Renacimiento 1. La vanguardia antes del Renacimiento el arte borgoñón
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1. La vanguardia antes del Renacimiento el arte borgoñón

La idea era que Carlos V pudiera contar con el concurso de sus hermanos, fortalecidos con esos importantes dominios. En gran medida, lo que habían hecho los ingleses, que, además de las tropas que traían de la Gran Bretaña, contaban con el apoyo de los señores del Poitou o la Guyena.

El resultado debió gustar, pues, como veremos, en unas pocas décadas esas formas arquitectónicas más intrépidas se expandieron por toda la cristiandad occidental.

Recordemos, no había un cambio en la forma de construir, sino, sencillamente, en sus acabados.

Por supuesto, Felipe el Atrevido había contado con el buen hacer de un arquitecto reputado, Raymond du Temple, que contaba con un equipo notable y, sobre todo, con el dinero de las arcas reales, que era con lo que se pagaba toda aquella obra.

Claus Sluter lo que hizo fue dotar a sus esculturas de alma, de pasión, de sentimiento.

El sepulcro para Felipe el Atrevido fue un ejemplo notable, con esos monjes plañideros que en verdad lloraban la pérdida del duque, insertos en una arquitectura que se ajustaba perfectamente a las formas flamígeras .

A partir de ahí, los duques de Borgoña harían que todas las manifestaciones artísticas que emanasen de su corte epatasen en las cortes rivales.

En arquitectura y en escultura, pero no solo; también en pintura, en las miniaturas de los libros, en los vestidos y en los peinados de la nobleza.

Todo encaminado a cantar las glorias de la ambiciosa corte borgoñona.

La idea caló: si un Estado quería sentarse entre los grandes podía hacerlo a través del arte.

Solo tenía que apostar por unas soluciones artísticas novedosas, inesperadas, impactantes.

Curiosamente, los primeros seguidores de estas modas impuestas por el duque de Borgoña fueron sus propios hermanos, comenzando por Juan de Francia (1340-1416), duque de Berry, quien no lejos de su corte de Bourges, en el valle del Loira, se hizo acondicionar el castillo de Mehun-sur-Yèvre dentro de las nuevas formas góticas más atrevidas.

Pero, sobre todo, Juan de Francia destacó por su rica colección de obras iluminadas, entre las que destaca Las muy ricas horas del duque de Berry , un libro de oraciones con numerosas miniaturas, elaborado por los hermanos Limbourg (originarios de los Países Bajos) a partir de 1410.

El libro sería concluido décadas después por Jean Colombe (1430-1493), lo que no impide que la primera parte, la de los Limbourg, se convirtiese en un referente para los libros iluminados del siglo  XV , una producción artística muy exitosa y que había de ser una de las formas más populares de extender los gustos borgoñones.

La labor de Felipe el Atrevido de establecer esos gustos borgoñones fue continuada por su hijo Juan sin Miedo (1371-1419), también regente en Francia, y en cuyo tiempo en Brujas se estaba formando un joven pintor, Jan van Eyck (1390-1441), que había de marcar en breve la gran pintura borgoñona gracias al detallismo conseguido por el uso del óleo.

Algo que demostró ampliamente en uno de sus cuadros más conocidos, El matrimonio Arnolfini , ya pintado en 1434, cuando en Borgoña gobernaba Felipe el Bueno (1396-1467), hijo de Juan sin Miedo .

Estas soluciones escultóricas y pictóricas muy naturalistas, cargadas de detalles y sentimientos es lo que los libros han llamado gótico internacional.

El éxito del arte borgoñón fue tal que desde 1400 encontramos toda una pléyade de artistas borgoñones que emigraron por toda Europa.

Por supuesto, llegaron pronto a la corte de Francia, donde, recordemos, Felipe el Atrevido y Juan sin Miedo llegaron a ser regentes.

Pero también viajaron a la península ibérica, en principio a la Corona de Aragón, gracias a la protección de Benedicto XIII, el papa Luna, muerto en 1422, para después llegar a la Corona de Castilla, sobre todo bajo la protección del sobrino nieto del papa Benedicto XIII, Álvaro de Luna (1390-1453), condestable de Castilla.

En su viaje a España, ese arte borgoñón supo incorporar algunas costumbres hispanas, sobre todo el mudéjar, que se había puesto de moda desde los tiempos del rey Pedro I el Cruel (1334-1369), a mediados del siglo  XIV .

El resultado es lo que los especialistas llamaron durante mucho tiempo arte hispano-flamenco.

En todos los casos, el gótico flamígero, el gótico internacional, el arte hispano-flamenco u otros términos que podemos emplear nos están llevando al mismo fenómeno, ese arte cortesano que los duques de Borgoña pusieron en marcha a finales del siglo  XIV para reivindicar sus Estados, con un carácter claramente epatante, que terminó por expandirse y convertirse en la marca distintiva de todo príncipe de la cristiandad occidental que quisiera estar en la vanguardia artística hasta las primeras décadas del siglo  XVI .

La idea era interesante: un Estado incipiente, que tenía que hacerse sitio entre una serie de viejas monarquías, lo hacía a golpe de renovación artística.

Por supuesto, no era la primera vez que un príncipe se vanagloriaba recurriendo a un arte diferente, en este caso, borgoñón.

Lo llamativo era ese objetivo político: hacerse un sitio destacado en la mesa de los grandes señores .

Esa propuesta lanzada en 1380 no cayó en el vacío.

Vamos a ver cómo dos décadas después, en 1400, se puso en marcha otro programa artístico revolucionario, esta vez en Florencia, la ciudad toscana que en su caso reclamaba la primacía en Italia.

Solo que en Florencia no apostaron por las formas góticas tratándolas de manera temeraria, sino por buscar en la propia historia florentina un pasado de gloria y recuperarlo en su versión estética.

Ese pasado fue el viejo Imperio romano, y el programa artístico-político que se puso en marcha en Florencia habría de conocerse como Renacimiento.

Adelantemos un titular. Durante todo el siglo  XV , los dos grandes movimientos artísticos de vanguardia fueron el arte tardogótico borgoñón y el Renacimiento florentino.

Y el que ganó la partida en esa centuria fue el arte borgoñón.

El Renacimiento empezó en la Toscana y a finales del siglo  XV a duras penas se había impuesto en el resto de Italia.

Fuera de Italia, solo de manera muy anecdótica y residual.

El Renacimiento no tuvo éxito durante un siglo, porque las formas borgoñonas eran mucho más impactantes, un realismo más sentido, unas soluciones arquitectónicas más atrevidas.

Hubo que esperar hasta bien entrado el siglo  XVI para que el Renacimiento por fin triunfase y solo lo hizo cuando ese arte renacentista se había convertido en la bandera del catolicismo en un mundo en el que la cristiandad latina se dividía entre católicos y protestantes.

Sin embargo, la mayor parte de los manuales de historia del arte insisten en mostrar al Renacimiento del siglo  XV como una ola imparable que fue inundando toda la Europa occidental, sobre todo, de la mano de su aliado intelectual, el Humanismo, ese empeño, también del Quattrocento, por poner al hombre como centro del mundo frente a la época medieval en la que todo había quedado supeditado a Dios.

No es cierto .

El Renacimiento se propagó muy lentamente.

El Humanismo estuvo supeditado a la fe y la moral cristianas.

Tal como acabamos de decir, el Renacimiento humanista triunfó por ser el arte católico por antonomasia, pero no lo logró hasta bien entrado el siglo  XVI , cuando por fin derrotó a las modas borgoñonas.