Renacimiento 5. La vieja Capilla Sixtina #2
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5. La vieja Capilla Sixtina #2

Como decíamos antes, Pío II no llegó a ver terminados los trabajos en Pienza, pues, empecinado en combatir a los turcos, había vuelto a convocar la cruzada en 1464, para lo que esperaba contar con el apoyo de la flota veneciana.

El propio papa acudió al puerto de Ancona para liderar a sus huestes, miles de voluntarios llegados sobre todo desde Alemania y la península ibérica.

Pero los venecianos no acudieron. Abandonado y enfermo, Pío II murió en agosto de 1464.

El supuesto humanista Pío II murió esperando poder embarcar rumbo a Constantinopla a la cabeza de los cruzados para volver a imponer la voluntad del Dios cristiano en Oriente.

Le sucedió en el trono de san Pedro el cardenal Pietro Barbo, que tomó el nombre de Paulo II (1417-1471).

Barbo había nacido en Venecia en 1417. Era sobrino del papa Eugenio IV, también veneciano, quien a su vez era sobrino de otro papa veneciano, Gregorio XII (1406-1415).

Estas prácticas nepóticas fueron muy habituales en el papado y aún habrían de permanecer durante décadas.

Es más, el propio término nepotismo deriva del latín nepote , sobrino, por ser los sobrinos de los religiosos los que se favorecían del puesto de poder de sus tíos, tal como hicieron estos papas venecianos.

Curiosamente, dos de las grandes promesas que Paulo II hizo al comenzar su pontificado fueron acabar con ese nepotismo y organizar, por fin, la cruzada contra los turcos. No hizo ninguna de las dos cosas.

No fueron sus únicas contradicciones. Impulsó la restauración de los antiguos monumentos romanos, aunque aprovechó parte de ellos para su gran obra, el palacio Venecia.

Fundó la primera imprenta de Roma en 1467, favoreciendo la difusión de los textos escritos, pero que debían ceñirse a los autores cristianos.

En este sentido, hizo cerrar una efímera Academia Romana, que existió entre 1464 y 1468 y que fue un cenáculo de literatos, donde destacaron Bartolomeo Platina (1421-1481) o Pomponio Leto (1428-1498), devotos de la literatura clásica y que, incluso, abogaban por recuperar la religiosidad pagana.

Algunos académicos llegaron a conspirar, incluso, para instaurar una república en Roma.

De ahí el cierre de la academia y el encarcelamiento de sus miembros.

Aquellos que fueron liberados, como Platina o Leto, regresaron con ideas menos subversivas.

Años después, en 1478, se reinstauró la academia, ya bajo el patrocinio papal y como sociedad religiosa. Esta segunda academia desapareció con el saqueo de Roma de 1527.

Pero sin duda lo más chocante de Paulo II fue su empeño en adelgazar la administración de Roma (tanto la municipal como la religiosa) con objeto de reducir los gastos, al tiempo que abandonaba el palacio Apostólico que había comenzado a construir Nicolás V en el Vaticano, y se hacía construir una nueva residencia: el palacio Venecia, que ejemplifica bien ese debate que había entre tradición medieval y moda clásica.

Hemos de tener en cuenta que el aspecto que ofrece hoy el palacio Venecia es el resultado de la construcción del monumento del rey Víctor Manuel II (1820-1878) que transformó toda esta parte de la ciudad de Roma, incluyendo la demolición de uno de los pabellones de esa edificación de Paulo II.

El palacio Venecia fue levantado reuniendo varias de las construcciones que rodeaban a la basílica de San Marcos en el Capitolio, un templo levantado ya en el siglo  IV y que desde época medieval se convirtió en la iglesia de los venecianos en Roma (recordemos que Paulo II era veneciano).

Frente a la iglesia, el papa pidió al arquitecto encargado de la obra, Francesco del Borgo (1415-1468), discípulo de Alberti, que se habilitase una gran plaza, parte de la cual había de estar ajardinada y donde habían de celebrarse buena parte de los grandes eventos de su pontificado.

El palacio propiamente dicho estaba constituido, primero, por el palazetto , que cerraba la nueva plaza por el este y que, junto con los jardines, fue la parte desmontada en 1909 (sería remontada en el ángulo suroeste de forma algo libre); segundo, por el palacio en sí, y, tercero, por la unión entre ambos edificios, la torre de la Biscia.

Si vemos imágenes de la estructura original, desde el exterior, tiene un claro sabor medievalizante.

Los dos palacios tenían matacanes corridos en su fachada (esos voladizos que permitían atacar en vertical al enemigo que estuviera al pie del muro, pero que ya se habían convertido en un elemento decorativo) que estaban rematados por almenas.

La sensación de fortificación se agudizaba aún más con la propia torre.

