5
Olivia intentó convencerse de que el incidente de la nieve no había ocurrido.
No había sido nada, absolutamente nada. Había resbalado, Marcos la había sujetado y, después de comprobar que estaba bien, había seguido con el entrenamiento como si aquello fuese la cosa más normal del mundo.
Para él lo era; para ella, en cambio, su cerebro parecía haber decidido que aquel pequeño episodio merecía una comisión de investigación.
“No ha pasado nada” .
Levantó la cámara y volvió a grabar.
“Nada” .
Marcos estaba al otro lado de la zona de entrenamiento, hablando con uno de sus compañeros.
“Un resbalón” .
Ajustó el enfoque.
“Una caída que no llegó a producirse” .
Marcos se agachó para comprobar algo del material y Olivia tragó saliva.
“Y un hombre que, casualmente, tiene unos brazos que podrían sostener la puerta de un castillo medieval” .
Parpadeó.
“No. No vamos a volver por ahí” .
Siguió grabando.
—¿Está bien ese plano? —preguntó Sergio.
Olivia apartó la mirada del visor.
—Sí, perfecto.
—¿Seguimos?
—Sí —confirmó ella.
Volvió a mirar por la cámara y Marcos levantó la cabeza justo en ese momento.
Sus ojos se encontraron durante un instante y él hizo un pequeño gesto con la cabeza.
Olivia respondió de la misma manera. Nada más.
“Muy bien. Normal. Completamente normal. Sigue así, Olivia” .
Volvió a concentrarse en la grabación.
El entrenamiento continuó durante varios minutos. Los rescatistas empezaron una simulación más compleja en la que tenían que desplazarse por una zona de nieve irregular hasta alcanzar un punto determinado, asegurar el terreno y realizar una evacuación simulada.
Olivia se movió con Sergio para conseguir diferentes planos.
—Un poco más hacia la izquierda —le indicó.
Sergio ajustó la cámara.
—¿Así?
—Sí.
Paula se colocó unos metros más atrás.
—Tengo buen sonido desde aquí —confirmó su compañera.
—Perfecto.
Olivia volvió a mirar por el visor.
Esta vez intentó concentrarse únicamente en lo que estaba ocurriendo y, por suerte, el trabajo empezó a conseguirlo.
Marcos estaba coordinando parte del ejercicio.
No levantaba la voz. No necesitaba hacerlo.
Cuando daba una indicación, los demás la seguían y, si uno de sus compañeros cometía un pequeño error, Marcos lo corregía sin dramatismo.
Olivia dejó de grabar durante unos segundos y simplemente observó. Aquello era diferente a verlo delante de una cámara. Allí no estaba interpretando nada, no estaba intentando parecer profesional; simplemente estaba haciendo su trabajo… y lo hacía muy bien.
Marcos se desplazó por la nieve con facilidad, comprobó uno de los puntos de seguridad y después hizo una señal a sus compañeros.
Olivia volvió a grabar.
“Genial. Ahora también me impresiona cómo trabaja” .
Sergio cambió de posición.
—Voy a sacar un plano desde allí.
—De acuerdo.
Olivia se movió con él mientras la nieve crujía bajo sus botas.
Esta vez caminó mucho más despacio, por si acaso.
No pensaba darle a Marcos la oportunidad de rescatarla dos veces en una misma mañana.
Llegaron a otro punto desde donde podían ver perfectamente el ejercicio.
—Aquí está bien —dijo Olivia.
Sergio levantó la cámara.
—Cuando quieras.
Olivia asintió y la grabación continuó.
Durante los siguientes minutos consiguió varias imágenes que sabía que funcionarían muy bien en el documental: los rescatistas avanzando por la nieve, el material preparado, las señales entre ellos, la coordinación del equipo y, finalmente, la evacuación simulada.
Cuando terminó el ejercicio, Olivia bajó la cámara.
—Eso ha quedado muy bien.
Sergio revisó algunas imágenes.
—Sí. tenemos material suficiente.
Paula se acercó.
—El sonido también está perfecto.
—Entonces repetimos la última toma desde otro ángulo y terminamos.
—De acuerdo.
Marcos pasó cerca de ellos y Olivia levantó la mirada.
—¿Podemos repetir la parte final? —les pidió.
—Claro —confirmó uno de los agentes.
