Renacer en las Highlands: La perfecta fugitiva CAPITULO 16 #5
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CAPITULO 16 #5

La sinceridad de Alec no ayudaba mucho a llevar las cosas por buen camino, se dijo Roslyn.

―Maldición, ¿por qué has hecho eso?

―Ya basta. ―Roslyn perdió la paciencia.

―¿Cómo se atreve tu esposa a hablarnos en ese tono?

Alec no respondió, simplemente siguió observando donde quería llegar Roslyn.

―Como bien ha apuntado vuestra hija, cualquier hombre estaría deseoso de casarse con ella, ¿no es cierto?

Duncan ni siquiera se molestó en asentir.

―Debería preguntarse por qué no se ha casado con ella.

―Eso es lo que hago, y no encuentro respuesta.

―Pues la respuesta es que su hija miente, y si es capaz de mentir a su padre en un asunto tan serio, imagínese con qué facilidad podría engañar a un esposo.

Alec miró atentamente a Roslyn, sin que él le hubiera dicho nada, su mujer había deducido exactamente por qué él había rechazado semejante matrimonio con aquella mujer.

McGregor miró a Alec para corroborar lo que la mujer decía.

―Ya sabes ―se atrevió a decir Alec― pasé una vez por tonto, dos no.

Roslyn lo miró sin saber muy bien a qué se estaba refiriendo.

Fergus asintió en silencio recordando el infierno del primer matrimonio, Duncan también parecía haber aceptado el argumento de Alec.

Roslyn, en cambio, los miró a todos, sabía que su esposo se había casado, pero su hermana no profundizó en detalles sobre su primer matrimonio.

―Pero mi hija insiste en el hecho, me encuentro en un dilema, Alec.

Mairy se sintió ofendida.

―Padre, ¿no le creerás más a él que a mí, verdad?

Duncan dudó, pero al final tuvo que admitir que su hija no era siempre lo sincera que él deseaba que fuera.

―Déjeme hacerle una pregunta ―dijo Roslyn dirigiéndose a Duncan―. ¿Qué piensa hacer ahora que sabe que Alec no puede casarse con su hija?

―Habrá guerra.

Otra vez aquellas palabras, se dijo que a los escoceses les gustaba mucho el arte de la guerra.

―Como ya le he dicho a usted, debería tener pruebas, antes de acusar a mi esposo tan seriamente.

―¿Y cómo demonios quiere que las consiga?

Alec le lanzó una mirada furibunda a Duncan, no iba a permitir que nadie le hablara así a su esposa. Pero suavemente Roslyn le puso un brazo sobre el hombro, consciente de que el humor de su marido iba empeorando.

―Hay maneras de conseguirlas. ―Roslyn miró directamente a Mairy que le devolvió una mirada llena de odio puro―. ¿Supongo que mantienes que eras virgen antes de que mi esposo te tocara?

A Mairy no supo qué le ofendió más, la pregunta o el énfasis que había puesto en las palabras su esposo.

Alec la miró con asombro, el hecho de que su mujer pudiera lanzar palabras tan crudas la desmitificó un poco ante sus ojos. Era una mujer valerosa que emplearía cualquier método para proteger a los suyos, y ahora entre los suyos estaba él. Se sintió complacido por ello.

―Por supuesto.

―Por supuesto ―repitió Roslyn―, porque si no, no sé a qué viene tal revuelo.

―¿Y qué con eso? ―dijo impaciente Duncan.

―Que si mi esposo mantiene que él no la ha tocado a su querida hija ―dijo mirando fríamente a Mairy―, debería seguir siendo pura.

Ella se escandalizó y hasta pudo ver que Duncan se ruborizaba levemente.

―Maldición, Roslyn.

Ella no hizo caso a las protestas de su esposo.

―Si su hija miente, se puede averiguar.

―Aquí no hay mujeres que sepan comprobar eso.

Eso no era cierto, estaba Yuri, pero Alec y Fergus estaban tan anonadados por las palabras de ella, que se olvidaron de ese pequeño detalle.

―Bien, puede usted averiguarlo casando a su hija con otro, de todas formas, lo hubiese hecho para salvar su honor, ¿no es así?

Bruja manipuladora. Eso era la mujer con quien se había casado. Al notar cómo su mandíbula se aflojaba, Alec se enderezó y clavó la mirada en Duncan esperando una respuesta.

