Rescátame por Navidad 6 #2
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—¿Y tú? —preguntó él—. ¿Tienes hermanos?

—Uno.

—¿Mayor?

—Mayor —confirmó ella—. Dos años.

—Entonces seguro que te ha tocado aguantarlo —bromeó.

Olivia soltó una carcajada y luego resopló.

—No sabes cuánto.

—¿Y él a ti?

—Eso tendrías que preguntárselo a él —continuó ella, divertida.

Marcos miró de un lado a otro hasta encontrar a sus compañeros que estaban a unos metros.

—¿Sabes qué es lo que más echo de menos cuando estoy fuera de Santander?

Olivia lo miró con curiosidad.

—¿Qué?

—Un buen sobao pasiego —sentenció.

Ella se echó a reír; no esperaba una respuesta así.

—¿En serio? ¿Eso es lo que más echas de menos?

—Sí.

—Pensaba que ibas a decir a tu familia, el mar, tu casa...

—Eso también.

—Pero lo primero es el sobao, con lo bien que lo hace mi abuela…

—Lo primero es el sobao de la abuela —rio Olivia y negó con la cabeza, sonriendo.

—¿Y tú? ¿Qué echas más de menos cuando estás fuera de Madrid?

Olivia pensó unos segundos y se encogió de hombros.

—Si hablamos de comida… la tortilla de patata de mi madre.

—¿Con cebolla?

—Por supuesto.

—Entonces tenemos un problema.

—¿Por qué?

—Porque ahí no estamos de acuerdo —comentó y chasqueó la lengua.

Olivia abrió los ojos.

—¿No te gusta con cebolla?

—No.

Ella lo miró, horrorizada.

—La gracia de la tortilla de patatas es la cebolla.

—No es una tortilla de patatas entonces —respondió él, encogiéndose de hombros. Luego le dio un sorbo a su chocolate y le sonrió.

Olivia dio otro sorbo a su chocolate, intentando ignorar que le gustaba demasiado aquella facilidad con la que podían hablar de cualquier tontería.

—Creo que debería volver —dijo, buscando también a Sergio y Paula.

—Yo también debería ir con los demás.

—Tengo que acabar unas cosas antes de volver al hotel —dijo Olivia—. Si no, Sergio al final se va a quejar más de lo que ya se queja.

—¿Se queja mucho?

—Muchísimo —admitió—. No tolera nada el frío. —Olivia sonrió y levantó ligeramente el vaso vacío—. Gracias por el chocolate.

—De nada.

Marcos se metió la manos en el bolsillos de la chaqueta.

—Nos vemos mañana, Olivia —dijo, alzando un poco el vaso de chocolate.

—Hasta mañana.

Él se alejó hacia donde estaban sus compañeros y Olivia se quedó unos segundos mirándolo antes de volver junto a Sergio y Paula.

Olivia regresó junto a Sergio y Paula y volvió a coger la cámara.

Durante el resto de la tarde, cada vez que veía las luces de Navidad reflejadas en la nieve, recordaba el chocolate caliente y aquella conversación y, por mucho que intentara negarlo, había algo que empezaba a preocuparla.

No era que Marcos le pareciera guapísimo; eso ya lo sabía. El problema era que empezaba a gustarle demasiado estar con él.

Sergio señaló hacia la plaza.

—Tenemos que grabar el encendido desde la escalinata.

—Sí. Vamos.

Las luces de Navidad acababan de encenderse por completo y la plaza se había convertido en un espectáculo de luz y nieve.

Los niños corrían entre los puestos, algunas familias se acercaban al árbol para hacerse fotografías y la música que salía de los altavoces se mezclaba con las conversaciones de la gente.

Olivia grabó varios planos generales y después hizo algunos más cercanos: una pareja abrazándose frente al árbol, una niña intentando alcanzar una estrella luminosa y un hombre sirviendo chocolate caliente.

Todo aquello era perfecto para el documental.

—Ese plano me gusta —dijo Sergio mientras miraba el monitor.

—A mí también —confirmó Olivia.

—¿Lo repetimos?

—No hace falta. —Olivia revisó la imagen.

—Tenemos que grabar también la plaza desde arriba.

—Vamos.

Subieron unos metros por la escalinata.

Olivia volvió a grabar y, durante unos minutos, consiguió olvidarse completamente de todo lo demás: del frío, del cansancio y de cierto rescatista. Hasta que, mientras cambiaba de objetivo, levantó la mirada y lo vio al otro lado de la plaza.

Marcos seguía allí con sus compañeros, hablando con uno de ellos.

En un momento dado, levantó la mirada y sus ojos se encontraron.

Olivia sonrió casi sin darse cuenta y Marcos le devolvió la sonrisa antes de volver a la conversación.

“Definitivamente, estoy perdida”.

Tras filmar todas las tomas necesarias, volvieron al hotel y Olivia se encerró en su habitación después de cenar.

