la cámara y caminó detrás de Sergio y Paula.

El viento había empezado a aumentar.

Marcos no hablaba con ella, ni falta que hacía.

Durante todo el recorrido había estado pendiente de la búsqueda, consultando el GPS, hablando con sus compañeros y comprobando el terreno, pero Olivia se había dado cuenta de algo: cada cierto tiempo, casi de manera automática, Marcos miraba hacia atrás.

No directamente hacia ella, sino hacia todo el grupo, y comprobaba que siguieran juntos, que nadie se hubiera quedado rezagado y que todos avanzaran a un ritmo adecuado.

Miró a Marcos durante un instante antes de volver a concentrarse en la cámara.

No había nada del hombre relajado que había estado tomando chocolate con ella, ni siquiera parecía la misma persona.

Ahora estaba completamente concentrado. Sus ojos recorrían constantemente el terreno, calculando distancias, observando las huellas y comprobando el mapa y, aunque no había cruzado una sola palabra con ella desde que habían comenzado la búsqueda, Olivia sabía que estaba pendiente de que estuviera bien.

De repente, Marcos volvió a detenerse y todos hicieron lo mismo.

—¿Qué pasa? —preguntó uno de los rescatistas.

Marcos señaló hacia delante.

—Escuchad.

Todos guardaron silencio y Olivia bajó inmediatamente la cámara.

Durante unos segundos, solo se escuchó el viento. Después, nada.

Marcos esperó un poco más.

—Nada.

Uno de los rescatistas señaló el teléfono.

—La señal vuelve a aparecer.

Marcos se giró.

—¿Aquí?

—Sí. —Miró el GPS—. Estamos acercándonos.

El grupo continuó avanzando, aunque el terreno empezaba a exigirles cada vez más esfuerzo. La nieve se acumulaba entre los árboles y, en algunos tramos, los rescatistas tenían que abrir camino antes de que pudieran pasar los demás.

Olivia caminaba detrás de Sergio y Paula, con la cámara protegida contra el pecho.

El frío había aumentado considerablemente desde que habían abandonado el vehículo.

Al principio apenas lo había notado, demasiado concentrada en el trabajo y en todo lo que estaba ocurriendo a su alrededor, pero ahora sentía los dedos rígidos dentro de los guantes y la punta de la nariz helada.

Por delante, Marcos se detuvo y miró hacia atrás.

—¿Todos bien?

Los rescatistas respondieron afirmativamente y sus ojos recorrieron el grupo hasta comprobar que nadie se había quedado atrás.

—Seguimos.

Olivia levantó la cámara y grabó unos segundos.

El viento comenzó a soplar con más fuerza, los árboles se movieron por encima de sus cabezas y algunos copos se levantaron del suelo.

Marcos miró hacia la parte más abierta de la ladera y después consultó la información meteorológica de su dispositivo.

—Tenemos que avanzar.

Uno de sus compañeros miró hacia el cielo.

—Está entrando más viento.

—Sí, lo he notado. —Marcos señaló una zona entre los árboles—. Vamos a cruzar por ahí y después hacemos una pausa.

El grupo continuó y Olivia grabó cómo los rescatistas avanzaban uno detrás de otro.

La imagen era espectacular. La nieve caía alrededor de ellos y, a medida que se alejaban, sus figuras parecían desaparecer entre los árboles. De pronto, una ráfaga mucho más fuerte golpeó la montaña y el viento levantó una nube de nieve.