12. Una casa para el emperador los palacios de Carlos V #2
Ya en el siglo XVIII los ilustrados vieron el palacio como el triunfo de la razón sobre las pasiones musulmanas, mientras que, en el siglo XIX , los románticos renegaron de una obra que vino a romper el esplendor nazarí.
Lo más llamativo, con todo, es que fue una obra un tanto atrevida para cuando se planteó, en 1527, cuyos trabajos tardaron en comenzar hasta 1535 y que realmente no se concluyeron, pues en 1637 se interrumpieron las obras sin cubrir aún el espacio y fue a mediados del siglo XX , ya pensando en su uso como museo, cuando se habilitó el edificio, sin llegar a completar todo el proyecto de Machuca.
Pero, de todo este debate, vamos a centrarnos en por qué Carlos V mandó hacer un palacio como el que se pretendió hacer .
Para 1526, el alcalde de la Alhambra, además de prefecto de las tropas del reino de Granada, era Luis Hurtado de Mendoza (1489-1566), marqués de Mondéjar, hijo del Gran Tendilla y sobrino nieto del cardenal Mendoza.
Ya vimos más arriba como el Gran Tendilla influyó en las obras renacentistas que aquí y allá se fueron haciendo para los miembros de su familia.
El marqués de Mondéjar había heredado el gusto de lo italiano por su padre; de ahí que no dudó en contratar a Pedro Machuca a partir de 1520 para que se hiciera cargo de las obras de mantenimiento de la Alhambra.
Machuca había nacido en Granada hacia 1490 y sabemos que para 1512 estaba en Roma, donde pudo aprender tanto de Miguel Ángel como de Rafael, de modo que a su vuelta a España en 1520 trae todo su bagaje de arte renacentista.
El marqués de Mondéjar pudo querer un hombre formado en Italia, porque, cuando en 1526 se propuso ese proyecto del palacio de Carlos V en la Alhambra, la idea de introducir un palacio clásico en el interior de una fortaleza de tradición andalusí ya se había hecho antes en el castillo de la Calahorra, que vimos más arriba, donde el marqués de Cenete, tío del marqués de Mondéjar, había mandado construir un patio renacentista, a partir de 1512, en el interior de su castillo mudéjar.
Así pues, Mondéjar bien pudo defender frente a Carlos V la idea de meter un edificio clásico dentro de una fortificación de tradición andalusí como ya se había hecho en la Calahorra.
Carlos V dejó el proyecto de su palacio granadino en manos del marqués de Mondéjar y este se lo encargó a su maestro de obras, Pedro Machuca, quien presentó un proyecto totalmente novedoso no solo para los reinos hispanos, sino incluso para la propia Italia, pues una combinación de un edificio de planta cuadrada con un patio circular aún no había pasado del plano de lo teórico.
Lo más cercano era la villa Farnesio en Caprarola, al norte de Roma, un diseño de Antonio da Sangallo el Joven, proyectado entre 1521 y 1525, en el que se planteó una fortaleza de planta pentagonal con un patio circular interior.
Es cierto que esa villa Farnesio no se comenzó a construir hasta 1530, avanzando de forma muy lenta, hasta que Vignola retomó el trabajo a partir de 1559, que es cuando se levantó el edificio actual, eso sí, respetando los cimientos de Sangallo.
También las obras en Granada se atrasaron, pues no dieron comienzo hasta 1535.
Hemos de preguntarnos si ese parón entre 1527 en que Machuca propuso su proyecto y el inicio de las obras de 1535 no obedeció al cambio de gusto experimentado por el propio emperador.
Es decir, el proyecto inicial de Machuca, con el visto bueno del marqués de Mondéjar, no terminó de convencer en la corte, pero tras el saqueo de Roma y con los nobles de Carlos V apuntándose todos a las modas renacentistas, entonces no hubo dudas en lanzar el proyecto de Granada.
En cualquier caso, cuando Machuca empezó a levantar las fachadas clásicas en 1535, ese lenguaje renacentista ya se estaba imponiendo en el resto de la península ibérica, solo que, como dijimos antes, el palacio no llegó a concluirse, ni emplearse, por lo que su influencia en los artistas posteriores fue escasa.
Carlos V abandonó Granada el 10 de diciembre de 1526.
Su cuñado Luis de Hungría (1506-1526) había muerto en la batalla de Mohacs en agosto de 1526.
El trono húngaro había de pasar a Fernando (1503-1564), hermano de Carlos V, y esposo de Ana Jagellón (1503-1547), hermana de Luis.
Carlos decidió convocar las Cortes de Castilla para buscar el apoyo monetario que necesitaría su hermano Fernando para consolidarse en el trono húngaro.
Carlos V se instaló entonces en Valladolid, donde, como ya hemos contado, su esposa Isabel dio a luz a su primogénito, el futuro Felipe II, el 21 de mayo de 1527, quince días después de que las tropas imperiales hubieran saqueado Roma y encerrado al papa en el castillo de Sant-Angelo .