Dejó el abrigo sobre una silla, se puso ropa cómoda y encendió el portátil. Tenía que revisar el material de ese día.

Abrió la carpeta correspondiente y comenzó a pasar las grabaciones.

La plaza, las luces, la nieve, los puestos, las entrevistas… todo estaba quedando incluso mejor de lo que había imaginado.

Olivia sonrió satisfecha.

—Esto va a quedar genial.

Continuó avanzando por los archivos hasta que apareció una de las imágenes del entrenamiento.

Marcos aparecía en la pantalla hablando con uno de sus compañeros.

Recordó inmediatamente el entrenamiento, el resbalón, sus manos sujetándola…

Resopló y apretó los ojos con fuerza mientras pasaba al siguiente archivo.

Apoyó la espalda en la silla.

“No vas a enamorarte de un rescatista que conoces desde hace unos días. No vas a hacerlo. Y mucho menos mientras estás trabajando. Y desde luego no vas a empezar a imaginarte cosas porque te haya invitado a un chocolate caliente” .

Se quedó quieta en la silla.

“Aunque el chocolate estaba buenísimo. Y él también” .

—¡Olivia! —Se llevó las manos a la cara—. ¡Por Dios!

Apagó el ordenador y se dejó caer sobre la cama.

“Necesito dormir. Y mañana necesito trabajar. Y no pensar en Marcos” .

Se acomodó bajo el edredón.

“Nada de Marcos” .

Cerró los ojos y dos segundos después los abrió.

“Bueno… un poquito” .

—Solo un poquito —susurró antes de apagar la luz.

A la mañana siguiente, Olivia se despertó con la sensación de haber dormido demasiado poco y de haber pensado en exceso en una persona que, en teoría, no debería ocupar ni una cuarta parte de sus pensamientos.

Se levantó, se vistió y bajó al comedor del hotel.

Sergio y Paula ya estaban allí, desayunando.

—Buenos días —saludó Olivia.

—Buenos días —respondió Paula.

Sergio levantó la taza.

—¿Café?

—Por favor.

Se sentó con ellos.

—¿Qué tal has dormido? —preguntó Paula.

—Bien, como un tronco —mintió.

Sergio la miró.

—Tienes cara de cansada.

—Porque todavía estoy despertándome —bromeó ella.

—Entonces, ¿café doble?

—Exacto.

Olivia bebió un sorbo y dejó escapar un suspiro.

—Hoy tenemos que grabar algunas imágenes de la base y después revisar las entrevistas.

—¿Y por la tarde? —preguntó Paula.

—Podemos montar una parte del material.

—Perfecto.

Sergio sacó el teléfono.

—Por cierto, ayer recibí el correo de producción.

—¿Qué dicen?

—Que quieren tener un primer montaje antes del fin de semana.

Olivia dejó la taza sobre la mesa.

—Entonces tendremos que acelerar un poco.

—Eso pensaba yo.

—Hoy terminamos las entrevistas que nos faltan y mañana hacemos las últimas tomas de la base.

Paula asintió y Olivia tomó otro sorbo.

Una hora después, cuando llegaron a la base, el ambiente era algo diferente. Había más movimiento de lo habitual y varios rescatistas consultaban la información meteorológica en uno de los ordenadores, mientras otros revisaban el material.

Olivia dejó la mochila sobre una mesa.

—¿Qué ocurre?

Marcos, que estaba revisando unos documentos junto a otro compañero, levantó la mirada.

—Han cambiado las previsiones.

Olivia se acercó.

—¿A peor?

—Sí.

Marcos señaló la ventana.

—Se espera una nevada importante durante las próximas horas.

Olivia miró hacia fuera. El cielo estaba mucho más oscuro que el día anterior.

—¿Tanto?

—Puede ser intensa.

—¿Y eso afecta a los rescates?

—Claro, aunque todo depende de cómo evolucione.

Olivia asintió y miró a Sergio y Paula que escuchaban a su lado.

—Quizá tengamos que cambiar el rodaje.

—Probablemente —respondió Sergio.

—Podemos adelantar algunas grabaciones interiores.

Sergio asintió.

—Me parece bien.

Paula ya estaba preparando el equipo y Olivia volvió a mirar a Marcos.

—Hoy estamos pendientes.

—¿De qué? —preguntó Olivia, sin comprender.

—De cualquier aviso.

Olivia observó a los hombres de la base. Por primera vez desde que había llegado a Valdemora, sintió que el ambiente había cambiado.

No era miedo ni tensión; era simplemente atención.

Todos parecían mucho más concentrados.

Marcos volvió a mirar la pantalla del ordenador.

—Si empeora, tendremos que estar preparados.

Olivia asintió y apretó los labios mientras comenzaban a preparar las cámaras. Una pequeña sensación de inquietud se instaló en su estómago. Aquello iba en serio.