Rescatada por el destino (Nobles y sirvientes 7) Capítulo 6 #3
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Capítulo 6 #3

—No lo digo por compadecerme de mí misma. Es solo que su vida era tranquila y ordenada antes de mi llegada. Y ahora tiene una esposa que no eligió por las razones correctas, un hijo que no es suyo, rumores que vigilar, una familia política que desprecia, y seguramente más trabajo del que admite.

Hetty quiso calmarla.

—Él quiso casarse con usted.

—Lo sé.

—Entonces no debería cargar usted con la culpa de haber aceptado una ayuda que él mismo ofreció.

Caroline miró a Hetty con sorpresa. La doncella se sonrojó un poco, pues acababa de recordar que no le correspondía hablar con tanta firmeza.

—Perdone, milady.

—No, no te disculpes, por favor. Tu lucidez siempre me ha ayudado.

Hetty bajó la vista y alisó una arruga inexistente en la manga del vestido.

—Solo digo que el señor Nerby no parece un hombre que haga nada por obligación si no cree que debe hacerlo.

Caroline pensó en Jake sentado frente a sus padres, con la mandíbula firme, defendiendo lo que había decidido proteger. Pensó en la cuenta de la modista, en el dinero en el banco, en la manera en que le dejaba espacio sin desaparecer del todo.

Y pensó también en los pasos de la biblioteca en mitad de la noche.

—Eso es precisamente lo que me preocupa —murmuró—. Que crea que debe sostenerlo todo solo.

Hetty se acercó con la capa y se la colocó sobre los hombros.

—Quizá debería preguntárselo.

Caroline soltó una risa breve, sin alegría.

—¿A Jake? Si le pregunto si algo le preocupa, me dirá que no.

—Entonces pregúntele otra cosa.

—¿Qué cosa?

Hetty ajustó el cierre de la capa con mucho cuidado.

—Pregúntele si quiere té cuando lo oiga en la biblioteca. Un té caliente junto a buena compañía hace milagros, y una cosa llevará a la otra. Terminará contándole qué le sucede.

Caroline la miró en el espejo. Hetty bajó la cabeza, pero no lo bastante rápido para ocultar una sonrisa pícara.

—Milady, a veces un hombre necesita un empujón.

Caroline permaneció unos segundos en silencio. Luego, muy despacio, se puso los guantes.

—Esa es una observación muy inteligente.

—Mrs. Barrow dice que en una casa se aprende más escuchando que hablando.

—Mrs. Barrow es demasiado perspicaz.

—Estoy de acuerdo, milady.

Esta vez la señora Nerby sí sonrió. Y mientras Hetty terminaba de arreglarle la cinta del sombrero, Caroline decidió que esa noche, si volvía a oír pasos en la biblioteca, no se quedaría en la cama preguntándose si Jake estaba desbordado, cansado o arrepentido.

Bajaría, no para exigirle respuestas, solo para ofrecerle té.

Hetty estaba terminando de abrochar la cinta de la capa que descansaban sobre los hombros de Caroline cuando llamaron a la puerta.

—Adelante —dijo.

La puerta se abrió, y Mrs. Barrow cruzó el umbral.

A su lado había una muchacha joven, menuda, de cabello rubio oscuro recogido bajo una cofia algo torcida.

Llevaba un vestido sencillo de lana oscura, un delantal limpio y unas manos que no sabían muy bien dónde colocarse.

Al ver a Caroline, abrió mucho los ojos, hizo una reverencia demasiado rápida y casi perdió el equilibrio.

Nell no la miró, pero su boca se apretó.

—Milady —dijo el ama de llaves—, esta es Bess Miller. La muchacha que he escogido para ayudar en la casa.

Bess tragó saliva.

—Milady —dijo con una voz tan llena de nervios que la palabra casi se le rompió por la mitad—. Es un honor, milady. Haré todo cuanto pueda, milady. Y no estorbaré. Bueno, intentaré no estorbar. Mrs. Barrow dice que estorbar es una costumbre que se cura con atención y rapidez.

Hetty bajó la mirada, pero Caroline alcanzó a ver que ocultaba una sonrisa. Nell carraspeó y Bess cerró la boca de golpe.

La mirada de Caroline mostró una calidez que no ocultó. La muchacha parecía tan decidida a hacerlo bien que resultaba imposible no querer tranquilizarla.

—Encantada de conocerte, Bess.

Los ojos grises de la joven se abrieron un poco más. No esperaba que una lady le hablara con tanta amabilidad y sus facciones mostraron sorpresa.

—Gracias, milady.

—Mrs. Barrow confía en ti —añadió Caroline—. Eso ya dice mucho.

Bess miró al ama de llaves con una mezcla de orgullo y pánico.

—No exactamente confiar, milady —corrigió Nell con sequedad—. Digamos que su deber es mostrarnos que es capaz y que no es un desastre.

La muchacha enderezó la espalda.

—No lo soy, milady. Un desastre, digo. Aprendo deprisa.

Esta vez Caroline no pudo evitar sonreír.

—Entonces esta casa tendrá suerte de contar contigo.

Bess se sonrojó hasta la raíz del cabello. Por su parte, Nell observó a Caroline durante un instante. No dijo nada, pero en sus ojos castaños hubo algo parecido a la aprobación.

—Empezará esta tarde —informó—. Primero en la cocina. Después veremos si puede subir escaleras con una bandeja sin poner en peligro la vajilla del señor Nerby.

—Puedo, Mrs. Barrow. —Se apresuró Bess—. Casi siempre.

Hetty tosió para disimular una risa. Caroline se llevó una mano al pecho y la preocupación por Jake aflojó un poco. Era consciente de que la casa estaba cambiando. No sin torpezas, dudas o bandejas en peligro. Pero estaba cambiando. Y le agradaban esos cambios. Mucho.