Ya hemos explicado como el saqueo de Roma alteró todos los planes de Carlos. Hubo de prepararse para dejar España, lo que hizo en julio de 1529, buscar la reconciliación con el papa y hacerse coronar como emperador por este ya en febrero de 1530.
Cuando Carlos V regresó a España en abril de 1533, venía con nuevas ideas en la cabeza.
Por un lado, sus cortesanos, empezando por Francisco de los Cobos, habían tenido ocasión de conocer en persona las modas romanas.
Por otro lado, Carlos, si bien había conseguido imponer su voluntad sobre el papa al asegurar el dominio de los Habsburgo sobre buena parte de Italia al tiempo que se hacía coronar emperador, tenía que demostrar que era un buen católico.
Ya en 1529 había comenzado la represión contra los luteranos alemanes, con los que hasta ese momento había sido relativamente permisivo.
Pero otro cambio que se va a dar es la imposición de las formas artísticas clásicas en sus reinos españoles, tal como hemos visto que ocurrió en las catedrales que se estaban construyendo.
Y ahora también en las residencias del propio emperador, donde se hizo notar el peso del lenguaje clásico, comenzando por aquellas auspiciadas por su secretario, Francisco de los Cobos.
Ya vimos como a su palacio de Valladolid, a su vuelta de Italia, el secretario del monarca hizo añadir una serie de medallones de claro corte clásico para ornamentar el patio.
El propio Cobos, además, lanzó un ambicioso plan constructivo en su ciudad natal, Úbeda, donde contó con el buen hacer del arquitecto Andrés de Vandelvira (1509-1575) a partir de 1536.
Si nos centramos en las residencias que Carlos V se hizo rehabilitar, vamos a encontrar los trabajos realizados por Alonso de Covarrubias (1486-1570) en el alcázar de Toledo a partir de 1535, cuando se le encargó que unificase el conjunto de edificios que formaban la fortaleza y que en algunos casos remontaban a la plena Edad Media.
La idea era homogeneizar el conjunto a base de fachadas clásicas.
Alonso de Covarrubias, como Hernán Ruiz el Viejo, que trabajó en la catedral de Córdoba, o Rodrigo Gil de Hontañón, a quien hemos visto antes trabajando en las catedrales de Salamanca y Segovia, además del colegio mayor de San Ildefonso de Alcalá de Henares, fueron de esos arquitectos que hubieron de adaptarse al cambio de modas impulsado por el emperador, en muchas ocasiones a base de unos pocos grabados, pues ninguno de ellos había viajado en persona a Italia.
Eso hará que en el momento de configurar la arquitectura clásica solicitada puedan cometer algún desacierto: un frontón más alto de lo esperado, una columna más delgada que lo que el orden exige.
A Alonso de Covarrubias y a Luis de Vega, Carlos V les encargó a partir de 1537 las reformas del alcázar de Madrid. Como en Toledo, se trataba de unificar el conjunto de edificios provenientes del mundo medieval y darles un aire más clásico en la fachada.
Como en Toledo, las obras de Madrid se prolongaron por largo tiempo y aun sufrieron un cambio total cuando Madrid se convirtió definitivamente en la capital de los Habsburgo y estos hicieron del alcázar su palacio real, acondicionándolo a las modas del siglo XVII .
Estas operaciones de actualizar los palacios cortesanos adecuándolos a las modas clásicas no solo las hizo Carlos V en España.
Ya vimos como en los Países Bajos su hermana María de Hungría, actuando como gobernadora, había levantado a partir de 1533 toda una nueva ala de apartamentos en el norte del palacio de Coudenberg, en Bruselas, dentro de las formas renacentistas.
De igual manera, el otro hermano de Carlos V, Fernando, que gobernaba en Austria, tras el incendio que sufrió el palacio de Hofburg en Innsbruck, mandó rehacerlo a partir de 1534 bajo la dirección del arquitecto italiano Lucius de Spaciis (†h.
1550), quien incorporó las formas renacentistas al mundo austriaco.
Pero todas estas obras impulsadas por Carlos V en los años 1530 en un eje que llevaría de Valladolid a Granada pasando por Madrid y Toledo se ralentizan al terminar esa década.
La emperatriz Isabel falleció en Toledo el 1 de mayo de 1539.
Tras casi una década de vivir en sus reinos de España (si exceptuamos la jornada de Túnez de junio de 1535), Carlos, en parte movido por la tristeza de su viudedad, decidió retomar sus viajes por Europa.
Con todo, Carlos V regresó brevemente a España a finales de 1541 tras la jornada de Argel.
En ese momento, encargó una reforma en el alcázar de Sevilla, donde había de habilitarse un cuarto real en el segundo nivel del patio de las Doncellas.
El proyecto inicial le fue encargado a Alonso de Covarrubias, aunque la ejecución del mismo corrió a cargo de Luis de Vega entre 1545 y 1547.
De nuevo, la idea era introducir una estructura clásica dentro de un edificio de tradición andalusí. Quizás la derrota sufrida por el emperador en Argel le empujó a estos juegos simbólicos de imponer el arte de los papas donde estaba el arte de tradición islámica.