LA DERROTA #6
Pero su voz salió un poco más clara:
—Estabilidad aumentando.
Lia alzó la vista.
—¿Sí?
El visor parpadeó más limpio, menos errático.
—Procesamiento recuperado parcialmente
La chica sonrió. Esta vez de verdad.
—Pues vamos bien.
Volvió a inclinarse sobre él.
—Voy a intentar una cosa más.
Buscó con la mirada hasta encontrar dos extremos sueltos que no coincidían del todo. Pero…
—Si esto fuese un circuito de retorno…
—Conexión no estándar
—Lo sé, lo sé.
—Riesgo de…
—También lo sé— le interrumpió.
Lia dudó un segundo sin apartar la mirada.
—No tenemos tiempo para hacerlo perfecto.
Unió los cables que respondieron con un chispazo más intenso.
El cuerpo de Nyx se tensó y su visor se apagó.
Ella contuvo el aliento.
—…reinicio…
La luz volvió y el autómata alzó ligeramente la cabeza.
El movimiento fue lento… pero continuo y armonioso. Sin interrupciones.
—funcionalidad parcial… restaurada
Lia se dejó caer hacia atrás, apoyándose en las manos.
—Bueno —dijo, sin aliento—. Pues para no tener ni idea… no ha estado tan mal.
Nyx giró el visor hacia ella.
—rendimiento óptimo… dadas las condiciones
Lia soltó una risa breve.
—Me lo voy a tomar como un cumplido.
Se incorporó de nuevo, mirándole.
—¿Puedes moverte?
Nyx apoyó la mano en el suelo y se impulsó para ponerse en pie lo mejor que pudo.
—…movilidad… recuperada… al 63%…
—Nos vale.
Lia levantó la vista hacia la oscuridad del pasillo. El latido seguía sonando de fondo, constante, insistente.
Luego volvió a mirarlo a él.
—Vamos, Nyx.
Hizo un gesto con la cabeza.
—Tenemos que terminar esto.
~
El robot asintió con un gesto que esta vez sí pareció intencionado y se pusieron en marcha.
Lia caminaba delante. Despacio y atenta a cualquier sonido, parándose de vez en cuando para aguzar el oído.
El androide la seguía a un paso irregular, pero constante.
El latido estaba en todas partes, no venía de un punto concreto. Vibraba en el suelo, en el aire, en sus propios huesos. Pero la intensidad iba en aumento.
Lia tragó saliva.
—Cada vez estamos más cerca… ¿verdad?
—…confirmado…
Siguieron avanzando por el pasillo cuando este comenzó a descender de forma casi imperceptible, pero suficiente para que Lia lo notara en la presión de las piernas.
—Esto no es Planta —murmuró—. Ni Alzado.
Nyx tardó un instante en responder.
—…es Perfil.
Lia giró ligeramente la cabeza.
—Si, ya me lo imaginaba. ¿Qué es?
—…nivel intermedio —dijo—. Infraestructura de control…
—¿Control de qué?
Los pasos de Nyx resonaron tras ella, desacompasados pero firmes.
—…control de contención
Lia apretó la mandíbula, se detuvo y se giró hacia él.
—Eso ya me lo has dicho —insistió—. ¿Qué están conteniendo?
El visor parpadeó. Como si algo rascara desde dentro.
—…no autorizado…
—Claro —susurró ella—. Siempre igual.
Se giró de nuevo y siguió caminando.
—Podrías intentarlo al menos.
Nyx avanzó unos pasos más.
—…antes… —empezó el androide—. Antes de la ciudad…
Lia alzó ligeramente la cabeza.
—¿Había algo aquí?
—…no “algo” … —corrigió—. Alguien…
—¿Alguien?
—…error de clasificación… —añadió—. Entidad…
El término quedó suspendido entre ellos.
Lia sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
—¿Y los Antiguos…?
Nyx continuó caminando.
—…constructores del sistema.
—¿Ellos lo hicieron todo?