En los patios interiores, la situación cambiaba. Ahí sí que el arquitecto del Borgo se atrevió a manejar los órdenes clásicos, aunque con ciertas limitaciones, como podemos ver en los pórticos inferiores del palacio, con pilares, que no columnas, rematados por un orden que pareciera corintio.

Ese lenguaje más clásico está mejor resuelto en la nueva fachada que Paulo II requirió para la basílica de San Marcos.

La portada está constituida por un pórtico de arcos de medio punto sobre pilares con semicolumnas jónicas que soporta una galería también con arcos de medio punto sobre pilares con semicolumnas, esta vez corintias.

No debió ser una elección gratuita. Para la parte residencial, Paulo II se mantenía en las soluciones de las residencias urbanas fortificadas medievales.

Era en el espacio religioso donde sí apostaba por el lenguaje clásico.

Veremos que esa idea de vincular espacio católico y arte clásico no cuajaría de inmediato, pero sí estamos ante el antecedente de lo que se hará en la gran Roma renacentista, la del nuevo San Pedro del Vaticano.

Es decir, el Renacimiento, como ya hemos anunciado varias veces, estaba llamado a convertirse en el arte católico por antonomasia.

Paulo II murió en 1471. Le sucedió el cardenal Francesco della Rovere, quien había de convertirse en el papa Sixto IV (1414-1484). Nacido en 1414 en una aldea de la Liguria, parece que su familia era de condición modesta.

Francesco fue enviado al convento franciscano de Savona y allí brilló como estudiante, lo que le permitió estudiar en las universidades de Pavía y Bolonia, llegando a obtener un doctorado en Teología, gracias a lo cual logró convertirse en profesor de diferentes universidades hasta llegar a la de Roma, donde captó la atención del colegio cardenalicio hasta ser él mismo nombrado cardenal por Paulo II en 1467.

Muerto Paulo II, la elección de Francesco della Rovere como Sixto IV causó cierta sorpresa. No estaba en la lista de los favoritos y todo apunta a que uno de sus sobrinos, Pietro Riario (1445-1474), pagó a los diferentes cardenales para que eligieran a su tío.

El peso de su familia marcaría el gobierno de Sixto IV.

Ya veíamos antes como Paulo II se había comprometido a acabar con el nepotismo, pero con Sixto IV esta práctica aumentó de forma notable.

Es cierto que nada más ser elegido papa Sixto IV predicó una nueva cruzada contra los turcos, que financió con los bienes y joyas que había dejado Paulo II, logrando que una coalición de ejércitos italianos atacase Esmirna en 1472.

Las operaciones no fueron más allá, porque rápidamente Sixto IV centró su atención en Italia, lanzando su política nepótica.

Así, a buena parte de sus sobrinos, les dio prebendas eclesiásticas.

Pensemos que uno de ellos, Giuliano, llegaría a ser papa con el nombre de Julio II (1443-1513).

Pero la figura más destacada en esos momentos fue otro de sus sobrinos, Girolamo Riario (1443-1488), convertido en capitán general de la Iglesia y para quien el papa quería crear un principado en el centro de Italia.

El principal escollo en ese momento era la Florencia de los Medici, que habían ampliado sus dominios en la Toscana y amenazaban a los propios Estados Pontificios.

Desde 1469, gobernaba la ciudad Lorenzo el Magnífico (1449-1492), cuya relación con Sixto IV se había ido degradando con los años.

Los Medici habían sido los banqueros de los papas desde hacía décadas.

Sixto IV les quitó el monopolio y lo pasó a otra familia florentina, los Pazzi.

A partir de entonces, aumentaron los roces entre las tropas papales y las de los Medici hasta que, en abril de 1478, los Pazzi, apoyados por Montesseco (†1478), un reputado condotiero del papado, organizaron un atentado contra Lorenzo el Magnífico.

La conspiración fracasó. Varios miembros de la familia Pazzi fueron ajusticiados y los florentinos declararon la guerra al papado.

Esta llamada guerra Toscana había de durar de 1478 hasta 1480, cuando, sin cambios reales, los contendientes decidieron firmar la paz debido a la amenaza turca. El sultán Mehmed II, viendo que los italianos peleaban entre ellos, aprovechó para atacar Otranto. El ataque logró ser repelido.

Pero rápidamente, en 1482, el papa y su ambicioso sobrino Riario volvieron a la carga para ocupar Ferrara con la ayuda de Venecia. La guerra terminó en 1484, cuando, tras cambiar de bandos, fue Venecia la que ganó nuevos territorios. Riario no logró su señorío y Sixto IV murió poco después.

En paralelo con estas ambiciones políticas familiares, durante su pontificado, Sixto IV no dejó de ser el gobernante de Roma, además de un teólogo de peso.

En la ciudad, retomó los trabajos de urbanismo que ya había emprendido Nicolás V décadas atrás: mejoró algunas calles, construyó un nuevo puente sobre el Tíber, el Ponte Sisto, y reordenó los mercados.