11. El fin de la Edad Media en españa las catedrales de Carlos V #4
Hubo una primera petición por parte del cabildo salmantino en 1491 para levantar una nueva catedral dado el crecimiento de la universidad y lo lóbrega que resultaba para los canónigos la vieja catedral.
Hemos de pensar que ese empeño de engrandecimiento de Salamanca hubo de tenerlo en mente Cisneros cuando lanzó su plan para Alcalá seis años después.
El cabildo salmantino hizo una nueva petición para levantar una nueva catedral en 1508 dirigida a Fernando el Católico, quien aceptó la solicitud.
Es posible que con ello el rey buscase un contrapeso en Salamanca al exceso de poder que venía acumulando Cisneros a través de su diócesis toledana y su universidad alcalaína.
En cualquier caso, Alonso Rodríguez (†1513) y Antón Egas (h.
1475-1531), hermano de Enrique Egas, presentaron una traza para la nueva catedral, comenzándose las obras en 1512 bajo la dirección de Juan Gil de Hontañón (1480-1526), hasta la muerte de este en 1526.
Tiempo después, sería Juan de Álava quien se convertiría en el maestro mayor de la catedral hasta su propia muerte en 1537.
En este proyecto inicial que dirigieron Gil de Hontañón y Álava, como ya había ocurrido en Alcalá, Plasencia o Granada, las formas dominantes siguieron siendo las góticas.
Llegamos así a 1516, cuando murió Fernando el Católico.
Su hija la reina Juana, incapacitada para reinar, hizo venir a su hijo Carlos para que asumiera el poder.
El joven Carlos I se hizo acompañar de una corte de nobles flamencos que fueron abiertamente rechazados por la oligarquía castellana en la revuelta de los Comuneros de 1520-1521.
Entre las consecuencias de la revuelta estuvo la demolición de la catedral de Segovia, que, estando situada en el alcázar, había servido a los comuneros segovianos para asediar dicho alcázar, donde estaban recluidas las tropas imperiales.
Hubo que reconstruir la catedral en un nuevo emplazamiento (el actual) siguiendo las instrucciones dadas por Francisco de los Cobos, secretario de Carlos V, en agosto de 1523.
La obra fue encomendada en mayo de 1524 a Juan Gil de Hontañón, el mismo maestro de la catedral nueva de Salamanca.
Para entonces, Gil de Hontañón ya había dado las trazas y había hecho el replanteo para la nueva catedral segoviana.
Pero Juan Gil de Hontañón murió en abril de 1525.
Fue sustituido por su hijo Rodrigo Gil de Hontañón (1500-1577), quien pondría la primera piedra en junio de ese año de 1525 y mantendría las trazas de su padre, de nuevo, un templo gótico de cinco naves, sin el transepto marcado, con doble girola, una clara desproporción vertical, y pilares cruciformes para soportar las bóvedas de crucería con terceletes.
Otros dos ejemplos de catedrales reedificadas por completo en esos años 1520 son las de Almería y Córdoba.
En 1522, la catedral de Almería fue destruida como consecuencia de un terremoto. Al año siguiente, fue nombrado obispo Diego Fernández de Villalán (1466-1556), quien había sido confesor del cardenal Cisneros.
Villalán decidió construir una nueva catedral, encargando sus trazas a Enrique Egas o quizás a Diego de Siloé (1495-1563).
El edificio debía servir al mismo tiempo de templo y fortificación por si los piratas berberiscos atacaban la costa almeriense.
De ahí, el aspecto acastillado que presenta la catedral en el exterior, mientras en el interior, en las partes más antiguas, volvemos a encontrarnos el repertorio tardogótico ya visto antes.
Podríamos decir que en el caso de Almería es la voluntad de Villalán, siguiendo a su mentor Cisneros, la que se impone.
Pero en Córdoba sí conocemos la intervención directa de Carlos V.
En 1523, el obispo de Córdoba, Alonso Manrique (1471-1538), ordenó construir una nueva catedral en el corazón de la vieja que se había instalado en la mezquita aljama cordobesa.
El proyecto suponía introducir de forma contundente una iglesia cristiana en el interior de esa mezquita islámica .
Alonso Manrique había tenido una carrera exitosa a la sombra de Isabel la Católica para después entrar al servicio de Felipe el Hermoso, lo que le valió la enemistad de Fernando el Católico, y el exilio a Flandes a la sombra del joven príncipe Carlos.
A su regreso a España, y en pago por su fidelidad al nuevo rey Carlos I, en 1516 fue nombrado obispo de Córdoba, donde organizó un sínodo en 1520 que pretendía hacer una reforma dentro de la diócesis reforzando los principios de la Iglesia católica.
En ese espíritu de refuerzo del catolicismo es donde hemos de entender su propuesta de reforma de la catedral-mezquita de Córdoba.
De partida, tuvo la oposición del cabildo cordobés.
Pero el propio Carlos V en ese año de 1523 dio su visto bueno a la obra.
Después de todo, Carlos V confiaba en su fiel obispo Manrique (luego está la falsa leyenda de que cuando Carlos V visitó Córdoba en 1526 renegó del proyecto).
Los trabajos fueron encomendados a Hernán Ruiz el Viejo (1475-1547), quien ya era el maestro mayor de la catedral desde 1502.
En esencia, se le encomendó una nueva capilla mayor que había de romper varias de las naves de la mezquita, creando un espacio levantado sobre arcos apuntados y cubierto por bóvedas de crucería.
Hemos comenzado este recorrido por las nuevas catedrales de los tiempos de Carlos V con la magistral de Alcalá de Henares, iniciada en 1497.
En ese momento, en Roma ya gobernaba el papa Alejandro VI, quien aún se debatía entre las formas medievales y las renacentistas en las obras de sus apartamentos Borgia del Vaticano.