—Quiero grabarla desde un poco más abajo —explicó ella.
—Sin problema.
—¿No os importa?
—No, claro que no —respondió otro, encogiéndose de hombros.
—Perfecto.
Marcos se alejó y Olivia lo siguió con la mirada durante un segundo.
“Profesional. Concéntrate. Eres una profesional. Una profesional que acaba de pasar diez minutos pensando en los brazos de un rescatista en vez de en el encuadre” .
Suspiró.
“Este va a ser un día largo”.
Repitieron el ejercicio, esta vez desde el nuevo ángulo, y las imágenes quedaron incluso mejor.
Cuando terminaron, Sergio apagó la cámara.
—Ahora sí.
Olivia sonrió.
—Perfecto.
Paula miró su reloj.
—¿Hacemos una pausa?
—Sí —confirmó Olivia.
Los tres se apartaron unos metros mientras los rescatistas comenzaban a recoger el material.
Olivia revisó rápidamente algunas imágenes.
Había una toma especialmente buena de Marcos durante el ejercicio. Estaba de perfil, concentrado, mientras daba instrucciones a sus compañeros. La luz grisácea de la mañana hacía que sus ojos parecieran todavía más claros.
Olivia amplió ligeramente la imagen.
“No, así no, Olivia” .
La volvió a reducir rápidamente mientras miraba a su espalda, esperando que Sergio no estuviese allí esta vez.
“Ya hemos aprendido esta lección” .
—¿Qué tal? —preguntó Sergio, acercándose.
—Muy bien.
—¿Quieres que repitamos algo?
—No, creo que ya lo tenemos todo.
—Entonces podemos empezar a recoger.
—Sí.
Olivia guardó la cámara y, justo cuando iba a cerrar la mochila, escuchó una voz detrás de ella.
—¿Ha quedado bien?
Se giró al reconocer la voz de Marcos.
Durante una fracción de segundo, olvidó qué le había preguntado.
—¿Qué?
—El ejercicio.
—Ah. —Sonrió—. Sí. Muy bien.
Marcos miró la cámara.
—¿Puedo verlo?
—Claro.
Olivia encendió de nuevo la pantalla.
—Mira.
Marcos se acercó y, esta vez, sin darse cuenta, Olivia dejó de pensar en el hombre al que había estado observando desde lejos y empezó a fijarse en otra cosa. Él realmente quería saber cómo había quedado su trabajo y eso, descubrió, le gustaba bastante más de lo que debería.
Marcos se inclinó ligeramente hacia la cámara para poder ver mejor la pantalla.
—Esta parte está bien —dijo, señalando una de las imágenes—. Se ve todo el equipo.
—Eso es precisamente lo que quería —respondió Olivia—. Que se entienda que un rescate no empieza cuando llegáis a la montaña, sino mucho antes.
Marcos asintió.
—Sí, la preparación es importante.
Olivia pasó a la siguiente imagen.
—Aquí quizá podamos utilizar un plano más abierto.
—¿Por qué?
—Porque se ve cómo os coordináis entre vosotros.
Marcos observó la pantalla unos segundos.
—Me gusta más esta.
—¿Esta? —preguntó ella con curiosidad.
—Sí, se nos ve a todos.
Olivia sonrió.
—Eso mismo pensaba yo.
Marcos levantó ligeramente la mirada.
—Entonces estamos de acuerdo.
—Parece que sí —rio ella.
Durante unos segundos permanecieron frente a la pequeña pantalla, revisando las imágenes.
Olivia se dio cuenta de que estaban hablando con una naturalidad que no habían tenido durante los primeros días. Ya no sentía que tuviera que buscar una pregunta cada vez que él se acercaba, y Marcos tampoco parecía estar buscando una excusa para marcharse.
—¿Siempre haces este tipo de documentales? —preguntó él de repente.
Olivia levantó la mirada.
—¿De montaña?
—De cualquier tipo.
Ella negó con la cabeza.
—No, he hecho un poco de todo. Naturaleza, viajes, reportajes sociales… depende del proyecto.
—¿Y cuál te gusta más?
Olivia se quedó pensando.
—Los que me permiten conocer a la gente que aparece en ellos. Creo que las historias interesantes están ahí. No solo en lo que hacen, sino en por qué lo hacen. —Él permaneció callado unos segundos—. ¿Y tú?
