Renacer en las Highlands: La perfecta fugitiva CAPITULO 25 #2
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CAPITULO 25 #2

―¿Estás enfadado? ―le preguntó cuando lo tuvo cerca, esforzándose para que nadie más la oyera.

―Nunca vuelvas a ignorarme para echarte en los brazos de otro hombre.

―Pero si es mi hermano ―dijo Roslyn señalando a Gifré.

―Aunque sea tu hermano.

―Traigo buenas nuevas ―dijo este cortando la conversación de los esposos―. No creo que Henry te vuela a molestar y tampoco que McGregor ataque esta mañana.

Gifré, recuperado de la impresión inicial que le había causado que otra de sus hermanas estuviera casada con un escocés, parecía hasta sonriente.

―¿Por qué no? ―preguntó Roslyn sorprendida.

―Ha sucedido una tragedia en casa de los McGregor. Debo agregar que el motivo para dicho enfrentamiento ya no existe.

Alec enarcó una ceja, ¿sabría él lo de Mairy?

―Mairy ―dijo Roslyn mirando fijamente a Gifré.

―Su padre ya sabe la verdad, que tu esposo no tocó a su hija, y que fue Henry quién lo hizo.

―¿Cómo? ―bramó Alec sin tratar de disimular su asombro.

―Al fin y al cabo ―dijo Roslyn―, habría sido mejor que te contara la historia.

Se sonrojó al acordarse de por qué no lo había hecho. Los dos prefirieron hacer el amor antes que atender a razones y luego Alec había estado demasiado ocupado preparando a sus hombres para una lucha que no iba a llegar.

―Mejor no ―gruñó Alec―, pero sí más provechoso.

Roslyn soltó una risita avergonzada.

―Será mejor que entremos y te lo cuente todo.

Y así lo hicieron, cuando todos entraron en el salón se sentaron en la larga mesa. Roslyn se apresuró a ir a la cocina para ordenar que sirvieran algunas cervezas.

Dora salió con un par de jarras en las manos. Roslyn le acompañaba la miraba con cara sonriente mientras servía.

―Así que ya no habrá guerra entre los McAlister y los McGregor ―se apresuró a comentar Roslyn para que la mujer lo escuchara.

―Así es ―dijo Alec.

Estudió el rostro de la doncella mientras esta intentaba ocultar el júbilo que le suponían aquellas palabras. Pero no hubo manera de que ocultara sus lágrimas de felicidad.

―Me alegro ―continuó diciendo la señora―, así si un McGregor quisiera casarse con una McAlister, tú no tendrías inconveniente.

Alec la miró con el entrecejo fruncido y entonces se dio cuenta de que Dora había dejado de respirar. Cuando vio que Roslyn miraba a la muchacha lo comprendió todo.

―No, no tendría inconveniente.

Cuando la muchacha empezó a llorar sonoramente, Alec profirió un bufido incómodo.

―Vete a llorar a la cocina, mujer.

Roslyn creyó que Alec tenía la sensibilidad de un asno, pero sonrió igualmente. Alec era un hombre bueno, muy bueno. Avergonzada por ser el centro de atención, Dora se apresuró a volver a la cocina.

―Bueno, ahora vamos al tema que nos interesa ―se apresuró a decir el laird mientras tomaba un sorbo de cerveza.

―Henry ―dijo seriamente Roslyn.

Gifré la miró con sincera preocupación cuando todo quedó en silencio. Alec quiso cogerle la mano, pero se abstuvo de hacerlo en presencia de extraños. Igualmente, su esposa no parecía necesitar consuelo, sus ojos no reflejaban pena o miedo, en ellos ardía una llama de furia controlada.

―Como ya te dije, no creo que te vuelva a molestar en algún tiempo.

Alec le prestó toda la atención a su cuñado después del comentario. Este, continuó hablando, posando su mirada sobre su hermana.

―Mairy McGregor está muerta. Henry la mató.

Roslyn abrió grandes los ojos y no se atrevió a soltar juramento alguno, al igual que los presentes. A la mesa se habían unido Fergus y Yuri, que silenciosos, escuchaban con atención las noticias que el extranjero traía.

