Renacimiento 11. El fin de la Edad Media en españa las catedrales de Carlos V #3
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11. El fin de la Edad Media en españa las catedrales de Carlos V #3

Otro ejemplo de ese apego a las formas tardomedievales lo podemos ver en la sillería del coro bajo de la catedral de Toledo, uno de los últimos encargos artísticos realizados por el cardenal Mendoza y que realizó Rodrigo Alemán (1470-1542) entre 1495 y 1498, una sillería donde seguimos sin tener ni elementos ni proporciones clásicas.

¿De dónde viene entonces esa asociación entre el Renacimiento italiano y los Mendoza?

Pues, en esencia, por algunos encargos que habían de realizar los sobrinos del cardenal Mendoza.

Aquí la figura clave fue Íñigo López de Mendoza, el Gran Tendilla (1440-1515), quien ejerció de embajador en Roma entre 1485 y 1487 y que debió traerse esas nuevas ideas renacentistas que ya bullían en la Ciudad Eterna.

El Gran Tendilla se aseguró de que el sepulcro de su tío el cardenal en la catedral de Toledo, construido en 1503, siguiera las trazas clasicistas de Andrea Sansovino (1467-1529), escultor toscano que viajó y trabajó brevemente en Portugal y España.

Probablemente, la idea detrás de ese sepulcro monumental es que el cardenal Mendoza apareciera enterrado en un mausoleo comparable a los de los papas de Roma, en un claro ejercicio de vanidad por parte de la familia Mendoza.

El Gran Tendilla también consiguió levantar otro sepulcro clásico en 1509 para su hermano, Diego Hurtado de Mendoza (1444-1502), arzobispo de Sevilla, obra realizada por el escultor florentino Domenico Fancelli (1469-1519).

Además, el Gran Tendilla influyó notablemente en su primo y protegido Rodrigo Díaz de Vivar (1466-1526), primer marqués de Cenete e hijo del cardenal Mendoza.

Cenete estuvo hasta en dos ocasiones en Italia, entre 1499 y 1500 y entre 1504 y 1506, donde pudo sumergirse en las novedades renacentistas.

A su vuelta en España, decidió instalarse en su palacio de la Calahorra, en Granada, una construcción que había ordenado levantar el propio Cenete en 1491 a los alarifes mudéjares Abraham Moferriz y Mahoma de Brea.

A su regreso de Italia, Cenete quiso volver más clásico su palacio y contrató a Lorenzo Vázquez de Segovia.

El arquitecto no debió satisfacer ese nuevo gusto clasicista de Cenete y no solo fue despedido, sino que se le hizo encarcelar.

Fue entonces cuando llegó el genovés Michele Carlone, que hizo en 1512 el patio clásico que hoy podemos ver.

Pero fuera de estos guiños vanguardistas del Gran Tendilla y el marqués de Cenete, el arte dominante seguía siendo el de las formas tardogóticas.

Decíamos antes que el cardenal Mendoza murió en 1495. Le sucedió en sus cargos su protegido Francisco Jiménez de Cisneros (1436-1517).

El cardenal Cisneros vivía obsesionado por la renovación de la Iglesia católica, una idea que dominaba a las autoridades cristianas de la época tras el cisma de Occidente de finales del siglo  XIV y comienzos del  XV y el conciliarismo que había dominado la primera mitad del siglo  XV .

Quizás la forma más elaborada de renovación fue la devotio moderna , esa religiosidad que ya hemos citado y que apelaba a la introspección de los creyentes, que habían de tener una vida sencilla y moralmente correcta más allá de las vicisitudes que les rodeasen.

Cisneros, como su maestro Mendoza, apoyaron esta devotio moderna que practicaba la propia reina Isabel de Castilla, y, más tarde, sus hijas, incluidas la reina Juana de Castilla o Catalina de Aragón, reina de Inglaterra.

Ese espíritu de renovación le llevó a Cisneros a tomar una serie de medidas de gran calado, como la conversión de los musulmanes del recién conquistado reino de Granada, la evangelización de los naturales americanos o, a partir de 1502, la edición de la Biblia políglota complutense.

Con objeto de garantizar que contaba con los mejores clérigos para llevar a cabo todas estas obras, Cisneros decidió crear una universidad propia dentro de su diócesis de Toledo (siguiendo el modelo de su mentor, el cardenal Mendoza, que abrió un colegio mayor en su diócesis de Sigüenza, además del colegio mayor de Santa Cruz de Valladolid, que hemos visto antes).

Para ello, Cisneros aprovechó el Estudio General que existía en Alcalá de Henares desde el siglo  XIII , donde él mismo se había formado.

Un Estudio General que el cardenal logró refundar en 1499 gracias a varias bulas del papa Alejandro VI Borgia, buscando no solo equipararlo a la gran Universidad de Salamanca, sino creando un campus universitario ex novo , una verdadera ciudad de Dios académica.

Todo este plan de renovación, sin embargo, no suponía una ruptura con los modelos previos, sino una mejora. Tal como acabamos de ver, la Universidad de Alcalá no venía a revolucionar la enseñanza superior, sino a imitar lo mejor de las universidades más antiguas.

