Recuérdame 53
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La entrega no tardó. Esa misma tarde lo llamaron. Bastó una señal para indicarle que se acercara. Firmó sin decir nada y volvió a la celda con la bolsa en la mano, sin prisa.

Dani la vio en cuanto entró.

—Joder... No veas cómo te cuidan desde fuera.

Jac dejó la bolsa sobre la mesa y la abrió con calma. El olor salió antes que el contenido.

—Esta noche cenamos aquí —dijo—. Pasamos del comedor.

Dani lo miró un segundo.

—¿En serio?

—Claro. Me estás ayudando.

No hubo más.

Cenaron en la celda, hablando bajo. Jac dejó el jamón entre los dos sin darle importancia y Dani no volvió a preguntar.

Unos días después, llegó el sobre.

Lo llamaron como siempre, sin énfasis. Jac lo cogió, volvió a la celda y lo abrió con cuidado.

Sacó primero las fotos.

Se detuvo.

No cambió la expresión. La acarició con los dedos temblorosos.

Luego sacó la segunda imagen, la tira de adhesivos y, por último, la nota.

La leyó despacio.

Volvió a doblarla, la guardó junto a una de las fotos dentro del sobre y mantuvo la otra unos segundos más en las manos antes de hacer lo mismo. No las pegó en la pared, no las dejó a la vista. Las guardó con sus cosas, donde pudiera acceder a ellas sin tener que dar explicaciones.

A partir de ahí, los días siguieron avanzando sin grandes cambios. Las visitas y las conversaciones con Jordi eran lo único que rompía la rutina .

El resto era espera. El juicio estaba cada vez más cerca.

Jac supo para qué lo llamaban antes de que se lo dijeran.

—Masferrer. Tu abogado.

Asintió y se levantó. El recorrido hasta la sala no tenía nada nuevo, lo recorrió con la misma calma tensa que había adoptado desde el primer día.

Jordi ya estaba dentro cuando entró.

—Buenas. ¿Qué tal?

—Bien.

—Mañana empezamos —dijo Jordi—. Quiero repasar contigo cómo va a ir.

Jac asintió.

—Te vendrán a buscar a primera hora y te trasladarán a los juzgados de Girona.

Entrarás directamente a sala. El primer día es técnico: se constituye el jurado.

Irán pasando candidatos. Fiscalía y defensa preguntaremos, y se aceptarán o se recusarán hasta que quede formado.

Tú solo tienes que estar ahí, escuchar y nada más.

No declararás ni intervendrás. Es un proceso lento, más de lo que parece desde fuera, pero es importante.

De ahí saldrá quién te juzga. Cuando termine la sesión, te traerán de vuelta aquí.

—¿Y luego?

—Mañana es jueves, así que nos pilla el fin de semana. Lo normal es que la siguiente sesión sea martes o miércoles. Ahí ya empezaremos de verdad. Hoy intenta descansar. El primer día siempre es duro, aunque recuerda, solo tienes que estar.

—Eso lo sé hacer.

Una mínima sombra de sonrisa cruzó el rostro de Jordi.

—Bien.

No añadieron nada más.

El recorrido de vuelta fue el mismo: puertas, pasillos y ruido metálico. Nada cambiaba por el hecho de que al día siguiente lo fueran a juzgar por homicidio. Era lógico y, al mismo tiempo, le parecía lo más absurdo del mundo.

Al llegar a la celda, Dani alzó la vista desde la cama de abajo.

—¿Qué?

—Mañana empieza.

—Primera vez, ¿no?

—Sí.

—No es tan malo como parece. Lo jodido es esperar. ¿Tienes gorra, gafas de sol o algo así? Eres el de la tele, en la puerta te la van a liar.

—No. Ya he oído ese tipo de cosas antes. Si tienen algo que decir, que me lo digan a la cara. Lo escucharé. No me voy a esconder.

Dani lo miró un momento, calibrando algo que no estaba en las palabras, y asintió.

—Tú sabrás.

La noche llegó despacio. Jac se tumbó en la litera con el cuerpo ya adaptado a un lugar que no le pertenecía, aunque había dejado de parecerle ajeno.

Cerró los ojos y esperó.

El sueño no llegó de inmediato. La tensión seguía ahí, contenida. Pensó en la sala, en el recorrido, en el momento de entrar; no en lo que iba a decir, sino en lo que no iba a poder decir.

La idea volvió, afilada, como siempre: «¿Lo hice?».

No buscó la respuesta. No la tenía.

Sacó las fotos del sobre y las miró un momento. La oscuridad no era absoluta.

Emma.

¿Sabría alguna vez qué había pasado con ella?

Acarició la foto y la devolvió al sobre.

Giró ligeramente la cabeza sobre la almohada, inspiró despacio y dejó salir el aire sin forzarlo.

El ruido de fondo siguió ahí, constante, reconocible, lo mismo que había escuchado la noche anterior y lo mismo que escucharía al día siguiente. No intentó dormir, dejó que el sueño llegara cuando tuviera que hacerlo.

Y, en algún momento, sin ser consciente de ello, cayó en él.