7
A la mañana siguiente, Olivia supo que algo había cambiado antes incluso de entrar en la base.
El cielo estaba completamente cubierto y la nieve caía con mucha más intensidad que durante los días anteriores.
No era la nevada bonita y tranquila que había convertido Valdemora en una postal navideña, sino una cortina de copos que, impulsados por el viento, golpeaban los cristales del vehículo y empezaban a acumularse rápidamente sobre la carretera.
Sergio aparcó frente a la base y apagó el motor.
—Esto ha empeorado bastante desde ayer.
Olivia miró por la ventanilla.
—Sí.
Paula se ajustó la bufanda.
—Espero que no tengamos que estar mucho tiempo fuera.
—Tenemos que grabar —recordó Olivia.
—Ya… lo sé. La próxima vez escogemos un reportaje que se filme en el Caribe —propuso.
Sergio abrió su puerta.
—Me gusta esa idea.
Olivia cerró la puerta del vehículo y recibió una fría racha de viento en toda la cara.
—¡Dios!
—¿Qué? —preguntó Sergio.
—Nada —respondió, colocando una mano ante sus ojos—. Vamos dentro.
Los tres caminaron hacia la base y, nada más cruzar la puerta, Olivia percibió una diferencia evidente respecto a los días anteriores: había más movimiento.
Varias personas estaban alrededor de una mesa consultando mapas y pantallas, mientras otros revisaban material y preparaban mochilas.
En una de las pantallas aparecían diferentes mapas meteorológicos.
Olivia dejó su mochila junto a la pared y se quitó los guantes.
—¿Qué ocurre?
Uno de los rescatistas levantó la mirada.
—Ha cambiado la previsión.
—¿A peor?
—Bastante a peor.
Olivia miró hacia las pantallas.
—¿Cuánto?
—Todavía estamos viendo cómo evoluciona.
Sergio y Paula comenzaron a preparar el equipo de grabación, pero Olivia se quedó mirando los mapas.
Había manchas de diferentes colores que se desplazaban sobre una representación de la zona.
—¿Eso qué es?
—El radar de precipitación.
Olivia se volvió al escuchar la voz de Marcos, que se había situado detrás de ella. Llevaba el uniforme de trabajo y tenía una tableta en una mano.
Lo saludó con un movimiento de cabeza, que él correspondió, y finalmente se situó a su lado.
—¿Qué está mostrando?
—Dónde está precipitando y con qué intensidad.
Olivia miró de nuevo la pantalla.
—¿Y eso os sirve para saber dónde va a nevar?
—Nos da una idea de cómo está evolucionando la precipitación, pero no es lo único que miramos.
—¿Qué más?
Marcos dejó la tableta sobre la mesa.
—Previsiones meteorológicas, avisos, viento, temperatura, cota de nieve, visibilidad…
Olivia lo miró con interés.
—¿Todo eso antes de salir?
—Siempre.
—¿Aunque haga buen tiempo?
—Sobre todo si vamos a trabajar en una zona de montaña. —Olivia se acercó un poco más a la pantalla—. Nuestras previsiones incluyen el pronóstico detallado a mil ochocientos o dos mil metros.
Olivia frunció ligeramente el ceño.
—¿Puede cambiar tanto de aquí a allí?
—Muchísimo.
—¿De un sitio a otro?
—Sí. Puedes tener nieve ligera aquí abajo y encontrar viento fuerte, poca visibilidad y una nevada mucho más intensa en altura.
Olivia miró hacia la ventana.
—Eso explica por qué vosotros estáis tan pendientes.
—Sí.
—¿Y cómo sabéis lo que está pasando arriba si no estáis allí?
Marcos señaló otra pantalla.
—Tenemos estaciones meteorológicas en distintos puntos, además de información de las previsiones y del radar. También recibimos avisos cuando las condiciones cambian.
—¿Y las estaciones os dan información en tiempo real?
—Algunas, sí.
—¿También la temperatura?
—Temperatura, viento, precipitación…
—¿Y podéis saber si está aumentando?
—Exactamente —la señaló con la mano.
Olivia parecía fascinada.
—Entonces no os limitáis a mirar si va a nevar.
Marcos sonrió ligeramente.
—No.
—Miramos cuánto, dónde, cuándo, a qué altura…
—Y cómo evoluciona —acabó ella.
—Y cómo evoluciona —repitió Marcos y señaló uno de los mapas—. Aquí tenemos el pueblo. —Señaló un punto—. Y esta zona está más alta. —Movió el dedo por el mapa—. La previsión indica que la precipitación va a aumentar aquí antes que aquí abajo.
—¿Porque está más alto?
—Entre otras cosas.
—¿Y el viento?
—También influye muchísimo.
