LA DERROTA #5
El autómata estaba frente a ella totalmente inmóvil.
Donde antes había un brazo, solo quedaban cables expuestos asomando por fragmentos de metal desgarrado. Y su visor parpadeaba con luz tenue y errática.
—…decisión… ejecutada…
El visor parpadeó una vez, como si le costara mantenerse activo.
Lia tardó unos segundos en encontrar la voz.
—Me… has salvado —susurró, como si aún no terminara de creerlo.
Hizo un esfuerzo por ponerse en pie. Las piernas le temblaban.
—¿Por qué…? —empezó a decir, sin terminar la frase.
El visor se mantuvo fijo en ella un instante. Luego, muy despacio, giró sobre sí mismo. El movimiento fue torpe. Más pesado que antes. Como si un lado respondiera más lento que el otro.
—…daño estructural… —dijo, con la voz más inestable—. Evaluación necesaria…
—¿Qué…? —dijo, frunciendo el ceño.
El autómata terminó de girarse. Dándole la espalda por primera vez.
Y entonces se percató. La parte posterior de la cabeza metálica estaba abierta. No como una compuerta, sino como una herida.
Placas arrancadas. Bordes deformados. Y dentro… cables. Una maraña de cables expuestos, enredados entre sí, algunos cortados, otros apenas sujetos. Chispas débiles recorrían su interior de forma intermitente.
La muchacha dio un paso más, casi sin darse cuenta.
—Eso… no es desgaste —susurró.
El autómata no reaccionó.
—…intervención externa… —respondió—. Registro incompleto…
La joven levantó la mano con cuidado. Dudó un instante antes de acercarla. No quería hacerle más daño ni empeorar su situación. Era buena en lo suyo. Muy buena. Pero lo suyo eran los conductos y las maquinarias pesadas. Aquello era mucho más… complejo.
—Te hicieron esto.
El visor parpadeó.
—…supresión de memoria… parcial…
Lia tragó saliva.
—Por intentar detenerlo.
Silencio.
—…confirmación… probable…
El eco del ascensor hacía rato que no se escuchaba. En su lugar, el latido volvió a sonar más fuerte y cercano que nunca.
El autómata ajustó ligeramente la postura.
—Espera…
El lado izquierdo de su cuerpo terminaba antes de lo que debería, y sus movimientos parecían desacompasados.
Lia se agachó ligeramente, examinando la zona.
—No voy a dejarte así.
El la miró. Como si procesara algo más allá de una simple orden.
En ese momento, el sonido del ascensor volvió. Lejos. Profundo. Un zumbido metálico que atravesaba la estructura.
La muchacha alzó la cabeza de golpe, mirando hacia el hueco por el que había desaparecido la cabina.
—Van a volver.
El autómata no se giró a mirar, pero su postura cambió. Apenas un ajuste. Sutil.
—…patrón cíclico… —dijo finalmente—. Reutilización de transporte… probable.
Lia se incorporó del todo, ignorando el temblor de las piernas.
—Entonces no podemos quedarnos aquí.
Miró a su alrededor. La sala era demasiado abierta. Demasiado expuesta. Sin escondites reales. Pensó en volver por donde habían venido, pero le pareció el lugar más probable donde podrían buscarlos.
—Necesitamos un sitio… cerrado. Seguro. Donde no nos encuentren.
El robot giró ligeramente la cabeza, como si escaneara el entorno.
—…rutas secundarias… disponibles…
Dio un paso vacilante. El desequilibrio fue evidente al instante. El peso mal distribuido, la ausencia del brazo izquierdo.
Lia reaccionó rápido, colocándose a su lado.
—Despacio. No te caigas ahora.
El autómata no se apartó. La miró fijamente durante un segundo.
—…asistencia… innecesaria…
—Ya —replicó ella—. Pero la tienes igual. Dime por donde es.
Avanzaron guiados por el robot.
Lejos del centro de la sala. Hacia una abertura lateral, apenas visible entre estructuras metálicas y sombras.
El latido seguía ahí, como un recordatorio constante de que algo les estaba esperando.
Lia apretó los dientes.
—Eso… —dijo sin mirarle—. Cada vez se oye más.
—…fuente… profunda… —respondió él—. Núcleo estructural…
No dijo más.
Pero fue suficiente.
Siguieron avanzando unos segundos en silencio, hasta que la chica volvió a hablar.
—Oye…
El autómata giró el visor hacia ella.
—¿Tienes nombre?
Hubo una pausa más larga de lo habitual.
—…designación… unidad de mantenimiento perfil… serie KX-9… subrutina Nyx-47… núcleo operativo Theta…
Lia parpadeó.
—Vale, vale.
El visor permaneció fijo en ella.
—Eso no es un nombre. Eso es… —negó con la cabeza— un despropósito.
El autómata no reaccionó.
—…designación válida…
—Sí, seguro —dijo ella, medio sonriendo pese a todo—. Pero no voy a llamarte así cada vez que quiera hablar contigo.
Se detuvo un instante y lo miró con atención. Las marcas de sus placas metálicas no eran simples uniones. Unas líneas grabadas en la superficie dibujaban un patrón claro. Curvas, puntos, círculos concéntricos.
Su respiración se suavizó un segundo.
—Mi padre tenía un libro. De cuando aún se enseñaban cosas… de antes.
Las palabras se le atragantaban al recordar a su padre. Con todo lo que estaba pasando, no había tenido tiempo de asimilar su ausencia.
—Había imágenes del cielo nocturno. De estrellas. Decía que, antes del vapor… podías verlas.
Alzó la mano, sin tocarle, siguiendo con la vista las inscripciones de su carcasa.
—Esto… se parece.
El visor parpadeó.
—…referencia no registrada…
Lia esbozó una sonrisa leve.
