13. Los sueños de grandeza de los reyes de Francia #2
Pero estas novedades no fueron asumidas ni por el rey ni por la mayor parte de su nobleza.
No ha de sorprendernos esta actitud de Luis XII.
Su formación había sido bastante parca. Tenía que aspirar a convertirse en el buen caballero cristiano.
En ese sentido, la defensa de la tradición era clave y, como ocurrió con los Habsburgo, tuvo un claro apego por las tradiciones medievales .
Luis XII había nacido en el valle del Loira, en el castillo de Blois, y esta fortaleza fue su favorita durante la mayor parte de su reinado, hasta el punto de que la hizo reconstruir entre 1498 y 1503 por los maestros Colin Biart (1460-1525) y Jacques Sourdeau (†1530).
Del castillo previo, Luis XII mantuvo la gran sala de los Estados, levantada en el siglo XIII , una estancia de grandes dimensiones organizada en dos naves separadas por columnas soportando arcos ojivales.
La decoración pictórica actual es fruto de una restauración del siglo XIX imitando la policromía original.
Además, se conservó la galería de Carlos de Orleans (1394-1465), el padre de Luis XII, de la que se conserva una parte en la que podemos ver un pórtico inferior con pilares octogonales que soportan arcos carpaneles, todo en piedra, sobre los que se levanta un nivel en ladrillo, con ventanas enmarcadas en piedra, todo cerrado por una cubierta de pizarra.
Esta combinación de materiales había de marcar las reformas de Luis XII, comenzando por la gran crujía norte-sur que el rey hizo levantar entre la galería de Carlos de Orleans, al sur, y la sala de Estados, al norte.
Con todo, podemos ver bien el cambio de gustos entre la galería de Carlos de Orleans y la de su hijo Luis XII.
En esta, los pilares y columnas del pórtico presentan una rica decoración aplicada (en esencia, a base de flores de lis).
Por encima arcos carpaneles, que ya dan paso a un segundo nivel donde las ventanas presentan molduras mucho más ornamentadas.
De igual manera, en las cubiertas de pizarra se sitúan unas ventanas rematadas por gabletes claramente apuntados.
Es decir, esa exageración, ese atrevimiento de las formas góticas surgidas en la escuela borgoñona y que según avanzaba el siglo XV se volvían todavía más recargadas allí donde se imitaban.
Para rematar esta reconstrucción de Blois, Luis XII rehízo la capilla real del palacio, situada detrás de la galería de su padre, dedicada a san Carilefo y de nuevo dominada por las formas góticas, una obra que concluyó en 1508.
Esta querencia por las formas góticas y, sobre todo, en los edificios religiosos se hace aún más visible en la torre de Santiago de París, campanario de la desaparecida iglesia de Santiago de la Carnicería.
Esta torre fue levantada entre 1509 y 1523 dentro de esas formas góticas recargadas propias del siglo XVI y sin ninguna concesión al lenguaje clásico.
Como ya indicamos, Luis XII murió en enero de 1515.
Su sepultura fue ordenada por su sucesor, Francisco I, en 1516.
Se encuentra en la basílica de Saint-Denis.
Los cuerpos yacentes del rey Luis XII y la reina Ana de Bretaña aparecen dentro de un templete de arcos de medio punto sobre columnas clásicas.
En los intercolumnios, las figuras de los apóstoles.
En las esquinas, las de las virtudes. Coronando el templo, arrodillados y sin corona, de nuevo los reyes, Luis y Ana.
Todo el conjunto ya encaja dentro de las formas del Renacimiento italiano.
Pero no nos llamemos a error. Aunque la tumba fue encargada en 1516, los trabajos no comenzaron realmente hasta 1519 y fueron concluidos en 1531, un periodo en el que muchas cosas cambiaron en la política y el arte francés, dominados ambos por la figura del rey Francisco I, que fue el monarca que por fin aceptó plenamente las modas renacentistas.
Francisco de Angulema, futuro Francisco I, nació el 12 de septiembre de 1494 en Cognac, en el Angoumois. Su padre era Carlos de Orleans (1459-1496), bisnieto del rey Carlos V de Francia. Su madre, la princesa Luisa, hija de Felipe II, duque de Saboya (1438-1497).
Dos años antes, Luisa y Carlos ya habían tenido a su primera hija, Margarita (1492-1549). De esta forma, los condes de Angulema habían constituido una pequeña familia de una rama secundaria de los reinantes Valois.
En 1496, Carlos de Angulema murió con tan solo treinta y siete años. Luis de Orleans, futuro Luis XII, se convirtió en el tutor de Francisco, el hijo del fallecido Carlos de Angulema, una tutoría que compartía con la madre del niño, Luisa de Saboya.
En el momento de quedarse viuda, Luisa solo tenía diecinueve años.
Hasta entonces, había disfrutado de la pequeña corte de Angulema, donde pudo apreciar la biblioteca de los condes, incluyendo la que ella misma había ido creando junto a su marido, quien había hecho instalar la primera imprenta de Angulema en 1491.