Olivia levantó la mirada.
—¿Por qué?
Marcos se apoyó ligeramente en la mesa.
—Porque una nevada con poco viento puede ser complicada, pero una nevada con viento fuerte puede reducir la visibilidad muy rápido. Además, el viento puede provocar acumulaciones de nieve en determinadas zonas y hacer más difícil desplazarse.
Olivia volvió a mirar el mapa.
—¿Eso puede cambiar durante el día?
—En cuestión de horas.
—¿Incluso aunque la previsión de la mañana dijera otra cosa?
—Sí.
Olivia se quedó unos segundos en silencio.
—Entonces, ¿tenéis que estar revisándolo constantemente?
—Exactamente.
—¿Cada cuánto?
—Depende de la situación. Si las condiciones son estables, no hace falta estar cambiando todo cada diez minutos. Pero cuando hay una situación como la de hoy, estamos mucho más pendientes.
Olivia miró de nuevo hacia los rescatistas que trabajaban alrededor de las mesas. Ahora entendía por qué. No estaban preparándose porque simplemente estuviera nevando, estaban reaccionando a lo que estaba ocurriendo en la montaña.
—¿Y vosotros recibís esa información directamente?
—En parte sí, pero también consultamos las fuentes oficiales y la información disponible en la zona.
—¿De la AEMET?
—Sí.
—¿Y el radar? —preguntó ella con curiosidad.
—También.
Olivia sonrió y ladeó su cuello.
—Vale, tengo como veinte preguntas más.
Marcos soltó una pequeña risa.
—Me lo imaginaba.
—¿Te importa?
—No.
—¿Seguro?
—Si me importara no te estaría explicando todo esto. —Olivia sonrió—. Además, si vas a contar lo que hacemos, es mejor que lo entiendas primero.
Olivia lo miró.
—Gracias. —Olivia volvió a mirar el mapa—. Entonces… ¿qué estáis viendo ahora mismo?
Marcos cogió la tableta otra vez.
—Estamos viendo cómo está entrando el frente.
—¿Y qué significa eso?
Marcos levantó la mirada hacia ella.
—Que probablemente vamos a tener un día bastante más complicado de lo que pensábamos.
Marcos amplió el mapa que aparecía en la tableta y señaló una zona concreta de la cordillera.
—Aquí.
Olivia se acercó un poco más.
—¿Qué pasa ahí?
—La previsión indica que el frente va a entrar por esta zona y que la precipitación aumentará durante las próximas horas.
—Pero el pueblo está aquí abajo.
—Sí.
—Y aquí todavía no está nevando tanto.
—Exacto.
Olivia miró por la ventana. Los copos golpeaban el cristal con fuerza.
—¿Y esto no os parece mucho?
Marcos sonrió ligeramente.
—Para el pueblo, sí. Para la montaña, todavía puede ser poco.
Olivia volvió a mirar el mapa.
—Entonces arriba puede estar nevando muchísimo más.
—Puede estar nevando más, puede haber más viento y puede haber menos visibilidad.
—¿Cuánto puede cambiar la temperatura?
—Bastante, especialmente con viento.
Marcos señaló una zona más elevada.
—Una persona puede salir con unas condiciones aceptables y, una hora después, encontrarse con una situación completamente distinta. La montaña es muy traicionera.
Olivia frunció el ceño.
—¿Una hora?
—A veces incluso menos.
—¿Y cómo puede perderse alguien si conoce la montaña?
—Porque con mala visibilidad desaparecen muchas referencias.
—¿Aunque tenga un mapa?
—Un mapa no sirve de mucho si no sabes exactamente dónde estás. —Olivia asintió lentamente—. Y si además está nevando… las huellas pueden desaparecer.
—¿En cuánto tiempo?
—Depende del viento y de la intensidad de la nevada. —Olivia se quedó callada y Marcos la miró—. Por eso insistimos tanto en la planificación.
—Ahora entiendo mucho mejor vuestra obsesión con las previsiones.
—No es obsesión, es prevención —dijo, guiñándole un ojo con complicidad.
Olivia sonrió.
—Vale, prevención. Entonces supongo que prepararéis un equipo acorde con las previsiones meteorológicas, ¿no?
—Exacto, veo que vas aprendiendo. —Se encogió de hombros—. Cambiamos algunas cosas. —Marcos cogió una de las mochilas y comenzó a sacar material—. Aquí necesitamos más protección contra el frío y la humedad. También tenemos que asegurarnos de llevar el material adecuado para la nieve.
—¿Y qué más cambia? —preguntó, entusiasmada con la conversación.
—Las comunicaciones.
—¿Por qué?
—Porque necesitamos asegurarnos de que tenemos autonomía suficiente y de que podemos mantener el contacto con el resto del equipo.
