Renacimiento 13. Los sueños de grandeza de los reyes de Francia #5
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13. Los sueños de grandeza de los reyes de Francia #5

A partir de ese momento, Fontainebleau podía haber seguido el camino de Chambord y dotarse de una nueva muralla exterior que rodease el conjunto, pero no fue el caso.

Francisco I hizo que el palacio siguiera creciendo mediante el añadido de nuevas áreas abiertas, como el que actualmente se conoce como patio de Honor (también llamado patio del Caballo Blanco), donde hizo levantar las dependencias para los servidores de la corte, o el propio patio de la Fuente, que comunicaba su galería con el estanque de Carpas, situado al sur .

Es decir, Francisco I por fin abandonó las viejas fórmulas medievales que habían dominado los castillos del Loira para apostar por soluciones que claramente apelaban a las villas italianas renacentistas, con amplios pabellones insertos en el paisaje ajardinado.

Todas estas modificaciones que estamos comentando se pusieron en marcha a partir de 1530 y se aceleraron, sobre todo, a partir de 1537.

¿Qué había cambiado entonces? Para comenzar, en 1529, se había firmado la paz de las Damas, que ponía fin, por el momento, al enfrentamiento que había entre el emperador Carlos V y Francisco I.

En la corte Habsburgo corrían nuevos aires artísticos.

Tras el saqueo de Roma de 1527, Carlos V había decidido apostar firmemente por el arte clásico para dejar claro su apego al papa.

En los encuentros entre las cortes que propició la paz de las Damas debió quedar patente ese cambio del gusto artístico del emperador.

Francisco I, que desde quince años atrás coqueteaba con el arte italiano, debió considerar que era el momento de demostrar que él había dado ese paso hacia las modas italianas mucho antes.

Con motivo de su nueva boda con Leonor de Austria, una de las condiciones del tratado de paz, Francisco I recibió numerosos bocetos de obras de arte para celebrar el acontecimiento.

Entre ellos, uno dedicado a Marte y Venus elaborado por Rosso Fiorentino (1495-1540), una alegoría que mostraba como el dios de la guerra había de apartarse, tras la paz de las Damas, ante el avance de la diosa del amor, esa unión de Francisco I y Leonor.

Rosso Fiorentino había nacido en 1494 en Florencia, donde se formó. A partir de 1517 comenzó a viajar por toda la Toscana y en 1523 se instaló en Roma, donde permaneció hasta el saqueo de 1527. En esos años, Rosso tuvo ocasión de estudiar el trabajo de Miguel Ángel en la Sixtina.

Tras el saqueo de Roma, Rosso volvió a su actividad itinerante, de nuevo por la Toscana, hasta que envió ese grabado que solicitaba Francisco I sobre Marte y Venus, tras lo cual fue llamado a Francia, donde, como decíamos antes, en esos años el rey francés hacía todo lo posible por atraerse a los artistas italianos, sobre todo toscanos, porque ahora Francisco I sí quería favorecer el Renacimiento y ya no solo sus fantasías y las de Leonardo.

Desde 1530, encontramos a Rosso establecido en Fontainebleau, donde se encargó, sobre todo, de la decoración de esa gran galería que Francisco I había ordenado construir en perpendicular a la vieja torre del homenaje medieval.

El resultado fue el establecimiento de la llamada Escuela de Fontainebleau, donde a la sombra de Rosso trabajarían numerosos pintores italianos, imitando las soluciones decorativas propias del Renacimiento: grandes composiciones mitológicas en fresco o en estuco, donde a base de alegorías se cantaban las glorias de la monarquía francesa.

Rosso murió en 1540 y fue sustituido por el boloñés Francesco Primaticcio (1504-1570), que siguió con esa labor de imponer las formas italianas, incluyendo en su taller a artistas franceses que empezaron a difundir las novedades del Renacimiento por el resto de Francia.

Esa obsesión por que fueran los artistas italianos los que llevaran adelante su palacio de Fontainebleau hizo que en 1541 Francisco I quisiera contratar a Sebastiano Serlio, quien, pese a trabajar en Fontainebleau, muy pronto dejará su puesto ya a un maestro francés, Gilles Jamin.

Para cuando Francisco I murió en 1547, las obras en Fontainebleau no habían concluido y el palacio siguió transformándose durante el reinado de su hijo Enrique II (1519-1559), para después sufrir nuevas transformaciones durante los siglos  XVII y  XVIII y hasta los tiempos de Napoleón.

En cualquier caso, con Fontainebleau Francisco I había logrado que el arte clásico ya se hubiera convertido en la norma de los creadores franceses .

Cuando Carlos V cruzó Francia en 1539, Francisco I le recibió de forma ostentosa en sus grandes obras, como Chambord o Fontainebleau, con objeto de demostrarle al emperador como en esa competición por ver quién de los dos monarcas había logrado asumir mejor el arte clásico el francés ganaba.

Porque, para mediados del siglo  XVI , el Renacimiento italiano propio de los papas ya dominaba las cortes de los Valois y también las de los Habsburgo como demostración del catolicismo de estos monarcas y también de su prestigio.

Solo los Tudor en Inglaterra rechazaron el Renacimiento.

Fue lógico. A partir de Enrique VIII, con la excepción del reinado de María I (1516-1558), Inglaterra no solo abandonó el catolicismo, sino que lo combatió abiertamente, de modo que el arte renacentista fue prácticamente rechazado.

Sin embargo, los manuales hablan de un Renacimiento inglés. ¿Realmente existió?