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La conversación con Jordi no tuvo nada que ver con las visitas. No hubo cristal ni teléfono. Se sentaron frente a frente en una sala con el tiempo medido. Jordi abrió la carpeta, más como señal de inicio que por necesidad.

—Ya tenemos fecha.

Jac lo miró.

—Cuatro meses —añadió—. Ha ido más rápido de lo habitual.

—¿Y eso es bueno?

—Sí, es bueno.

Jac apoyó los antebrazos sobre la mesa.

—No sé hasta qué punto. Estoy aquí; me da igual estar cuatro meses que catorce si el resultado va a ser el mismo.

Jordi lo observó un momento.

—Me encanta la confianza que tienes en mi trabajo.

Jac no reaccionó.

—¿Tú contemplas otro resultado?

—Claro, es mi labor y no es imposible. No es fácil —continuó—, hay margen. No es un caso claro. Además, cuanto antes sea el juicio, mejor.

—¿Por?

—Porque dejarás de estar en el aire. Saldrás antes si hay absolución. Y, si no, al menos pasarás a una situación definida.

Jac bajó la mirada un instante.

—Lo último que recordé —dijo entonces—. Lo de Lara, lo de Emma, lo de que había que deshacerse de ella, el coche y el hipnótico. ¿Qué has hecho con eso?

—Está incorporado. Forma parte de la estrategia. La instrucción está cerrada, así que se trabajará en el juicio.

—¿Servirá de algo?

Jordi reflexionó.

—Servirá si genera duda. No demuestra nada por sí solo; aun así, cambia el contexto. A veces eso es suficiente.

—También puede perjudicarme. Pueden interpretar que intento cargarle la responsabilidad a ella, a la víctima. Como una construcción para validar mi versión.

Jordi inspiró hondo.

—Ese riesgo existe, y lo van a intentar.

—Tenía que decirlo. Lo recordé y no me lo podía callar.

—Eso también juega a tu favor, Jac. No parece construido . Ha aparecido después, eso es coherente con lo que te pasa.

Jac bajó la mirada un instante.

—No lo hace más fácil.

—No —admitió Jordi—. Lo complica.

El silencio volvió y Jac dejó pasar un segundo.

—Entre esto... y que no voy a caerle bien a un jurado ni aunque me entrene ocho horas al día durante los próximos cuatro meses, no quiero quitarte la ilusión, pero no te veo ganando el caso.

Jordi respondió sin molestarse.

—Por suerte, no necesito que me lo pongas fácil. Solo que no me lo pongas imposible.

Jac asintió pensativo.

—Haré lo que pueda.

Jordi cerró la carpeta.

La conversación había terminado.