—…fusionaron —corrigió—. Estructuras previas no humanas con otras nuevas.
Lia bajó la mirada al suelo, a las paredes, a todo lo que les rodeaba. Por primera vez, no le parecieron conductos. Le parecieron… otra cosa.
—¿Para qué?
Nyx se tomó su tiempo para contestar.
—…para dormirlo.
La chica se detuvo en seco.
—¿A esa… entidad? ¿A la cosa que vi ahí abajo?
—…confirmado.
El latido golpeó con fuerza
—¿Y si se despierta?
El visor parpadeó.
—…interrupción del sistema. Cese de extracción.
Lia frunció el ceño.
—Población drenada, conversión y redistribución.
La chica recordó los garabatos de su padre en el plano. La energía no viene de las máquinas. Sale de nosotros.
Apretó los puños.
—Los Antiguos… nos quitan vida para mantener esa cosa dormida.
—…confirmado…
—Y así ellos pueden usar su energía y vivir para siempre.
—…dependientes del sistema.
Lia dejó escapar una risa breve. Sin humor.
—Si, que pena.
Reanudó la marcha, más rápido ahora, más decidida.
—Entonces no es que no quieran que despierte. Es que no pueden permitírselo.
—…discrepancia…
Lia se giró.
—¿Qué?
Nyx avanzó hasta colocarse a su altura.
—…el sistema… está fallando.
La joven negó con la cabeza.
—O sea que lo están drenando… pero ya no pueden controlarlo.
—…confirmado…
El pasillo se abrió de pronto. No era una sala, sino algo más amplio, más alto.
Una estructura vertical que descendía en espiral hacia la oscuridad.
Lia vaciló, pero el latido venía de allí. Directo. Brutal. Así que dio un paso al frente y comenzó a descender.
El aire vibraba.
—¿Eso es…?
—… el núcleo de contención.
—Si lo destruimos, se despierta.
—…sí…
—Y si no…
—…la extracción continúa… cada vez más intensa.
Lia se detuvo y cerró los ojos un instante. Pensó en la cocina, su padre en la silla. Viejo. Apagándose. Al abrirlos, su voz fue firme:
—Entonces da igual el riesgo. Hay que parar esto.
Nyx guardó silencio.
El latido volvió, más profundo, más presente, como si hubiera estado esperando esa respuesta. Lia no apartó la mirada de la oscuridad.
—Vamos.
No fue una orden. Fue una decisión.
Comenzaron a descender. La estructura en espiral crujía bajo sus pies, como algo que llevaba demasiado tiempo sin usarse. A cada vuelta, el aire se volvía más denso y cálido; el metal desaparecía, sustituido por superficies irregulares, orgánicas, que cedían levemente al tacto.
—Esto no es estructura —murmuró Lia.
—…interfaz entre sistemas.
El espacio se abrió en una cavidad enorme, oscura, viva. La superficie curva que tenían delante estaba atravesada por conductos que no eran conductos, sino heridas por donde fluía una luz verdosa en pulsos constantes.
—…canales de extracción.
—Le están vaciando desde dentro.
—…confirmado…
La luz entraba y salía como una respiración forzada.
—¿Dónde está el núcleo?
—…centro de sincronización… allí.
Lia lo vio: una estructura incrustada, clavada como una espina, oscura y antinatural, conectada a todo.
El latido, acompasado con el fulgor verdoso, se volvió irregular.
—Esto preserva sus vidas… y lo mantiene dormido.
—…sí…
—¿Sabes desactivarlo?
—…interrupción parcial… posible.
La muchacha asintió.
—Eso nos vale.
El latido golpeó más cerca, como si hubiera entendido.
—Entonces vamos a hacerlo.
Nyx dudó.
—…advertencia…
—No. Dime cómo hacerlo.
—…acceso por la base… desconexión secuencial.
—Perfecto.
La joven avanzó hacia el núcleo.
—Vamos a despertar a alguien.