En esa biblioteca, inventariada tras la muerte de Carlos de Angulema, había algunos libros religiosos (de la Biblia a tratados espirituales o libros de horas), incluyendo una Imitación de Cristo , ese tratado de Kempis tan de moda en las cortes principescas de la segunda mitad del siglo XV que promovió la devotio moderna , que ya hemos mencionado varias veces y que abogaba por una correcta moral cristiana individual.
También había varios tratados de filosofía, algunos de Aristóteles, y de historia. Algunos ensayos de maravillas, tan del gusto medieval, una mezcla entre geografía y fantasía.
Con todo, la temática más abundante eran las novelas de caballería, en especial, de los caballeros de la Mesa Redonda, comenzando por Lanzarote del Lago.
Vemos como ese gusto por los relatos caballerescos marcó la forma de actuar de estos príncipes de finales del siglo XV , pues ya hemos mencionado como fueron aficionados a los libros de caballería tanto Carlos VIII como Luis XII de Francia o el emperador Carlos V, además del joven Francisco.
Hemos de entender que Luisa de Saboya, como su difunto marido, estaban perfectamente insertos en ese mundo bajomedieval que hemos podido ver en las cortes borgoñona, francesa o castellana, donde el mundo clásico era conocido a través de los tratados de Aristóteles o las vidas de los grandes reyes y emperadores del mundo grecorromano.
Pero, sobre todo, eran príncipes ajustados al principio moral del buen caballero (o la buena dama) cristiano.
Una moral cristiana que, además, permitía alardes de prestigio a través de ese arte recargado surgido en el mundo borgoñón.
Estas fueron las formas de tradición medieval que habrían de dominar la corte de Luisa de Saboya durante los años de minoría de edad de su hijo Francisco.
Como hemos visto, en 1498, el rey Carlos VIII murió sin herederos, y el trono pasó a su tío Luis de Orleans, convertido en Luis XII, quien hizo traer a su protegido, el niño Francisco de Angulema, junto con su madre Luisa de Saboya y su hermana Margarita de Angulema a la corte real a Blois.
Allí, el monarca encargó la educación del joven Francisco al mariscal De Gié (1451-1513), un avezado militar que había salvado a Luis XII en sus campañas italianas.
El mariscal De Gié fue responsable de las ganas de aventura que caracterizaron al futuro rey Francisco I. En 1506, Gié fue sustituido por Artus Gouffier de Boisy (1474-1519), otro notable militar, y también avezado diplomático.
Junto a esta formación militar, Francisco también tuvo una serie de preceptores más eruditos, como François de Moulins de Rochefort (h.
1470-1526), que logró que el futuro rey adquiriera algunos rudimentos del latín y algunas lecturas clásicas, o Christophe de Longueil (1488-1522), un eminente jurista.
Aún hay otro nombre que suele aparecer en las biografías más habituales de Francisco I, Giovanni Francesco Conti (1484-1557), un notable poeta lombardo que habría sido el responsable de un supuesto gusto del joven Francisco por la poesía italiana (y con ello, el arte italiano en general).
Si bien Conti tuvo varias estancias prolongadas en Francia (en 1503, 1509, a partir de 1512), en ninguna de ellas tenemos documentado que enseñase a Francisco. Otra cosa es que años después, ya con Francisco I como rey, el monarca apoyara a Conti en sus ambiciones académicas en Italia.
En enero de 1514 murió la reina Ana de Bretaña y, en mayo de ese año, Claudia de Francia, hija de la difunta reina, contrajo matrimonio con Francisco de Angulema.
Claudia era una mujer pequeña, poco agraciada y con escoliosis.
Su educación había sido básicamente religiosa, siendo una persona especialmente piadosa.
Desde su matrimonio con Francisco, supo de la necesidad de darle herederos, algo que haría de manera casi anual, pues hasta su muerte en 1524 le dio siete hijos a su marido.
Tras la muerte de Luis XII en enero de 1515, Francisco de Angulema a sus veinte años se convirtió en el nuevo rey como Francisco I.
Hagamos balance de cuál había sido su formación antes de ser rey.
No había destacado por su gusto por la erudición clásica, pese al empeño de Moulins de Rochefort, pero sí por los libros de caballería, tan queridos por sus padres, y una afición por las aventuras caballerescas adquiridas junto a De Gié.
Por tanto, el joven Francisco I no se distinguía mucho de otros príncipes de su tiempo. Una buena formación religiosa pero con unos tintes heroicos que le llevaban a creerse el verdadero caballero cristiano. Una imagen muy similar a la de su contemporáneo Carlos V.
No estamos ante el joven rey renacentista y humanista que nos han pretendido vender.
Es más, la madre de Francisco, que había decidido dedicar toda su vida a lograr lo mejor para su hijo, le había convencido de que él estaba llamado no a ser solo el verdadero caballero medieval, sino el nuevo césar de la cristiandad.
El césar como modelo de príncipe máximo, no en su lectura clásica.