2. Florencia contra el Imperio el origen del Renacimiento
A partir de ese momento, con una cruel periodicidad, cada pocas décadas un rey de más allá de los Alpes, primero los descendientes de los carolingios y luego las distintas dinastías alemanas, cruzaba los Alpes para hacerse coronar emperador.
Hablamos de cruel periodicidad, porque cada vez que el candidato imperial se presentaba en Italia lo hacía acompañado de sus multitudinarias huestes, que no dudaban en arrasar las tierras por las que pasaban por mucho que vinieran en son de paz.
Aquel empeño, inicialmente exitoso, terminó por fracasar y los bárbaros imperiales siguieron cruzando los Alpes para coronar como emperador a su rey .
Hemos empleado ya dos veces el término bárbaro para referirnos a esas gentes de más allá de los Alpes que caían sobre Italia.
Los propios italianos utilizaban esa expresión para referirse a los alemanes que llegaban con el emperador y volvieron a utilizarla para denominar a los franceses o los españoles que invadieron Italia a finales del siglo XV .
Eran bárbaros por dos razones: por su comportamiento vandálico según avanzaban y también por su lejanía del mundo clásico, según el entender de los italianos, pues por mucho que vinieran a reclamar la Corona del viejo Imperio romano esos bárbaros sabían poco de Roma.
La situación era tal que en la propia Italia se crearon dos grandes partidos: el de aquellos que trataban de contemporizar con las tropas imperiales y el de los que se oponían a estas y, en cierta medida, buscaban el liderazgo del papa.
En el caso de Florencia, esos dos partidos tuvieron numerosos enfrentamientos entre ellos.
Surgieron a mediados del siglo XII , cuando los intentos de autonomía que había abanderado Matilde de Canossa habían desaparecido.
Los partidarios de los imperiales se denominaron gibelinos.
Los seguidores del papa, güelfos. Como decíamos, llegaron a enfrentarse entre ellos en la propia ciudad de Florencia, pero para 1400 algo había cambiado.
Ya hemos mencionado antes la Peste Negra iniciada en 1347 y que había arrasado Europa, aunque con poco daño en Flandes, lo que había permitido un rápido crecimiento de la ciudad de Brujas.
En Italia, la situación fue mucho más grave y todas las ciudades italianas vieron morir a la mitad de su población.
La recuperación en Italia fue más lenta que en los Países Bajos, pero Florencia contó con una singular ventaja.
Sus principales rivales en la península italiana, Génova y Venecia, estaban enfrentados entre ellos, y los comerciantes y banqueros florentinos aprovecharon la ocasión para ir ocupando las plazas que antes dominaron sus vecinos .
En ese sentido, por ejemplo, los genoveses a finales del siglo XIII fueron los primeros italianos en instalarse en Brujas.
Para comienzos del XV esa posición privilegiada la tenían los florentinos, quienes lograron establecer un estrecho lazo de apoyo comercial con los duques de Borgoña, como los Arnolfini del cuadro de Van Eyck, que fueron los mercaderes toscanos que abastecían de sedas a los duques borgoñones.
En esa Florencia enriquecida, tras superar la Peste Negra, a finales del siglo XIV , y controlada por la oligarquía de mercaderes y banqueros fue donde se puso en marcha el Renacimiento.
Florencia estaba en la ruta que unían los pasos de los Alpes con Roma.
De modo que los florentinos sabían desde hacía siglos lo oneroso que era soportar el paso de las tropas imperiales.
Ya hemos visto como incluso dentro de la ciudad hubo esos bandos enfrentados de güelfos y gibelinos.
Pero en 1400 el contexto internacional había cambiado.
En el Imperio, muerto el emperador Carlos IV en 1378, varios candidatos pugnaban por ser reconocidos como el nuevo emperador.
Algo parecido ocurría en el papado. Los papas habían trasladado su sede de Roma a Aviñón en 1309.
En 1377, el papa Gregorio XI había regresado a Roma, donde murió al año siguiente.
Entonces, los cardenales en Roma eligieron un nuevo pontífice y los de Aviñón otro, habiendo así dos papas, un problema que se agravó en 1409, cuando llegó a haber hasta tres papas.
Los florentinos supieron aprovechar la ocasión.
Sin señores externos que pudieran imponer su voluntad y con una economía saneada, se lanzaron a ampliar los dominios territoriales de la ciudad.
En 1403, ocuparon Castrocaro, en la vertiente oriental de los Apeninos.
Y en 1406, tomaron Pisa, con lo que se hicieron con el control de toda la Toscana septentrional.
Fue entonces cuando decidieron poner en marcha un programa político-artístico que les distinguiese de sus vecinos y les dotase de prestigio.
Recordemos, estamos hacia 1400. Veinte años antes, Felipe el Atrevido, duque de Borgoña, había iniciado su propio programa artístico para enaltecer su señorío.
