Rescátame por Navidad 2 #3
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—¿Y cuándo lo consideráis malo de verdad? —preguntó ella, enarcando una ceja.

—Cuando deja de nevar así y empieza a nevar de lado —aclaró, ladeando su cuello.

Olivia asintió sin saber cómo encajar aquello.

—Ya veo.

Ella volvió a sonreír.

Aquello era diferente, no era el Marcos de la entrevista, cuidadosamente profesional delante de una cámara, pero tampoco era el hombre de monosílabos que había conocido después de apagarla.

Era simplemente un hombre tomando un café. Un hombre que, por alguna razón, parecía bastante más agradable de lo que ella había decidido creer.

La camarera dejó un café sobre el mostrador.

—¿Lo de siempre, Marcos?

—Sí, gracias.

Olivia lo miró de reojo y se mordió el interior de la mejilla para no reírse de su propio pensamiento que, obviamente, iba sobre él.

Marcos cogió su café para llevar y la miró.

—¿Cómo va el rodaje?

La pregunta la sorprendió ligeramente.

—Bien… muy bien. Hoy estamos grabando el pueblo y después queremos tomar algunas imágenes del mercado navideño.

—He visto que habéis estado por la plaza.

Hubo un pequeño silencio en el que ella se limitó a asentir, sin saber qué decir. Se consideraba una chica parlanchina y jovial; ¿por qué narices tenía que quedarse sin palabras precisamente en aquella situación?

—Hoy… ¿no trabajas? —preguntó, pestañeando varias veces.

—No, hoy estoy de guardia. —Luego miró a la mujer que le tendía el café—. Gracias. —Se volvió de nuevo hacia Olivia—. Bueno, será mejor que me vaya antes de que mis compañeros decidan que he sido secuestrado —dijo, tomando el café en su mano.

“¿Secuestrado? Hombre... si supieras la cantidad de cosas que se me están pasando por la cabeza ahora mismo, probablemente llamarías a tus compañeros para que vinieran a rescatarte” .

—Je, je… ya —respondió ella, encogiéndose de hombros—. Nos vemos, Marcos.

Él la miró y se despidió con un ligero movimiento de cabeza.

—Nos vemos, Olivia.

Se giró para observarlo alejarse y tuvo que obligarse a tragar saliva.

“Vale. Se va. Muy bien. Adiós, Marcos. Qué hombre tan educado, tan tranquilo, tan... Madre mía, ¡ese trasero debería tener vigilancia propia!” .

Olivia parpadeó y apartó la mirada.

“¿Pero qué demonios estoy pensando? ¿En secuestrarlo? ¿Ahora también voy a secuestrarle el trasero? Olivia, compórtate — se riñó a sí misma —. Es un guardia civil, un rescatista, una persona, no un monumento nacional al que puedas mirar descaradamente” .

Volvió a mirar hacia la puerta justo a tiempo para verlo desaparecer.

“Aunque, técnicamente, si yo me perdiera voluntariamente, él tendría que venir a rescatarme… mmm…” .

Se quedó quieta.

“No. No. Nooo” .

Se giró hacia la mujer que preparaba los cafés.

“Definitivamente, necesito un café” .

—¿Te lo llevo a la mesa? —le preguntó. Ella pestañeó varias veces y la miró sin comprender—. Los cafés… —le mostró la bandeja—, ¿vas a alguna mesa?

—Sí, sí… claro —rio como una tonta.

La mujer salió de detrás de la barra con la bandeja y fue hacia una mesa.

—¿Esta está bien? —preguntó, refiriéndose a la mesa.

—Sí, es perfecta —dijo, dejando la cámara sobre la mesa y comenzando a quitarse el abrigo—. Muchas gracias.

—¿Quieres algo para comer?

—Cuando vengan mis compañeros pediremos algo seguramente —le sonrió mientras se sentaba—. Los estoy esperando.

La mujer asintió.

—Lo imaginaba… —le sonrió—, no esperaba que fuesen para ti los cuatro cafés.

Ella rio y asintió mientras la mujer se iba de nuevo a la barra para seguir atendiendo.

Olivia cerró los ojos unos segundos, intentando calmarse.

“Vale, Olivia, cálmate y respira tranquila. Tienes que comportarte como una profesional. Él es un rescatista, un hombre que se dedica a salvar vidas, un compañero de trabajo durante este proyecto. Nada más” .

Abrió el sobre de azúcar y lo echó en el café solo, luego comenzó a darle vueltas con la cuchara.

“Un rescatista muy atractivo. Con unos ojos preciosos. Y unos labios…” .

Olivia apretó los labios.

“No. Los labios no se miran. Los labios se utilizan para hablar y él habla bastante bien, para qué engañarnos” .

Hizo una pausa mental.

“Y tiene una sonrisa… Una sonrisa que debería venir con una advertencia sanitaria” .

Bajó la mirada hacia su café.

“Y ese cuerpo…” .

“¡Olivia!” .

“Solo estoy haciendo una observación objetiva” .

“No hay absolutamente nada objetivo en esto” .

“Vale. Es alto, fuerte, tiene unos hombros increíbles, unas manos enormes y…” .

Se quedó pensativa un momento.

“Y un trasero que debería estar protegido por Patrimonio Nacional” .

Olivia cerró los ojos.

“¡Basta!” .

Miró alrededor, asegurándose de que nadie estuviera observándola, como si pudieran escuchar sus pensamientos.

“Es un guardia civil, tú eres una profesional, tienes veintiséis años, una carrera, un documental que terminar y suficiente dignidad para no pasar la tarde imaginando cosas sobre el culo de un hombre que conoces desde hace tres días. Aunque... ¡qué culo!” .

—¡Olivia! —se reprendió a sí misma en voz baja.

“Se acabó. Ni una palabra más” .

Cogió el vaso y dio un largo sorbo a su café.

“El café, piensa en el café —se obligó a sí misma— . El café no tiene abdominales” .