2. Florencia contra el Imperio el origen del Renacimiento #2
Es posible que cuando vemos ese pórtico del hospital de los Inocentes nos puede parecer de lo más sencillo, por no decir corriente.
Y es cierto, porque la solución propuesta por Brunelleschi fue tan genial que sería reproducida cientos de veces por toda Florencia, el resto de Italia, toda Europa y hasta Hispanoamérica en los siglos siguientes.
Es más, cuando pensamos en una solución renacentista, la primera idea que nos viene a la cabeza es un pórtico con arcos de medio punto sobre un orden clásico.
Lo curioso es que este tipo de pórticos fue realmente inhabitual en el mundo romano y prácticamente es un invento de Brunelleschi tras entender cómo trabajaban esos romanos.
Es decir, no hizo algo propio del Imperio romano, pero si un arquitecto imperial hubiera visitado la Florencia de 1400 le habría dado su visto bueno .
Esa fue la principal lección que Brunelleschi había de dar a las siguientes generaciones.
La idea no era copiar al pie de la letra el mundo romano.
Podía hacerse. Pero lo mejor era entender cómo funcionaba ese mundo romano y adaptarlo a las necesidades de cada momento.
En el caso de Brunelleschi, las necesidades de comienzos del siglo XIV .
De ahí la otra gran aportación de Brunelleschi al Renacimiento.
Si para la arquitectura se fue a estudiar las ruinas del Imperio romano en su capital, para la pintura el problema era mayor, pues Brunelleschi no tuvo la oportunidad de ver pinturas romanas del mundo antiguo en directo.
De modo que hizo el ejercicio de plantearse cómo harían los romanos para conseguir unas pinturas realistas, donde la perspectiva, la profundidad de campo, estuviera tan lograda que parecieran esculturas de tres dimensiones, solo que plasmadas en un plano.
El resultado fue la elaboración de lo que hoy conocemos como perspectiva cónica, la que se basa en líneas de horizonte y puntos de fuga.
Desde el momento en que Brunelleschi planteó su perspectiva cónica, comenzó a ser utilizada por todos aquellos artistas que trataban de emular una supuesta pintura romana claramente realista.
Lo sorprendente fue que, tras el descubrimiento de las pinturas de Pompeya en el siglo XVIII , se pudo comprobar que los romanos no manejaban esa perspectiva cónica, que la forma de obtener profundidad se basaba sobre todo en la superposición de planos y que, por tanto, las verdaderas pinturas romanas eran menos realistas que las elaboradas a partir del Renacimiento, con lo que Brunelleschi volvió a demostrar que partiendo de Roma era capaz de superar el arte del viejo Imperio.
Tras el proyecto del hospital de los Inocentes, a Brunelleschi le fueron llegando solicitudes de nuevos clientes que le reclamaban ese uso del lenguaje clásico.
Fue entonces cuando Brunelleschi comenzó a trabajar con el patriarca de una familia de banqueros que estaba emergiendo en ese momento en Florencia, Juan de Medici (1360-1429).
De partida, a Brunelleschi le encargaron en 1420 la Sacristía Vieja de la iglesia de San Lorenzo, que había de convertirse en la capilla familiar de los Medici.
Al año siguiente, Juan de Medici consiguió que Brunelleschi se hiciera cargo de la reforma general de la propia iglesia de San Lorenzo.
Esa unión profesional de Juan de Medici y Brunelleschi supuso el espaldarazo definitivo a la apuesta renacentista.
Es cierto que Juan de Medici murió en 1429, pero su hijo Cosme el Viejo (1389-1464) tomó el relevo.
Cosme se enfrentó abiertamente contra la otra gran familia que había dominado Florencia desde hacía décadas, los Albizzi.
Los Medici salieron triunfantes a partir de 1434 y en su empeño por hacer de Florencia la más grande de las ciudades italianas promocionaron ese programa político-artístico del Renacimiento.
Por supuesto, Cosme el Viejo contó con Brunelleschi, y también con toda esa pléyade de artistas toscanos que ya habían nacido y se habían ido formando en la moda renacentista, como el escultor ya citado Donatello, los pintores Fra Angelico (1395-1455), quien aún se movió a medio camino entre las formas medievales y las renacentistas, o Masaccio (1401-1428), posiblemente, el primer artista que hizo un uso sistemático de la perspectiva cónica.
O los arquitectos Michelozzo (1396-1472), que reemplazaría a Brunelleschi como constructor para los Medici, o León Bautista Alberti (1404-1472), uno de los principales difusores de las ideas artísticas florentinas fuera de la Toscana.
Porque hemos de entender que, cuando Brunelleschi murió en 1446, sus innovaciones artísticas ya habían cuajado en todos esos seguidores que acabamos de mencionar, pero el Renacimiento seguía siendo un movimiento esencialmente florentino.
De esas élites florentinas que querían tener una marca distintiva, de prestigio, frente a los bárbaros del norte.
Pero una marca distintiva, de prestigio, que en el resto de Italia se miraba como una anécdota singular, alguna vez imitada, pues lo que primaba en ese resto de Italia, en Roma, en Nápoles, en Milán, seguían siendo las formas medievales.
Todo iba a cambiar desde mediados del siglo XV , cuando los condotieros, los señores de la guerra italianos, que habían empezado a dejarse ver en las guerras de la Lombardía, desarrolladas entre 1425 y 1454, aspiraron a convertirse en dueños de sus ciudades y crear sus propias cortes, unas cortes que buscaron imitar el prestigio de Florencia y su arte renacentista.