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A la mañana siguiente, Olivia volvió a la base del GREIM con una idea bastante clara de lo que quería conseguir.
La jornada anterior la habían pasado grabando el pueblo, a sus habitantes y la preparación de las actividades navideñas. Ahora tocaba centrarse en la otra parte fundamental de Guardianes de la montaña : mostrar qué ocurría detrás de las puertas de aquella base cuando no había cámaras delante.
Quería enseñar la preparación, el material, la organización y el entrenamiento. Todo aquello que normalmente no veía una persona que solo conocía a los equipos de rescate por las imágenes de un helicóptero sobrevolando una montaña o de un rescatista descendiendo por una pared.
Sergio aparcó el vehículo delante de la base y apagó el motor.
—¿Qué grabamos primero?
Olivia consultó las notas que llevaba en una carpeta.
—Primero quiero planos generales de la base, después el material y cómo preparan las mochilas. También me interesa grabar las comunicaciones y, si nos dejan, parte de la revisión del equipo.
Paula, sentada en el asiento trasero, asomó la cabeza entre los dos.
—¿Y entrevistas?
—Algunas, pero hoy quiero que haya más imágenes de trabajo y menos gente hablando delante de una cámara.
Sergio la miró.
—¿Eso significa que hoy no tengo que estar quieto detrás de una cámara escuchando a alguien hablar durante veinte minutos?
—Exactamente —respondió, divertida.
—Me has alegrado el día —exclamó, levantando los brazos hacia el techo del vehículo.
Olivia sonrió.
—No te emociones. Tendrás que grabar veinte minutos de gente preparando material.
Sergio chasqueó la lengua.
—Retiro lo dicho.
Paula soltó una carcajada mientras abría la puerta.
—Vamos antes de que empiece a nevar más.
Olivia bajó del vehículo y levantó la mirada.
El cielo estaba cubierto de nubes grises y, sobre las montañas, una capa de niebla descendía lentamente por las laderas. La nieve acumulada durante los días anteriores cubría los alrededores de la base y el frío se había intensificado desde la tarde anterior.
Olivia se ajustó la bufanda.
—Hoy hace más frío.
—Te lo dije —respondió Sergio—. A este paso, en dos días vamos a necesitar que el documental incluya una sección sobre supervivencia del equipo de rodaje.
—No sería mala idea —le dio la razón.
Paula cerró la puerta del vehículo y se colgó el equipo de sonido al hombro.
—¿Podemos entrar antes de que muramos los tres?
—Vamos.
Olivia abrió la puerta de la base.
El ambiente en el interior era completamente distinto al del pueblo.
Mientras fuera todo parecía tranquilo, silencioso y casi detenido por la nieve, dentro había movimiento constante.
Dos agentes revisaban material junto a una mesa, otros preparaban unas mochilas y en una pared había mapas de la zona y diferentes rutas marcadas. Al fondo se veía parte del equipamiento técnico utilizado en las intervenciones, perfectamente organizado.
Había mochilas de distintos tamaños, cuerdas enrolladas, cascos, arneses, crampones, mosquetones y otros elementos cuyos nombres Olivia todavía estaba aprendiendo. Y eso era precisamente lo que quería mostrar.
—Esto es perfecto —murmuró, mirando de un lado a otro.
Sergio levantó la cámara.
—¿Empiezo?
—Sí, primero quiero planos generales.
Paula comprobó el sonido.
—¿Quieres sonido ambiente?
—Sí, que se escuche el ajetreo de la base —explicó.
Sergio comenzó a grabar.
Olivia se apartó unos pasos para observar el encuadre. La puerta interior se abrió y Marcos apareció acompañado de dos de sus compañeros.
Olivia lo reconoció inmediatamente, no porque llevara el uniforme; esta vez no. Bueno... quizá un poco por eso, pero, sobre todo, porque ya empezaba a reconocer su manera de caminar, aquella forma tranquila de moverse por la base sin necesidad de llamar la atención.
“Perfecto. Aquí está otra vez el castaño peligroso” .
Marcos la vio.
—Buenos días —pronunció.
—Buenos días —respondió ella.
Uno de los agentes que lo acompañaba miró hacia Olivia.
—Buenos días, documentalista.
Olivia sonrió.
—No me llaméis así, podéis llamarme Olivia —respondió.
El hombre asintió con absoluta solemnidad.
—Claro, documentalista.
Sergio bajó la cámara un segundo para ocultar una sonrisa y Olivia lo señaló.
—Tú tampoco.
—Yo no he dicho nada.
—Pero te estás riendo —dijo, mirándolo fijamente.
Paula intervino desde detrás del equipo de sonido.
—Se está riendo.
Sergio la miró.
—Gracias por tu apoyo —se quejó a su compañera.
—De nada.
Olivia volvió a mirar a los agentes.
—En serio, llamadme Olivia —insistió ella.
—Lo tendremos en cuenta, documentalista —respondió el tercero de ellos.
Olivia abrió la boca mientras Marcos sonreía ante el comentario de su compañero.
Marcos no dijo nada, solo observó la escena con una pequeña sonrisa.
Olivia suspiró y negó con la cabeza.
—Perfecto. Veo que empezamos bien —ironizó.
—Eso parece —contestó uno de los rescatistas, bromeando.
Marcos se volvió hacia sus compañeros.
—Vamos a preparar el material.
—¿Qué quieres que grabemos primero? —preguntó Olivia.
Marcos la miró.
—La preparación de las mochilas puede estar bien —indicó.
—Eso quería.