Gifré continuó con todo lo que había averiguado.

―Henry había acudido a los McGregor con una buena bolsa repleta de monedas, a cambio solo solicitaba su ayuda para librarse de McAlister. ―Miró a Alec directamente―. Motivos no les faltaban a tus vecinos según escuché, pero las cosas cambiaron anoche.

Roslyn se estremeció al darse cuenta de que aquella muerte tenía que ver con ella.

―Mairy murió porque me ayudó a escapar ―dijo, comprendiéndolo al fin.

Alec y Gabriel no pudieron ocultar sus caras de asombro. Gifré se limitó a asentir.

―Ella estaba enamorada de Henry ―anunció Roslyn―, no sé cómo semejante cosa pudo ocurrir, pero lo cierto es que Henry tenía toda la intención de casarse nuevamente conmigo y Mairy no podía soportarlo.

Supongo que me ayudó a escapar y no me mató por no echar más leña al fuego en los asuntos de los dos clanes. Cuando me marché, Mairy estaba viva.

―Fue entonces cuando Henry la mató ―terminó Gifré.

―Porque me ayudó a escapar.

―Por lo que sé, Henry te echó la culpa a ti de su muerte, y quizás si hubiera sido suficientemente convincente hubiera conseguido la ayuda de los McGregor para cargar contra tu marido, pero no fue así.

Roslyn sonrió, a pesar de las circunstancias, Gifré había llamado marido a Alec y leía en sus ojos que aquella elección le agradaba.

―Hubo alguien que te vio con Mairy salir de su habitación y también vio entrar a Henry y salir de ella. Su doncella personal dio la alarma y Henry no tuvo más remedio que huir del salón donde minutos antes había proclamado que tú habías dado muerte a la hija de McGregor, supuestamente por celos.

Reinó el silencio por unos instantes.

―Mairy era muchas cosas, pero me doy cuenta de que no era tan mala mujer como pensábamos. ―Roslyn tragó saliva y miró cariñosamente a su esposo.

―Al parecer, su doncella no solo reveló que Henry la había asesinado, sino también que la muchacha era virgen hasta que el inglés compartió su lecho, por lo que McAlister quedaba absuelto de cualquier acusación sobre el tema.

Alec agrandó los ojos en señal de sorpresa, para luego entrecerrarlos con suspicacia.

―¿Henry?

Roslyn y su hermano asintieron.

―Vaya, ha sido toda una sorpresa ―dijo Gabriel que palmeó el hombro de su amigo―, ahora no tienes por qué preocuparte de que McGregor quiera rajarte el cuello.

―Eso no me ha preocupado nunca.

Roslyn rio ante la expresión feroz de su esposo.

―Lo sé, cariño ―Alec se sorprendió ante el apelativo cariñoso que le había puesto su mujer―, pero digamos que ya no me preocupará la idea de que estalle una guerra entre los dos clanes por mi culpa.

―Tú no tuviste la culpa, Roslyn. ―Alec parecía malhumorado.

Gifré se apresuró a terminar con lo que tenía que decir antes de que su hermana y su esposo se dedicaran a devorarse con la mirada.

―Cuando llegué a tierras McGregor, di testimonio al laird de qué clase de persona era Henry, sobra decir que pienso cortarle la cabeza antes de regresar a Occitania.

Roslyn alargó la mano y la posó sobre el brazo de su hermano.

―¿Debes regresar? ―Sintió miedo. Había sido afortunada después de todo. Escapar de la guerra, de la persecución, de las calumnias de los franceses, había sido muy duro. No quería que su hermano regresara para encontrar una muerte segura. Pero eso era otro asunto que debería tratarse más adelante.

―Regresaré, pero primero vamos a rastrear las tierras de McGregor, tenemos permiso de su laird para hacerlo. Aunque Henry es listo, habrá huido al sur para reunir fuerzas.

―¿Creéis que habrá huido hacia Inglaterra? ―preguntó Gabriel.