Renacimiento 16. Cuando el Renacimiento conquistó el mercado #4
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16. Cuando el Renacimiento conquistó el mercado #4

Ahora, el púlpito se convirtió en un elemento indispensable de las iglesias católicas, desde donde el sacerdote había de impartir el sermón como complemento didáctico de las lecturas bíblicas.

La Reforma había demostrado que muchos cristianos se habían convertido a las diferentes iglesias protestantes por esas interpretaciones inesperadas de la Biblia.

Había que evitarlo haciendo que el sacerdote en misa mostrase la interpretación ajustada al dogma católico.

En cuanto a la presencia de esas numerosas capillas donde antes estaban las naves laterales, también era un gesto contra la Reforma protestante, que había rechazado el culto a las imágenes.

Con esa abundancia de capillas lo que se facilitaba era precisamente la presencia de esas imágenes, con diferentes advocaciones de la Virgen o los santos.

Por último, tanto en la fachada planteada por Vignola como en la ejecutada por Giacomo della Porta, la idea era una entrada sin nártex, sin ese elemento intermedio que había sido tan útil siglos atrás en la conversión de los paganos.

Ahora no había transición alguna. El fiel ingresaba a la iglesia, sin entretenerse en espacios intermedios.

El tiempo mostrará como este rigor tridentino habría de ir relajándose y los pórticos volverán a aparecer desde el siglo  XVII para comodidad de los fieles, en muchos casos, teniendo que ser incorporados a las iglesias del  XVI .

Vignola murió en 1573. Aunque sus obras fueron concluidas a posteriori , sus principios quedaron. El arquitecto podía hacer los diseños más osados, pero el espacio había de ajustarse a su función, obviando esa geometría. Unos principios que habrían de seguirse en el mundo católico.

Mientras tanto, en Venecia, Palladio había apostado por unas soluciones más sobrias. Habíamos dejado a Palladio precisamente cuando llegó a Venecia en 1554 de la mano de Daniele Barbaro y dijimos que fue entonces cuando logró llevar a cabo sus obras más destacadas.

Hemos de entender que, para esos mediados del siglo  XVI , los dos grandes mercados del arte de Italia eran la Roma de los papas y Venecia.

En Roma, pese al saqueo sufrido en 1527, los papas lograron mantener esa vanguardia artística que habían establecido desde comienzos del siglo  XVI , sobre todo, gracias a los trabajos que hemos visto de un Miguel Ángel maduro.

A la par, a eso de mediados del siglo  XVI , Venecia aún ostentaba un poder político, económico y también un influjo artístico notable en un momento en el que, como vimos antes, ese arte veneciano estaba dominado por Tiziano y Sansovino .

Tiziano, nacido en 1488, para 1550 era de los pintores más consolidados de Europa, pues al realismo propio del Renacimiento había añadido una forma muy atractiva de tratar la luz.

A sus clientes venecianos se habían unido los romanos, incluido el cardenal Farnesio, además de ser el pintor más solicitado por el emperador Carlos V y el hijo de este, el futuro Felipe II.

Tiziano había creado escuela y sus discípulos habían sabido insertarse en ese gran mercado europeo.

Los más destacados fueron Tintoretto (nacido en 1518), alumno directo de Tiziano, y el Veronés (nacido en 1528), establecido en Venecia desde 1553, que fue un colaborador habitual en los proyectos de Palladio.

Si Tiziano dominaba la pintura, en arquitectura y escultura el gran maestro era Jacopo Sansovino. Nacido en Florencia en 1486, se formó entre su ciudad natal y Roma, donde llegó a tratar con Bramante, Rafael o Miguel Ángel.

Tras el saqueo de Roma de 1527, se trasladó a Venecia, donde fue nombrado protomaestro de los procuradores de San Marcos, algo así como el arquitecto mayor de Venecia.

Es más, cuando Palladio llegó a Venecia a partir de 1554, siempre supo respetar al maestro Sansovino, con quien ya había colaborado en el pasado y a quien sucedió como arquitecto mayor de Venecia a la muerte de este en 1570.

Pese a las vicisitudes políticas contra los turcos en el Mediterráneo oriental y contra los Habsburgo en la Terra Ferma, para 1550, la República de Venecia aún se consideraba con fuerzas para sentarse en el tablero internacional, sobre todo, gracias a la relativa alianza que mantenía con la Monarquía Hispánica y el papado en su lucha contra los turcos.

Fue en ese ambiente de relativo optimismo cuando Palladio llega a Venecia, cierto que sin abandonar ni sus trabajos en Vicenza ni la construcción de villas campestres, incluida su villa más famosa: la villa Capra, también conocida como la Rotonda .

Iniciada en 1566 y concluida tras la muerte del maestro, se encuentra situada a las afueras de Vicenza, sobre un pequeño promontorio, junto al río Bacchiglione, dominando la llanura.

