Renacimiento 9. El nuevo Vaticano de Julio II #5
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9. El nuevo Vaticano de Julio II #5

A la larga esta solución de la iglesia de tres naves con una gran cúpula en el crucero apeando sobre cúpulas menores en los otros tramos o las naves laterales ya se había dado en Santa Sofía en Constantinopla y, de nuevo, con ese doble juego de la longitudinalidad para la liturgia, con el altar en un extremo y la centralidad bajo la cúpula, cuando se colocaba ahí el emperador.

Bramante pudo conocerlo a través de algún grabado o la descripción de un viajero.

Pero es que, además, su colega Leonardo, años atrás, había planteado cómo resolver una iglesia de planta central, aportando propuestas muy similares a la que Bramante empleó en el Vaticano.

Aquí hemos de recuperar lo que decíamos antes.

¿Leonardo influyó en Bramante o Bramante compartió sus ideas al respecto con Leonardo?

Pero vayamos más lejos: ¿por qué Leonardo estudiaba estas iglesias de planta central y Bramante también?

¿Tuvieron algún desliz de idealismo neoplatónico?

Hemos visto hace un par de capítulos como Leonardo y Miguel Ángel se enfrentaron al hacer los cuadros de batallas para el Palazzo Vecchio de Florencia en 1503, donde Miguel Ángel hizo una obra muy platónica, creando un ejército de soldados perfectos y, por tanto, irreales, mientras Leonardo se empeñó en mostrar a sus soldados tal como eran en verdad a base de copiar una y otra vez de la realidad.

No, Leonardo no era platónico y Bramante posiblemente tampoco.

Sus estudios sobre iglesias centrales debieron girar más bien en el interés de los Sforza milaneses por erigir sus tumbas familiares en donde se acentuase la importancia del fallecido sobre el espacio litúrgico.

Es decir, exactamente lo que Julio II le requirió a Bramante.

¿De dónde viene el mito platónico del nuevo Vaticano de Bramante?

Pues de Miguel Ángel, quien, al hacerse cargo de las obras de San Pedro a partir de 1546, criticó a sus predecesores de traicionar el proyecto de Bramante, platónico, según Miguel Ángel, pues tanto Rafael, quien se hizo cargo de las obras tras la muerte de Bramante en 1514 y hasta su propia muerte en 1520, como sobre todo Antonio da Sangallo, que dirigió los trabajos desde 1520 hasta su muerte en 1546, apostaron por una planta de cruz latina, donde se perdía el protagonismo del elemento central y se recuperaba la forma longitudinal más apropiada para la liturgia.

En este debate formalista hemos de tener en cuenta una serie de ideas clave:

• El proyecto de estaba previsto para enaltecer a Julio II. Muerto este, los papas que vinieron después ya no tuvieron interés en loar de forma tan grandiosa la figura del desaparecido Julio II.

• Pero cuando Miguel Ángel se hizo cargo de la obra, primero, defendió sus ideas neoplatónicas de la forma ideal perfecta centralizada.

• A eso se añade que, si se hubiera culminado el proyecto de Julio II, la tumba monumental que habría quedado en medio habría sido la esculpida por el propio Miguel Ángel. Como vemos, no solo había un interés filosófico en la defensa de la planta central, sino también una gran dosis de vanidad.

Cuando murió Miguel Ángel en 1564, las obras de San Pedro del Vaticano estaban lejos de concluir y cuando lo hicieron, varias décadas después, se impuso la planta longitudinal, más adecuada para la liturgia y porque ya nadie tenía interés en colocar el mausoleo de Julio II, un mausoleo que Miguel Ángel nunca llegó a hacer.

En cualquier caso, en abril de 1506, tras demoler la antigua basílica, se colocó la primera piedra del nuevo San Pedro.

Julio II lanzó una indulgencia plenaria para reunir fondos para hacer frente a tan ambicioso plan artístico (San Pedro, más el Belvedere y las estancias vaticanas).

Su sucesor, León X, en 1515, promulgó una nueva bula de indulgencia, cuya desaforada venta provocaría la ira del monje agustino Lutero que puso en marcha la Reforma protestante.

Las obras del Vaticano avanzaron muy despacio. Entre 1506 y 1514, fecha de la muerte de Bramante, solo se habían logrado levantar los cuatro grandes pilares sobre los que había de construirse la cúpula monumental.

Para ese 1514 ya hacía un año que había muerto Julio II. Aunque su sucesor, León X, siguió adelante con sus obras, la obsesión por la gloria eterna de un Julio II haciéndose enterrar bajo la cúpula de San Pedro quedó marginada.

Pero es que, además, Bramante no solo no pudo ver la conclusión de San Pedro, una obra que se prolongaría por ciento cincuenta años más, sino que tampoco vio el fin de sus otras obras vaticanas, desde las estancias al Belvedere.

Cuando todos estos trabajos concluyeron décadas o siglos después, los proyectos de Bramante quedaron bastante desvirtuados, con lo que se produjo la singular paradoja de que del arquitecto que provocó la mayor renovación de Roma desde los tiempos antiguos prácticamente no conservamos ninguna obra (con la excepción de San Pietro in Montorio).

No importa. Su impronta fue tal que los arquitectos que le sucedieron hubieron de seguir sus pasos.