Se alejaron hacia la zona donde tenían preparado el material y Olivia esperó unos segundos mientras los observaba.
—¿Qué estás pensando? —preguntó Sergio, situándose a su lado.
Olivia se giró.
—Nada.
—¿Seguro? —insistió este.
—Estoy trabajando.
—Por supuesto, documentalista —bromeó su compañero.
Olivia lo fulminó con la mirada y no dijo nada, pero le dio un pequeño pisotón.
—Ayyy… jefa —se quejó.
—Tú tampoco te vas a librar —murmuró entre dientes, en un tono lo bastante bajo como para que ninguno de los demás lo escuchara—, camarógrafo.
Sergio sonrió.
—Ya lo sé.
Paula se acercó con el micrófono.
—¿Podemos empezar?
—Sí —respondió directamente. Olivia respiró profundamente y recuperó su tono profesional—. Vamos a grabar cómo preparan una mochila de intervención y después quiero que nos expliquen para qué sirve cada elemento.
Marcos, que estaba a unos metros, levantó la mirada.
—Ven, documentalista —le indicó con la mano para que se acercase.
Olivia lo miró y resopló.
—Olivia —volvió a decir.
—Claro. Ven, Olivia.
Ella se quedó un segundo mirándolo y, finalmente, se acercó junto a Sergio y Paula mientras Marcos comenzaba a preparar el equipo. Colocó una mochila grande sobre la mesa de trabajo y empezó a sacar el material con una precisión que llamó inmediatamente la atención de Olivia.
No había movimientos innecesarios, cada cosa parecía tener un lugar concreto y él sabía exactamente dónde encontrarla.
Sergio comenzó a grabar y Paula se colocó a un lado con el micrófono.
Olivia se acercó un poco más.
—¿Podemos empezar por la mochila?
—Claro. —Marcos abrió uno de los compartimentos—. Esta es una de las mochilas que utilizamos para intervenciones en montaña. El contenido puede variar dependiendo del tipo de rescate y de las condiciones.
Olivia asintió.
—¿Qué lleváis siempre?
—Material de primeros auxilios, elementos de aseguramiento, equipos de comunicación e iluminación y herramientas específicas para el terreno. También llevamos comida y agua, aunque intentamos mantener el peso lo más ajustado posible.
—¿Cuánto pesa?
Marcos la miró.
—Depende.
—¿De qué? —preguntó, interesada.
—De lo que necesitemos.
Olivia esperó.
—¿Y cuánto pesa esta?
Él sonrió ligeramente.
—Bastante, entre diez y quince kilos, dependiendo de la configuración.
Olivia lo miró durante un segundo y asintió.
Marcos sacó un pequeño botiquín.
—Esto es parte del material sanitario.
Olivia se inclinó para verlo mejor.
—¿Lo lleváis en todos los rescates?
—Sí, aunque el contenido puede variar.
—¿Y si necesitáis algo que no lleváis?
—Adaptamos el material a la situación.
Ella apuntó algo en su libreta.
—¿Y cómo decidís qué llevar antes de saber exactamente lo que os vais a encontrar?
Marcos se apoyó ligeramente en la mesa.
—La información del aviso es fundamental. Si sabemos que hay una persona herida, por ejemplo, podemos preparar material específico. Si es una zona de nieve, cambia el equipo. Si hay riesgo de caída, necesitamos otro tipo de material.
Olivia levantó la vista.
—Entonces cada rescate es diferente.
—Exactamente.
—Eso me interesa —dijo. Luego apretó los labios.
Marcos la miró un instante.
—Entonces, pregunta.
Olivia sonrió.
—Eso pienso hacer.
Sergio levantó ligeramente la cámara.
—Perfecto —susurró—. Tengo la sensación de que vamos a estar aquí bastante rato.
—No te quejes —respondió Olivia, mirándolo de reojo.
Marcos siguió sacando material.
—Esto es un arnés.
—¿Para el rescatador?
—Sí. Dependiendo de la intervención, puede utilizarse para asegurar al rescatador o a la persona que estamos evacuando.
—¿Y esto?
Olivia señaló un dispositivo metálico.
—Descensor.
—¿Y cómo funciona?
Le mostró cómo se colocaba, qué función tenía y por qué era importante utilizarlo correctamente.
Olivia lo escuchaba atentamente.
Aquello sí le gustaba, no solo porque el material fuera interesante para el documental, sino también porque Marcos explicaba las cosas de una forma sencilla.
No utilizaba palabras técnicas innecesarias y, cuando ella no entendía algo, buscaba otra manera de explicárselo.
Y, sobre todo, no parecía molesto por sus preguntas.
De hecho, después de unos minutos, era él quien empezaba a anticiparse.
Olivia volvió a mirar la mochila.
—¿Y esto? —señaló.
—Son los crampones.
—Eso sí sé lo que es.
—Entonces vamos mejorando —la felicitó.
Ella lo miró y Marcos colocó los crampones sobre la mesa.
—En determinadas condiciones son imprescindibles —continuó Marcos.
—¿Y si alguien no sabe utilizarlos?
—Aprende antes de salir.
—¿Y si no aprende?
Marcos levantó la mirada.
—No sale. —Olivia asintió—. La montaña no perdona muchos errores.
Aquella frase cambió ligeramente el tono.
Olivia lo observó. Ya no estaba mirando al hombre guapo que había entrevistado dos días atrás; estaba mirando al rescatista, al hombre que hablaba de la montaña con respeto. Y eso le gustó mucho más de lo que debería.
“Genial. Ahora también me parece interesante cuando habla de trabajo” .