Rescátame por Navidad 3 #2
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Se obligó a apartar la mirada y volvió a sus notas.

—¿Y las cuerdas?

Marcos sonrió.

—Sabía que llegarías a ellas.

—¿Por qué?

—Porque llevas mirándolas desde que has entrado —bromeó él.

Olivia levantó las cejas.

Marcos comenzó a explicarle cómo utilizaban las cuerdas durante determinadas intervenciones. Olivia tuvo la extraña sensación de que aquel hombre empezaba a gustarle por razones que no tenían absolutamente nada que ver con su uniforme, lo cual era, sin duda, una pésima noticia.

Después de casi una hora grabando el material, Olivia empezaba a tener la sensación de que había aprendido más sobre rescates de montaña aquella mañana que durante todos los días anteriores de preparación del documental.

También empezaba a sospechar que Marcos se estaba acostumbrando demasiado rápido a sus preguntas.

No parecía molestarle que quisiera saberlo todo.

Al contrario, cuando ella preguntaba algo que realmente le interesaba, él se tomaba el tiempo necesario para explicárselo, aunque después volviera a su habitual economía de palabras.

Sergio seguía detrás de la cámara, atento a cada movimiento, mientras Paula comprobaba de vez en cuando los niveles de sonido.

—¿Podemos grabar ahora cómo preparáis las comunicaciones? —preguntó Olivia.

—Sí —respondió Marcos—. Vamos allí.

Se dirigieron hacia una mesa donde uno de sus compañeros estaba revisando varios equipos.

Olivia se acercó.

—¿Esto es lo que utilizáis para comunicaros durante un rescate?

—Es parte del equipo, sí.

—¿Y funciona? ¿Aunque estéis lejos unos de otros? —preguntó, interesada.

—Depende de la zona.

—¿Y si no hay cobertura?

—No necesitamos cobertura telefónica. —Olivia levantó las cejas—. La radio funciona de otra manera.

—Explícamelo.

Marcos la miró durante un segundo.

—¿Quieres la explicación sencilla o la técnica?

—La que pueda entender una persona que no sepa absolutamente nada.

—Entonces la sencilla.

—Gracias.

Mientras Marcos explicaba el funcionamiento básico, Olivia iba tomando notas.

Le gustaba aquella parte, no solo porque podía utilizarla para el documental, sino porque cada vez descubría un poco más cómo funcionaba su cabeza.

Era metódico, tranquilo, no improvisaba cuando no era necesario y, sobre todo, parecía tener una confianza absoluta en el equipo con el que trabajaba.

No era una confianza arrogante; era algo distinto.

—¿Y qué pasa si durante un rescate se pierde la comunicación? —preguntó ella.

—Tenemos protocolos para esas situaciones.

—¿Y nunca os ha pasado?

—Claro que sí —dijo, encogiéndose de hombros.

—¿Y qué hacéis?

—No entramos en pánico —dijo sin mirarla, observando su equipo.

Olivia sonrió.

—Eso parece una norma bastante importante aquí. ¿Nunca te pones nervioso?

Marcos la miró.

—Sí, claro.

—¿Y qué haces?

—Lo mismo que te dije el otro día. —Olivia tardó un segundo en recordar la entrevista—. El miedo es útil.

Ella lo observó unos segundos.

—Bien —dijo ella—. Creo que con esto tenemos suficiente.

Sergio bajó la cámara.

—Yo también.

Paula miró su equipo.

—El sonido está perfecto.

Olivia revisó rápidamente algunas de las imágenes en el monitor.

—Muy bien.

Uno de los compañeros de Marcos pasó junto a ellos.

—¿Ya habéis terminado, documentalista?

Olivia levantó la cabeza y asintió con una leve sonrisa.

Sergio se rio.

—Te han bautizado.

Olivia lo miró.

—Tú cállate —lo señaló.

Paula se acercó.

—Yo creo que ya es oficial.

—Traidores —susurró a sus compañeros.

El compañero de Marcos se alejó entre risas y Olivia volvió a mirar a Marcos.

—¿Tú también vas a llamarme documentalista?

Él se encogió de hombros.

—Supongo.

—¿Supongo?

—Si ellos lo hacen… —Él la miró durante unos segundos—. Buena entrevista, documentalista… Olivia.

Marcos la miró con una expresión ligeramente divertida. Ella también acabó sonriendo.

Era una tontería, una palabra, su propio nombre y, sin embargo, pronunciado por él, sonó diferente.

“No seas ridícula” .

Olivia apartó la mirada cuando escuchó de fondo la voz de Marcos.

—… de nieve.

Marcos la estaba mirando. Ella lo observó sin comprender.

—¿Perdona?

—Te estaba preguntando si quieres que grabemos también cómo preparamos el material de nieve.

—Sí, claro —reaccionó de golpe.