Aquí Palladio, de acuerdo con el dueño del edificio, el presbítero Paolo Almerico, vicario papal, realizó un ejercicio de geometría perfecta al diseñar una villa de planta cuadrada con las cuatro fachadas idénticas, todas ellas con unos pórticos de columnas jónicas soportando un frontón.

Al interior, los pasillos provenientes de cada pórtico confluyen en el salón central circular, cubierto por una cúpula semiesférica.

El resultado fue un edificio simétrico desde cualquiera de sus ejes, donde ese empeño por la simetría se impone sobre cualquier cuestión funcional.

La geometría por la geometría, eso sí, la más sencilla, un círculo inscrito en un cuadrado, lejos de los alardes de Vignola, unos alardes que aun así sabían ajustarse a las funciones tradicionales del espacio.

Junto a todas estas villas (hemos mencionado dos, pero entre 1554 y 1580 Palladio pudo llegar a diseñar hasta veinte de estas villas), el maestro también se involucró en una serie de grandes obras en la ciudad de Venecia.

A partir de 1560, Palladio comenzó a trabajar en el monasterio benedictino de San Giorgio Maggiore, la abadía más importante de Venecia, situada en la isla del mismo nombre, San Giorgio, frente a la plaza de San Marcos, canal de la Giudecca por medio.

En ese año de 1560, los monjes de San Giorgio le encargaron a Palladio rehacer el refectorio del cenobio, un lugar importante en la vida veneciana, pues cada 26 de diciembre los benedictinos recibían en ese refectorio a las autoridades de la ciudad, así como a los visitantes distinguidos de la misma, para celebrar a san Esteban, cuyas reliquias se conservaban en el monasterio desde el siglo  XII .

El refectorio se situó en un edificio propio perpendicular a los claustros meridionales del monasterio, en un eje dirección norte-sur, a una altura por encima de esos claustros. Para salvar el desnivel, Palladio colocó un primer vestíbulo cupulado, donde ubicó la escalera que subía al refectorio.

Después, emplazó un segundo vestíbulo, construyendo a cada lado de la puerta que daba paso al comedor sendos lavamanos, contenidos en unas hornacinas coronadas por frontones triangulares.

Finalmente, se accedía al refectorio, una sala inmensa de casi 40 metros de largo cubierta con una bóveda de cañón, y para cuya cabecera el Veronés pintó Las bodas de Caná .

Jesús y la Virgen se encuentran sentados en medio.

Junto a ellos, los personajes más distinguidos de la época: Carlos V, Solimán el Magnífico, los reyes de Francia e Inglaterra.

De modo que cuando los venecianos más ilustres se sentaban a comer con los benedictinos también lo hacían en compañía de los príncipes de su tiempo, los únicos dignos de estar junto a los ilustres de Venecia.

Este optimismo de los venecianos quedó pausado en 1565, cuando la flota otomana sitió la isla de Malta, que fue heroicamente defendida por los caballeros hospitalarios, que lograron hacer huir a los turcos tras provocarles miles de bajas.

El éxito de los caballeros de Malta dio un respiro a toda la cristiandad occidental, y muy en especial a los venecianos, volviendo los buenos ánimos a la ciudad de la laguna.

En ese ambiente de bonanza fue en el que se le encargó a Palladio que, tras terminar el refectorio, rehiciera la iglesia de San Giorgio Maggiore, un proyecto que presentó en marzo de 1566 y que se puso en marcha de inmediato (aunque la obra se terminaría en 1611, cuando Palladio llevaba ya muerto treinta años).

Curiosamente, la planta de la iglesia de San Giorgio, pese a estar proyectada tras el concilio de Trento, no siguió los planteamientos de dicho concilio, como vimos que sí había hecho Vignola en Il Gesù.

En San Giorgio, pese a aprovechar todo el repertorio clásico para su construcción, su organización espacial mantuvo el modelo pretridentino propio de Venecia.

La iglesia tenía una planta de cruz latina y constaba de tres naves, separadas por pilares corintios que soportaban arcos de medio punto. La nave central, más elevada; las laterales, más bajas y que aún funcionaban como pasillos por donde podían deambular los fieles.

El transepto estaba bien marcado, con una gran cúpula sobre el crucero, después del cual se situaba el presbiterio en dos tramos. Detrás del presbiterio, un alargado coro en una posición habitual para las iglesias latinas de oriente, pero que ya no se empleaba en la cristiandad occidental.

Palladio mostraba así que era capaz de manejar el repertorio clásico sin alterar la disposición espacial propia de las iglesias venecianas que remontaba al mundo medieval. Aquí no había ninguna concesión a una geometría audaz, como sí había logrado Vignola en sus iglesias romanas.