Reglas rotas Capítulo 11Willow #2
50%

Capítulo 11Willow #2

—Jake debe de tener sus propios problemas. Yo no soy responsable del rendimiento deportivo de tu mejor amigo.

Connor me estudió con atención. Había desconfianza ahí, pero también una preocupación genuina.

No solo por mí. También por Jake. Aquello me golpeó de un modo inesperado, porque, a pesar del pacto idiota y de la protección asfixiante, Connor quería a Jake.

De verdad. Y cuando lo descubriera, no sería solo rabia. Sería dolor.

—Si algún tío te hiciera daño, ¿me lo dirías? —preguntó.

Tragué saliva.

—Connor…

—No estoy bromeando. No tienes que lidiar con estas cosas sola.

Se me cerró la garganta. Durante unos segundos, quise contárselo. No todo, pero algo. Quise decirle que estaba confundida, que había tomado decisiones de adulta y aun así me sentía pequeña, que tal vez me había enamorado del único hombre que mi hermano nunca aceptaría.

Pero Connor no estaba preparado para oír aquello. Y yo no estaba preparada para decirlo.

—Lo sé —respondí, más suave—. Pero estoy bien.

Él no me creyó, pero me dejó ir.

Aquella noche, Mia decidió que necesitaba salir.

Otra vez. La diferencia era que, esta vez, no estaba intentando provocar a Jake, poner a prueba mi poder de ligoteo ni fingir que era una nueva Willow atrevida.

Solo no quería pasar otra noche en la habitación, mirando el techo y recordando el peso de su brazo sobre mi cintura.

—Nada de jugadores de hockey —le advertí mientras revolvía mi armario.

—De acuerdo.

—Nada de fiestas en casas de jugadores.

—También de acuerdo.

—Nada de sitios donde Jake pueda aparecer.

Mia se detuvo, sosteniendo una blusa verde.

—Cariño, es popular, deportista y aparentemente omnipresente. No puedo prometer milagros.

Acabamos yendo a un bar cerca del campus que admitía estudiantes, servía buenas patatas fritas y tenía música en directo lo bastante mala como para resultar divertida.

Me puse vaqueros, una blusa bonita y la determinación frágil de alguien que quería demostrarse a sí misma que todavía existía fuera de Jake Miller.

Al principio, funcionó.

Me reí con Mia. Comí demasiadas patatas. Canté mal una canción que no conocía. Durante casi una hora, fui solo una chica universitaria intentando sobrevivir a una mala semana. Entonces apareció Travis.

Era el mismo chico de la fiesta, el de la clase de Sociología, el que había hablado conmigo antes de que Jake surgiera como una tormenta posesiva en mitad del aula. Travis sonrió al verme y se acercó con dos amigos. Yo no estaba interesada, pero tampoco quería ser borde sin motivo.

—Willow, ¿verdad? —dijo.

—Sí.

—¿Esta vez sin el guardaespaldas del hockey?

La broma me molestó, pero forcé una sonrisa.

—Esta vez solo con mi amiga.

Mia levantó la mano.

—Y ella muerde.

Travis se rio, pensando que era broma. No del todo.

Siguió hablando, preguntó por la clase, se quejó del profesor y comentó que había desaparecido de la fiesta el otro día.

Intenté mantener las respuestas breves y educadas, pero él parecía interpretar la educación como una invitación.

Cuando Mia fue a la barra a por más refresco, Travis ocupó la silla a mi lado.

—Es difícil encontrarte sola —dijo.

—Tal vez porque me gusta la compañía.

—O porque tu hermano asusta a todo el mundo.

Respiré hondo.

—Mira, Travis, no quiero ser borde, pero…

—Tranquila. Solo estoy hablando.

Su mano tocó el respaldo de mi silla. No a mí, pero demasiado cerca. Mi cuerpo se tensó de inmediato.

—Voy a buscar a mi amiga —dije, levantándome.

Travis también se levantó.

—Espera. ¿He hecho algo?

—No. Solo quiero irme.

—Hace un momento estabas bien.

—Y ahora quiero irme.

Él se rio, pero no sonó divertido.

—¿Siempre eres así? ¿Das pie y luego finges que no?

Se me heló el estómago.

Aquello bastó para transformar el malestar en irritación.

—He hablado contigo. Eso no es un contrato.

Intenté pasar, pero él se puso en mi camino. No me tocó, no hizo nada lo bastante grande como para llamar la atención de inmediato, pero me bloqueó la salida con el cuerpo.

—Tranquila, Willow. No hace falta que actúes como si fuera un monstruo.

—Pues quítate de mi camino.

La voz me salió más firme de lo que esperaba. Algunas personas cercanas miraron, pero apartaron la vista enseguida, como si no quisieran involucrarse.

Travis abrió la boca para responder.

No llegó a decir nada.

Una presencia surgió detrás de él, alta, tensa y lo bastante familiar como para cambiar todo el aire a mi alrededor.

—Te ha pedido que te quites de en medio.

Jake.

Por un segundo, olvidé cómo respirar. Estaba ahí, con una chaqueta oscura, el rostro cerrado, los ojos clavados en Travis con una calma que no era calma de verdad. Era ese tipo de silencio que precedía a una colisión.

Travis se giró y palideció un poco.

—Tío, no es asunto tuyo.

Jake dio un paso al frente. No lo tocó. No hizo falta.

—Sí que lo es.

Las dos palabras pesaron más de lo debido.

Porque una parte de mí quería sentirse aliviada. Otra parte quería gritar. Jake no podía desaparecer durante días, dejarme lidiar con la vergüenza de ser un secreto, y luego aparecer en el momento exacto en que otro chico me hacía sentir incómoda, como si todavía tuviera algún derecho sobre mí.

Mia apareció a mi lado, con los ojos muy abiertos, sujetando dos vasos.

—¿Willow?

—Estoy bien —respondí, aunque mi voz no sonó del todo mía.

Travis levantó las manos, intentando parecer inocente.

—Solo estábamos hablando.

Jake no apartó los ojos de él.

—Pues la conversación se ha acabado.

Por un segundo, pensé que Travis discutiría. Tal vez si hubiera estado con sus amigos, o si Jake no fuera Jake Miller, o si su mirada no prometiera un problema enorme. Pero Travis solo masculló algo y se alejó.

El bar volvió a respirar. Yo no.

Jake se giró hacia mí, y toda la dureza de su rostro vaciló.

—¿Estás bien?

Era esa pregunta otra vez, con esa misma voz. Su cuidado llegaba demasiado tarde y, aun así, acertaba justo donde yo estaba frágil.

La rabia vino porque, si no venía, podría echarme a llorar.

—Ya no tienes ese derecho, Jake.

Él se quedó inmóvil.

Mia miró de mí a él, y después dio un paso discreto hacia atrás, como si entendiera que había cosas que necesitaban decirse sin público. El bar seguía ruidoso alrededor, pero entre Jake y yo todo pareció demasiado silencioso.

Jake tragó saliva.

—Willow…

—No. —Negué con la cabeza, sujetando el bolso contra el cuerpo como si fuera una armadura—. No puedes quererme en secreto y aparecer en público como si todavía pudieras protegerme.

El modo en que Jake apartó la mirada me dijo que la frase había dado en el blanco.

Debería haberme ido después de eso. Debería haber llamado a Mia, haber salido del bar, haber vuelto a la residencia y conservado la poca dignidad que me quedaba. Pero me quedé ahí, delante de él, esperando una respuesta que tal vez todavía no hubiera dejado de desear.

Jake abrió los ojos.

Y, por primera vez desde que todo empezó, pareció listo para dejar de huir.