—Ya. No me extraña —dijo con tristeza.
Bajó la mano.
—Nyx —dijo al final.
El autómata permaneció en silencio.
—Te voy a llamar Nyx.
Una pausa.
—Es más fácil. Y… te pega. —dudó un segundo—. Me recuerda a la noche en aquel libro.
El visor emitió un leve pulso de luz.
—…Nyx…
Como si saboreara la palabra.
—…aceptable…
La chica asintió.
—Muy bien Nyx. Yo soy Lia.
El la analizó brevemente.
—Tenemos que encontrar un sitio donde arreglarte antes de que ese ascensor vuelva a bajar con tus amigos, los Antiguos, dentro.
El autómata giró ligeramente la cabeza.
—…Ya… no son… iguales…
Lia frunció el ceño.
—¿Cómo que no? Nunca cambian. Son… eternos.
Se sintió estúpida al escucharse decirlo en voz alta. Siempre le había parecido extraño todo lo relacionado con los Antiguos, pero después de lo que había vivido en las últimas horas, se sentía engañada.
Siguieron avanzando por un pasillo que se estrechaba. Más oscuro cuanto más se alejaban.
—…deterioro… progresivo… —dijo Nyx—. Exposición prolongada…
—¿Exposición a qué?
Tardó en contestar un rato. A Lia le empezaban a impacientar esas pausas. Tenía muchas preguntas y el robot no parecía poder darle todas las respuestas.
—…energía extraída…
La chica lo entendió.
—El cráter…
Nyx no confirmó, pero tampoco lo negó.
—…función principal… —continuó—. Sistema de contención…
—¿Contención de qué?
Se detuvieron ante una compuerta entreabierta que daba a una sala oscura.
El robot se quedó inmóvil, con el visor fijo como si mirara más allá de las paredes.
—…error… —dijo.
La luz parpadeó.
—…protocolo restringido…
Lia sintió un escalofrío.
—Te hicieron eso en la cabeza para que no lo dijeras.
Silencio.
—…confirmación… probable…
El latido golpeó de nuevo.
La joven respiró hondo.
—Vale. Pues entonces lo averiguaremos juntos.
Empujó la compuerta.
Algunos puntos de luz parpadearon con un zumbido. Después iluminaron la sala. Un espacio más pequeño y cerrado. Había restos de maquinaria antigua, tubos, paneles abiertos y toda clase de artilugios que Lia no reconocía.
Sería su refugio por ahora.
—Siéntate.
Nyx dudó un instante. Luego obedeció y se dejó caer contra la pared con un sonido metálico seco que resonó en la estancia.
—Vamos a ver qué te han hecho.
Lia no perdió tiempo, se arrodilló frente a él y acercó la mano con cuidado, sin tocar aún, solo observando.
Un laberinto de cables expuestos. Algunos completamente seccionados. Otros apenas sujetos por filamentos. Demasiado fino. Demasiado preciso. Nada que la muchacha hubiera visto antes.
—Esto… —murmuró—. Esto no es como los conductos.
—…confirmado… —respondió Nyx—. Tecnología… distinta…
—No me digas.
Frunció el ceño. No había válvulas. Ni anclajes estándar. Ni nada que pudiera reconocer a simple vista. Pero había patrones. Siempre los había.
—Si esto fuese un sistema de presión… —susurró para sí misma—. Los circuitos principales deberían ir protegidos…
Acercó un poco más la cara, entrecerrando los ojos.
—…y lo que queda expuesto serían secundarios… o redundancias…
El visor de Nyx parpadeó.
—…hipótesis… funcional… parcial…
Lia soltó una pequeña exhalación.
—Vale. Algo es algo.
Se llevó la mano al cinturón. Sacó una herramienta estrecha, desgastada por el uso. No era para eso. Pero era lo que tenía.
—Escucha. Si meto mano aquí, puedo empeorarlo.
—…probabilidad… elevada…
—Genial.
Apretó los dientes.
—Entonces me vas guiando.
Hubo un breve silencio.
—…aceptado…
La joven apartó con cuidado un conjunto de cables ennegrecidos. Chispas débiles saltaron al contacto con su herramienta haciéndola retroceder.
—Vale, eso no me ha gustado.
—…canal energético… activo…
—Perfecto. Pues ese no lo tocamos.
Movió la herramienta, buscando algo más estable. Algo que pareciera… estructural.
—Este —dijo animada—. Este parece importante.
—…conexión… de control… motor…
—Ajá.
Dudó un instante.
—¿Si lo recoloco?
—…riesgo de pérdida… total de movilidad…
Lia se quedó quieta.
—O sea, que no.
—…no recomendado…
Inspiró hondo y miró el conjunto otra vez con más calma.
A lo mejor no entendía la máquina, pero podría descubrir cómo estaba rota.
Un circuito llamó su atención. No era central. Probablemente no lo solucionaría todo. Pero estaba mal encajado.
—Esto no está donde debería —murmuró pensando en cómo reubicarlo.
—…desalineación… detectada…
—Claro.
Sonrió ligeramente.
—Eso sí lo entiendo.
Introdujo la herramienta con cuidado, haciendo palanca apenas unos milímetros.
El cable cedió y las chispas cesaron. El visor de Nyx se estabilizó durante un segundo.
—…respuesta… mejorada…
Lia dejó escapar el aire.
—Bien. Bien.
Se movió un poco más rápido ahora. No mucho, pero con más seguridad. Ajustando esto, separando aquello, recolocando lo evidente e ignorando lo que no entendía.
—Esto es como trabajar a ciegas —murmuró con algo de ansiedad.
—…comparación… adecuada…
—Gracias por el apoyo.
Una chispa saltó cerca de su mano y se apartó de golpe.
—¡Joder!
Nyx no reaccionó.