16. Cuando el Renacimiento conquistó el mercado #5
Ese dominio del repertorio clásico le llevó a Palladio a realizar una nueva publicación con la que trataba de ir mucho más lejos que aquel catálogo de antigüedades que había editado en 1554.
El resultado fueron Los cuatro libros de la arquitectura , que aparecieron en 1570, con más de doscientas ilustraciones del propio Palladio, que pudo aprovechar la sobresaliente industria impresora veneciana.
Al contrario de Serlio o Vignola, que apostaron por unos tratados en los que planteaban unas proporciones básicas y un amplio abanico de elementos clásicos para combinar de forma libre, Palladio hizo un trabajo que podemos definir como más constructivo.
Así, en el libro primero se estableció un nuevo canon de proporciones, pero sobre todo Palladio habló de materiales, herramientas de trabajo, formas de construir, reuniendo todo en un proyecto que se basaba, por supuesto, en su canon de proporciones.
En el libro segundo, Palladio presentó sus propios proyectos, explicando cómo los había desarrollado, es decir, demostrando la validez de lo ya mostrado en el libro primero.
El tercer libro ya era un repertorio de tipologías, explicando Palladio cómo podían construirse los edificios públicos, las plazas, las calles o los puentes.
Finalmente, en el cuarto libro, recuperó su viejo estudio sobre las antigüedades romanas, que en gran medida venía a justificar todo lo explicado en los tres libros previos.
Por cierto, entre todas esas antigüedades romanas, Palladio también incluyó el templete de San Pietro in Montorio de Bramante, con lo que Palladio consideraba que Bramante, en San Pietro, había alcanzado el exquisito nivel del viejo mundo romano.
El resultado fue un tratado que no se limitaba a explicar los principios vitruvianos, como habían hecho Sagredo y Serlio en su primer libro, o a permitir la combinación libre de los elementos clásicos, como hizo Serlio en sus siguientes libros o Vignola.
Palladio elaboró un verdadero manual del buen arquitecto constructor clásico, si bien es cierto que dando soluciones muy contenidas.
Probablemente, el didactismo de sus explicaciones y la sobriedad de sus proyectos fue lo que hizo que el palladianismo tuviera un éxito destacado en la Inglaterra del siglo XVII y, más tarde, en los Estados Unidos a partir del siglo XVIII .
A esto se añadiría el hecho de que, mientras Vignola y sus seguidores establecían el modelo arquitectónico de la Reforma católica, en Palladio ese apoyo al catolicismo quedó totalmente diluido, de modo que, cuando el mundo anglosajón apostó por el arte clásico desde comienzos del siglo XVII , pudo hacerlo siguiendo a un Palladio que para esos ojos anglosajones era menos papista .
Entre 1575 y 1576, un nuevo brote de Peste Negra asoló Venecia, quitando la vida a numerosos habitantes de la ciudad, incluido el octogenario Tiziano. En pleno estado de emergencia, el Senado veneciano decidió levantar una iglesia al Redentor si les libraba de la epidemia.
El proyecto le fue encomendado a Palladio, comenzando las obras en 1577. La iglesia se concluiría en 1592, cuando ya había muerto el maestro. En cierta medida, Il Redentore se asemeja a San Giorgio Maggiore, si bien ya hay algunos cambios sutiles.
Il Redentore también tenía una planta de cruz latina, con una nave central y dos laterales, de nuevo separadas por pilares corintios que soportaban arcos de medio punto.
El transepto, marcado con el crucero cubierto por una cúpula sobre tambor.
Y después el presbiterio, tras el que se situaba el coro.
En la fachada, la misma solución que se puso en San Giorgio: la calle central cerrada con cuatro pilastras colosales rematadas por un frontón triangular, con las calles laterales cubiertas por medios frontones a modo de aletones.
Entonces, ¿en dónde se dio el cambio? En las naves laterales, que ya no eran pasillos libres, sino una sucesión de capillas, siguiendo, aquí sí, el modelo tridentino.
Cuando Palladio falleció en 1580, la mayor parte de sus proyectos estaban aún en construcción. Es más, la muerte le sorprendió cuando estaba supervisando unas reformas en la villa Barbaro. No dejó una fortuna a sus herederos. Todo lo contrario, hasta el final tuvo una vida bastante modesta.
Sin duda, el empeño de publicar sus trabajos era la demostración de que quería dejar un legado para el futuro. Lo consiguió, pero posiblemente no como él esperaba, pues, como decíamos antes, los palladianos fueron sobre todo los arquitectos anglosajones anglicanos.
En cualquier caso, con los trabajos atrevidos de Vignola que siguieron los arquitectos católicos y esa sobriedad palladiana que había de enraizar en el mundo protestante, parecía cerrado el arte del Renacimiento, aquella vuelta al buen arte clásico que Julio II en su nuevo San Pedro del Vaticano había convertido en el arte católico por antonomasia.
Pero, si pensáramos esto, estaríamos olvidando que el mejor ejemplo de ese arte renacentista, clásico y católico, se habría de levantar muy lejos de Roma: el monasterio de El Escorial, que ordenó construir Felipe II.