Un sonido distinto al latido recorrió la cavidad. No era orgánico. Pasos. Lentos. Firmes.
Lia miró hacia arriba.
—Llegan tarde.
—No —respondió una voz a su espalda—. Llegamos justo a tiempo.
Se volvió.
Tres figuras descendían por la estructura, sin prisa. Sus movimientos eran precisos, contenidos. No había urgencia en ellos.
—No entendéis lo que estáis haciendo —dijo uno.
—Lo entendemos perfectamente —respondió Lia.
—Este sistema mantiene el equilibrio.
—Mantiene vuestro equilibrio.
El Antiguo no reaccionó.
—También el vuestro.
El latido golpeó.
El Antiguo dio un paso más.
—No podemos permitirlo.
Lia no respondió, se giró y se dejó caer junto al núcleo. El suelo cedía bajo sus pasos, blando, inestable. De cerca, aquello no era una máquina, sino algo clavado en una superficie viva que parecía intentar expulsarlo.
Una mano se cerró sobre su muñeca deteniéndola en seco.
—No —dijo el Antiguo, muy cerca—. No tienes idea de lo que hay ahí abajo.
Durante un instante la chica dudó.
Nyx se movió. Torpe. Descompensado. Pero decidido.
Se interpuso entre ambos y, con un movimiento brusco, apartó al Antiguo de Lia. El impacto no fue limpio. El cuerpo del robot se sacudió y su visor parpadeó como lo hacía al principio.
—…interferencia… crítica…
El Antiguo retrocedió, pero sin llegar a caerse.
Los otros dos avanzaron.
Lia miró a Nyx.
—Aguanta.
Y volvió al núcleo.
Introdujo la herramienta. El metal chilló. El latido se aceleró.
—…nodo uno…
Hizo palanca. La resistencia no era mecánica. Era orgánica.
El cable cedió y con un chispazo verde estalló. El latido se descompuso antes de volver, más irregular, más vivo.
A su espalda, el sonido de metal contra metal, movimiento, arrastre… Nyx se desenvolvía bien a pesar de su estado. Pero no aguantaría mucho.
—…inestabilidad creciente…
—Mejor.
El segundo nodo cedió de golpe. La luz se desbordó como sangre liberada. El espacio entero respondió: paredes contrayéndose, conductos tensándose.
El latido ya no era un pulso. Era un golpe continuo.
—Queda el último —Murmuró Lia.
Uno de los Antiguos se incorporaba de nuevo.
Otro avanzaba.
Más rápido ahora.
—…presión… aumentando… —dijo Nyx.
La chica no miró atrás.
El tercero estaba más profundo, más integrado. El metal no cedía.
El suelo se inclinó ligeramente.
Lia perdió el equilibrio un segundo.
—…riesgo estructural —Continuó Nyx
—Lo sé.
Se agachó para ver mejor y entonces lo entendió.
—No hay que arrancarlo. Hay que liberarlo.
Algo la agarró del hombro con fuerza y la arrastró medio paso atrás.
—¡Basta!
El Antiguo estaba demasiado aturdido. Su voz ya no era calmada, era de angustia.
No luchó. Se soltó girando el cuerpo, apenas lo justo.
Nyx se lanzó contra él sin equilibrio, sin precisión. Pero fue suficiente.
Ambos cayeron fuera de su campo de visión.
Un golpe seco.
Luego silencio.
Lia se tumbó en el suelo junto al núcleo y, con un movimiento más preciso, cambió el ángulo de la herramienta, la deslizó por debajo de la estructura y empujó con todo el peso de su cuerpo.
El material crujió con una resistencia que no era del todo mecánica, sino algo más profundo, como si aquello se negara a soltarse. Durante un instante, el latido se detuvo por completo, y el silencio que lo sustituyó resultó tan absoluto que Lia llegó a pensar que algo había salido mal.
Entonces llegó el pulso. No desde el sistema. Desde abajo.