Los mercaderes y banqueros florentinos tenían a los duques de Borgoña como uno de sus mejores clientes y los visitaban con regularidad en sus ciudades de Dijon, Bruselas o Brujas, de modo que esa oligarquía florentina fue una espectadora de excepción del éxito de la apuesta artística de los borgoñones y decidió imitarles.
La primera ocasión fue en 1401, en el concurso de las puertas del baptisterio de Florencia.
Allí, varios artistas, entre los que se encontraban unos jóvenes Ghiberti (1378-1455) y Brunelleschi (1377-1446), compitieron por ganar el concurso.
Todos habían de presentar el mismo tema, extraído del Antiguo Testamento: el sacrificio de Isaac.
La victoria se la llevó Ghiberti. Conocemos las propuestas de todos los candidatos. Si miramos el medallón que presentó Brunelleschi, las figuras son realistas, perfectamente distinguibles, pero, incluso pese a haber algún escorzo atrevido, la imagen es plana y poco proporcionada.
La propuesta de Ghiberti fue más atrevida, con las figuras bien proporcionadas e Isaac con la apariencia de efebo clásico.
Esa idea de recuperar el mundo clásico gustó al jurado. Ghiberti ganó y Brunelleschi decidió que había de aprender bien cómo funcionaba el arte del viejo Imperio romano.
En este punto, hemos de entender que lo que hizo Ghiberti no fue realmente novedoso.
Imitar las esculturas clásicas era algo que ya se había hecho antes en Italia, por ejemplo, en el púlpito del baptisterio de Pisa, realizado por Nicola Pisano (1220-1284) a mediados del siglo XIII , es decir, ciento cincuenta años antes de Ghiberti.
Es más, podemos preguntarnos si lo que hizo el propio Ghiberti, en su propuesta para el concurso del baptisterio de Florencia, fue seguir la lección de Nicola Pisano.
De todos modos, lo importante es que al jurado florentino le gustó esa vuelta al mundo clásico y lo consideró como la forma estética que se estaba buscando para el programa artístico-político con el que Florencia quería presentarse frente a sus rivales en Italia.
Insistamos de nuevo en este punto: así como los duques de Borgoña apostaron por su gótico epatante para sobresalir sobre el resto de los príncipes, los florentinos decidieron recuperar el arte clásico para mostrarse como los dignos herederos del Imperio romano, por encima de los bárbaros de más allá de los Alpes y sus súbditos italianos.
Acabamos de aludir a como Brunelleschi decidió que, puestos a imitar arte romano, él estaba dispuesto a aprender de las obras de arte que aún subsistían en Roma y allá se fue de viaje de estudios en 1402 junto con su amigo Donatello (1386-1466), quien por entonces solo era un adolescente.
Un viaje que resultó clave, pues Brunelleschi tenía muy claro que no quería inspirarse vagamente en el arte romano, sino entender hasta su raíz cómo los romanos habían creado su arquitectura, para lo que analizó en detalle las ruinas conservadas.
Hemos de entender que el reto que se propuso Brunelleschi era más complejo que el que había tenido Raymond du Temple veinte años atrás en Vincennes, en el origen de ese gótico epatante de los borgoñones.
Raymond du Temple, sin cambiar un ápice de las formas constructivas o de composición de la arquitectura gótica, se limitó a mostrarse más audaz.
Brunelleschi tuvo que empezar de cero. Sí que podía aprovechar, y así lo hizo, la tecnología gótica.
Pero en la forma de diseñar los edificios, todo era nuevo.
En este sentido hemos de contraponer las dos grandes obras arquitectónicas de Brunelleschi en Florencia.
Por un lado, la cúpula de la catedral, cuyo concurso le ganó, precisamente, a Ghiberti, en 1418.
El proyecto de Brunelleschi respondió aún a los grandes logros del mundo gótico.
Diseñó una cúpula octogonal, apoyada sobre arcos torales ojivales, y cuyo desarrollo se realizó a partir de nervaduras también ojivales .
En realidad, Brunelleschi no tuvo que ir muy lejos para conocer ese modelo de cúpula octogonal con nervaduras ojivales.
Era la solución que se había empleado en la cúpula del baptisterio de la propia catedral de Florencia, de comienzos del siglo XII .
Es cierto que la cúpula de Brunelleschi es mucho más esbelta y mucho más grande que la del baptisterio.
Fue, pues, más un reto en las dimensiones que en la tecnología.
Aquí Brunelleschi se aseguró construyendo como se habían hecho las grandes catedrales en los siglos previos.
Sin duda, que Brunelleschi ganase el concurso de la cúpula de la catedral en 1418 fue lo que le permitió presentar al año siguiente, en 1419, un proyecto, este sí, totalmente novedoso: el hospital de los Inocentes, para el que diseñó un pórtico exterior configurado por una sucesión de arcos de medio punto sobre columnas de orden corintio.
Ahí sí llegó la vuelta al mundo clásico en la arquitectura, esa sí fue la primera obra del Renacimiento, y no la cúpula de la catedral, perfectamente gótica tanto desde el punto de vista constructivo como en su solución formal.