Duncan casi se atraganta con su propia saliva, mientras Mairy soltaba un grito de horror.

―Así tendríamos pruebas ―repitió de nuevo. Alec hubiese pagado para que no lo hiciera.

―¿Y qué ganará con saberlo? ―dijo Duncan como si no entendiera.

―Si su esposo es el primero, es que Alec no la ha tocado

Señaló lo obvio, y entrecerró los ojos ante la exasperación que le provocaba el poco entendimiento del McGregor.

―¿Y si no lo es?

―Habrá guerra ―las frías palabras de Roslyn parecieron satisfacer al McGregor―, y el daño en parte se habrá reparado, ya que estará casada.

Roslyn contuvo la respiración, obviando que todos los presentes también lo hacían.

―Es usted muy inteligente, señora ―reconoció Duncan McGregor.

―¿Y bien? ―apremió ella.

―Eso haremos.

―¡No! ―Mairy gritó de horror y esta vez no fingió. Empezó a llorar y a patalear tan fuerte que hasta Roslyn sintió vergüenza.

―Suficiente ―la voz de Duncan apenas consiguieron aplacar los gritos de su hija―. Harás lo que yo te diga.

―¡No! Maldito seas, McAlister. Y maldita tú ¡Bruja!

Roslyn retrocedió ante aquella palabra. Alec la sujetó por la cintura y sus ojos se clavaron en los de Duncan que asintió antes de dar media vuelta. No dijo nada más y salió al patio de armas.

Roslyn suspiró aliviada, mientras se separaba de su esposo. No le miró a los ojos, pues sabía que le había desobedecido.

―Le repito que es muy inteligente, mi señora. A mí jamás se me habría ocurrido semejante plan.

Roslyn asintió.

―No lo celebremos todavía, puede que el futuro esposo de Mairy no sea el primero.

Alec la contempló como si la viera por primera vez.

―Yo creo que ha sido muy inteligente. Lamento no haberme dado cuenta de cuán útil puedes llegar a ser.

Alec habló clavando sus ojos en ella. Roslyn se estremeció y tragó saliva, no sabía qué quería decir Alec exactamente.

―Lo lamento, mi señor ―dijo con una sumisión que ya no engañaba a nadie.

―¿Por qué? ―preguntó Fergus antes que el laird.

―Por haberle desobedecido y no quedarme en mi habitación.

―¿De verdad lo lamentas? ―De la pregunta de Alec se dedujo que no lo creía ni por asomo―. ¿Quién te contó lo ocurrido, Roslyn?

―Lachlam.

―Ya veo.

Alec asintió y como siempre, ella no supo si estaba enfadado o agradecido por su intervención.

―Roslyn, quiero preguntarte… ¿Cómo sabes que ella miente? ―Alec se acercó a ella. Con dos dedos aprisionó su barbilla para que lo mirara a los ojos.

Roslyn se estremeció, tenerlo tan cerca la perturbaba.

―Lo sé, tú… tú jamás harías eso, ¿verdad?

―Verdad, pero ¿cómo lo sabes tú?

Ella parpadeó.

―Lo supe cuando me recogiste en aquella loma, por la compasión que demostraste y el honor que hay en cada una de tus palabras. Yo sé que miente, aunque no pueda explicarlo muy bien con palabras.

Alec le dedicó una sonrisa ladeada que inundó el corazón de Roslyn de alivio.

―Me complaces, esposa ―le respondió antes de besarla.

Ella intentó apartarse, pues era consciente de la presencia de Fergus.

Pero fue inútil rechazarlo. Cuando Alec la rodeó entre aquellos brazos cálidos y la besó, ella pareció perder toda consciencia.

Roslyn se olvidó de dónde se encontraban y lo que les rodeaba.

Se apretó más contra él y le rodeó el cuello con los brazos.

Le devolvió la pasión que él le entregaba.

El carraspeo de Fergus detuvo a Roslyn en el momento en que iba a unir su lengua con la de su esposo.

Alec sí era consciente de la presencia de Fergus, pero no le importó en absoluto, solo cuando notó que su deseo iba peligrosamente en aumento se apartó de ella.

―Me complaces ―volvió a repetir.

―¿Sí? ―dijo ella con las mejillas arreboladas.

―Me complace que lleves mis colores, aunque aún no seas plenamente mi esposa.

Esta vez sí que Roslyn entendió a qué se refería y enrojeció de pies a cabeza.