11. El fin de la Edad Media en españa las catedrales de Carlos V #2
Teniendo, por tanto, claro que Carlos creció entre estos palacios medievales, formándose como un buen caballero cristiano, ¿qué más sabemos de su educación y hasta qué punto pudo recibir alguna influencia de las modas de la Italia de finales del XV ?
Hemos de pensar que, desde niño, Carlos contó con preceptores y consejeros españoles, como Luis Cabeza de Vaca (1465-1550), el obispo Alonso de Manrique (1471-1538) o Francisco de los Cobos (1477-1547), futuro secretario de Carlos.
Pero la influencia española fue menor al lado de los cortesanos flamencos, comenzando por Charles de Croy (1457-1527), tutor de Carlos, y quien había de sucederle en el cargo, su primo Guillermo de Croy (1458-1521), señor de Chièvres, quien había de convertirse en el favorito de Carlos.
Guillermo de Croy fue quien logró que Carlos fuese declarado mayor de edad en 1515, además de favorecer el tratado de Noyon de 1516 entre Carlos y Francisco I de Francia en el que Carlos dejaría de apoyar a su abuelo Maximiliano contra los franceses a cambio de que se respetasen los derechos de Carlos sobre Navarra y Nápoles, mientras Francisco I se quedaba con Milán.
Para contrarrestar la influencia de los Croy, Margarita de Austria decidió nombrar como preceptor máximo de Carlos en 1507 a Adriano de Utrecht, futuro papa Adriano VI.
Hombre de extracción humilde, nacido en 1459, perteneció a una familia muy religiosa, seguidora de la devotio moderna , una forma de religiosidad cristiana muy introspectiva, practicada durante el siglo XV .
Ingresó en la Universidad de Lovaina en 1476, donde obtuvo el título de doctor en Teología en 1491, para más tarde llegar a ser rector de esa casa de estudios.
Frente a las ambiciones políticas de los Croy, que incentivaron más el aspecto de caballero-guerrero de Carlos, Adriano de Utrecht fue el responsable de la formación cristiana del muchacho.
Cuando Guillermo de Croy forzó para conseguir que Carlos fuese nombrado mayor de edad, también logró que Adriano de Utrecht fuera enviado a Castilla, en espera de la muerte de Fernando el Católico y para preparar la llegada de Carlos a España.
Pero justo cuando Adriano había de partir para España, un nuevo preceptor religioso había de entrar en la vida de Carlos: el famoso Erasmo de Róterdam.
Erasmo está considerado por los historiadores como uno de los máximos exponentes del humanismo renacentista.
Nacido en 1466, recibió una esmerada educación religiosa, obviamente en latín, y también en griego, lo que le habría de resultar muy útil para sus traducciones y comentarios de las Escrituras.
Siguió la moda espiritual de la devotio moderna , que acabamos de comentar, ingresó en la orden de los agustinos y se ordenó como sacerdote en 1492, aunque abandonó pronto la vida monástica y prácticamente nunca ejerció sus labores como presbítero.
A partir de ahí, se dedicó a viajar tratando de mejorar su formación, al tiempo que no cesaba de escribir.
Estuvo en París, se trasladó a Inglaterra, donde conoció e hizo amistad con Tomás Moro (1478-1535), vivió en Italia entre 1506 y 1509, donde se ganó la simpatía del futuro León X.
En 1509, regresó a Inglaterra, donde escribió una de sus obras más conocidas, el Elogio de la locura , en la que criticaba las supersticiones y la corrupción de la curia romana.
Su fama de brillante intelectual fue creciendo y fue entonces, en 1514, cuando viajó a Gante y conoció a Jean le Sauvage (1455-1518), canciller de Brabante.
Sauvage fue nombrado en enero de 1515 como gran canciller de Borgoña y le propuso a Erasmo quedarse en la corte borgoñona como consejero de Carlos.
Erasmo aceptó el nombramiento con carácter honorífico, sin intención de tomarlo en realidad como un trabajo permanente, aunque, a cambio, decidió redactar un nuevo ensayo, Institutio Principis Christiani , la Educación de un príncipe cristiano , que le dedicó al ya rey Carlos I.
La idea de Erasmo era relativamente sencilla: el príncipe que hubiera recibido una educación esmerada, no obra de sofistas, sino de verdaderos filósofos cristianos, era el mejor preparado para buscar la paz entendida como la ausencia de violencias innecesarias (desde abusos judiciales a guerras) y la posibilidad de que cada individuo actuase libremente sin el oprobio de instituciones corrompidas.
¿Dónde se podía conseguir esa educación esmerada?
Para Erasmo era sencillo: leyendo a los clásicos, pero, sobre todo, siguiendo el ejemplo de Cristo a través de las Escrituras y de una vida realmente cristiana.
Insistamos en este punto que ya vimos más arriba.
Erasmo fue, ante todo, un defensor a ultranza de los textos cristianos, la Biblia, y también de los padres de la Iglesia.
Entre la filosofía clásica y la literatura cristiana, Erasmo siempre apostó por la literatura cristiana.
