Capítulo 17Willow #3
Volví a mirar a Jake. La respuesta estaba en mí antes de que pudiera ordenar las palabras. Tal vez lo había estado desde la biblioteca, desde la lluvia, desde el momento en que abrió la puerta la primera noche y mi vida se salió de su eje.
—Yo también te amo —dije.
La expresión de Jake cambió como si acabara de entregarle el mundo entero y no supiera dónde poner las manos.
—Tú...
—Pero —añadí, señalándolo con el dedo, porque seguía siendo yo misma— eso no significa que estés perdonado de todo mágicamente solo porque has hecho un discurso bonito después de marcar un gol.
Parker susurró:
—Discurso y gol. Combo poderoso.
Mia lo miró de nuevo.
—Último aviso.
Jake casi sonrió, pero sus ojos brillaban.
—Entendido.
—Y nada de decidir por mí.
—Nunca más.
—Nada de usar a Connor como excusa.
—Nunca más —repitió.
—Nada de desaparecer cuando tengas miedo.
Respiró hondo.
—¿Puedo tener miedo?
—Puedes.
—¿Puedo admitirlo de un modo poco atractivo?
—Debes.
—¿Puedo mandarte mensajes dramáticos y borrarlos antes de enviarlos?
—Solo si me lo cuentas después para que me ría de ti.
Esta vez, sonrió. Una sonrisa real, abierta, tan llena de alivio que mi corazón casi no lo soportó.
—Trato hecho.
—Y una cosa más.
—Lo que sea.
Sentí que la cara me ardía, pero mantuve la mirada en la suya.
—No quiero más clases.
Su expresión se suavizó.
—¿No?
—No. Quiero citas. De verdad. Café, cine, biblioteca, cenas malas, peleas por libros que no has leído, tú distrayéndome de estudiar y yo fingiendo que lo odio.
—Puedo hacer eso.
—Lo sé.
—¿Puedo besarte al final de esas citas?
Detrás de mí, Connor soltó un sonido de protesta.
—Tío.
Jake no apartó los ojos de mí.
—Se lo estoy preguntando a ella.
El pecho se me calentó de un modo que casi dolía.
Miré a Connor por encima del hombro.
—Está bien.
Él cerró los ojos como si estuviera enfrentando una prueba religiosa.
—No necesito verlo.
—Pues mira hacia otro lado.
—Este es el pasillo de mi equipo.
—Connor.
Soltó un suspiro dramático y apartó la cara.
—Rápido.
Mia se rio. Parker pareció a punto de narrar la escena y desistió cuando Mia levantó un dedo amenazante.
Jake seguía esperando mi respuesta.
Me acerqué un paso.
—Puedes besarme ahora.
Su expresión perdió todo el humor.
—¿Estás segura?
Sonreí, y esta vez fue entera.
—¿Con palabras, Jake?
Soltó una risa baja, recordando. La misma frase, otro momento, otra versión de nosotros. Antes, me ponía nerviosa. Ahora, me hacía sentir vista.
—Sí —dije—. Quiero.
Jake me besó.
No fue un beso escondido en un pasillo oscuro, ni un beso robado entre la culpa y el deseo, ni una lección disfrazada de disculpa.
Fue un beso público, lento y lleno de cuidado.
Sus manos me tocaron el rostro con la delicadeza que ya conocía, pero ahora no había prisa por esconder, ni miedo empujando nuestros cuerpos lejos.
Había ruido alrededor. Alguien silbó, Parker gritó algo que Mia probablemente le haría tragarse después, y Connor refunfuñó que se iba a mudar de país. Pero todo eso quedó lejano.
Porque Jake me besaba como si estuviera cumpliendo una promesa. Y yo lo besaba como si estuviera haciendo una.
Cuando nos separamos, mantuvo la frente cerca de la mía un segundo.
—Hola, novia —murmuró.
Me ardió la cara.
—Eso ha sido rápido.
—He esperado años. No estoy de acuerdo.
Puse los ojos en blanco, pero estaba sonriendo.
—Eres imposible.
—¿Y aun así?
Toqué la sudadera bajo mi chaqueta, su número entre mis dedos.
—Y aun así.
Connor carraspeó fuerte.
—Genial. Precioso. Emocionante. Ahora suelta a mi hermana antes de que tenga una recaída criminal.
Jake se apartó un poco, pero no me soltó la mano. Miró a Connor.
—Le estoy cogiendo la mano, Bennett.
—Exacto. Así empieza todo.
—Connor —dije.
Levantó las manos.
—Límites saludables. Estoy practicando.
Jake, por su propia supervivencia, no se rio. Le apreté la mano en advertencia y me volví hacia mi hermano. Connor miró nuestras manos entrelazadas. Le dolió, lo vi. Pero, esta vez, no intentó separarlas.
—¿Eres feliz? —me preguntó.
La pregunta fue sencilla. Y tal vez la más importante que me había hecho nunca.
Miré a Jake. Después a Mia, que me observaba con los ojos brillantes y una expresión orgullosa. Después a Connor, mi hermano terco, protector, irritante e intentándolo, aunque intentarlo pareciera casi físicamente doloroso.
Le apreté la mano a Jake.
—Lo soy.
Connor respiró hondo.
—Entonces voy a intentar ser feliz también.
Tuve ganas de abrazarlo ahí mismo.
—Gracias.
Señaló a Jake.
—Pero tú. Si la haces llorar...
—Lo sé —dijo Jake—. Me matas.
Connor frunció el ceño.
—No. Esa amenaza ha quedado muy genérica. Voy a pensar en algo más creativo.
Parker apareció al lado de Jake.
—Puedo ayudar. Tengo tiempo libre.
Mia lo señaló.
—Estás en el bando equivocado.
—Me gusta contribuir a la comunidad.
Por primera vez en muchos días, me reí sin peso.
El pasillo seguía abarrotado, el equipo celebraba, la victoria todavía vibraba a nuestro alrededor. Pero, en medio de todo, se estaba formando algo tranquilo, ni perfecto ni sencillo, pero verdadero.
Jake entrelazó los dedos con los míos. Y no los soltó.