Rescátame por Navidad 8
34%

8

A la mañana siguiente, Olivia bajó al comedor del hotel con la sensación de que, por una vez, el invierno había decidido darles una tregua.

Había nevado durante la noche, eso era evidente: las calles de Valdemora estaban cubiertas por una capa blanca que hacía que los tejados, los coches y los bancos de la plaza parecieran sacados de una postal navideña. Pero la nevada no tenía nada de amenazadora, al menos allí abajo.

Había vecinos caminando por las calles: algunos retiraban con palas la nieve de las entradas de sus casas, otros cargaban bolsas de las tiendas y un par de niños ya libraban una guerra de bolas de nieve en la plaza.

Olivia se sentó a la mesa con Sergio y Paula y se sirvió café.

—Pues después de todo lo que nos contaron ayer, esperaba encontrarme el pueblo enterrado hasta el segundo piso.

Sergio miró por la ventana mientras untaba mantequilla en una tostada.

—Todavía queda día.

Paula levantó la mirada de su taza.

—Yo prefiero no tentar a la montaña.

Olivia sonrió.

—Yo igual. Por eso hoy quiero que terminemos las entrevistas que nos faltan y aprovechemos para grabar todo lo relacionado con la preparación.

—Sacó la pequeña libreta que llevaba siempre consigo y repasó algunas anotaciones—.

Nos falta completar la parte de meteorología, algunas imágenes de la base y seguramente un par de testimonios más.

—Y revisar todo el material —añadió Sergio.

—Eso también —lo señaló.

Olivia dio otro sorbo a su café mientras miraba por la ventana.

Las montañas se distinguían al fondo, aunque algunas de las cumbres estaban cubiertas por nubes.

Desde allí parecían tranquilas, incluso bonitas.

Nada hacía pensar que el día anterior hubieran estado hablando de una tormenta capaz de complicar seriamente las condiciones en las alturas.

—A lo mejor al final las previsiones se quedan en nada —comentó Olivia.

Sergio la miró.

—No digas eso muy alto.

—¿Por qué no?

—Porque llevamos aquí unos días y todavía no has aprendido que cada vez que dices “seguro que no pasa nada”, pasa algo.

Paula soltó una carcajada.

—Tiene razón.

—No pasa siempre —pronunció, ofendida.

Sergio levantó una ceja.

—¿Quieres que hagamos una lista?

—No.

—Entonces tengo razón.

Olivia negó con la cabeza, divertida.

—Terminemos el desayuno y vamos a la base.

Estaba a punto de coger otra tostada cuando su teléfono vibró sobre la mesa.

Lo miró, pero no reconoció el número.

Frunció ligeramente el ceño y contestó.

—¿Sí?

Hubo una breve pausa y después escuchó una voz que reconoció de inmediato.

—Hola, Olivia, soy Marcos.

Ella se incorporó un poco en la silla.

—Hola —dijo, sorprendida. Su tono cambió automáticamente al reconocer que se trataba de algo relacionado con el trabajo—. ¿Ha pasado algo?

—Sí. Nos acaba de entrar un aviso.

La expresión de Olivia cambió.

—¿Un rescate?

—Sí.

Sergio y Paula dejaron de hablar y la miraron. Olivia se apartó un poco de la mesa para poder escuchar mejor.

—¿Qué ha ocurrido?

—Tenemos un grupo que salió ayer a hacer una ruta y todavía no ha regresado. Sus familiares han dado la voz de alarma y acabamos de recibir el aviso. —¿Sabéis dónde están?

—Tenemos una última posición conocida y algunos datos sobre la ruta que estaban haciendo.

Olivia cogió inmediatamente su libreta.

—¿Están en la zona afectada por la tormenta?

—Parte de la ruta sí.

Olivia se puso completamente seria.

—¿Vais a salir?

—Sí, estamos preparando el dispositivo.

Olivia miró a Sergio y a Paula. Los dos habían entendido ya que algo importante estaba ocurriendo: se habían puesto de pie.

—¿Y nosotros?

Al otro lado hubo un pequeño silencio.

—Precisamente por eso te llamo. —Olivia esperó—. Si queréis acompañarnos, podéis hacerlo.

Ella miró con los ojos muy abiertos a sus compañeros.

—¿En serio?

—Sí. Ya lleváis varios días trabajando con nosotros y conocéis cómo funciona el equipo. Además, si las condiciones se mantienen como están ahora, creo que podéis documentar una intervención real.

Olivia sintió una oleada de entusiasmo. No por el rescate en sí, sino por el proyecto.

Aquello era exactamente lo que habían ido a buscar.

Habían grabado entrenamientos, preparativos, entrevistas…

Habían hablado de cómo trabajaban, pero todavía les faltaba mostrar lo más importante: un rescate real.

—Claro que queremos ir.

—Bien. Pero hay condiciones.

Olivia empezó a escribir.

—Dime.

—No os separáis del grupo en ningún momento.

—Entendido.

—No os adelantáis para conseguir imágenes.

—Entendido.

—Si os digo que guardéis la cámara, la guardáis.

—Sí.

—Y si las condiciones empeoran y decidimos que tenéis que volver, volvéis.

—Por supuesto.

Marcos hizo una pequeña pausa.

—No quiero que nadie se ponga en peligro por conseguir una toma.

Olivia respondió sin dudar.

—No lo haremos.

—Bien. —Se oyó movimiento al otro lado de la línea—. Necesito que estéis en la base en diez minutos.

Olivia miró automáticamente el reloj.

—¿Diez minutos?

—Diez —confirmó.

—Allí estaremos.

—Y una cosa más, venid preparados para el frío. —Olivia miró por la ventana del comedor—. Lo que traéis para estar en la base no es suficiente para la montaña.