Olivia señaló una de las mochilas.
—¿Esta es la mochila para hoy?
Marcos la miró.
—Estamos empezando a prepararla.
—¿Por el cambio de la previsión?
—Sí.
Olivia observó cómo uno de los rescatistas añadía material.
—Entonces, si hace una hora esperabais una nevada normal y ahora se prevé una tormenta…
—Tenemos que cambiar nuestra preparación constantemente.
—¿Y eso lo hacéis cada vez que cambia el tiempo?
—Si el cambio es suficientemente importante, sí.
Olivia volvió a mirar hacia la ventana. La nieve caía cada vez con más fuerza.
—¿Y esta tormenta va a ser importante?
Marcos no respondió de inmediato. Miró de nuevo la tableta y después amplió el mapa.
—Todavía estamos esperando una actualización.
Uno de sus compañeros se acercó desde la otra mesa.
—Aranda.
Marcos levantó la cabeza.
—¿Sí?
—Acaba de entrar el último aviso.
El tono de su voz había cambiado.
Marcos dejó la tableta sobre la mesa.
—¿Qué dice?
—Que el frente se está desplazando más rápido de lo previsto.
Olivia dejó de escribir mientras Marcos cogía la tableta y volvía a mirar el mapa.
—¿Cuánto?
—Bastante.
—¿Cuál es la zona afectada?
El hombre señaló una parte de la pantalla.
Marcos se quedó unos segundos observando la información.
—La parte norte.
Olivia se acercó.
—¿Eso es malo?
Marcos levantó la mirada hacia ella.
—No más que el sur —bromeó él mientras cogía su mochila—. Hay rutas de montaña en las dos partes.
Ella se acercó y observó con interés.
—¿Significa que puede haber montañeros?
—Exacto —dijo, mirando su mochila.
A ella le llamó la atención unos sobres de color plata.
—¿Lleváis comida siempre?
—Algo, sí.
—¿Qué tipo de comida?
Marcos la miró.
—¿Esto también es para el documental?
Olivia sonrió.
—No, esto es… curiosidad.
Él le sonrió.
—Normalmente cosas que podamos llevar fácilmente y que aporten energía.
—¿Barritas?
—Entre otras cosas.
—¿Y chocolate?
—Si quieres llevar chocolate, nadie te lo va a impedir.
Olivia sonrió.
—Lo tendré en cuenta.
Marcos continuó revisando la mochila y ella se quedó mirándolo.
—Marcos.
Él levantó la mirada.
—¿Sí?
—¿Puedo preguntarte otra cosa?
—Claro —respondió, encogiéndose de hombros.
—¿Cómo sabéis cuándo ya no es seguro salir?
Marcos dejó lo que estaba haciendo.
—No existe una única respuesta.
—¿No?
—No, depende de todo lo que acabamos de hablar.
—Entonces…
—Si tenemos una misión, valoramos las condiciones reales, no solo la previsión. Y también qué posibilidades tenemos de llegar, cuánto tiempo necesitaremos, cómo podremos volver y qué alternativas existen.
—¿Y si las condiciones empeoran?
—Se replantea.
—¿Aunque ya estéis preparados?
—Aunque ya estemos preparados.
Olivia asintió.
—¿Y quién toma la decisión?
Marcos señaló a uno de los responsables de la base.
—Se decide dentro del equipo, valorando toda la información disponible.
—No decide una sola persona.
—No.
Marcos la miró.
—¿Te sirve?
Olivia sonrió.
—Muchísimo.
—Me alegro.
Ella bajó la mirada hacia su libreta, que ya tenía varias páginas llenas de notas.
—Creo que ahora entiendo mucho mejor por qué estáis revisándolo todo.
—Bien.
—Y también entiendo por qué no queréis que nadie se aventure en la montaña con estas condiciones.
—Exactamente.
Olivia levantó la mirada.
—Bien, tengo una última pregunta.
Marcos sonrió.
—¿Una? —bromeó.
—Una importante.
—Adelante.
Olivia levantó ligeramente la cámara que tenía sobre la mesa.
—Todo esto que me acabas de explicar…
Marcos miró a la cámara.
—¿Sí?
—¿Podrías hacerme un breve resumen delante de la cámara?
Marcos soltó una pequeña risa.
—¿Ahora quieres grabarlo?
—Sí.
—¿Y antes no? —siguió riendo.
—Antes quería entenderlo yo.
Marcos la miró durante un segundo.
—Me parece bien. Prepara la cámara.
Ella la levantó.
—Perfecto.
Y mientras Sergio comenzaba a preparar el equipo, en el exterior la nieve seguía cayendo cada vez con más intensidad.