8 #2
—En nueve minutos —respondió Olivia.
Marcos miró el reloj.
—Bien.
Sergio dejó las mochilas junto a una pared.
—¿Qué tenemos?
Uno de los rescatistas que estaba junto a Marcos señaló el mapa que aparecía en la pantalla.
—Una pareja salió ayer por la tarde a hacer una ruta por esta zona. —Amplió la imagen—. Tenían previsto regresar antes del anochecer, pero no lo hicieron.
Olivia se acercó.
—¿Han podido contactar con ellos?
—La familia recibió un último mensaje anoche. —Marcos señaló un punto en el mapa—. Esta es la última posición que tenemos.
Olivia miró el punto.
—¿Y después?
—Nada.
—¿No han vuelto a llamar?
—No.
—¿Y disponen de batería?
—No lo sabemos.
Otro de los rescatistas intervino.
—El teléfono de uno de ellos sigue dando señal de forma intermitente.
Marcos asintió.
—Pero no tenemos una posición exacta.
Olivia miró el mapa.
—¿Cuánto tiempo llevan desaparecidos?
—Demasiado para las condiciones que tenemos.
Aquella frase hizo que Olivia dejara de mirar la pantalla.
—¿Creéis que están en peligro?
Marcos respondió con cautela.
—No lo sabemos todavía.
—Entonces…
—Puede que simplemente se hayan retrasado o puede que hayan buscado refugio, que se hayan desorientado…
—Y por eso vais a buscarlos.
—Sí.
Uno de los compañeros señaló otra zona del mapa.
—La ruta prevista pasaba por aquí.
Marcos amplió la imagen.
—Pero si se desviaron…
—Podrían haber acabado en esta ladera —dijo uno de sus compañeros.
Olivia observó el mapa.
—¿Es una zona complicada?
Marcos asintió.
—Con buen tiempo, no demasiado.
—Pero hoy… hoy es diferente.
Olivia miró hacia la puerta. Fuera seguía nevando. Desde allí, sin embargo, no parecía tan grave.
—¿Creéis que siguen juntos?
—Eso esperamos.
—¿Son dos?
—Sí, una pareja.
—¿Tienen experiencia?
—Por lo que nos han informado, conocen la montaña, pero no son expertos. —Marcos dejó la tableta sobre la mesa—. Lo importante ahora es encontrarlos cuanto antes.
Olivia asintió.
El corazón le latía más deprisa. Aquello era real.
No habría una segunda toma ni podrían repetir una entrevista. Tampoco podrían pedirle a nadie que volviera a pasar por un lugar porque la cámara no había grabado bien. Dos personas estaban ahí fuera y ellos iban a salir a buscarlas.
Marcos permaneció unos segundos en silencio y luego miró a Olivia, Paula y Sergio.
—Las condiciones han cambiado desde ayer y pueden empeorar. Esto no es un entrenamiento.
Olivia señaló la cámara que llevaba colgada.
—Precisamente por eso necesitamos grabarlo. Hemos venido aquí para mostrar cómo trabajáis. Hemos grabado cómo os preparáis, cómo entrenáis, cómo analizáis el tiempo... pero esto es diferente. Si conseguimos documentar una intervención real, podremos mostrar lo que realmente hacéis.
Marcos la observó durante unos segundos.
—No quiero que el documental sea más importante que vuestra seguridad.
—No lo será —confirmó ella rápidamente.
Él la miró seriamente.
—Lo digo en serio, Olivia.
—Yo también.
Él asintió lentamente.
—De acuerdo.
Olivia sonrió.
—Entonces, ¿podemos ir?
—Sí.
—Perfecto —dijo Sergio.
Marcos volvió a mirar a Olivia.
—Pero con condiciones, como ya te dije antes por teléfono.
—Todos asintieron—. No os separareis del grupo.
Ni tú… —señaló especialmente a Olivia—, ni nadie.
—Miró al resto—. No os adelantareis para conseguir mejores imágenes ni os quedareis atrás.
Si os digo que en una zona no se graba y que guardéis la cámara, la guardáis —enfatizó.
—Sí —dijo Sergio rápidamente.
—Y si las condiciones empeoran y consideramos que tenéis que regresar, regresáis.
Olivia asintió sin dudar.
—Por supuesto.
Marcos la miró unos segundos más.
—Y una cosa especialmente importante.
—¿Cuál?
—No quiero que arriesgues el físico por conseguir una toma.
Olivia sonrió ligeramente.
—No pienso hacerlo —dijo ella con seguridad.
Marcos miró a los tres y, finalmente, asintió.
—Bien. —Marcos volvió a coger la tableta—. Entonces, preparaos.
Olivia miró una última vez hacia la puerta donde la nieve seguía cayendo y, por primera vez desde que había llegado a Valdemora, sintió que el documental estaba a punto de convertirse en algo mucho más grande de lo que habían planeado.
Antes de salir, Marcos reunió brevemente al grupo.
—Vamos a mantenernos juntos durante todo el recorrido.
La previsión ha empeorado y puede hacerlo todavía más en las próximas horas.
—Olivia escuchaba atentamente—. La prioridad es localizar a las dos personas y valorar su estado.
No sabemos exactamente dónde están, así que tendremos que ir comprobando la ruta y las zonas próximas a su última posición.
Uno de los rescatistas señaló el mapa.
—Entraremos por aquí.
Marcos asintió.
—Sí, y si las condiciones cambian, modificamos la ruta.
Olivia miró el mapa.
—¿La zona de la última señal está muy lejos?
—A unas horas, dependiendo de cómo encontremos el terreno.
—Vale.
Marcos la miró.
—Última oportunidad para arrepentirte.
Ella negó con la cabeza.
—No voy a arrepentirme.
Marcos hizo un gesto hacia la puerta.
—Vamos a salir.
Sergio se colocó la mochila, Paula comprobó una última vez la cámara y Olivia ajustó las correas de la suya.
Antes de salir, miró hacia la montaña a través de la puerta abierta. Desde allí seguía pareciendo una nevada bastante normal. El pueblo estaba cubierto de blanco, las luces de Navidad seguían encendidas y algunas personas caminaban tranquilamente por la calle.
Era difícil imaginar que, unos kilómetros más arriba, las condiciones pudieran ser completamente diferentes.
Marcos pasó junto a ella.
—¿Lista?
Olivia asintió.
—Lista.
Él salió primero y Olivia lo siguió junto a Sergio y Paula.
Los vehículos estaban preparados frente a la base.
Olivia colocó la cámara a buen recaudo y se ajustó los guantes.
Estaba nerviosa. Mientras el vehículo arrancaba y se alejaba del pueblo, Olivia miró por la ventanilla. Las luces de Navidad fueron desapareciendo poco a poco a medida que ascendían por la carretera.
Olivia abrió la mochila y comprobó por última vez la cámara y la batería. Todo estaba preparado.
Olivia volvió a mirar las montañas mientras la nieve golpeaba cada vez con más fuerza el cristal.
El pueblo ya había quedado atrás y, a medida que ascendían, las casas fueron desapareciendo, sustituidas por árboles cubiertos de nieve y caminos cada vez más estrechos.
Olivia levantó la cámara y comenzó a grabar.