—Bien. —Se volvió hacia el resto del equipo—. Vamos.

Olivia lo siguió.

La siguiente parte de la grabación consistió en mostrar cómo preparaban el material específico para trabajar sobre nieve.

Marcos explicó la función de los crampones, las botas, los bastones y otros elementos que utilizaban dependiendo de las condiciones.

Olivia preguntaba, Sergio grababa y Paula comprobaba el sonido.

Poco a poco, la mañana fue avanzando hasta que uno de los agentes levantó una mochila.

—¿Quieres probar cuánto pesa? —le preguntó, sonriente.

Olivia lo miró.

—¿Yo? Vale —se ofreció rápidamente ella.

El hombre dejó la mochila sobre la mesa y Olivia se acercó.

—¿Cuánto has dicho que pesa? —le preguntó.

—Esta, unos doce kilos.

Ella agarró la mochila por las correas e intentó levantarla, pero no se movió. Frunció el ceño y lo intentó de nuevo. Nada.

Paula se tapó la boca para no reírse.

—¿Quieres ayuda?

—No.

Volvió a tirar y la mochila apenas se separó unos centímetros. Olivia soltó la mochila y sonrió con timidez.

—Vale, ya está. —Miró a Marcos, el cual enarcaba una ceja—. ¿Seguimos?

Marcos se apartó para continuar con el material y ella volvió a colocarse frente a la cámara, intentando concentrarse. Sin embargo, mientras lo observaba trabajar, una idea empezó a instalarse en su cabeza.

Quizá Marcos Aranda no era el hombre seco y distante que había imaginado después de aquella primera entrevista. Quizá simplemente necesitaba tiempo para entrar en confianza. Y quizá, solo quizá, aquel hombre serio, reservado y demasiado atractivo estaba empezando a caerle bastante bien.

La mañana siguió avanzando entre grabaciones, explicaciones y pequeñas pausas en las que Olivia aprovechaba para revisar el material que ya tenían.

A esas alturas, la dinámica entre los tres miembros del equipo y los rescatistas se había vuelto bastante más relajada.

Ya no parecía que estuvieran grabando un documental en una base de la Guardia Civil, parecía que llevaban allí mucho más tiempo.

Sergio había conseguido que uno de los agentes se riera mientras intentaba explicarle a cámara cómo organizar una mochila sin llevar “media casa a cuestas”, Paula había terminado hablando de micrófonos con otro de los rescatistas y Olivia había descubierto que, cuando no estaban trabajando, aquellos hombres tenían bastante más sentido del humor del que aparentaban, incluso Marcos, aunque él seguía siendo mucho más tranquilo que el resto.

Olivia estaba revisando unas imágenes cuando escuchó una voz detrás de ella.

—¿Eso ha quedado bien?

Se giró y vio a Marcos observar desde su espalda.

—Sí. Creo que tenemos bastante material.

—¿Quieres repetir alguna toma?

—No, está todo bien.

Marcos asintió.

—Entonces perfecto.

Olivia lo miró unos segundos y se giró finalmente hacia él.

—¿Siempre eres así?

—¿Así cómo?

—Tan tranquilo.

Marcos pensó un instante.

—Sí, supongo.

—¿No te alteras nunca?

—Claro que sí, aunque intento que no se me note. Es solo que… no me gustan demasiado las cámaras.

—Pues no se te nota —respondió ella, encogiéndose de hombros.

Él también se encogió de hombros.

—¿Ves? Disimulo bien.

Desde el otro lado de la sala, Sergio levantó la voz.

—¡Olivia!

Ella se volvió.

—¿Qué?

—¿Puedes venir un segundo?

—Sí —dijo levantándose del asiento y se acercó—. ¿Qué pasa?

Sergio señaló la pantalla de la cámara.

—Creo que esta toma es buena, pero quiero comprobar el enfoque.

Olivia se inclinó para mirar.

—Sí, está bien.

Paula apareció detrás de ella.

—¿Tenemos tiempo para una pausa?

Olivia miró su reloj.

—Podemos parar diez minutos.

Sergio dejó la cámara sobre la mesa.

—Café… café… café…

—Siempre piensas en lo mismo —rio Olivia.

—Yo estoy de acuerdo con el café —dijo Paula.

Olivia negó con la cabeza.

—Sois imposibles.

Marcos, que estaba cerca, escuchó la conversación.

—Aquí el café es sagrado.

Olivia lo miró.

—¿Tú también? —rio ella.

—Vivo aquí, ¿recuerdas?

Ella asintió y miró a sus compañeros.

—De acuerdo… —dijo como si se rindiese—, café para todos.

Tanto Paula como Sergio alzaron los brazos como si hubiesen ganado una importante y decisiva batalla. Marcos, por su parte, sonrió al verlos, mientras Olivia ponía cara de resignación.