De modo que no ha de sorprendernos que Erasmo renegase de los libros de caballería y su afán por las glorias militares.
En 1516, según Erasmo, Carlos era la gran esperanza para recuperar la verdadera moral cristiana.
Y su buen hacer provocaría que los otros príncipes de la cristiandad siguieran su ejemplo.
Carlos escuchó a Erasmo, lo leyó y durante la mayor parte de su vida hizo todo lo contrario de lo que su consejero le había sugerido, que, en grandes líneas, no se alejaba mucho de lo que ya Adriano de Utrecht le había propuesto, si bien es cierto que Erasmo logró expresarse con mejores palabras y apelando en algunas ocasiones a los autores clásicos, eso sí, siempre supeditados a las Sagradas Escrituras.
Por tanto, Carlos se educó entre palacios góticos, con la figura de los caballeros bajomedievales que guerreaban por dejar en la memoria sus hazañas y a la única persona que pudo influirle para buscar otros derroteros, Erasmo, le escuchó para no hacerle caso .
Fue con todo este bagaje medieval con lo que en 1516 Carlos I partió para España para asumir las Coronas de Castilla y Aragón.
Allí se encontró con una serie de catedrales en obras que también se movían en las formas góticas.
No le sorprendió. El arte que veía en España no se alejaba de lo que había disfrutado en los Países Bajos.
Como explicamos en el primer capítulo de este libro, el arte de toda Europa occidental, salvo Italia, seguía mayoritariamente las modas borgoñonas.
¿Cuáles fueron esas nuevas catedrales que se encontró Carlos V? Para ver todas ellas hemos de retroceder un poco en el tiempo, a 1495, cuando murió el cardenal Mendoza (1428-1495), arzobispo de Toledo y primado de España.
Al cardenal Mendoza y a los otros miembros de la familia Mendoza se les ha atribuido la introducción de las formas renacentistas en España ya en esos finales del siglo XV . De nuevo, hay que ser muy prudentes con este tipo de afirmaciones.
Entre las obras más señeras de los Mendoza en esos finales del siglo XV tenemos, en sus amplios dominios alcarreños, el palacio del Infantado de Guadalajara, iniciado en 1480, bajo la dirección de Juan Guas (1430-1496).
Juan Guas, de origen francés, se había formado junto a su padre en el taller de Hanequín de Bruselas (†1494) y sus hermanos los Egas en Toledo a mediados del siglo XV .
Hanequín de Bruselas, a su vez, había llegado a Toledo a trabajar en las obras que ya dirigía otro artista del mundo borgoñón, Pedro Jalopa (h.
1386-1443), quien había llegado a España hacia 1410, junto con su colega Ysambart (†h.
1434), también formado como artista en la corte borgoñona.
El palacio del Infantado responde a esas formas epatantes borgoñonas, con la fachada muy recargada con esos picos piramidales recubriendo por doquier y la galería del piso superior de arcos mixtilíneos y abundante decoración.
Ojo, en el primer nivel encontramos unas columnas y arcos clásicos, fruto de una reforma realizada a partir de 1569 .
Otro de los palacios que hicieron los Mendoza fue el de Cogolludo (también en la provincia de Guadalajara), iniciado en 1488, obra de Lorenzo Vázquez de Segovia (†h.
1513), y cuya fachada fue una réplica de la Banca Medicea de Milán, un edificio que Filarete llegó a dibujar cuando criticaba la arquitectura milanesa por seguir demasiado apegada a las formas medievales.
Es cierto que en la fachada de la Banca Medicea, en el pórtico, hay ciertos guiños clasicistas.
Lo mismo ocurre en Cogolludo. Pero esos guiños son menores respecto a todo el resto de la estructura y el ornato que obedecía a esas modas borgoñonas ya hispanizadas.
El palacio llegó a estar completamente decorado por miles de azulejos de tradición mudéjar.
En la restauración de mediados del siglo XX , el arquitecto a cargo, José Manuel González-Valcárcel (1913-1992), hizo retirar y arrojar a los escombros esos miles de azulejos.
También desmontó el patio principal y una de las crujías, que no respondían a la simetría esperada de un edificio renacentista, para volver a montarlos, ahora sí, siguiendo esos cánones propios, según él, del Renacimiento.
Como en el caso del palacio de Malinas, el restaurador vino a corregir al arquitecto original, un arquitecto original que había construido como se estilaba a finales del siglo XV y no como decían los manuales de texto del siglo XX que había de construirse.
En definitiva, si la realidad venía a contradecir esos manuales, se cambiaba la realidad y resuelto.
El propio cardenal Mendoza propició la construcción del colegio mayor de Santa Cruz, en Valladolid, terminado en 1492, dentro de esas formas tardogóticas, aunque los añadidos clásicos posteriores que se ven en la fachada han llevado a incluirlo, equivocadamente, en la arquitectura renacentista.
En Valladolid, por esos años, se estaba levantando otro colegio mayor, el de San Gregorio, terminado para 1496, y que es otro buen ejemplo del gótico recargado hijo de las modas borgoñonas .