1 #3
—…que hay en la gente. En la humanidad en general. Todas las partes oscuras y desagradables de las que no queremos que el resto se den cuenta. —Jugueteo con el dobladillo de mi blusa.
—¿Y qué te atrajo a dibujar sobre eso?
—Todo el mundo posee algo de oscuridad en su interior —le explico—. Algunos más que otros, pero nadie quiere admitirlo. Nos ponemos una máscara que le mostramos al resto del mundo y fingimos que esta no existe.
Ocean vuelve a asentir.
—Así que ¿se trata de forzar a la oscuridad para que salga a la luz?
—Sí y no. Forzar a la oscuridad para que salga a la luz implica que tienes que deshacerte de esa oscuridad.
Esto se trata más de… —Hago una pausa y trato de buscar las palabras adecuadas y eso que he practicado esta explicación cientos de veces—.
De atraer al espectador hacia la oscuridad.
—Inhalo con profundidad—. De aceptar nuestra…
Mí.
—…oscuridad interior.
—Ya veo. —Ocean sigue en silencio y me preocupa mucho estar aburriéndola, pero entonces veo cómo se aclara la garganta—. Voy a serte sincera, Poppy.
Se me hunde el estómago.
—Esta colección… —Pasa las páginas y me preparo para el golpetazo de realidad—. Es increíble.
Se me para el corazón.
¿Cómo?
—¿Cómo? —Suena más bien como un suspiro ahogado y no una palabra.
Ella siente.
—Esta colección es sinceridad. No eres la primera artista que intenta explorar la oscuridad interior y el trauma a través del arte, pero puedo ver que hay una oscuridad real aquí. —Gira la carpeta y puedo ver la obra que estaba admirando.
Es un dibujo a lápiz y con muchas sombras que trataba de imitar a las películas de cine negro. La perspectiva muestra un callejón y se puede apreciar la figura de un cadáver sangrando sobre el suelo.
—Es una pieza muy cruda —añade.
Pasa de página a una obra al óleo surrealista de mí misma ahogándome en una piscina.
Y después a una pieza mucho más abstracta que se asemeja vagamente a una figura sin rostro de una chica inconsciente tumbada en el suelo mientras le sale zumo de naranja por la boca como si fuera sangre.
—Es muy inquietante —murmura—. Me encanta. Es increíble la cantidad de cosas que la mente humana puede llegar a imaginar.
La verdad es que no me ha hecho falta hacer mucho uso de la imaginación en estas obras.
Quizá sea un dato demasiado morboso, pero no creo que nadie se dé cuenta nunca de que la silueta en el callejón es la de Mickey Mabel. O que la chica inconsciente se trata de la chica a la que envenené para poder hacer trampas y conseguir así una beca para estudiar en Lionswood.
Ocean llega hasta la última obra, una llave inglesa repleta de sangre que reposa sobre el suelo de un garaje, antes de cerrar la carpeta.
—Bien. —Finalmente alza la mirada hacia mí—. Poppy, tu colección es maravillosa y muy cruda. Es oscura. El tipo de colección que nos encantaría exponer en el Ars Astrum.
El corazón comienza a galoparme en el pecho.
Está pasando.
Va a ofrecerme una exposición en solitario.
Veo cómo frunce los labios.
—Pero…
¿Pero?
Se supone que esa frase no debería de llevar ninguna conjunción.
—¿Pero? —suspiro.
—Pero creo que no estoy de acuerdo con tu hipótesis —termina de decir—. Me has dicho que se supone que esta colección debe llevar al espectador hacia la oscuridad, tu versión de la oscuridad, claro, y de aceptar esa oscuridad.
No me muevo ni un centímetro.
—Exacto.
—Pero hay algo aquí que para mí no tiene sentido —dice Ocean, frunciendo el ceño—.
Cada obra parece un evento aislado. Todas las obras son oscuras y seguramente forman parte de una historia más grande, pero siento que falta algo que las conecta.
—Me mira con esos ojos grandes y verdes, y me empiezo a preocupar durante un segundo de que se haya vuelto loca—.
Es como si te faltara la última pieza del puzle.
—Oh. —Se me seca la boca y le doy otro sorbo al té de trigo sarraceno que se ha quedado frío. Aunque no me ayuda mucho—. No sé por qué creerías que… No falta ninguna pieza.
—¿Estás segura? —Alza una ceja—. Porque para mí está colección está incompleta.
—Está completa —miento.
Me sigue latiendo el pecho a toda velocidad. Es como si Ocean pudiera ver a través de mí.
¿Cómo demonios lo ha sabido?
Me acabo el resto del té para tratar de conseguir algo de tiempo extra.
Me has pillado, aquí falta mi exnovio , casi termino confesándole. Participó en casi todos estos eventos, pero no me gusta pensar demasiado en Adrian Ellis y mucho menos tener que dibujarle.
He bloqueado su nombre en todas las redes sociales, incluyendo Google, para no tener que volver a pensar en él nunca más.
De hecho, lo único que me gusta hacer con Adrian Ellis es esconderle en un baúl en el fondo de mi mente.
Y de solo pensar en tener que volver a abrir ese baúl hace que me entren más náuseas de las que me están entrando con este maldito té.
Ocean se inclina para darme un apretón en la rodilla con amabilidad.
—No quiero sonar insistente —me dice—. No quiero empujarte a contar una historia que no quieras contar, pero tengo buen ojo con estas cosas, Poppy. Por muy interesada que esté en tu obra, no puedo exponer algo que está a medias.
No lo dice en voz alta, pero el rechazo se puede leer entre líneas.
—Si en algún momento cambias de opinión —añade con una sonrisa amable—. O si en algún momento terminas una nueva colección que te interese exponer, puedes unirte a la lista de espera a ver si…
Noto el pulso en los oídos.
Ya.
La lista de espera.
La maldita lista de espera de tres años.
Siento que mi futuro, el mismo futuro que llevo deseando durante años, se me está escurriendo entre los dedos.
No voy a volver a tener una oportunidad como esta nunca más.
Ni siquiera nada que se le parezca en lo más mínimo.
Tendré que volver a los contratos de prácticas y trabajar como asistente en galerías de arte que ni siquiera me cubran el seguro médico.
Tendré que volver a aceptar exhibiciones grupales en las que me dejen relegada a una triste esquina y…
A la mierda.
Si he llegado tan lejos es para algo.
Dejo la taza de té en el suelo.
—De hecho —le digo y espero que no pueda ver el terror que expresan mis ojos—, hay algo más. Hay una obra que no he incluido aquí. Varias obras.
—¿En serio? ¿Unas obras que conecten toda la colección?
Por desgracia, sí.
Asiento.
—Puedo añadirlas.
Ocean parece pensárselo durante unos instantes.
—Como te acabo de decir, Poppy, no tienes por qué contar una historia si no quieres hacerlo. No quiero presionarte.
—No lo estás haciendo —miento—. Quiero contar esta historia.
La verdad es que me gustaría no tener que hacerlo.
Ocean se me queda mirando y el silencio se extiende entre nosotras.
¿Acaso me lo he pensado durante demasiado tiempo?
—Vale —dice finalmente—. Tengo un hueco libre el mes que viene, pero si crees que es demasiado pronto…
Lo es.
—No lo es —le digo—. Para nada.
Alza ambas cejas.
—¿Estás segura?
No estoy para nada segura, pero intento canalizar la misma confianza que me ha ayudado a conseguir esta entrevista en mi respuesta.
—Estoy segura.
Cuando Ocean junta las manos sobre el pecho intento no pensar demasiado en lo que acabo de acceder a mostrarle al mundo entero.