—¿Yo qué?
—¿Siempre quisiste dedicarte a esto?
Marcos miró hacia el exterior, donde sus compañeros estaban terminando de recoger el material.
—No exactamente.
—¿Y cómo acabaste aquí?
—Me gusta la montaña y quería un trabajo que tuviera un sentido.
Ella lo miró y asintió.
—Cuando termino un proyecto y consigo que alguien lo vea… —bromeó—, me gusta que ese alguien sienta que conoce un poco mejor a las personas que aparecen en él. —Marcos la observó unos segundos—. Quizá la gente pueda conocerte un poco mejor —acabó esta vez con una sonrisa suave.
Marcos asintió y miró de reojo a sus compañeros.
—Haces bien tu trabajo —comentó lentamente mientras se ponía más firme.
Ella apartó los ojos de él unos segundos.
—Gracias, lo intento.
Sergio apareció junto a ellos y ambos miraron al frente.
—¿Habéis terminado?
—Casi —respondió Olivia.
—Tenemos que recoger o el material acabará congelado.
—Claro, ahora voy —comentó ella.
Sergio se alejó y Marcos dio un paso atrás.
—Entonces, ¿nos vemos mañana? ¿Vais a volver?
—Sí, claro. Aún me quedan unas cuantas cosas por filmar, además de conseguir grabar un rescate —le recordó.
Él asintió lentamente.
—Bien, hasta mañana entonces.
—Hasta mañana —respondió ella mientras observaba cómo se daba la vuelta y volvía hacia sus compañeros.
—¿Qué haces? —preguntó Paula a unos metros de distancia.
Olivia se giró de inmediato hacia ella.
—Nada.
—¿Vienes?
—Sí.
Cogió su mochila y se dirigió hacia el vehículo con ellos.
El trayecto de vuelta al hotel fue tranquilo.
Sergio conducía mientras Paula revisaba los niveles de sonido y Olivia iba repasando las imágenes que habían grabado durante la mañana.
—Tenemos muchísimo material —comentó ella.
—Eso es bueno —respondió Sergio.
—Muy bueno.
—Entonces, ¿mañana repetimos? —preguntó Paula desde atrás.
—No exactamente. —Olivia pasó una imagen—. Quiero hacer algo más del pueblo.
—¿Otra vez?
—Mañana es el encendido de las luces de Navidad. —Paula levantó la mirada—. Podemos grabarlo por la tarde.
Sergio sonrió.
—Eso sí que va a quedar bonito.
—Quiero grabar el ambiente, la gente, los puestos, las luces... y después hacer algunas entrevistas cortas.
—Perfecto, me parece una idea buenísima —comentó Paula desde atrás.
El vehículo continuó avanzando por la carretera cubierta de nieve y Olivia volvió a mirar la pantalla. Iba a quedarle un reportaje muy interesante.
Apagó la cámara y apoyó la cabeza contra el asiento.
Cuando llegaron al hotel, Carmen estaba en la recepción colocando unas pequeñas velas junto a una corona de Navidad.
—¡Ya estáis aquí!
—Sí —respondió Olivia.
—¿Qué tal el día?
—Muy bien, hemos grabado muchísimo.
—Eso me alegra. —Carmen miró hacia las cámaras—. Mañana es el encendido de las luces.
—Lo sé —respondió Olivia, sonriente—. Queremos grabarlo.
—Vais a tener trabajo —rio la mujer—. Este pueblo se pone precioso por Navidad.
Olivia miró hacia los ventanales. A través del cristal se veía la plaza cubierta de nieve.
—Seguro que sí.
—Y habrá bastante gente —continuó Carmen.
—Mejor.
—Y preparaos para pasar frío.
Sergio levantó una mano.
—Eso ya lo tenemos más o menos controlado.
Carmen se rio.
—Entonces perfecto.
—Sí, llevo más capas que una cebolla —bromeó Paula desde atrás.
Olivia subió a su habitación después de despedirse de ellos y dejó la mochila sobre la cama. Se quitó el abrigo y, casi sin darse cuenta, abrió el portátil.
Comenzó a revisar las imágenes, una detrás de otra. La plaza, la nieve, el equipo, los rescatistas, Marcos…
Olivia volvió a quedarse mirando la pantalla.
“¿Qué me pasa?” .
Lo observó durante unos segundos y suspiró.