En este sentido, Cisneros ordenó reconstruir la colegiata alcalaína, una obra dirigida por Pedro Gumiel (h. 1460-h. 1519) entre 1497 y 1515, dotándola del título de magistral, lo que exigía que todos sus canónigos debían ser doctores en Teología.

La iglesia magistral fue concebida de forma relativamente sencilla: un edificio de tres naves, sin el transepto (el teórico brazo corto de una planta de cruz latina) remarcado y cabecera con girola.

Las naves quedaron separadas por pilares cruciformes, siendo más alta la nave central que las laterales.

Todo el conjunto quedó cubierto por bóvedas de crucería con terceletes. En definitiva, el espacio propio de la mayoría de los templos góticos de la Baja Edad Media.

Al exterior, los muros resultan bastante sobrios. En el lateral, se aprecian los contrafuertes que sostenían las bóvedas de las naves, y en la fachada que quedaba a los pies del templo lo más destacado es el pórtico enmarcado en un alfiz que contiene un tímpano formado por un arco trilobulado.

No hubo grandes alardes ni estructurales, ni decorativos. Cisneros quiso para su nueva ciudad universitaria un templo sobrio apegado a la tradición gótica bajomedieval .

Al año siguiente de comenzarse la obra de la iglesia magistral de Alcalá de Henares, en 1498, el nuevo obispo de Plasencia, Gutierre Álvarez de Toledo (h.

1460-1506), nombrado en 1496, decidió renovar su catedral.

Para ello, comenzó por modificar la cabecera del templo previo para ir avanzando y así sustituir la catedral vieja por la que él mandó construir.

El obispo Gutierre era un hijo segundón del primer duque de Alba, García Álvarez de Toledo (1424-1488), quien durante la segunda mitad del siglo  XV había ido medrando a la sombra de los monarcas castellanos Enrique IV (1425-1474) e Isabel I.

Con objeto de consolidar la fortaleza de su familia, además de agrandar sus posesiones, quiso poner un pie en la jerarquía eclesiástica a través de su hijo Gutierre, que comenzó como maestrescuela en la catedral de Salamanca con solo diecisiete años para terminar siendo obispo en Plasencia con treinta y seis.

Como parte del ambicioso plan de la familia Alba, el obispo Gutierre quiso significarse ordenando esa renovación de su catedral.

Las obras comenzaron bajo la dirección de Enrique Egas (1455-1534), sobrino de Hanequín de Bruselas y maestro mayor de la catedral de Toledo, aunque desde 1517 fue Juan de Álava (1480-1537), un maestro muy vinculado a la casa de Alba, quien llevó los trabajos de la catedral de Plasencia.

Pero por el camino el obispo Gutierre había muerto en 1506 y sus sucesores no tuvieron el mismo empeño en continuar las obras, que avanzaron lentamente hasta quedar paralizadas en 1534.

En esta primera etapa de la catedral nueva de Plasencia, como ocurriese en Alcalá de Henares, las formas dominantes siguieron siendo góticas: desproporción vertical, pilares cruciformes, arcos ojivales, bóvedas de crucería con terceletes.

Hemos de pensar que Gutierre Álvarez de Toledo buscaba aumentar el prestigio de su diócesis, y con ello el de su familia, los Alba, por lo que siguió la tradición gótica dominante en su época .

En 1498, cuando se ponían en marcha estas obras de la nueva catedral de Plasencia, estaba terminándose la iglesia del Sagrario de Málaga, quizás trazada por Enrique Egas, y que fue la primera parte renovada de la catedral malacitana, inserta en la antigua mezquita aljama.

En su exuberante portada, podemos ver todo el repertorio propio de ese gótico recargado de tradición borgoñona.

A partir de ese momento, el proyecto quedó detenido y la mezquita aljama no sufrió más modificaciones hasta que las obras se retomaron a partir de 1528.

A comienzos del siglo  XVI , tenemos otras dos nuevas catedrales que siguen estas formas bajomedievales góticas.

La primera es la de Granada, trazada por Enrique Egas en 1506 bajo la supervisión del cardenal Cisneros.

De nuevo, la idea era levantar un templo, esta vez de cinco naves, sin el transepto marcado, con una cabecera con doble girola.

Las obras no se iniciaron de inmediato, pues antes se levantó la capilla real, entre 1505 y 1517, también siguiendo las formas góticas, donde habían de ser enterrados los Reyes Católicos, así como la reina Juana y su esposo Felipe.

Por fin, los trabajos en la catedral comenzaron en 1523 y se detuvieron en 1528, cuando Egas fue destituido.

En el momento de su partida, había terminado la capilla mayor, reformada más tarde, y varios tramos de las naves.

En las cubiertas de la nave central podemos observar las bóvedas de crucería de esta primera etapa de la construcción.

En Salamanca, como había ocurrido en Plasencia, también se decidió levantar una nueva catedral que había de ir sustituyendo paulatinamente a la antigua. Es cierto que, como las obras de esta nueva catedral se demoraron más de dos siglos, la catedral antigua sobrevivió.