Olivia volvió a coger el bolígrafo.

—¿Qué necesitamos?

—Ropa térmica debajo, pantalón de montaña o impermeable, botas adecuadas para nieve, guantes, gorro y protección para el cuello. Llevad también una capa impermeable.

—De acuerdo.

—Y nada de zapatillas.

Olivia miró hacia sus botas.

—No pensaba venir con zapatillas.

—Por si acaso —ironizó Marcos.

Ella sonrió.

—Vale.

—Nos vemos en diez minutos.

—En diez minutos. Gracias —dijo antes de colgar.

Olivia se quedó mirando el teléfono durante un segundo y después levantó la vista hacia Sergio y Paula.

—Tenemos un rescate.

Sergio dejó lentamente la tostada sobre el plato.

—¿Ahora?

—Ahora.

Paula ya estaba rodeando la mesa.

—¿Nos dejan acompañarlos?

Olivia asintió.

—Sí. Marcos acaba de llamarme. Tenemos que estar en la base en diez minutos.

Sergio miró el reloj y después la miró, ansioso.

—Pues deja de hablar y corre para la habitación.

Sergio sonrió mientras pasaba por su lado a toda prisa.

—Eso iba a decir yo —pronunció Paula, imitándolo.

Olivia ya estaba pensando en las cámaras, las baterías, las tarjetas de memoria y todo lo que necesitaban.

Por fin, después de tantos días preparando el documental, tenían delante la oportunidad que habían estado esperando desde que llegaron a la montaña: un rescate real. Y Olivia no pensaba desperdiciar ni un segundo.

Llegaron a las habitaciones y entraron en ellas como posesos.

—Yo voy a buscar las baterías —dijo Paula.

—Perfecto. Sergio, las cámaras —comentó Olivia, entrando en su propia habitación.

—Ya voy.

—Y poneos camiseta térmica debajo, pantalones, botas de montaña, guantes, gorro y algo impermeable. ¡Nos vemos abajo!

Los tres se pusieron en movimiento.

La ropa que llevaba era adecuada para el pueblo, pero no para pasar varias horas en la montaña.

Sacó la ropa térmica, un pantalón impermeable y una capa exterior.

Mientras se cambiaba, repasó mentalmente todo lo que necesitarían: cámara principal, cámara secundaria, baterías, tarjetas de memoria, micrófonos, grabadora y protecciones para el equipo.

Cuando bajó de nuevo, Sergio ya estaba junto a la puerta con dos mochilas.

—¿Lo tenemos todo? —preguntó ella, sin dejar de correr.

—Creo que sí.

Paula apareció detrás.

—Baterías cargadas.

—¿Cuántas tarjetas llevamos? —preguntó Olivia, que ya se dirigía hacia el vehículo.

—Tres —respondió Sergio.

—Perfecto.

Carmen salió de la recepción al escuchar tanto alboroto.

—¿Qué ocurre?

Olivia se detuvo un instante.

—Han recibido un aviso de rescate.

Carmen puso cara de sorpresa.

—¿En serio?

—Sí, vamos a acompañarlos para grabarlo.

—Tened cuidado —les dijo mientras salían a toda prisa del hotel en dirección al vehículo.

Los copos caían con más intensidad que durante la hora del desayuno, aunque todavía no parecía una situación preocupante.

Dos minutos después, y tras colocar todo el equipo en el maletero, Sergio arrancó el vehículo y salió deprisa.

—¿Has comprobado la cámara secundaria? —preguntó Sergio.

—Sí —respondió Olivia.

—¿Y las baterías?

—Sí.

—¿La tarjeta?

—Sí.

—¿Y la…?

Olivia lo miró, ya de los nervios.

—Sergio…

—¿Qué?

—Si vuelves a preguntarme por otra cosa, te tiro por la ventanilla.

—Solo estaba comprobando —respondió.

A pesar de las prisas, sentía una energía diferente. No estaba nerviosa por la montaña, todavía no. Estaba concentrada. Aquello era lo que habían ido a buscar.

Durante días habían grabado entrenamientos, entrevistas y preparativos. Habían hablado de rescates y mostrado cómo se preparaban para ellos, pero una intervención real era algo completamente diferente.

Iban a poder enseñar el trabajo de los rescatistas cuando realmente tenían que salir a buscar a alguien.

Olivia sabía que aquello podía convertirse en la parte más importante de todo el documental.

—¿Estás pensando en el montaje? —preguntó Paula.

Olivia la miró.

—Sí.

—Lo sabía —dijo, dando una palmada.

Sergio asintió.

—Si conseguimos buenas imágenes…

Olivia sonrió.

—Las conseguiremos. Hacemos perfectamente nuestro trabajo.

—No te emociones demasiado.

—No estoy emocionada.

Paula la miró.

Al doblar la esquina, la base apareció al fondo. Por suerte, habían llegado a tiempo.

Sergio aparcó justo enfrente y todos bajaron del vehículo.

Había movimiento delante del edificio y un vehículo estaba ya preparado.

Varios rescatistas entraban y salían cargando mochilas y otros comprobaban material.

El ambiente era completamente distinto al de los días anteriores.

Olivia aminoró el paso. Ya no parecía un rodaje; aquello era un operativo real.

—Vamos —dijo mientras abría la puerta de la base y entraba.

Ya no había conversaciones tranquilas ni bromas entre los rescatistas. Todos parecían concentrados en una tarea concreta: revisaban las mochilas, consultaban los mapas o intercambiaban indicaciones mientras terminaban de preparar el material.

Marcos estaba junto a una de las mesas, con la tableta en la mano. Al verla entrar, alzó la mirada hacia ella.

—Habéis llegado.